El
profesor como intelectual público
“Si
no somos capaces de pensar en una vida mejor, no tendremos una vida
mejor y si no somos capaces de hacer unas cuantas cosas que
irrespeten nuestra rutina, no tendremos una vida mejor” (Irma
Serrano-García-Ricardo Vargas Molina. 2,013).
25
de diciembre del 2025
Introducción
La
semilla del cambio social
Mi
(des)encuentro con la Psicología
La
construcción de mi identidad como profesor universitario
El
profesor como agente de cambio social
El
profesor jubilado como intelectual público
Conclusiones
Introducción
Nuestras
vidas tienen grandes similitudes con la elaboración de los libros,
llegamos a este mundo con una entidad corpórea basada en la
genética, pero con la mente en blanco como si fuera una tabula rasa
o la primera página en blanco de un libro sin contenido. Sobre la
base de la interacción social recibimos la influencia de los demás
que van generando una impronta y de manera progresiva empezamos a
construir una personalidad psicosocial que consiste en una
determinada forma de pensar, sentir y actuar que es el resultado de
la interinfluencia que hemos mantenido con figuras significativas de
los diferentes grupos a los que pertenecemos.
De
esta manera las páginas que conforman el libro de nuestras vidas, se
van escribiendo con cada interacción social, con cada vivencia
experiencial porque algo que debemos tener presente es que el
aprendizaje no se limita a lo que aprendemos en las escuelas a través
de los maestros, sino que aprendemos en cualquier lugar, en cualquier
momento, con cualquier persona y a esto se le llama aprendizaje
informal.
Nuestras
mentes y corazones van reaccionando a cada experiencia, a cada
interacción y el libro de nuestras vidas va registrando capítulos
que representan informes de etapas de nuestras vidas en las que
construimos identidades que terminan por desaparecer al terminar cada
capítulo y empezamos a escribir uno nuevo que consiste en la
construcción de una nueva identidad psicológica que marca el inicio
de otra etapa en nuestro desarrollo psicosocial.
Todos
vivimos en el contexto de una sociedad que funciona sobre la base del
crecimiento de una desigualdad social, una inmensa mayoría vivimos
bajo un determinismo económico que nos atraviesa y condena a la
desaparición de los sueños, aspiraciones y planes de millones de
historias de vida que la realidad aplasta hasta desaparecer en la
medida que aumenta la opresión, explotación y la exclusión social.
En
psicoterapia es común el uso de diarios personales para permitir que
las personas puedan procesar emociones difíciles como la ira, la
depresión o la ansiedad, porque la escritura reflexiva aclara ideas,
fortalece la resiliencia, ayuda a reconocer logros no percibidos,
permite reducir el estrés, aumentar la autoconsciencia y al plasmar
pensamientos y sentimientos en un espacio seguro y privado ayuda a
transformar problemas en verdaderos aprendizajes que se traducen en
cambios en el comportamiento individual (1).
Si
todos escribiéramos un diario de nuestras vidas y nos detuviéramos
para leerlo que llevamos escrito, tendríamos un mayor
autoconocimiento y nos daríamos cuenta de que a lo largo de nuestras
vidas atravesamos por un funeral de identidades que van
desapareciendo en la medida que crecemos. Pero también nos daríamos
cuenta de que muchos sueños que construimos en la infancia o en la
juventud, se fueron con el viento, las tormentas o ventiscas que
azotaron nuestras vidas, nos impidieron avanzar por los caminos que
aspirábamos caminar y junto a esos sueños también desaparecieron
las esperanzas de cambio personal, de construcción de una autonomía
y soberanía individual, dejando detrás de sí la semilla de una
resignación que crece con la edad y que nos dice “lo que hay, es
lo que hay”, porque nos vemos obligados a renunciar a nuestras
necesidades de logro que forman parte de las necesidades
psicológicas, para encontrar formas de resolver nuestras necesidades
básicas de existencia.
En
un momento histórico caracterizado por la presencia de una
policrisis, escribir un libro sobre la historia de nuestras vidas,
podría ser un buen guion de una telenovela que nos hiciera sonreír,
suspirar de alegría en los inicios, para hacernos llorar después al
ver que nuestros sueños reventaron como si fueran globos pinchados
con una aguja, porque una inmensa mayoría de la población, las
frustraciones se van acumulando de tal forma que comparten una gran
insatisfacción social en sus vidas, en virtud de que no pudieron
lograr los sueños que en su infancia y juventud se plantearon al
intentar responder a la pregunta ¿que quieres ser cuando seas
grande?
