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lunes, 11 de marzo de 2024

 

La disidencia social como imperativo categórico en el contexto de una modernidad cruel

Oscar Yescas Domínguez

11 de marzo de 2024



Introducción

Nuestra realidad: una modernidad cruel

Horizontes de resistencia política y social

¿Lucha electoral o lucha política?

Conclusiones


Introducción


Dentro de la cultura popular de varios países latinoamericanos existe una recomendación que sugiere que para no generar conflictos en las relaciones interpersonales es conveniente evitar hablar de religión, sexo y política, porque estos temas tienen el riesgo potencial de generar polémicas que pueden polarizar posiciones hasta el punto de asumir actitudes de confrontación que muchas veces al ser mal manejadas, terminan en conflictos que se tornan irreconciliables.

Millones de personas han seguido esta recomendación y el resultado que podemos identificar de esta acción colectiva es que el no hablar de religión ha permitido que sea utilizada como parte de un control ideológico porque enseña a soportar pasivamente el impacto negativo de los problemas sociales en las vidas individuales de millones de personas que viven en el contexto de una sociedad en crisis, promueven actitudes de obediencia, sumisión y resignación, porque se maneja la premisa de que “el señor obra de maneras misteriosas”, reducen la autonomía de los individuos que piensan que su destino está determinado por una divinidad y se piensa que existe una recompensa al sufrimiento más allá de esta vida después de la muerte.

No hablar de sexualidad ha provocado que la principal fuente de aprendizaje sexual de las nuevas generaciones sean las miles de páginas con contenido de pornografía que se encuentran disponibles en internet, las cuales promueven un modelo genital de la sexualidad humana y la han reducido al simple acto sexual, lo cual trae como consecuencia que en el marco de un sistema capitalista, colonial y patriarcal, el sexo se convierta en mercancía, que las mujeres sean percibidas como objetos sexuales, que se incremente el número de violaciones de mujeres de todas las edades, que aumenten cada año los casos de violencia hacia las mujeres y el número de feminicidios, que la insatisfacción sexual se alimente de la prostitución y que multimillonarios satisfagan deseos perversos alimentando el tráfico sexual de niños.

No hablar de sexo de manera libre, espontánea y abierta, viola un primer derecho sexual de gran importancia que es el derecho a recibir educación sexual basada en información científica, impide el conocimiento de un modelo integral de la sexualidad humana que contempla aspectos psicológicos y sociales. Promueve una ignorancia sexual colectiva porque las dudas, preguntas que surgen sobre la misma en millones de jóvenes no encuentran respuesta y este silencio sobre este trascendental tema, ha implicado pagar un alto costo social que se puede percibir al observar que el ejercicio de la sexualidad contemporánea, lejos de ser fuente de satisfacción y placer, se ha convertido en una fuente de dolor y sufrimiento, provocando que la práctica de la sexualidad haya degenerado al punto de convertirse en una verdadera miseria sexual contemporánea (1).

No hablar de política contribuye a privar de la posibilidad de construir un empoderamiento individual y colectivo de la población, crea un analfabetismo político que reduce el significado de la política al comportamiento de individuos oportunistas de baja calidad moral que usan la política para su beneficio personal al participar en actos de corrupción desde las altas esferas del gobierno lo que les garantiza impunidad y provoca un alejamiento de la población de toda actividad política porque condena la corrupción, pero su rechazo se limita a expresar su insatisfacción social sólo a través de su voto individual.

El no hablar de política impide que una educación política ayude a que la población identifique el significado real de la política, porque existe “otra política” que consiste en la vinculación entre lo personal y lo político, en la comprensión de que los problemas individuales tienen origen global, por lo que es necesario recuperar el sentido original de la política, que puede ser definida como la reunión colectiva de los ciudadanos en espacios públicos en forma independiente a los partidos políticos, donde participan libremente en la discusión de los problemas que les afectan como comunidad buscando solución a los mismos, utilizan el diálogo y la discusión en forma libre y respetuosa y logran acuerdos para actuar en forma colectiva, unida y organizada, para exigir solución a los mismos a las instituciones gubernamentales responsables de su solución (2).

A través de la participación en este tipo de reuniones y diversas luchas sociales, la población genera un aprendizaje social que les ayuda a construir empoderamientos individuales y colectivos, que les permite construir un poder popular a través del cual pueden enfrentar al poder económico y al poder político en condiciones de igualdad, partiendo de la premisa Focuaultiana de que “detrás de un poder, existe un contrapoder”.

Es evidente que el no hablar de temas relevantes como religión, sexo y política, sólo genera una incomunicación que obliga a desarrollar comportamientos basados en una simulación y el silencio sobre estos temas es la causa principal del surgimiento de varios problemas relacionados con los mismos. En el campo de la psicoterapia se ha comprobado infinidad de ocasiones que la mayoría de los problemas que se presentan en diferentes ámbitos de convivencia social: pareja, familia, trabajo, escuela, etc., surgen por fallas en el proceso de comunicación interpersonal y pueden ser resueltos con mejoras en la comunicación.

En el marco de la crisis económica social que se vive a nivel global, se presenta como una necesidad urgente romper el silencio y dejar de tratar estos temas como si fueran tabúes, para poder iniciar un diálogo abierto que permita a las personas, grupos, organizaciones y comunidades a la identificación de la naturaleza de los problemas que les afectan y estar en condiciones de implementar un cambio social que permita no solo terminar con la corrupción de quienes gobiernan, frenar la violación a los derechos humanos, revertir el crecimiento de la desigualdad social, sino que también se contemple la creación de un sistema económico-social diferente al que en estos momentos estamos viviendo/padeciendo.

Partiendo de esta línea de pensamiento que permite ver la posibilidad de un cambio social, si utilizamos una mirada distinta de la realidad social en que estamos viviendo, si miramos con ojos críticos, podremos comprender que la existencia e incremento de los grandes problemas sociales que nos afectan (corrupción, injusticias, desempleo, pobreza, creciente marginación, precariedad creciente en la vida de millones de personas, etc.), son el resultado de una falta de participación social que es el producto de una indiferencia social colectiva, de un alejamiento de la política que exhibe la población, que presenta actitudes de obediencia, sumisión, un alto grado de individualismo y sobre todo, una ceguera moral que impide distinguir entre lo que es justo de lo que es injusto y todos estos factores en su conjunto han permitido normalizar la deshumanización hacia ciertos grupos sociales en el marco de una sociopatología que caracteriza a la sociedad contemporánea.

Con esta mirada crítica a lo social, podremos comprender que es insano permitir que se siga evitando hablar de temas de gran relevancia social como lo son la religión, el sexo y la política, porque continuar con estas omisiones implica seguir ignorando la solicitud de ayuda que presenta de manera implícita una mayoría marginada que padece un sufrimiento colectivo provocado por la implementación de políticas neoliberales.

Seguir evitando hablar de estos temas sólo contribuye a convertirnos en cómplices de un sistema social que ejerce una violencia que nos mantiene bajo una triple opresión: capitalista, colonialista y patriarcal, que sólo beneficia a los dueños del capital privado que controlan el poder político y quienes gobiernan terminan priorizando las necesidades del mercado por encima de las necesidades de la población, sin importar que esto implique utilizar al Mercado como arma de destrucción masiva al generar un genocidio económico que deja morir a millones de personas por no tener dinero para comprar alimentos o medicinas (3).

Nuestra realidad: una modernidad cruel

Evitar hablar de estos temas “para evitar conflictos”, nos impide observar que vivimos en el contexto de una policrisis, es decir, en una crisis que contiene múltiples dimensiones (política económica, política, ecológica, sanitaria, educativa, etc.), una crisis múltiple que ha producido la consolidación de una sociopatología que fue denunciada por Erich Fromm en sus inicios en la segunda mitad del siglo pasado y esta sociopatología se expresa en una normalización de prácticas de la violencia y la crueldad hacia otras personas, prácticas que con su sola existencia violan la prohibición moral del pacto social que consiste en no provocar daño o sufrimiento a otras personas.

Pero en la sociedad del siglo XXI se observa que la violencia y la crueldad han llegado a formar parte de la cultura social porque en nuestra vida cotidiana las podemos encontrar con gran frecuencia cuando miramos series de televisión, películas, caricaturas, videojuegos, o en la literatura y la constante exposición nos provoca una gradual insensibilización e indiferencia hacia las mismas. La mayoría de las personas se inclina por ver series policiacas, películas de acción, que son sinónimo de escenas de violencia y lo peor es cuando los guionistas ponen a los actores a escenificar reacciones de gran placer mientras torturan o asesinan a personas escuchando un fondo musical que va desde música clásica hasta canciones consideradas éxitos musicales.

Las continuas escenas de violencia y crueldad que vemos en los monitores de nuestros dispositivos electrónicos, no sólo nos insensibilizan, porque tambien llegan a generar una confusión en nuestra percepción al observar en nuestras pantallas actos de violencia o crueldad de la vida real, se exhibe una incapacidad para reaccionar condenando tales actos de violencia, de tal forma que la conciencia colectiva ya no reacciona espontáneamente repudiando la violencia y crueldad hacia seres humanos y lo contradictorio es que genere más repudio la violencia en contra de los animales mientras se acepta el ejercicio de la violencia y de crímenes atroces que se cometen en la vida real en contra de seres humanos de carne y hueso.

Debido a estas reacciones o a la falta de ellas, se puede afirmar que millones de personas han perdido la brújula moral que antes guiaba el comportamiento social, porque la insensibilidad social, la indiferencia al sufrimiento colectivo, la ideología individualista, la familiarización con la violencia y la crueldad han provocado una pérdida de valores humanos que nos ha conducido a la eliminación del humanismo como estilo de vida, hemos llegado a desarrollar una incapacidad para pensar que la violencia y crueldad hacia seres humanos es algo injusto, incorrecto e inmoral, porque la modernidad en que vivimos tiene como uno de sus pilares fundamentales el ejercicio de la violencia y la crueldad hacia otros seres humanos (4).

En nuestra vida real podemos encontrar violencia y la crueldad en la guerra entre grupos de la delincuencia organizada que luchan por el control de “una plaza”, enviando mensajes a sus contrarios con cuerpos decapitados y narcomantas, bloqueando avenidas con vehículos incendiados, una violencia que toca a miembros del ejército e integrantes de la Guardia Nacional cuando son emboscados en una guerra no declarada que también afecta a miembros de la ciudadanía que tuvieron la mala fortuna de estar en el lugar y momento equivocado.

Este tipo de violencia llega al absurdo de ser glorificada por la existencia de una “narcocultura” que se expresa a través de narcocorridos y música de reguetón cuyos contenidos alaban las figuras de jefes de los cárteles, inducen a la juventud al consumo de drogas como “parte natural de la diversión contemporánea”, un tipo de diversión que aparece como comportamiento compartido por las juventudes de todo el mundo, al igual que la búsqueda de dinero fácil obtenido a través de la violencia y en el contenido de las letras de este tipo de música, se degrada la figura femenina al convertirla en muñeca sexual desechable por parte de los hombres.

Esta narcocultura está creciendo ante el aumento de la desigualdad que genera mayor pobreza, elimina oportunidades de educación, dificultades para conseguir un buen empleo, atención a la salud y limita las opciones de diversión sana a la juventud, por lo que la delincuencia organizada logra cooptar futuros delincuentes entre una niñez y juventud que crecen en un contexto social en el cual se normaliza la violencia en general y la violencia hacia las mujeres en particular, contribuyendo con ello al aumento del número de feminicidios.