La
espontaneidad infantil, el entusiasmo, imaginación y rebeldía
juvenil fueron derrotados por las diferentes instancias que
participan en el proceso de socialización que atravesamos en las
diferentes etapas de nuestro desarrollo psicosocial: la familia, la
iglesia, los medios masivos de difusión, redes sociales y por
supuesto: el sistema educativo que funciona con gran eficiencia para
inhibir la creatividad, golpear la imaginación, destruir la
capacidad de pensamiento autónomo, construir las bases para el
surgimiento de una actitud de obediencia a la figura de autoridad y
transformar a cada alumno en otro ladrillo que formará parte de un
muro de contención social.
Bien
lo decía el psicoanalista argentino Rodolfo Bohoslavsky en su
escrito Psicopatología del vínculo profesor- alumno: “los
estudios de primaria, secundaria y preparatoria, funcionan como un
curso de 12 años que enseñan como aprender a ser un buen esclavo”
(2),
porque llegan a la universidad en condiciones en las que habrán
olvidado lo que aprendieron en sus clases de Historia, Ciencias
sociales, Literatura,, Geografía, etc., pero lo que no han olvidado
es a obedecer a la figura de autoridad, porque fueron educados
construyendo vínculos de dependencia con sus maestros.
La
crisis económica impide que una inmensa mayoría de la juventud
logre concretar su sueño de realizar estudios universitarios, porque
se vieron en la necesidad de trabajar para contribuir a la economía
familiar y poder subsistir, por lo que se ven obligados a resignarse
a una vida caracterizada por una precariedad creciente y se culpan a
sí mismos pensando que su destino lo construyeron al tomar malas
decisiones.
El
determinismo económico y el desarrollo tecnológico han construido
una sociedad que ha sofisticado los mecanismos del control social al
mezclar estrategias descritas en dos utopías que fueron escritas en
el siglo pasado: Un mundo feliz de Aldoux Huxley y 1984 de George
Orwell, obteniendo como resultado que millones de personas vivan sus
vidas como si vivieran la pesadilla diaria de Sísifo, pero al mismo
tiempo, una inmensa mayoría se encuentra confortablemente aturdida,
mostrando comportamientos de conformismo colectivo, obediencia
generalizada, insensibilidad social y una gran ignorancia, no sólo
de conocimientos y derechos, sino de la historia de la humanidad,
porque padecen amnesia histórica.
Ayudaría
mucho a sentar las bases para lograr un cambio individual si
utilizamos nuestra imaginación y capacidad de abstracción si
percibiéramos nuestra existencia como si fuera un libro que estamos
escribiendo con nuestro comportamiento, porque utilizar esta metáfora
nos permitiría sentir que somos los autores de ese libro, nos daría
la oportunidad de reflexionar sobre lo que hemos hecho con nuestras
vidas, nos facultaría a reescribir pasajes de nuestra historia
personal al observarlos con una mirada diferente que nos da la edad
y la experiencia, podríamos arrancar y eliminar aquellas hojas que
se convirtieron en fuentes de dolor, pero lo mas importante de todo
lo anterior es que nos daría la oportunidad de ver que todavía
tenemos muchas hojas en blanco, cuyo contenido podemos escribir con
nuestras acciones futuras y ese reconocimiento es lo que nos pondría
en condiciones de construir un empoderamiento individual .
Al
participar en la creación de una autonomía de pensamiento y vincular
esta acción con cambios en el comportamiento, se crean las
condiciones para lograr un despertar social del aturdimiento
confortable que presenta una mayoría de la población, la
vinculación de la autonomía de pensamiento con la acción permite
aterrizar el concepto de historicidad
planteado
por el sociólogo Alan Touraine que consiste en reconocer que todas
las personas tienen la capacidad desarrollar una autonomía que les
permite tomar el control el control de sus vidas y cambiar su
historia individual y esa historicidad también existe a nivel
colectivo (3).
Tomar
la decisión de vivir nuestras vidas como si estuviéramos escribiendo
un libro, adquiere mayor relevancia para aquellas personas que
tuvimos la oportunidad de acceder al conocimiento científico porque
al aumentar el nivel educativo, aumenta el nivel de comprensión
acerca de como funciona el mundo.
Pero
la invitación a vivir nuestras vidas como si estuviéramos
escribiendo un libro adquiere un significado especial para aquellas
personas que por diferentes razones terminamos trabajando en la
docencia y construimos una identidad laboral como profesores, porque
como trabajadores de la educación cargamos sobre nuestros hombros
una responsabilidad social debido a que en el contexto de policrisis
en que nos tocó vivir existe un sufrimiento de las mayorías
marginadas.
Vivir
nuestras vidas como docentes de una forma como si estuviéramos
escribiendo un libro, denunciaría las condiciones de proletarización
del trabajo intelectual y tomar consciencia de ello ayudaría a
aceptar la necesidad de realizar acciones que permitan rescatar la
dignidad del docente que realiza un metaaprendizaje porque su
enseñanza va más allá del acto de transmitir información, porque
con sus al hacer uso de la crítica social crea las condiciones para
construir pensamientos autónomos y al actuar como agente de cambio
forma nuevos agentes de cambio que contribuirán a lograr una
verdadera transformación social.
En
el contexto de una sociedad que es reconocida como “la sociedad de
la ignorancia”
(4)
en la que se observa una ignorancia colectiva, los académicos
representamos la élite pensante de nuestra sociedad y el contexto de
crisis global, violencia, destrucción, muerte y sufrimiento
colectivo, nos exige participar en la transformación de nuestra
sociedad, dejando de actuar como funcionarios del consenso para
construir las bases de la democracia desde el seno de las aulas,
partiendo de la premisa de que el salón de clases representa uno de
los pocos espacios donde todavía se pueden realizar ejercicios
democráticos.
Escribir
sobre nuestras experiencias en la docencia, no solo servirá de
ejemplo para las nuevas generaciones de docentes, contribuirá a
mejorar la educación, y si se escribe de tal forma que la población
pueda entenderlo, permitirá que ellos comprendan que también pueden
ser agentes de cambio social que las condiciones actuales exigen. En
esa línea de pensamiento comparto este escrito como una parte del
libro de la historia de mi vida, esperando sea del agrado de los
lectores.
La
semilla del cambio social
Nunca
he olvidado mis orígenes como miembro de una familia de la clase
trabajadora, llevo con mucho orgullo el apellido de mi padre Víctor
Manuel Yescas y Eribes, un trabajador minero y militante
sindicalista en la sección 65 del sindicato nacional de mineros con
sede en Cananea, Sonora, lugar donde nací, viví mi infancia y
marcó mi destino al grabar en mi mente la consciencia de clase. A
través de la observación aprendí de mi padre hábitos personales
como la lectura constante de libros, la necesidad diaria de estar
informado de los acontecimientos de la situación nacional e
internacional y de su comportamiento como minero sindicalizado,
aprendí la importancia de actuar en forma colectiva, organizada y
unida para lograr objetivos comunes.
Cuando
mi padre decidió mudarnos a la capital sonorense para que tuviéramos
oportunidad de realizar estudios superiores y teniendo doce años, yo
vendía periódicos para contribuir el ingreso familiar, esta
actividad me permitió ver el gran despliegue de camiones llenos de
militares del ejército mexicano que llegaron para romper una huelga
estudiantil con el uso de las armas desalojando el edificio principal
de nuestra Alma Mater sonorense,
en una clara
violación de la
autonomía de la Universidad de Sonora en 1967 (5).
Seis
años después, al ingresar a la Preparatoria central de la
Universidad de Sonora y participar como activista en el movimiento
estudiantil que luchaba por democratizar su funcionamiento a través
de un cambio de ley universitaria que incluyera un cogobierno que se
caracterizara por institucionalizar la democracia al interior de la
estructura universitaria, me tocó sufrir de manera directa una
violenta represión y persecución policiaca (6,7).
Como
parte de millones de jóvenes de aquella época, vivencié
experiencias que me provocaron un prematuro despertar a la política
al ser parte de la generación que desarrolló un pensamiento crítico
a partir de la lectura y discusión grupal de libros que
acostumbrábamos portar en el bolsillo trasero de nuestros
pantalones de mezclilla. Las discusiones dentro del aula de clases
continuaban en reuniones en círculo sentados en el césped del
campus universitario, donde abordábamos temas relacionados con
filosofía, psicoanálisis, marxismo y educación, por lo que
llegamos a un punto en el que cuestionábamos el tipo de educación
que recibíamos de nuestros profesores que se centraba en imponernos
la adopción de un rol pasivo tanto en el aula como en la futura vida
social.