Vivimos tiempos de fragmentación de lo social, de pérdida de sentimiento de pertenencia a una comunidad, un contexto en el cual las masas experimentan gran insatisfacción social por la precarización de sus condiciones de vida, en un gran número de países la población siente una gran frustración con las decisiones que toman sus gobiernos y muestran su rechazo social a través de un alejamiento e indiferencia hacia la política, la cual conciben como el comportamiento de partidos y políticos corruptos.

Por la educación informal recibida a través de la familia, iglesia y medios masivos de difusión, buena parte de la población se limita a actuar mostrando obediencia y conformismo social, actuando como seguidores de otras personas, ya sea influencers, artistas o figuras políticas, mientras que de manera desapercibida aumenta una ignorancia colectiva propiciada por el desarrollo tecnológico que en sus diferentes dispositivos atrae la atención de millones de personas, alejándolos de la lectura de libros provocando nuevas adicciones como la nomofobia y produciendo una inhibición en el desarrollo de un pensamiento autónomo y una ausencia del pensamiento crítico que impide ver la policrisis en la que estamos inmersos, es decir, una crisis social de múltiples dimensiones.

La negativa a “hablar de política” sigue provocando que millones de personas sigan excluyendo la posibilidad de construir identidades como sujetos políticos y participar de manera independiente de los partidos en la transformación de la realidad social, porque han sido educadas en la construcción de vínculos de dependencia hacia las figuras de autoridad, vínculo que provoca falta de confianza en sí mismos. les impide desarrollar una autonomía individual y en el ámbito de la política permiten que se les reduzca a la condición de electores que depositan sus votos en las urnas el día de las elecciones, olvidando su condición de ciudadanos que tienen derechos, responsabilidades y el potencial de cambiar las condiciones de vida en la comunidad o nación a la que pertenecen.

La negativa a asumir un rol de sujetos políticos que actúen con libertad y autonomía, funciona como un acto de limitación y control social porque aún cuando sean enormes multitudes las que perciben la necesidad de un cambio social, se limitan a esperar a que llegue el día de las elecciones para emitir su voto a favor de los candidatos que desde su perspectiva serán los protagonistas del anhelado cambio social que resuelva los problemas que enfrentan en sus vidas cotidianas. ¿A quien beneficia esta concepción de la política?

La población no se ve como protagonista del cambio social por lo que antes y después de las elecciones, soportan en sus vidas cotidianas violaciones permanentes a sus derechos humanos, laborales y sociales, porque una inmensa mayoría desconocen que tienen derechos y sobre todo ignoran que poseen historicidad, la cual puede ser definida como la capacidad para cambiar la historia si los ciudadanos lograran desarrollar un empoderamiento individual y colectivo.

Ese es el significado original de la expresión que sólo se usa en períodos electorales: “Juntos podemos cambiar la historia”, pero si se llega a concebirla como la capacidad humana para construir nuevas organizaciones que permitiera actuar en forma organizada, unida y colectiva para crear un poder popular independiente de los partidos políticos, la población podría construir un poder que reduciría la asimetría que ejerce el poder político en su lucha en contra de quienes gobiernan y los trabajadores podrían enfrentar al poder político y al poder económico en cualquier época del año y no sólo en períodos electorales.

Pero la negativa a hablar de política de manera libre, sólo provoca que una mayoría de la población no se de cuenta de que con su indiferencia social está contribuyendo al surgimiento de un fenómeno social que consiste en el hecho de que se normaliza la presencia de la violencia y de la crueldad, dando como efecto social que en la consciencia colectiva ya no exista un espacio para el dilema moral que ayudaría a distinguir entre lo que es justo o injusto, correcto o incorrecto, moral o inmoral y por esa razones no se expresa un repudio hacia la violencia y crueldad que se ejerce en contra de otros seres humanos que forman parte de mayorías marginadas, porque las personas reaccionan a las injusticias, sólo cuando son golpeadas directamente por alguna de ellas. Esto es lo que ha permitido el surgimiento y consolidación de una necropolítica que es utilizada por los dueños del poder político y corporativo a nivel global y que consiste en usar el poder político, económico y militar para decidir que personas pueden vivir y quienes deben morir. 

Un claro ejemplo del ejercicio de la necropolítica lo estamos viendo desde hace años con el genocidio que ha estado cometiendo el Estado de Israel en contra del pueblo Palestino, al implementar una guerra de exterminio para ocupar territorio que pertenecía a Palestina, una guerra desigual porque se trata de que un ejército (considerado como uno de los mejores del mudo), que posee tanques, aviones, bombas, excavadoras y armamento moderno, ha estado atacando por décadas a un pueblo que no tiene ejército.

Miles de personas en el mundo entero condenaron el terrorismo de Hamas pero ignoraron la violencia y crueldad que el gobierno Israelí ha ejercido en contra del pueblo palestino durante décadas y hoy siguen ignorando el genocidio del pueblo palestino. La indiferencia colectiva y el silencio mostrado por la mayor parte de los gobiernos en el mundo entero y compartida por buena parte de la población mundial, ante un genocidio que lleva más de 30,000 palestinos muertos, representan un claro indicador del grado de sociopatología, insensibilidad social y falta de empatía que estamos viviendo en pleno siglo XXI (5).

Pero existe otro tipo de violencia y crueldad que forman parte de la necropolítica contemporánea que se sigue ignorando a pesar de que sucede frente a nuestros ojos, es el genocidio económico que está siendo cometido por el neoliberalismo al promover una dictadura del mercado, al imponer un adelgazamiento del Estado a través de la desaparición de dependencias que prestaban servicios públicos para proceder a privatizarlos y obtener ganancias económicas, aunque esto implique dejar morir a millones de personas por el simple hecho de no tener dinero para comprar alimentos o medicinas.

La economía de libre mercado provoca grandes genocidios económico-sociales y estos crímenes son encubiertos por leyes que permiten que el mercado actúe como arma de destrucción masiva, porque el Estado de Derecho se transforma en un Estado que apoya crímenes por medios legales, apoyados por políticos que no sienten culpa porque todo lo que hacen es legal (6), los “representantes populares” aprueban reformas que eliminan derechos que fueron conquistados a través de luchas populares, de movimientos sindicales y colectivos. Estas reformas neoliberales incrementan la desigualdad social, aumentan la población que vive en condiciones de pobreza y la precariedad en las condiciones de vida de millones de personas que viven pagando más para recibir menos cosas.

El neoliberalismo utiliza al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional y otros organismos financieros internacionales para que los políticos gobernantes tomen decisiones que implican la muerte de millones de personas y utiliza al Estado como instrumento para garantizar la maximización de las ganancias para el poder corporativo, a costa del sufrimiento colectivo y la muerte de miles de personas.

Para darnos una idea de como realizan los genocidios económicos, recordemos que a tan sólo semanas después del golpe militar que derrocó al Presidente chileno Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, la junta militar que dirigió Augusto Pinochet, ordenó un alza de precios a varios productos, aumentos de tasas de interés bancario y un congelamiento de los salarios, siguiendo las estrategias de “tratamiento de choque económico” planeadas por el el grupo de economistas llamado “los Chicago boys”, con el argumento de asegurar “la estabilidad económica y detener las presiones inflacionarias”, por lo que de la noche a la mañana, más del 85% del pueblo chileno se sumió en una extrema pobreza (7).

Tres años después, otro golpe se dio en Argentina y como resultado del mismo miles de personas fueron arrestadas, desaparecidas y asesinadas, siguiendo el mismo modelo de golpe de Estado que sucedió en Chile, acompañando la violencia militar en contra de la población, con la violencia económica expresada a través de reformas “de libre mercado” no decretadas oficialmente, mismas que fueron supervisadas en esta ocasión por asesores neoyorquinos, estas reformas consistían en aumento generalizado de precios, congelamiento de salarios, represión masiva en contra de la población.

Esta misma receta del sistema de libre comercio se fueron aplicando a más de 50 países con el paso del tiempo y con ligeras variaciones, pero coincidiendo en lo fundamental en provocar una extensión de la pobreza a nivel global. 50 años después la historia se repite en el caso de Argentina, solo que el gobierno autoritario que decretó un alza de precios generalizado, un congelamiento de salarios y está generando un empobrecimiento colectivo de la población, tiene dos diferencias con respecto a las dictaduras militares mencionadas.

La primera, es que es un gobierno civil de ultraderecha encabezado por Javier Milei llegó al poder a través de elecciones democráticas y la segunda, es que la guerra que está implementando en contra del pueblo argentino contiene dosis de sadismo y salvajismo nunca antes vistos, porque está desapareciendo un gran número de dependencias públicas, eliminando subsidios públicos, realizando despidos masivos, negando el acceso a la población de servicios de salud, medicinas, transporte, en un contexto de alza generalizada de precios en todos los productos y servicios, provocando un aumento súbito de millones de argentinos que cayeron en el nivel de pobreza, provocando que en sólo dos meses de gobierno surjan 3.5 millones de “nuevos pobres”, por lo un 60% de la población vive ahora en condiciones de pobreza.

Estamos viviendo un momento de la historia extremadamente díficil, el cual se complica porque los niveles de desigualdad, violencia, explotación, opresión, crueldad y dominación que se presentan a nivel global, se presentan en niveles nunca antes vistos. No sería exagerado decir que quizá sea el momento de la historia en la humanidad más complejo y oscuro del que se pueda tener memoria, porque esta parafernalia tiende a normalizarse hasta el punto de invisibilizarse, en un momento en el que en el escenario internacional junto al genocidio militar y genocidio económico empiezan a sonar los tambores de guerra anunciando la llegada de una tercera guerra mundial, un conflicto que de concretarse no habrá vencedores porque lo único que se obtendrá es una destrucción mutua asegurada.

Horizontes de resistencia política y social

La demanda corporativa de exigir la no intervención del Estado en la conducción de la economía y adelgazar su estructura desapareciendo instituciones públicas, ha provocado una globalización de la pobreza porque los trabajadores se ven despojados de derechos laborales, pierden sus fuentes de ingresos y la mayoría de la población enfrenta una progresiva precarización de sus vidas al sufrir una significativa pérdida de su capacidad adquisitiva en el marco de crecimiento de la inflación y una agudización de la crisis económica global.

En este contexto no sería exagerado decir que existe un consenso social de que existe la necesidad de un cambio social, sin embargo, son pocas las personas que aceptan involucrarse en actividades de protesta o manifestación en defensa de sus derechos violados y prefieren mantenerse al margen y no participar en política, aún cuando saben que sus vidas personales están siendo afectadas por la distribución desigual de recursos públicos debido a actos de corrupción de quienes nos gobiernan.

Estas actitudes de indiferencia social las podremos comprender al considerar que han sido construidas durante toda una vida de estar recibiendo un aprendizaje formal e informal en el que se impide hablar abiertamente de temas considerados tabú (política, sexo y religión) y al mantener este silencio se está contribuyendo a formar una ideología individualista, a promover actitudes de obediencia generalizada a la figura de autoridad, de conformismo social, resignación y temor al cambio social.

Continuar manteniendo vigentes estos tabúes sólo fortalece el control social que mantienen el poder corporativo y el poder político, porque construye un tipo de personalidad psicosocial en el cual está ausente el empoderamiento individual, se carece de un pensamiento autónomo y se desarrolla una incapacidad para tener una visión crítica de la realidad social, por lo que la mayoría de las personas incurren en un conformismo generalizado y se limitan a cumplir un rol asignado de seguidores de otras personas, ya sea figuras públicas como conductores de televisión, artistas, youtubers, deportistas o políticas.

Pero la crisis económica provocada por el crecimiento de la desigualdad social que hace más ricos a los ricos y aumenta el número de personas que vive en la pobreza es real y sus efectos golpean a una mayoría marginada, que empieza a reaccionar cuestionando su realidad, por lo que en el horizonte social se empieza a observar la construcción de un nuevo paradigma de lucha al surgir grupos sociales emergentes que conforman varios movimientos de protesta, lucha y resistencia social, se oponen a las políticas privatizadoras del capital neoliberal, se manifiestan en contra de la destrucción de la naturaleza, se levantan a luchar en defensa de derechos públicos que están siendo violados como el derecho a la educación pública, a la salud pública, a las pensiones, a la jubilación, aumento de la violencia hacia las mujeres, del feminicidio, etc.

Estos nuevos grupos que irrumpen en la arena social tiene como característica principal que son ajenos a los partidos políticos, por lo que emergen como nuevas figuras sociales que participan en la lucha por el cambio social asumiendo el rol de sujetos políticos, contribuyendo con su participación social en la construcción colectiva de nuevos paradigmas de cambio social social, como lo es el caso de agrupaciones de pensionados y jubilados, de organizaciones de defensa del medio ambiente, los grupos feministas, ciudadanos sin partido que se organizan para defender sus derechos y luchar en contra de la corrupción, etc.

Debemos comprender que la implementación de políticas neoliberales es parte de un sistema social que basa su crecimiento en el despojo de derechos laborales y sociales, que ha logrado un gran avance en los últimos 30 años porque no han encontrado una resistencia organizada, unida y colectiva de los trabajadores y la ciudadanía porque las luchas de resistencia se han mostrado fragmentadas, carentes de claridad política y se limitan a la recuperación de derechos violados.

Desde esta perspectiva debemos percibir que la lucha en defensa de derechos humanos, laborales y sociales se convierte de manera inevitable en una lucha política, al tomar consciencia de que los problemas personales que afectan a los individuos, tienen un origen global porque provienen de la instrumentación de políticas internacionales que pretenden garantizar la maximización de beneficios económicos del poder corporativo.

Por lo que es necesario avanzar en la construcción de nuevas organizaciones de ciudadanos que sean realmente representativas, los trabajadores deben democratizar los sindicatos a los que pertenecen, para que a través de la discusión colectiva logren ver la fotografía completa de esta policrisis e identifiquen la necesidad de crear polos sociales que permitan atraer a todos los sectores en lucha para actuar con la política del frente único de tal forma que se construyan las condiciones para actuar en forma organizada, unida y colectiva tanto los de trabajadores de varios sectores como pensionados, jubilados, defensores del medio ambiente, grupos feministas y ciudadanos en general, lo cual nos conduce a la necesidad de reconceptualizar el significado real del término política y redefinir el concepto de democracia.

¿Lucha electoral o lucha política?

Vivimos momentos de gran complejidad que exigen definiciones políticas y no admiten ningún tipo de neutralidad o indiferencia alguna, esta complejidad adquiere tintes de gravedad por el avance en la destrucción ecológica provocada por la explotación irracional de recursos naturales que realizada por el poder corporativo con la complicidad de los gobiernos neoliberales o llamados “progresistas” y que amenaza con destruir el planeta porque ya quedó atrás la era del cambio climático e ingresamos a la era de la ebullición que provoca inundaciones repentinas en lugares desérticos, incendios forestales, sequías prolongadas en lugares donde no se habían registrado sequía alguna.

La mayor gravedad proviene de la amenaza de una tercera guerra mundial que incluiría el uso de armas nucleares por parte de las grandes potencias en las guerras de Ucrania y Palestina, porque los políticos de las grandes potencias mundiales lejos de escuchar el llamado de millones de personas que se movilizan en el mundo entero exigiendo darle una oportunidad a la paz, han aumentado el presupuesto militar para este año a cantidades estratosféricas y amenazan con prolongar estas guerras aumentando el número de países involucrados, por lo que la imagen que se observa en el escenario internacional es un franco divorcio entre líderes políticos y la ciudadanía de los países que gobiernan que les exigen detener las intenciones de guerra.

Una gran mayoría de la población reconoce la necesidad de un cambio social pero limita el horizonte del cambio social a reformas limitadas dentro de la estructura del sistema capitalista, descartan alternativas socialistas bajo el argumento del fracaso del socialismo en la antigua Unión Soviética. Desconocen que la llegada del capitalismo a las antiguas repúblicas soviéticas implicó la muerte de millones de personas que de la noche a la mañana ingresó la economía de libre mercado a sus países, obligándolos a pagar por servicios que antes les proporcionaba el Estado.

La rápida expansión del neoliberalismo a nivel global se interpretó como el triunfo del capitalismo, que adoptó un rostro de capitalismo salvaje al no encontrar resistencia, ese mismo capitalismo que mas de tres décadas después está implementando un genocidio económico al utilizar al Mercado como instrumento de destrucción del Estado-Nación y arma de destrucción masiva que mata a millones de personas en el mundo entero.

Este capitalismo salvaje que se complementa con opresiones colonialistas y patriarcales ha sido la fuente de hartazgos sociales que provocaron explosiones sociales en varios países latinoamericanos, pero que ante la falta de alternativas políticas, las expectativas de cambio social se han limitado a cambios electorales, la democracia se ha reducido a la democracia electoral, la política se ha reducido al comportamiento de políticos y partidos corruptos, la lucha política se ha reducido a luchas electorales y la ciudadanía se ha reducido a la condición de electores que sólo pueden expresarse el día de las elecciones.

En esta policrisis, la insatisfacción social producida por el crecimiento de miseria en la población, por una mayor exclusión social, más hambre, aumento de enfermedades y un mayor número de muertes provocada por el la implementación de políticas neoliberales, también se encuentra una crisis de credibilidad en la forma de gobernar por parte de los partidos políticos que han estado en el poder tanto de derecha, como progresistas que son catalogados como “gobiernos de izquierda”, que han provocado una polarización que se manifiesta en inclinaciones electorales hacia la ultraderecha o hacia la izquierda en la población.

En estas reducciones de la democracia al ámbito electoral, la política al comportamiento de los políticos y de la lucha política a la lucha electoral, se observa la existencia de un vínculo de dependencia la ciudadanía hacia ciertas figuras políticas por lo que la población se ve reducida a la condición de “seguidores” de algún partido o candidato político. Los políticos se convierten en líderes que que utilizan mercadotecnia política y nuevas técnicas de fraude como el trampantojo electoral que consiste en utilizar las encuestas como medio de selección de candidatos a puestos de elección electoral.

La discusión sobre democracia social, política y cambio social, adquiere singular importancia en este año 2024, porque habrá elecciones en 72 países, lo que significa que más del 60 de la población mundial tendrá la oportunidad de participar en procesos electorales en los que se invertirán billones (pesos, dólares, rublos, etc.) con el objetivo de atraer el voto del electorado.

Estas jornadas electorales se presentan en un contexto histórico de gran relevancia porque prácticamente en todos los países se respira un ambiente de inconformidad social por la forma como actúan los gobiernos, principalmente los gobiernos de las grandes potencias, pero en general, se respira un ambiente de inconformidad social hacia los partidos políticos tradicionales, incluidos aquellos llamados “gobiernos progresistas”, que han mostrado un estilo diferente de gobernar e inclusive se autodenominan “gobiernos antineoliberales”, pero que no han roto con el capital porque siguen permitiendo que las grandes compañías transnacionales continúen con el saqueo de sus recursos naturales, con la explotación laboral, y gobiernan a nombre de la democracia, pero permiten que el capital privado siga maximizando sus beneficios y aumentando la desigualdad social.

En elecciones recientes, se ha observado un aumento en el porcentaje del abstencionismo y un avance de los partidos y políticos de derecha y derecha extrema que aprovechan esta inconformidad social para ganar votos y una vez en el poder, proceden a gobernar eliminando derechos laborales y sociales, presentando una tendencia a la eliminación del Estado como actor principal en la regulación social, para facilitar el saqueo de recursos nacionales a nombre de favorecer al Mercado.

Este contexto global nos coloca en una situación en la que no existe lugar para la neutralidad política por lo que existe la obligación moral y el compromiso ciudadano de participar en estas elecciones y nos obliga a discutir el significado de la democracia y de la política, de tal forma que las jornadas electorales sean vistas como parte de un proceso de construcción de una democracia social y no la democracia en sí misma, por lo que estas jornadas electorales representan una excelente oportunidad de replantear el significado de la democracia y de la política para construir nuevos paradigmas de cambio social.

Mantener el tabú de evitar hablar de política en las relaciones interpersonales impide la discusión libre de los grandes problemas sociales que enfrenta la población y no permite ver que la construcción de un mundo nuevo y diferente al actual no se logrará a través de la lucha electoral, porque los partidos contendientes y sus candidatos no se plantean la meta de cambiar el sistema capitalista, colonialista y patriarcal en el que estamos viviendo, mucho menos se plantean como objetivo la construcción de una sociedad democrática que termine con la desigualdad social, la explotación laboral, la destrucción de la naturaleza y con la amenaza de una tercera guerra mundial.

Limitar el horizonte del cambio social al cambio electoral no permitirá acabar con la destrucción de la naturaleza provocada por la explotación irracional de los recursos naturales y los altos niveles de contaminación producidos por deshechos químicos industriales y excesivas cantidades de basura que no se recicla y termina contaminando mares, ríos y lagunas. Reducir la lucha política a la lucha electoral perpetúa el vínculo de dependencia de la población con los dirigentes de partidos políticos, pensar que “la política la hacen los políticos” es ignorar la relevancia las múltiples formas en que la política atraviesa y determina nuestras vidas personales.

Conclusiones

La prohibición de hablar de temas sociales de gran relevancia como la sexualidad, religión y política, ha creado una cultura del silencio que permite el surgimiento de una cifra negra de delitos sexuales, violaciones, violencia hacia la mujer, abusos sexuales, etc., que son los casos que no se denuncian. Esta misma cultura del silencio es la que tiende a normalizar los actos de corrupción en la desviación de recursos públicos y otros actos de corrupción que realizan funcionarios gubernamentales, representantes de partidos políticos que ocupan puestos de representación popular al aprobar reformas que representan golpes en contra de los trabajadores y a la población en general, mientras obtienen un beneficio económico al otorgar sus votos. Es el mismo silencio que protege a sacerdotes que son denunciados por menores por actos de abuso sexual y que no pagan condena por sus delitos.

En el momento histórico que estamos viviendo, ante la presencia de una crisis multidimensional, se requiere de una liberación de la palabra como el primer paso para el inicio de una liberación social. Para lograr esta liberación de la palabra, debemos dejar de ser testigos pasivos de lo que esta sucediendo a nuestro alrededor y ser mas activos, empezando por romper la creencia de que la política y la democracia se reduce a la relación entre gobernantes y gobernados, para empezar a verlas como contenidos que forman parte de nuestros estilos de vida en la cotidianeidad.