Junto
a las lecturas, recibimos también la influencia de la música de
rock que se caracterizaba por un espíritu de rebeldía juvenil y
llamados al cambio social, como lo hizo el grupo Ten Years After en
su melodía titulada “Me encantaría cambiar el mundo” (8),
en la que hablaban del deseo de cambiar el mundo de aquel entonces
donde existían monstruos, ausencia de cordura social, la necesidad
urgente de alimentar a los pobres, de hacer pagar impuestos a los
ricos, etc. Es justo mencionar que también recibimos la influencia
de la música latinoamericana que en aquellos tiempos se como como
“música de protesta”, con canciones de Victor Jara, Mercedes
Sosa, Inti Illimani, Violeta Parra, etc.
Todas
estas experiencias vivenciadas en forma simultánea lograron
revolucionar las consciencias de generaciones completas y dar inicio
a una revolución cultural en la que millones de jóvenes llegamos a
coincidir en un sueño colectivo que se expresaba en una simple
frase: “Yo quiero cambiar el mundo”. Por estas razones la
participación en marchas colectivas de protesta se daba en forma
espontánea y frecuente a pesar de la represión policiaca.
La
lucha en contra de aquel movimiento estudiantil incluyó el uso de un
grupo de choque denominado Movimiento de integración cristiana
integrado por jóvenes con gran fervor religioso e ideología de
derecha, varios de los miembros de este grupo fueron compañeros míos
en la secundaria 24, recuerdo que rechacé varias invitaciones suyas
a asistir a reuniones de tipo religioso y con el paso del tiempo nos
reencontramos participando en bandos contrarios. Este grupo que fue
bautizado por los estudiantes universitarios como “los micos”
mientras que la prensa reaccionaria nombró a quienes participábamos
en ese movimiento estudiantil como “los activistas”, actuaban
como provocadores de violencia y llegaron a lograr que algunos
estudiantes reaccionaran a sus provocaciones de confrontamiento
físico, por lo que los micos presentaban denuncias de agresiones con
nombres y apellidos ante los cuerpos policiacos que integraron una
enorme lista de órdenes de aprehensión y realizaron varias
detenciones por fuera de la Universidad y en las puertas de
domicilios de los jóvenes denunciados.

Pero
la combatividad estudiantil era tan grande que el uso de cientos de
micos y las detenciones durante horas o días, resultaron
insuficientes para contener las marchas de miles de estudiantes que
pasaban por encima de ellos, por lo que la represión de los cuerpos
represivos del Estado aumentó para pasar de las detenciones
realizadas en forma arbitraria, a detenciones acompañadas de
torturas y desapariciones selectivas de jóvenes estudiantes que sólo
pedían democracia universitaria.
Ante
el nivel que alcanzó la violencia institucional, un pequeño número
de jóvenes abrazó la lucha armada al integrarse a grupos como la
Liga comunista 23 de septiembre que operó en los Estados de Sinaloa,
Chihuahua y Sonora, algunos de ellos se fueron llamados “los
enfermos” porque consideraban su radicalismo de izquierda como una
enfermedad, pero su existencia fue corta porque México formaba parte
de la “Operación Cóndor”, una operación coordinada desde
Estados Unidos que reprimió movimientos estudiantiles,
manifestaciones colectivas, exterminó grupos guerrilleros,
desapareció a miles de personas e impulsó golpes de Estado en
varios países latinoamericanos en esa época.
En
más de una ocasión acepté participar en reuniones políticas con
un grupo de amigos cercanos que eran estudiantes brillantes,
participaban en clase aportando gran información, intercambiaba y
comentaba libros con ellos. En esos encuentros me enteré de que
formaban parte de una célula de la Liga Comunista 23 de septiembre,
que ante la represión policiaca decidieron elegir la lucha armada
como estrategia de cambio social.