Para lograr este cambio, debemos superar las marcos estrechos que nos impone una visión individualista de la realidad para vernos como sujetos sociales que pertenecemos a varios grupos simultáneamente y recuperar el sentimiento de pertenencia a una comunidad que nos fue despojado por el neoliberalismo, de tal forma que podamos construir una identidad colectiva. Dar este cambio cualitativo de una visión individualista de la realidad a la construcción de una identidad social, requiere de una revolución de nuestras consciencias (8), porque implica el gran reto de abandonar actitudes de conformismo, obediencia e indiferencia social para involucrarnos en la discusión de asuntos que hasta el momento eran considerados temas tabú, como lo es el asunto de ver la política como algo inherente a la naturaleza humana y recordar la premisa de Aristóteles de concebir al ser humano como parte del resto de animales, pero que lo que nos hace diferentes es que el ser humano es un animal político, porque posee la capacidad de discernir entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto.

Recuperar esta precepción de la condición humana nos regresará la libertad de pensamiento y ayudará a recuperar el pensamiento autónomo necesario para mirar con ojos distintos la realidad social y verla no como una sociedad normal, sino más bien como lo que es, una sociedad en crisis que está funciona bajo las bases de una sociopatología que empuja a ver como algo normal los crímenes más atroces que seres humanos cometen en contra de otros seres humanos a quienes se les ha despojado de su condición humana y se les trata como subhumanos.

Necesitamos construir esa identidad colectiva que nos permita vernos como seres diferentes, pero seres humanos en última instancia y ese es el significado de la política, aceptar las diferencias entre conglomerados humanos, aprender a vivir juntos aún cuando pensemos en forma diferente, en el marco de un pacto social que contiene reglas que deben respetarse para garantizar la armonía social.

El modelo neoliberal muestra claras señales de agotamiento y una de ellas es la globalización de la pobreza y el enriquecimiento ilimitado de un pequeño grupo de multimillonarios, provocando un gran sufrimiento colectivo, por lo que actualmente es objeto de descrédito social en la mayor parte del mundo, pero se sostiene porque existe poderes políticos, económicos y militares que lo sostienen aún cuando su sostenimiento vaya en contra de la razón humana, en contra de todo sentido común y en contra de todos los valores y principios humanos, porque su existencia se basa en la explotación laboral, en la explotación irracional de recursos naturales, en la destrucción de la naturaleza y en el impulso a las guerras. El modelo neoliberal impulsa la economía de libre mercado, convirtiendo al Mercado en el ser supremo del ser humano y reduciendo a éste último a la condición de recurso, objeto, en algo prescindible que los gobiernos y empresas pueden desechar en cualquier momento.

La economía de libre mercado promete un progreso sin límites, en un mundo con recursos limitados, el poder corporativo intenta mantener un equilibrio entre una producción masiva y un consumo masivo a través de la destrucción de la naturaleza de amplias zonas de un país y cuando no hay nada que pueda extraer, se muda a otro país para iniciar un nuevo proceso de explotación de recursos y de la clase trabajadora, dejando una estela de destrucción a su paso.

El modelo neoliberal nos conduce por un camino que nos dirige a la destrucción de nuestro planeta, al provocar varios ecocidios que terminarán provocando la destrucción de la humanidad misma, ya sea por un colapso ambiental o por una guerra mundial. Esta situación nos exige a dejar de ser crédulos para empezar a ejercer la libertad de expresión y expresar nuestra desaprobación con el modelo neoliberal. Debemos dejar de alimentar ilusiones y esperanzas de que a través del voto electoral podremos evitar que el modelo neoliberal siga avanzando abriendo caminos que conducen a nuestra destrucción. El neoliberalismo nos ha hecho creer que vivimos en una democracia y que tenemos libertad social porque podemos elegir a nuestros gobernantes.

A través de la revolución de nuestras consciencias podremos comprender que la democracia y la libertad deben ser parte de nuestros estilos de vida y no comportamientos temporales en períodos de campaña electoral. Debemos concebir a la política como parte de nuestra condición humana y terminar con la reducción de su significado que permite a profesionales y oportunistas hacerla su principal fuente de enriquecimiento. Debemos desarrollar un nivel de consciencia en el cual podamos ver a la política como comportamientos colectivos y no como habilidades individuales. Para lograr este cambio, debemos eliminar el vínculo de dependencia en la que hemos sido educados toda nuestra vida y construir en forma colectiva una cultura de emancipación social que permita que hombres y mujeres desarrollemos empoderamiento individuales y colectivo, en igualdad de circunstancias.

Una manera de lograr este cambio social es asumiendo actitudes de disidencia que vayan más allá de las criticas al capitalismo y denunciar cómo el neoliberalismo provocó una globalización de la pobreza a través del crecimiento inédito de la desigualdad social (9). Los avances del neoliberalismo en la destrucción de derechos laborales han sido posibles porque no ha encontrado resistencia que los detenga, ya que ha estado ausente un espíritu colectivo de crítica social que denuncie las injusticias sociales.

La policrisis en que estamos viviendo nos indica que ha llegado el momento de organizarse en forma colectiva para realizar protestas masivas en contra de los gobiernos que impulsan y apoyan políticas neoliberales, creando una cultura del rechazo que nos permita alzar la voz en contra de aquello que contribuye a la explotación humana, la destrucción de la naturaleza, la violencia en contra de las mujeres y la reducción de los seres humanos a la condición de subhumanos.

El surgimiento de varias luchas sociales que se resisten al despojo de derechos sociales y enfrentan gobiernos que continúan permitiendo el saqueo neoliberal de recursos naturales y la explotación laboral son muestras de resistencia, disidencia y rebeldía social. Son movimientos que surgen espontáneamente, al margen de los partidos políticos que enfrentan un creciente descrédito, de las direcciones sindicales que padecen crisis de liderazgo, de los propios gobiernos que incumplieron promesas y que hoy los combaten porque han mostrado una incapacidad para resolver los grandes problemas sociales y han exhibido su negativa a asumir una política anticapitalista, antineoliberal, pero han dejado claro que gobiernan a favor del poder corporativo.

De frente a las jornadas electorales que tendrán lugar este año en 72 países, debemos ubicarlas en el contexto global de policrisis que se ha descrito líneas arriba para tener claro que, si bien representan la oportunidad de cambiar de gobernantes, esto no garantiza la solución a los grandes problemas sociales que existen alrededor de todo el planeta, porque millones de personas se están movilizando para luchar en movimientos colectivos que les permitan recuperar derechos laborales y prestaciones sociales que les han sido arrebatados, por lo que las elecciones dan la oportunidad de cambiar de partido en el poder y de nuevos dirigentes políticos, pero no cambiarán el sistema social que mantiene una triple opresión: capitalista, colonialista y patriarcal.

El contexto de gran inconformidad social ante el crecimiento de la desigualdad social, de conformismo generalizado, indiferencia social y alejamiento de la política, puede suceder que esta coyuntura electoral sea aprovechado para exprese su inconformidad proporcionando triunfos a políticos y partidos de derecha o ultraderecha. El caso de Argentina es muy aleccionador, por lo que no se deben cifrar todas las esperanzas de cambio social limitándose a participar en las próximas elecciones.

Debemos ampliar nuestra visión y mirar más allá de las elecciones, ubicar las jornadas electorales en el contexto de una policrisis y comprender que la lucha por lograr una sociedad mejor implica construir colectivos de ciudadanos y trabajadores que funcionen de manera autónoma del gobierno y de los partidos políticos para encontrar soluciones a los problemas sociales. La situación social que enfrentamos requiere de usar nuestra creatividad e imaginación para impulsar una pedagogía política que permita ver que la construcción de un pensamiento único no coincide con la construcción de la democracia porque se necesita encontrar alternativas que provengan de la clase trabajadora.

La participación en las luchas sociales genera un aprendizaje social que permitirá construir un nivel de consciencia que identificará el vínculo que existe entre las condiciones de vida de la población y la política imperante en el entorno social, es decir, educar en la premisa que aportó el feminismo de que “lo personal es político”, de que los problemas individuales tienen un origen global que se encuentra en la implementación de políticas neoliberales que tiene como objetivo el despojo de derechos laborales, prestaciones sociales y la privatización de servicios públicos.

En esta perspectiva podremos encontrar nuevas y diferentes formas de lucha social que sean independientes de los partidos políticos y del partido en el gobierno en turno y una alternativa real es construir la unidad en la acción con aquellos movimientos emergentes que se encuentran en pie de lucha defendiendo la independencia política como parte fundamental de una verdadera transformación social.

Los grandes cambios sociales no provienen desde la cima del poder en turno, la historia demuestra que provienen desde abajo, se construyen a través de movilizaciones colectivas que funcionan como fuentes de aprendizaje del significado real de la política, que consiste en la discusión colectiva entre hombres y mujeres sobre los problemas sociales que afectan a la colectividad para tomar decisiones por mayoría o bajo consenso que conduzcan a la construcción de alternativas de solución y procedan a la movilización colectiva, unida y organizada para lograr la solución a los problemas identificados.

Es el momento de institucionalizar lo alternativo, fomentar la creación de múltiples colectivos, de equidad de género, de respeto al medio ambiente, de defensa del derecho a la salud, de defensa a la educación pública, de defensa de derechos laborales, de defensa de una vejez digna, en contra de la violencia hacia las mujeres, etc.

A través de la construcción de nuevos colectivos, se construye un sentimiento de pertenencia a las comunidades y se combate la cultura del silencio, de la obediencia ciega, del conformismo generalizado, pero sobre todo, se aprende a vivir juntos, a aceptarnos a los otros como miembros de una misma comunidad y se construye un sentimiento de colaboración que permitirá luchar en defensa de la naturaleza, de la vida y en contra de la cultura de la violencia y crueldad que hoy forma parte de la normalidad en nuestras vidas cotidianas. 

En la participación en estas luchas se realiza un aprendizaje social que permite ver la necesidad de actuar en forma organizada, unida y colectiva, se podrá alzar una mirada que vea más allá de cada colectivo para contemplar la necesidad de crear polos sociales de disidencia y resistencia porque el enemigo que enfrenta cada sector social es el mismo: el sistema capitalista, patriarcal y colonialista, por lo que independientemente de quien gane las elecciones, quede el gobierno que quede, los derechos se defienden.


1.- La miseria sexual contemporánea

https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/08/la-miseria-sexual-contemporanea-oscar.html

2.- La otra política. Yescas, Oscar

https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/05/la-otra-politica-oscar-yescas-dominguez.html

3.- El Mercado como arma de destrucción masiva. Yescas, Oscar

https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/03/el-mercado-como-arma-de-destruccion.html

4.- Una modernidad cruel. Franco, Jean

FCE, México, 2016

5.- La ceguera moral ante el conflicto Israel-Palestina. Yescas, Oscar

https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/10/la-ceguera-moral-ante-el-conflicto.html

6. Totalitarismo del Mercado. Hinkelammert, Frank

7.- Globalización de la pobreza y nuevo orden mundial

Chossudovsky, Michel. Siglo XXI editores. México, D.F. 2002.

8.- La revolución de nuestras consciencias. Yesas, Oscar

https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/06/la-revolucion-de-las-consciencias-oscar.html

9.- Hacer disidencia. Sardín, Eric

https://www.youtube.com/watch?v=6icIACgrWkE&ab_channel=ClaudioAlvarezTeran

De la antipolítica a la construcción de la política. Yescas, Oscar. https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/12/de-la-antipolitica-la-reconstruccion-de.html

No hay Planeta B. Yescas, Oscar

https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/09/no-hay-planeta-b-el-ecocidio-del.html

La otra política. Yescas, Oscar

https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/05/la-otra-politica-oscar-yescas-dominguez.html

En busca de la política. Yescas, Oscar

https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/04/enbusca-de-la-politica-oscaryescas.html


sábado, 10 de febrero de 2024

 

¿Sobrevivirá la democracia al totalitarismo contemporáneo?

Oscar Yescas Domínguez

10 de febrero de 2024


Introducción

El impacto de la desaparición de la URSS

Surgimiento del neototalitarismo disfrazado de neoliberalismo

La muerte de la igualdad y la justicia social

La necesidad de impulsar un cambio social

Conclusiones


Introducción

Al analizar la historia de la humanidad podremos identificar la presencia de grandes cambios sociales que fueron impulsados por el surgimiento de varios movimientos colectivos que lograron transformar las condiciones políticas, económicas y sociales del momento histórico en el cual surgieron. Destacan de manera especial aquellos cambios sociales que fueron originados por el accionar de movimientos colectivos que lograron evolucionar hasta convertirse en revoluciones sociales que usaron la violencia como parte de las estrategias para lograr un cambio social.

Dentro de estas revoluciones podemos mencionar a la guerra de independencia de Estados Unidos (19 de abril de 1775-03 de septiembre de 1983), la revolución de francesa (5 de mayo 1789-09 de noviembre de 1989), la revolución mexicana (20 de noviembre de 1910-05 de febrero de 1917), revolución rusa (08 de marzo de 1917-16 de junio de 1923), revolución cubana (26 de julio de 1953-01 de enero de 1959), la revolución popular sandinista en Nicaragua (julio de 1979 a febrero de 1980), etc.

La geopolítica mundial cambió después de que cada una de estas revoluciones sociales tomaran el poder, no sólo porque surgieron nuevas naciones, nuevas formas de gobierno que lograron autonomía y soberanía nacional, sino también porque obtuvieron grandes logros sociales que cambiaron las condiciones de vida de sus habitantes y sirvieron de ejemplo para poblaciones de otros países al dejar como legado un aprendizaje social sobre diferentes formas de conducir las luchas sociales.

Pero no todos los grandes cambios sociales registrados en la historia mundial han sido producto de revoluciones armadas, porque podemos observar a diversos movimientos colectivos que enfrentaron de manera pacifica la represión violenta de aparatos represivos del Estado, resistieron hasta conquistar una serie de derechos laborales, civiles, sexuales y sociales.

Un ejemplo de ello es el movimiento obrero organizado internacional que surgió en el contexto del surgimiento de una sociedad industrial que apoyaba su crecimiento en la explotación laboral, por lo que los trabajadores se vieron en la necesidad de organizarse para lograr cambios que garantizaran el bienestar de los trabajadores a través de la conquista de mejoras salariales, de prestaciones sociales, la reducción de la jornada de trabajo y lucharon de tal forma que lograron incluir sus demandas como derechos laborales consagrados en las constituciones de varios países.

La lucha de los trabajadores organizados en sindicatos planteó de nuevo el tema de la lucha por la democracia social en una sociedad en la que después de la segunda guerra mundial se observó la existencia de una oleada de autoritarismo que se generalizó en el mundo entero, por lo que la exigencia de obediencia a la figura de autoridad formaba parte de la cultura de aquella época como elemento integrante de los valores que fomentaban las instituciones que formaban parte de la sociedad: familia, escuela, iglesia, gobierno, etc.

En ese contexto de autoritarismo generalizado, en la segunda mitad de la década de los 50´s surgió una contracultura juvenil que se mostró como la expresión de una rebeldía generacional de los jóvenes en contra del autoritarismo de los adultos y del destino que les estaba siendo asignado de seguir el sueño americano de conseguir trabajo, tener familia y trabajar hasta envejecer. La película “rebelde sin causa” protagonizada por James Dean reflejó la existencia de una división generacional porque su exhibición encantó a miles de jóvenes y escandalizó a miles de adultos.

La explosión del rock and roll dio un nuevo impulso a la rebeldía generacional al incluir la autenticidad en la expresión de sentimientos, emociones e ideas progresistas de libertad, paz, amor y democracia, que en aquel contexto se consideraron como contenidos revolucionarios porque cuestionaban el autoritarismo predominante y ejercían la crítica social, por lo que los adultos rechazaron, condenaron y prohibieron este tipo de música, sin éxito alguno, porque la resistencia juvenil se mantuvo usando la premisa “el rock llegó para quedarse” y se convirtió en la música preferida para esta nueva generación de “rebeldes sin causa” (1).

En la década de los 60´s y 70´s, junto a la expansión de la música de rock surgieron varios movimientos colectivos, dentro de los cuales se puede mencionar al movimiento feminista que luchaba por la igualdad social entre hombres y mujeres, el movimiento en contra de la guerra de VietNam, el movimiento en contra del racismo, el movimientos de defensa de los derechos de homosexuales y lesbianas, los movimientos estudiantiles en varios países (Estados Unidos, México, Francia, Checoslovaquia, y otros).

Todos estos movimientos colectivos lucharon de manera pacífica enarbolando diferentes banderas de lucha con demandas particulares, pero todos ellos coincidieron en que una parte central de sus movilizaciones era una resistencia y lucha en contra del autoritarismo reinante en aquella época y en consecuencia, la lucha por la democracia fue el principal objetivo que pretendían lograr (2).

El autoritarismo y cerrazón que mostraron los gobiernos de aquella época y la represión policiaca que sufrieron algunos de estos movimientos (sobre todo los movimientos estudiantiles), generó una frustración colectiva y aumentó la inconformidad social de tal forma que en Latinoamérica miles de jóvenes optaron por la vía armada, por lo que surgieron varios agrupamientos de guerrilleros integrados por jóvenes que luchaban por lograr un cambio social donde realmente existiera la libertad, la democracia y la justicia social, pero los cuerpos represivos del Estado lograron sofocar estos intentos de liberación social al detener, torturar, asesinar, violar y desparecer a integrantes de grupos de guerrilleros, activistas sociales, sindicalistas, participantes en movimientos colectivos y simples ciudadanos.

De esta forma, de una manera paralela a la extensión de la ola de rebelión juvenil que se presentó a nivel mundial con movimientos colectivos que luchaban de manera pacífica, se implementó una política de terror en varios países de Latinoamérica con el llamado Plan Cóndor, diseñado por oficiales de inteligencia estadunidense que contempló la capacitación y entrenamiento de oficiales de alto rango de varios países suramericanos para que procedieran a combatir grupos guerrilleros e impulsar golpes de Estado en contra de gobiernos que fueron elegidos de manera democrática y que manejaban políticas consideradas “de izquierda o comunistas”(Bolivia 1971, Chile y Uruguay 1973, Perú 1975, Ecuador, 1976, Argentina 1976, Paraguay 1989, etc.).

Generaciones completas de jóvenes del siglo XXI padecen amnesia histórica por lo que ignoran esta parte de la historia de sus países y la clase en el poder apuesta al olvido y al crecimiento de la ignorancia colectiva, por eso es importante recordar que el pueblo que ignora su historia está condenado a repetirla y debido a las condiciones que se observan en este año en el cual habrá elecciones en 72 países y existe la amenaza de que se consolide el autoritarismo y peor aún de que sea sustituido por el surgimiento de un totalitarismo porque la ultraderecha ha tenido un gran avance en jornadas electorales en varios países.

Por esas razones es necesario mantener viva la memoria y recordar que en el siglo XX se dio una lucha colectiva internacional en la que los diversos movimientos colectivos que surgieron en aquel entonces, coincidieron en manejar como reivindicaciones principales la defensa de la democracia, de la igualdad social y de la justicia social, pero el día de hoy hoy en pleno siglo XXI, surgen nuevos movimientos colectivos y grupos sociales emergentes que se levantan para luchar por estas mismas demandas, por las que miles de personas fallecieron luchando para que formaran parte de nuestra realidad social y que hoy el capitalismo neoliberal nos está eliminando, por lo que podemos decir que en materia de lucha social, estamos involucionando al pelear por algo que ya se había luchado y hoy representan motivo de nuevas luchas sociales: democracia, igualdad y justicia.

El impacto de la desaparición de la URSS

La rebeldía colectiva que protagonizaron en el siglo XX varios movimientos colectivos que lucharon en forma pacífica, logró expandirse hasta rebasar fronteras y atravesar “la cortina de hierro” de la URSS, donde la chispa de rebeldía encontró eco en la resistencia de varios movimientos colectivos que luchaban por un socialismo con rostro humano y no totalitario, por la legalización de varios partidos políticos, el reconocimiento de varios sindicatos, en contra de la participación de la URSS en la guerra de Afganistán, en defensa de la libertad de prensa, por mayores libertades políticas en las distintas repúblicas soviéticas y demandas estudiantiles (recordemos “la primavera de Praga”).

El conocimiento de que fuera de la cortina de hierro, en varias partes del mundo entero se registraban movilizaciones masivas que coincidían en luchar por conquistar la democracia social, mayor libertad, igualdad y justicia social, provocó que al interior de la Unión soviética aumentaran la intensidad de las luchas internas, hasta que lograron que en 1985 Mijail Gorvachov implementara las políticas de Glasnost (transparencia) que intentaba liberalizar el sistema político que concedía mayores libertades a los medios de comunicación para que pudieran ejercer la crítica al gobierno, reconocimiento de nuevos partidos políticos y la Perestroika que consistió en una reestructuración que permitió una descentralización de la economía soviética y la creación de un mercado libre limitado que permitiera la inversión de capitalistas extranjeros.

Estas políticas permitieron una apertura de la libertad de expresión que fue aprovechada por medios de comunicación independientes, políticos disidentes y la población para manifestarse con mayor libertad de tal forma que la demanda de apertura de las fronteras tuvo éxito con la caída del muro de Berlín, porque une enorme multitud atravesó puntos fronterizos entre las dos Alemanias y comenzaron a derrumbar partes del muro de manera espontánea ante la mirada impotente de los cuerpos policiacos que recibieron órdenes de no hacer nada.

Pero la KGV realizó un intento de golpe de Estado en contra de Gorvachov para restablecer el régimen central y autoritario de la URSS el cual fue rechazado, pero que generó temores en los habitantes y dirigentes de algunas repúblicas soviéticas de perder estas reformas de apertura política y comercial, por lo que promovieron acciones de consulta popular que tuvieron como resultado la decisión de separarse de la URSS e independizarse, provocando con estas decisiones la desaparición de la Unión soviética en 1991 cuando los Presidentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania firmaron el tratado de Belazezha en el que se decretaba la desaparición de la URSS para formar una comunidad de Estados independientes y dando fin a la guerra fría entre Estados Unidos y la URSS.

Con la caída del muro de Berlín y el colapso de la URSS, se provocó un gran impacto económico e ideológico a nivel mundial (3), porque por un lado, se expandió la economía de libre mercado en la mayor parte del mundo invadiendo lo que antes eran repúblicas soviéticas, lo cual permitió el crecimiento y fortalecimiento económico de grandes compañías transnacionales que maximizaron sus beneficios económicos al “conquistar” nuevos mercados y a nombre del libre comercio surgió la globalización que en un principio se presentó como una apertura de las fronteras para permitir el libre tránsito de las mercancías, pero que con el paso del tiempo, al crecer el capital privado se dio lugar al surgimiento de un poder corporativo que logró someter al poder político de cada nación, porque la demanda de “libre tránsito de las mercancías” se transformó en la exigencia de la desregulación del Estado en las economías nacionales para facilitar el comercio internacional y “favorecer al mercado y la economía internacional”, argumentando que el mercado se regularía a sí mismo gracias a la existencia de una “mano invisible” .