Escuchaba
con atención sus intervenciones porque me ayudaron a tener una mayor
claridad política y eventualmente participaba dando mi opinión, su
energía me contagiaba y viendo su entusiasmo revolucionario, estuve
tentado de aceptar su petición de unirme y seguir su ejemplo de
lucha, sin embargo algo me detuvo y decidí postergar esa decisión
para reflexionar sin presión , pero días después me enteré que
algunos de ellos habían sido aprehendidos, encarcelados y otros
desaparecidos por lo que abandoné esa idea en forma definitiva.
Por
esa razón no me resulta exagerado parafrasear a Allen Guinsberg (9)
y decir que vi a las mejores mentes de mi generación desaparecer por
la brutalidad de la represión policiaca en la década de los
setentas. Pero aún a pesar de la represión violenta, el deseo de
cambiar el mundo seguía sintiéndose como una necesidad urgente, las
marchas de protesta estudiantil aumentaban en número, al igual que
las detenciones y ante varios intentos fallidos de ser detenido al
llegar a mi domicilio, me vi en la necesidad de abandonar la ciudad y
suspender temporalmente mis estudios universitarios de Preparatoria.
Estuve
un año trabajando como obrero dentro de una maquiladora y como en
aquel tiempo no existía internet, redes sociales ni teléfonos
celulares, me refugié en la lectura y después de leer varios libros
relacionados con el psicoanálisis, como las obras de Sigmund Freud,
quien a través de sus teorías sobre el inconsciente, la sexualidad
y la interpretación de los sueños, abrió un camino que aún sigue
siendo objeto de debate, pero que cambió el rumbo de la psicología.
Los
libros de Wilhelm Reich (médico, psicoanalista y teórico social que
investigó la relación entre la energía sexual y el carácter,
sostuvo la teoría de que la represión de la sexualidad juvenil
tenía un trasfondo político), La lucha sexual de los jóvenes, la
revolución sexual, psicología de masas del fascismo, incluían un
planteamiento que me pareció realmente interesante al afirmar que al
someter a los jóvenes en el control de su sexualidad, evitaba que
invirtieran su energía en un despertar político.
Las
obras de Erich Fromm lograron integrar el psicoanálisis con el
estudio de las condiciones sociales y económicas, al hacer una
crítica a la sociedad moderna capitalista y exploró los efectos del
aislamiento y enajenación social. La lectura de sus libros
Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, El arte de amar, El
miedo a la libertad, Anatomía de la destructividad humana, Sobre la
obediencia y otros más, también tuvieron gran influencia sobre mis
pensamientos de tal forma que en base a estas lecturas decidí
estudiar psicología para tener una mayor comprensión de la realidad
social, usar el conocimiento científico como herramienta de lucha,
actuar como agente de cambio social y contribuir a cambiar el mundo a
través de métodos no violentos.
La
violenta represión de diversos movimientos colectivos que surgieron
en varios países del mundo no impidieron que la semilla del sueño
de lograr un cambio social se sembrara en las mentes de varias
generaciones porque aquellos movimientos colectivos que tuvieron
lugar en la década de los setentas como una revolución cultural,
marcaron el inicio de una cauda de cambios sociales que ha ido
aumentando con el paso de los años porque se han ido sumando cambios
políticos, cambios económicos, cambios tecnológicos, cambios
ambientales, etc.
Esta
estela de cambios sociales continuos se ha incrementado durante los
últimos 50 años de tal forma que hoy en día vivimos en una
sociedad tan cambiante, que se le ha denominado como “sociedad
líquida” que se caracteriza por la falta de estructuras sólidas y
cambios que se presentan con una gran rapidez en las relaciones
sociales, porque las normas, valores y estructuras tienden a ser
volátiles y cambiantes, impidiendo la construcción de relaciones
duraderas y estables, generando un estado de incertidumbre constante
(10).
Cada
día que pasa se avanza en la destrucción de derechos laborales y
prestaciones sociales a nivel mundial por la implementación de
políticas neoliberales y el ascenso al poder de fuerzas políticas
de ultraderecha, por esas razones cada día surgen nuevas injusticias
que se convierten en nuevos motivos para levantarse en pie de lucha y
participar en movimientos colectivos para detener las agresiones a
los trabajadores y población en general.