Pero por otro lado, la desaparición de la Unión Soviética tuvo un impacto psicosocial negativo porque afectó la moral de varios movimientos que luchaban por la emancipación social en el mundo entero, guiados por ideologías de liberación social, porque el modelo a seguir que representaba la URSS en aquel mundo bipolar desapareció de un día para otro, dejando en la orfandad ideológica a millones de luchadores sociales que se vieron afectados al perder la motivación para seguir luchando por un cambio social, debido a que la propaganda occidental describió la desaparición de la URSS como “un fracaso del socialismo y el triunfo del capitalismo”, manejando la idea de que éste último representa el sistema de organización más alto al que puede llegar la humanidad.

Pero estos mismos medios ocultaron la información relacionada con el hecho de que la llegada del “mundo libre” al territorio que antes conformaba la URSS tuvo un alto costo social y humano, porque el tránsito del socialismo al capitalismo que ocurrió en la década de los noventas en las antiguas repúblicas soviéticas, implicó el surgimiento de una masiva desigualdad social al privatizar productos y servicios que provocó el súbito empobrecimiento masivo de millones de personas, que de un día para otro dejaron de recibir el apoyo que el Estado soviético brindaba a sus ciudadanos a través de subsidios para obtener vivienda, alimentos, empleo, transporte, educación, salud, pensiones, etc., al desaparecer instituciones del gobierno millones de personas perdieron sus trabajos, de la noche a la mañana se vieron en la necesidad de pagar servicios que antes recibían en forma gratuita y al no poder los pagar aumentos estratoféricos en el alquiler fueron desalojados de sus viviendas, por lo que la entrada del “mundo libre” a territorio exsoviético fue la causa principal que provocó la muerte de cuatro millones de personas en tan solo los primeros nueve años después de que desaparición la URSS (4).

Surgimiento del neototalitarismo disfrazado de neoliberalismo

Desde aquella lejana época de la caída del muro de Berlín, surgió el neoliberalismo, que en un principio se presentó como una teoría económica que prometía un crecimiento infinito de la economía y se caracterizó por una tendencia a adelgazar al Estado-Nación, a través de la eliminación de dependencias gubernamentales y la privatización de los servicios públicos que éstas ofrecían, manejando el argumento de que “la iniciativa privada podría mejorar el servicio que el Estado brindaba con bajos niveles de calidad”.

Con estos cambios en la estructura de los Estados-Nación, se afectó su capacidad para garantizar el bienestar social se generó un sufrimiento social y un aumento de miserabilidad en amplias capas de la población, no solo en mayorías marginadas, sino que también afectaron diferentes otras categorías sociales que fueron empujadas a vivir en condiciones de precarieadad y pobreza. Estos cambios sociales pasaron inadvertidos para el grueso de la población, por lo que el intelectual o académico que por su labor identifica esta involución no debe guardar silencio porque el surgimiento de la desigualdad social provoca una serie de violaciones a los derechos humanos y un sufrimiento colectivo que debemos ver con una mirada que nos permita observar “la miseria de los otros” como una miseria también nuestra en la medida que todos pertenecemos a la misma humanidad (5).

Debido al debilitamiento de los movimientos y luchas sociales que se dio durante la década de los noventas, la democracia como estilo de vida dejó de existir, porque el autoritarismo se institucionalizó como forma de gobierno y el significado de la democracia y de la libertad se redujeron a la democracia electoral y a la libertad del voto en procesos que supervisados por autoridades electorales corruptas que tuvieron como consigna avalar varios fraudes electorales, ignorar el financiamiento privado de campañas electorales que comprometían a los candidatos a gobernar a favor del capital privado cuando estuviesen en el poder.

El “fracaso del socialismo” propició el surgimiento de una ola de autoritarismo a nivel internacional que utilizó la democracia representativa para legitimarse, la corrupción se convirtió en un problema estructural por su presencia en todas las instituciones gubernamentales y llegó a consolidarse como estilo de vida y formar parte de la cultura en la vida cotidiana, de tal forma que cualquier ejercicio de democracia participativa en escuelas, universidades, centros laborales o comunidades, llegó a percibirse como intentos de revivir un sistema comunista o socialista totalitario que amenazaba la libertad social lograda en los países de occidente y recibió como respuesta un distanciamiento social, despidos laborales o inclusive represión policiaca.

Cuando alguien lucha por mejoras salariales, pago de horas extra o reducción de la jornada de trabajo se le califica de izquierdista, alborotador o comunista. Lo mismo sucede cuando se defiende la salud pública, la educación pública, el derecho a la jubilación o derechos de las mujeres, aquellos que se atreven a luchar por tales demandas, reciben un tratamiento discriminatorio siendo etiquetados como “alborotadores”, “izquierdistas” o “comunistas”.

Las ideologías de liberación social fueron proscritas y la ideología del autoritarismo promovió comportamientos de conformismo colectivo y obediencia social, protestas sociales intentaron ser criminalizadas, es decir, convertir en delito cualquier forma de protesta, los focos de resistencia grupal y los movimientos de lucha por la democracia fueron ignorados o combatidos, mientras que al mismo tiempo, se avanzaba en la consolidación de una cultura del consumo masivo como fuente de gratificación y con estas acciones surgía una nueva forma de control social que es el resultado de una mezcla de las predicciones de totalitarismo de Orson Wells en su libro 1984 y de Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, estamos siendo testigos del surgimiento de un neototalitarismo: el totalitarismo del Mercado (6).

El poder corporativo que gobierna el mundo controlando el poder político, aprendió para reprimir las disidencias o protestas no hay necesidad de usar la violencia, porque reduciendo los niveles y calidad de la educación humana, se logra que los individuos se preocupen mas por sus necesidades materiales y usen cada vez menos la reflexión y el pensamiento, de tal forma que al usar los medios masivos de comunicación para presentar información distorsionada, entretenimiento “borracho” masivo a través de la TV, usando la sexualidad como cebo social, se produce un “efecto anestésico” en millones de personas que prohibirá tomar con seriedad la existencia humana y el consumo se convertirá en el sinónimo de la felicidad humana (7), logrando de esta forma un mejor control social al reducir el acceso a la educación a millones de personas y condenarlas a vivir sumidas en una creciente ignorancia que les impedirá tener sueños de libertad (8).

La democracia que se había conquistado en las universidades al lograr un autogobierno y ejercer la autonomía universitaria, desapareció al ser éstas tomadas por el neoliberalismo (9) y al modificar las leyes universitarias la función social de las universidades cambió, porque dejaron de ser centros de producción del conocimiento científico social y lugares de discusión donde se ejercía la libertad de cátedra y la crítica social para construir una sociedad mejor, para pasar a convertirse en universidades-empresas, creando una estructura administrativa que incluye altos funcionarios que reciben sueldos mayores a los que perciben los académicos de mayor antigüedad y mayor nivel educativo, los Rectores adoptan el papel de Gerentes de una gran empresa y los académicos pasan a ser tratados como trabajadores que tienen como objetivo formar técnicos del saber práctico al servicio del capital privado y las necesidades sociales de las comunidades pierden importancia y atención (10).

Con el surgimiento del totalitarismo del Mercado, la lucha por construir una democracia fue abandonada por millones de personas y el neoliberalismo pudo avanzar logrando un mayor control social al imponerse el poder económico por encima del poder político, debido al avance de la globalización que permitió el fortalecimiento de grandes compañías transnacionales que exigieron “libertad” para comerciar, lo cual implicaba que los Estados-Nación redujeran su participación, control e influencia en la regulación de la economía y el comercio mundial.

El desarrollo tecnológico permitió consolidar el control social al producir masivamente infinidad de nuevos productos como teléfonos celulares, internet, redes sociales, televisión de paga, etc., que no solo mantienen distraída a la población de los grandes problemas sociales que enfrenta en su vida cotidiana, sino que los sume en una profunda ignorancia colectiva (11).

Es el momento de consolidación del “hombre unidimensional” anunciado por Herbert Marcuse (12), cuando el sistema social logra burlar a la población con nuevas formas de control social que contienen los brotes de inconformidad social, porque el ser humano globalizado que se percibe a sí mismo como ser autorrealizado al actuar como sujeto consumidor, sin darse cuenta de que es el producto de un proceso de aculturación global, en la cual ciudadanos de diferentes países, muy lejanos entre sí, buscan tener las mismas apariencias, ven las mismas series de televisión y películas, consumen las mismas marcas de prendas de vestir, eligen los mismos alimentos y presentan comportamientos similares: conformismo social, individualismo extremo, insensibilidad a los problemas sociales, ignorancia colectiva, ceguera moral, etc.

Todos ellos actúan de la misma forma porque han sido moldeados para convertirse en mercados de consumidores que con sus comportamientos de compra contribuyen a lograr un equilibrio entre una producción masiva y un consumo masivo, sin percatarse del daño que provocan al medio ambiente, a su economía y a su salud física y mental.

De esta forma podemos ver que alrededor del mundo, amplias masas de la población de diferentes países presenta los mismos comportamientos: un conformismo generalizado, una indiferencia hacia la política, una gran insensibilidad social, ceguera moral colectiva, guían sus comportamientos en base a una ideología individualista, carecen de valores humanísticos, padecen una ignorancia colectiva, comparten una obsesión de acumular dinero para seguir consumiendo, pagar deudas o buscar “una buena vida” cuyo ideal es el consumismo permanente y la idea de luchar por un cambio social en el que se enarbolen como banderas de lucha la democracia, la libertad y la justicia social, está alejada de las mentes de una amplia población mundial.

De la misma forma que en la Edad Media la religión llegó a ser la moral que regía la vida social y fue el elemento central de la cultura de la sociedad de aquellos tiempos, en la modernidad el consumo se ha convertido en un nuevo mito tribal que contribuye a un equilibrio social al consolidar el comportamiento del consumidor como la principal forma de establecer relaciones sociales y es la actividad social en la que se basa nuestro sistema económico y cultura, porque cada sociedad promueve una cultura que le permite formar al individuo que le garantiza su existencia y en nuestros tiempos el individuo consumidor es el individuo socialmente necesario.

Las conquistas de la ciencia y tecnología han hecho posible la contención de la protesta social en la medida que contribuyen a mantener a la población en una realidad virtual ignorando las contradicciones sociales en las que viven. Diversos estudios antropológicos han demostrado que cada sociedad promueve una cultura que le permite formar al tipo de individuo que necesita para existir y en nuestra sociedad contemporánea el sujeto social que necesita la sociedad para mantener el equilibrio entre producción masiva y consumo masivo es el homo consumens.

El neoliberalismo promueve una nueva forma oculta de totalitarismo disfrazada de libertad que se autolegitima en una sociedad pacificada por una ideología que pregona las libertades económicas, los derechos humanos y y disidencias políticas inocuas. Es un nuevo tipo de control social que ha llegado a un nivel de refinamiento que hasta los mismos investigadores sociales y académicos universitarios aceptan contribuir a su institucionalización, al descontextualizar la educación, al omitir el uso de la crítica social en el aula de clases. Al establecer un vínculo de dependencia de los alumnos con el maestro y al usar una pedagogía autoritaria, que permite la reproducción de un proceso de socialización que tiene como finalidad formar ciudadanos acríticos, técnicos del saber práctico que asumirán actitudes de obediencia a la figura de autoridad, estarán al servicio del capital privado e ignorarán las necesidades sociales para privilegiar sus intereses personales.

La muerte de la igualdad y la justicia social

Con la globalización y el surgimiento del neoliberalismo se abrió una gran brecha social que separa a una pequeña cifra de la humanidad (menos del 1%) que acapara la mayor parte de la riqueza social, de una inmensa mayoría de la población que hoy enfrenta incertidumbre económica y vive en una constante precarización, que vive al día y se le dificulta llegar a fin de mes con suficientes alimentos o dinero para los gastos, sus vidas se han convertido en un castigo similar al mito de Sísifo porque una mayoría de trabajadores laboran largas jornadas de trabajo, percibiendo bajos sueldos y carecen de prestaciones sociales, mientras que otro amplio sector de la sociedad vive en condiciones de desempleados, viven del empleo informal, son campesinos sin tierra ni educación y millones de personas viven en condiciones de pobreza, marginación y padecen un sufrimiento colectivo (13).

El neoliberalismo acabó con la igualdad social al dividir a la sociedad en sujetos consumidores y consumidores defectuosos. Otorga facilidades de crédito para endeudar a la población y mantenerlos esclavizados por un determinismo económico, obligando a trabajar más para pagar sus deudas, por lo que el endeudamiento es una de las características principales en tiempos de neoliberalismo. Al convertir al ciudadano moderno en sujeto consumidor y tratar como consumidor defectuoso a quienes no tienen la capacidad económica para pagar el costo de alimentos, bienes o servicios que necesita para sobrevivir, el neoliberalismo les da un trato de subhumanos y es objeto de una violencia económica que degenera en un verdadero genocidio económico al dejar morir a quienes no tienen dinero para usar como intercambio para adquirir productos y servicios.

Como resultado del crecimiento de la desigualdad social, se presentan constantes agresiones a los derechos humanos, laborales y sexuales de los trabajadores y de la población en general, por lo que surgen varios casos de injusticia social, los cuales son ignorados porque la corrupción impulsada por el neoliberalismo ha crecido tanto que se ha convertido en un problema estructural que invade las instituciones del Estado y las instituciones responsables de la procuración de justicia no son la excepción, porque sus representantes (Jueces y magistrados), participan directamente en actos de corrupción al impedir que la justicia sea para todos, al aplicarla en forma selectiva para apoyar servir a los intereses del capital privado.

Debemos tomar en cuenta que el bienestar social depende del reparto equitativo de los recursos de una sociedad, sobre todo de los recursos públicos porque provienen del pago de impuestos de la ciudadanía que forma parte de la sociedad y quienes forman parte del Estado, son servidores públicos que deberían actuar como tales en sus funciones cotidianas. Pero la triste realidad es que la corrupción imperante en las instituciones gubernamentales ha provocado que la mayor parte del presupuesto público se destine al pago de la nómina dejando un porcentaje reducido al gasto operativo de las instituciones afectando la calidad del servicio que ofrecen a la población.

La justicia y la igualdad social forman parte importante del bienestar social y son los componentes fundamentales para construir una sociedad democrática, pero sólo puede hablarse de la existencia del bienestar social cuando las necesidades personales y necesidades colectivas son atendidas y desde el momento que la desigualdad social aumenta en perjuicio de las mayorías, se afecta el bienestar social y se afecta la justicia social porque sólo puede decirse que ésta ultima existe sólo cuando se da una justa distribución de cargas, recursos y poderes en la sociedad.

La existencia de justicia social implica la existencia de un equilibrio entre las necesidades individuales y colectivas, el acceso a oportunidades de obtener méritos en condiciones de igualdad, algo que no existe en nuestra realidad social porque lo que se observa en nuestra sociedad es la existencia de grandes sectores sociales que están marginados de los recursos públicos por la corrupción que impera en las dependencias gubernamentales.

Los responsables de impartir justicia avalan esta marginación porque ellos mismos se benefician de la desigualdad social al percibir sueldos amorales y privilegios inaceptables mes tras mes, sueldos tan escandalosos que en el caso de México quintuplican el sueldo que percibe el Presidente de la república, lo cual los convierte en los individuos que perciben los sueldos más altos en el mundo laboral, sus fortunas se incrementan con dinero que proviene de recursos públicos que en lugar de atender las necesidades sociales, enriquecen a quienes tienen la responsabilidad de garantizar la existencia de un Estado de Derecho y deberían hacer cumplir la ley y garantizar la aplicación de la justicia sin excepción alguna.

La necesidad de impulsar un cambio social

La acumulación de capital en manos cada vez más reducidas en número, implica un aumento de la miseria económica y social de amplias mayorías de la población mundial, porque son privadas de los medios para subsistir (alimentos, medicinas, atención médica, etc.), tratadas como subhumanos y se les “deja morir” porque son “consumidores defectuosos” en la economía de libre mercado. Todo esto es producto de la desigualdad social y este escenario social nos plantea la necesidad de impulsar un cambio social, un cambio de consciencia, de política y de cultura.

Parte del éxito del neoliberalismo es que creó una falsa percepción social de ausencia de alternativas de cambio social, nos hizo creer que ante el fin del socialismo soviético y la caída de muro de Berlín sólo quedaba la opción del capitalismo, por lo que el conformismo se generalizó, pero lo que estamos viviendo es un mundo inaceptable desde el punto de vista de la ética, porque es totalmente inaceptable desde una perspectiva moral el que exista un sufrimiento colectivo mientras que unos cuantos concentren la mayor cantidad de riqueza de una manera que sólo puede calificarse como un robo. La exigencia del poder corporativo de impedir la regulación de la economía y comercio en cada Estado-Nación, es lo que permite que las grandes compañías transnacionales dominen al mundo y jueguen un papel determinante en la política.

Se necesita entonces un cambio social urgente porque nunca había existido tantas razones para levantar la voz de protesta, luchar en defensa de derechos laborales y servicios públicos que están siendo eliminados y privatizados, que en el caso de la salud pública, para el segmento de adultos mayores significa luchar en defensa de sus vidas y la tarea de los científicos sociales es ejercer la crítica de nuestra sociedad de tal forma que brindemos esperanza a aquellos que viven con incertidumbre, temor y miedo en su presente y para los cuales no existe un futuro.

Pero lo que se observa es que las luchas de resistencia a las políticas neoliberales se muestran fragmentadas, divididas y enfrentan a una dominación articulada con fuertes vínculos globales entre el poder corporativo y el poder político. En este contexto que exige un cambio social, “una forma de hacerlo es empezar con una revolución de las consciencias individuales, una revolución psicosocial que nos permita cambiar la forma de pensar, sentir y actuar que hemos hecho hasta el momento. Es decir, para garantizar el cambio social necesitamos cambiar nuestra ideología individual por una ideología social debemos empezar por cambios individuales, empezando por una revolución de las consciencias (14).

La revolución de nuestras consciencias nos permitirá desarrollar una consciencia social que nos permitirá abrir los ojos y darnos cuenta que no es normal que existan ricos y pobres, que no es natural que los políticos se hagan millonarios con los recursos públicos que genera la población con el pago de los impuestos, que es inaceptable la corrupción que estamos viendo hoy en las dependencias del gobierno en sus tres niveles (federal, estatal y municipal), que no podemos quedarnos más tiempo mirando en forma pasiva la violación de nuestros derechos más elementales.

En el siglo XX surgieron movimientos colectivos que buscaron un cambio social y lucharon para conquistar derechos laborales, sociales y sexuales. En este siglo XXI, estamos viendo un despertar social de varios sectores que se resisten al empobrecimiento al que los condena el neoliberalismo con la complicidad de quienes gobiernan.

Al igual que en el siglo XX, la lucha es pacífica, pero los nuevos movimientos colectivos que surgen con espontaneidad gracias a las redes sociales, se enfrentan a la cerrazón y autoritarismo de quienes detentan el poder usando la democracia representativa fundamentada en la corrupción de legisladores. La vía armada está descartada, sólo queda la alternativa de construir una democracia participativa, empezando desde abajo a crear nuevas organizaciones sociales que realmente sean representativas de los intereses de la ciudadanía.

Un ejemplo de grupos social emergente, se encuentra en los pensionados y jubilados que se han organizado y luchan en defensa de su salud y sus pensiones, por lo que a diferencia del siglo XX, en nuestros tiempos, los protagonistas del cambio no son los jóvenes, son los adultos y principalmente los adultos mayores. Aquellos que en su juventud lucharon para conquistar derechos, en su vejez se ven obligados a salir y luchar para recuperar derechos arrebatados (salud pública) y defender los derechos que pretenden arrebatarles (pensiones) y se encuentran experimentando un Deja Vu al salir y tomar las calles asumiendo una identidad de sujetos políticos como lo hicieron décadas atrás y hoy salen a luchar en contra del autoritarismo gobernante levantando las mismas demandas de lucha de hace 50 años: democracia, igualdad y justicia.

Los trabajadores organizados en sindicatos se verán obligados a superar la crisis de liderazgo en la que se encuentran y proceder a democratizar el funcionamiento de sus sindicatos, tal y como lo dicen los trabajadores argentinos en la lucha que están librando en contra del gobierno ultraderechista de Javier Milei: “con los dirigentes a la cabeza del movimiento o con la cabeza de los dirigentes al frente del movimiento. Es una lucha a largo plazo, que requiere motivación, compromiso y claridad política.

Conclusiones

En pleno siglo XXI las luchas por la democracia, la igualdad y la justicia social continúan generando nuevos movimientos colectivos y la lucha por la democracia adquiere un carácter especial en este año porque se realizarán elecciones en 72 países (Estados Unidos, Rusia, México, Unión Europea, etc.) en un momento histórico caracterizado por la agudización de la crisis económica y política global. Iniciamos el año con la continuación de las guerras en Ucrania y Palestina, la amenaza de expansión de las mismas en nuevos escenarios geográficos (Líbano, Siria, Irán, Yemen) aumenta la incertidumbre sobre el porvenir de la humanidad y crece el temor de una guerra mundial en la que no habrá vencedores y la humanidad saldrá perdiendo.

En este contexto adquiere importancia la pregunta formulada por el sociólogo francés Alan Touraine ¿Podemos vivir juntos? (15), consumimos los mismos productos, presentamos los mismos comportamientos como consumidores, compartimos en forma universal la cultura del consumo y en las grandes ciudades existe un multiculturalismo, pero a la vez vemos crecer una xenofobia, racismo, intolerancia que divide a los habitantes de las ciudades que ven con malos ojos a los migrantes y muestran simpatía con partidos políticos de derecha y ultraderecha.

El Estado-Nación que surgió para defender el bienestar social y hacer prevalecer el Estado de Derecho que garantice la justicia social, sufre el ataque del poder corporativo que le obliga a internacionalizar su economía y adelgazar su estructura desapareciendo instituciones para privatizar servicios públicos, afectando derechos laborales y sociales provocando un incremento en la inconformidad social. Si no se construye una resistencia en forma organizada, colectiva y unida, existe el riego de ser testigos y partícipes de una guerra civil mundial.

La coyuntura electoral en varios países adquiere singular importancia porque representa la oportunidad de que el electorado pueda dar un giro a la forma como se está conduciendo el mundo, pero en las condiciones actuales este giro puede ser hacia la derecha o hacia la izquierda y el ejemplo de Argentina donde ganó la ultraderecha es de gran relevancia porque quien está detrás de Javier Milei es el poder corporativo que se dispone a destruir el Estado argentino, eliminar leyes que protegían a la población de forma autoritaria y entregar la patria y sus recursos al capital privado internacional (16).

El mundo entero debe ver en Argentina un espejo de lo que será su futuro este año si permite que los partidos de derecha y ultraderecha conquisten el poder. En Argentina está sucediendo lo que anticipó el filósofo griego Cornelius Castoriadis a finales del siglo pasado: “en el mundo hay una confrontación de dos poderosas fuerzas, una conformada por el capital privado que toma la forma de grandes compañías transnacionales que pretenden saquear los recursos de las naciones y por otro lado, se encuentra un colectivo de movimientos sociales integrados por trabajadores organizados, campesinos sin tierra, grupos feministas, pensionados y jubilados, ciudadanos que sufren los ajustes económicos aumentando la precariedad en sus condiciones de vida” (17).

En este contexto es importante participar en las contiendas electorales que tendrán lugar este año, porque en elecciones realizadas en algunos países en fechas recientes, se ha observado un avance de la ultraderecha, que está aprovechando el clima de inconformidad social creada por la crisis económica, crisis política de partidos y crisis de credibilidad de los profesionales que han hecho de la política su forma de vida. La derecha usa a su favor la ignorancia colectiva, el rechazo popular a los partidos políticos y se presenta como una opción nueva y diferente ante el electorado.

Pero no debemos confundir la lucha por un cambio social, con la lucha electoral, porque la lucha electoral es sólo una parte de una lucha social que realizan miles de personas que participan en diversos movimientos colectivos buscando la transformación del sistema social en que estamos viviendo. Es parte de una lucha colectiva que tiene como punto de partida la construcción de un empoderamiento individual y colectivo para lograr un fortalecimiento comunitario que nos permita enfrentar la crisis del sistema social en el que estamos viviendo.

La lucha electoral es parte de un proceso permanente y continuo de construcción de la democracia social y no representa en sí la existencia de una democracia, el problema es que durante décadas hemos sido engañados al decirnos que vivíamos en gobiernos democráticos y el argumento principal para convencernos era que se nos permitía elegir a nuestros gobernantes, pero que ¿pasa después de las elecciones? En el contexto de la democracia representativa, después de las elecciones quienes acceden a puestos de elección popular le dan la espalda a quienes votaron por ellos y pasan a gobernar a favor de los intereses del capital privado y a favor de su beneficio personal.

La democracia representativa responde a los intereses del neoliberalismo en la medida de que la toma de decisiones relevantes se da al interior de pequeños grupos que actúan como representantes populares, pero la mayoría de las veces los intereses de la población se ven afectados por estas decisiones que tienden a beneficiar a intereses particulares ya que la democracia representativa no defiende a la población. Este tipo de democracia ha demostrado su fracaso como forma de gobierno porque en realidad no representa a la población y se encuentra en su etapa final de su vida. En su lugar debe construirse una democracia participativa en la que los integrantes de las comunidades sociales vean como algo necesario la participación en política para encontrar la solución a sus problemas.

La democracia en su sentido original significa un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. El remedo de democracia en el que hemos vivido se limita a una democracia electoral en la que la población sólo tiene participación política a través de un voto electoral y después regresa al ámbito de lo privado y deja a los políticos “hacer su trabajo”. La democracia puede ser definida como un conjunto de garantías contra el ascenso o el mantenimiento en el poder de dirigentes contrarios a una mayoría, implica un reconocimiento y aceptación del otro un régimen es más democrático cuanto una mayor cantidad de personas participa directa o indirectamente en la toma de decisiones" (18).

Debemos tomar como punto de partida que la primera forma de democracia se construyó en la Grecia antigua y coincidió con el nacimiento de la Filosofía porque al instaurar la democracia se plantea de manera explícita la cuestión del origen y fundamento de la Ley y se abre un espacio público para la libre expresión de las ideas y pensamientos de los ciudadanos. Antes de los griegos las sociedades estaban instituidas con el pensamiento que decía: “nuestra visión del mundo es la única que tiene sentido y que es verdadera, todas las demás son extrañas, perversas y desleales”.

El fanatismo político, religioso y político nos está regresando a tiempos pasados y alejando de la civilización basada en una democracia social que debería representar a la sociedad moderna. Si partimos de la premisa de que hubo civilizaciones anteriores a la nuestra, podría esperarse que nuestro conocimiento y comprensión de sociedades anteriores, debería permitirnos utilizar los conocimientos heredados para coexistir en forma pacífica. Pero lo que se observa en el mundo actual es todo lo contrario.

La experiencia de la democracia griega inspiró las revoluciones francesas, norteamericanas, mexicana y rusa, porque buscaban consolidar la democracia como forma de gobierno y estilo de vida. La búsqueda de la democracia como forma de gobierno es lo que motivó el surgimiento de diversos movimientos sociales que lucharon en el siglo pasado y hoy en pleno siglo XXI, los mismos ideales siguen provocando el surgimiento de nuevos movimientos colectivos que luchan en contra del autoritarismo de los dirigentes de las grandes potencias que gobiernan a favor del poder corporativo, destinando grandes cantidades del presupuesto público para la industria militar, ignorando las necesidades sociales, provocando un malestar social y un sufrimiento colectivo.

En estos momentos en los que el neoliberalismo promueve la desaparición del Estado-Nación y exige la ausencia de regulación estatal en el comercio internacional, se puede afirmar que la raíz de todos nuestros males se encuentra en el neoliberalismo capitalista porque nos mantiene bajo una triple opresión: capitalismo, colonialismo y patriarcado. Ante el fortalecimiento del control social que ha logrado el poder corporativo al reducir la condición humana a homo consumens y la injerencia del capital privado en procesos electorales cabe la pregunta que se presenta como título de estas reflexiones personales: “sobrevivirá la democracia al totalitarismo contemporáneo?”.

De nosotros depende la respuesta a esta pregunta, recordemos que como seres humanos tenemos historicidad, es decir, tenemos capacidad para cambiar el rumbo de la historia y la situación actual nos exige asumirnos como sujetos globales para reconocer que los problemas personales que estamos padeciendo tienen causas globales y éstas pueden resumirse a la eliminación de derechos laborales, humanos y sociales provocada por la dictadura del mercado que tiende a funcionar como un totalitarismo.

La experiencia argentina (19) nos muestra que debemos seguir un camino contrario al que ellos siguieron, privilegiaron la vía electoral para lograr un cambio social y ante el autoritarismo que está mostrando Javier Milei al intentar eliminar derechos laborales y sociales para entregar la patria argentina al capital privado extranjero, se están viendo en la necesidad de organizarse desde abajo, realizando asambleas vecinales, en centros de trabajo y movilizándose para impedir la aplicación de leyes que elimina sus derechos.

En el contexto de una sociedad en crisis que genera múltiples problemas sociales que afectan a las comunidades menos protegidas, representa un craso error alejarse de la política porque eso es lo que permite que lleguen al poder personajes de bajo coeficiente intelectual que son impulsados por las fuerzas oscuras del capital para que una vez que estén en el poder, puedan manipularlo a su antojo para garantizar la maximización de sus beneficios económicos (18).

La manera de construir la democracia social es asumirnos como sujetos políticos para aumentar nuestra participación en política como hombres y mujeres libres guiando nuestro comportamiento en base a un pensamiento autónomo, lo cual nos permitirá combatir el autoritarismo de los gobernantes, ayudará a luchar contra la imposición de un pensamiento único al desarrollar las capacidades para que los individuos puedan creer en sí mismos, que se vean a sí mismos como sujetos históricos que reconocen su historicidad, su potencial para implementar cambios sociales.

Para construir una sociedad realmente democrática, necesitamos construir una democracia participativa en la que los ciudadanos participen en política desde el principio, es decir, desde el interior de sus comunidades, realizando reuniones vecinales, comunitarias, en las que participen en un proceso de discusión colectiva en el cual analicen su situación social, identifiquen los problemas más relevantes y construyan conjuntamente estrategias para enfrentar los problemas previamente detectados.

La democracia implica tener la capacidad de ejercer la crítica social y es lo que permite distinguir a un individuo libre, con pensamiento autónomo, de un individuo que se limita a seguir las instrucciones que provienen desde arriba sin cuestionarlas, actuando con conformismo, aún cuando es evidente que se están vulnerando sus derechos sociales.

En una democracia el pueblo tiene el derecho de proponer cualquier cosa ante sus representantes, es el pueblo quien dicta la ley y construyendo la democracia social es como rescataremos el Estado de bienestar social de la voracidad del capital privado y en consecuencia nos protegeremos a nosotros mismos.

1.- La maldición de Rebelde sin causa: las prematuras muertes de James Dean, Natalie Wood y Sal Mineo

https://www.infobae.com/teleshow/2022/09/30/a-67-anos-de-la-muerte-de-james-dean-las-tragedias-de-rebelde-sin-causa-y-el-grito-de-una-generacion/#:~:text=De%20su%20escueta%20filmograf%C3%ADa%2C%20Rebelde,cuando%20solo%20ten%C3%ADa%2024%20a%C3%B1os.

2.- En defensa de una educación pública y una educación emancipadora

Yescas, Oscar. https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/en-defensa-de-la-universidad-publica-y.html

3.- A 29 años de la caida del muro de Berlín

Yescas, Oscar. https://oscaryescasd.blogspot.com/2018/11/a-29-anos-de-la-caida-delmuro-de-berlin.html

4.- Los campos de exterminio de la desigualdad

Therborn, Goran. Fondode Cutura Económica. México, D.F. 2016

5.- La miseria de los otros. Bourdieu, Pierre.

6.- El Mercado como arma de destrucción masiva

Yescas, Oscar. https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/03/el-mercado-como-arma-de-destruccion.htm

7.-La obsolescencia del hombre. Anders, Gunter

8.- Educación vs. Control social

Yescas, Oscar. https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/06/educacion-vs.html

9.- El neoliberalismo y su impacto en las universidades públicas

Yescas, Oscar: https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/10/elneoliberalismo-y-su-impacto-en-las.html

10.- Universidad empresa o universidad pública?

Yescas, Oscar. https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/07/universidad-empresa-o-universidad.html

11.- La sociedad de la ignorancia. Yescas, Oscar. https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/09/latransformacion-social-desde-una.html

12.- El hombre unidimensional

Marcuse, Herbert. Editorial Seix Barral. Barcelona, 1968

13.- El castigo de Sísifo en la modernidad. Yescas, Oscar. https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/11/elcastigo-de-sisifo-en-la-posmodernidad.html

13.- Reflexiones sobre la libertad en el siglo XXI.

Yescas, Oscar. https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/reflexiones-sobre-libertad-en-la.html

14.- La revolución de las consciencias

Yescas, Oscar: https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/06/la-revolucion-de-las-consciencias-oscar.html

15.- ¿Podemos vivir juntos. Touraine, Alan.FCE, México, 2011

16.- Argentina: la ultraderecha como el verdadwro peligro social. Yescas, Oscar

https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/12/argentina-la-ultraderecha-como-el.html

17.- Los dominios del hombre. Castoriadis, Cornelius. Ed. Gedisa, Barcelona, 2005

18.- ¿Qué es la democracia? Touraine, Alan

Fondo de Cultura Económica, México 2022

19.- De la antipolítica a la reconstrucción de la política. Yescas, Oscar.

https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/12/de-la-antipolitica-la-reconstruccion-de.html