Aquí
y ahora a finales del 2025, veo con una mezcla de optimismo y pesar,
que aún cuando quienes vivimos nuestra juventud en la década de los
setentas, logramos conquistar con nuestras luchas derechos laborales,
sexuales y prestaciones que antes no existían, con el paso del
tiempo el sistema capitalista logró neutralizar la rebeldía,
enajenar las mentes de millones de personas, promover un conformismo
generalizado y consolidar una “paz social” que descansa sobre una
desigualdad social creciente. A pesar de que existe un conformismo
generalizado, que ha sido construido por una educación que tiene
como principal objetivo inculcar la obediencia a la figura de
autoridad y la presencia de una anestesia social que mantiene a una
gran mayoría de la población “confortablemente aturdida”, el
aumento en las injusticias provocadas por la desigualdad social no se
puede ocultar que sigue existiendo la necesidad de cambiar el mundo.
En
estos días quienes vivimos nuestra juventud en la década de los
setentas, experimentamos un “deja Vu”, porque las condiciones
actuales tienen mucha semejanza con las condiciones históricas que
se vivieron hace 50 años, cuando se estaban presentando grandes
cambios históricos, cuando no sabíamos que éramos los
protagonistas de los cambios al actuar como sujetos políticos,
sabíamos que algo estaba pasando en el mundo entero, pero no
sabíamos que era lo que estaba sucediendo (11).
Pero
a diferencia del final de la canción en la que decía Alvin Lee: “me
gustaría cambiar el mundo pero no sé que hacer, así que te lo dejo
a tí”, aquí y ahora, tenemos acceso al conocimiento científico
que nos permite dar respuestas a la pregunta planteada décadas atrás
acerca de ¿cómo cambiar el mundo?, y con el uso del conocimiento
teórico podemos comprender que al continuar viviendo bajo una
espiral de cambios constantes, el cambio es inevitable, pero lo que
sí podemos hacer es construir una identidad como agentes de cambio
social de tal forma que podamos dirigir la cauda de cambios sociales
en direcciones que nos permitan generar cambios planeados y actuar en
forma colectiva, organizada y unida para cambiar el sistema social.
Mi
(des)encuentro con la Psicología
En
la historia de mi vida, el reto de concretar el sueño de estudiar
Psicología presentaba un alto grado de complejidad porque en
aquellos lejanos tiempos la Universidad de Sonora no ofrecía esa
opción educativa, lo cual representaba un problema por mi condición
de integrante de la clase trabajadora ya que no tenía los medios
materiales para financiar los gastos que implica viajar a otro Estado
y estudiar en otra universidad.
Pero
mis metas estaban claras, mi motivación era fuerte y se basaba en el
deseo de estudiar psicología “para ayudar a las personas”, al
mismo tiempo que era una manera de honrar a los camaradas caídos en
la lucha por cambiar este mundo, por lo que después de investigar
elegí la facultad de Psicología de la Universidad Veracruzana. Con
esas ideas en mi mente, durante el año que trabajé en una
maquiladora en la frontera, construí un fondo de ahorro que estaba
destinado pagar los gastos de viaje y subsistir los primeros meses
mientras encontrara trabajo en una ciudad desconocida.
A diferencia de amigos y conocidos que tenían garantizado recibir
apoyo de sus familias para estudiar fuera del Estado, en mi caso solo
pude recibir un apoyo familiar parcial para subsistir los primeros
meses, pero el resto dependía de lo que yo hiciera para generar
ingresos y construir una autonomía económica. Por lo que me vi en la
necesidad de hacer realidad el mito del “hombre formado por sí
mismo”, que según Frederick Douglas son los hombres que le deben
poco o nada al nacimiento, la relación, al entorno amistoso, a la
riqueza heredada, por lo que logran ser lo que son, sin la ayuda de
ninguna de las condiciones favorables por las cuales otros hombres
generalmente se levantan en el mundo y logran grandes resultados
(12).
Con
estas expectativas regresé a Hermosillo, terminé mis estudios de
Preparatoria mientras seguía trabajando para ahorrar y en 1976 me
lancé a la aventura de viajar mas de 2,150 kilómetros, del noroeste
al sureste de México, me inscribí en el curso propedéutico para
estudiar psicología. Estudié un año en la Facultad de Medicina (la
Facultad de Psicología de la Universidad Veracruzana estaba adscrita
a la unidad de ciencias biológicas y de la salud).
Finalmente,
llegó el día en que entré al edificio de la Facultad de Psicología
para iniciar mis estudios de Psicología, pero mi alegría se empañó
porque me encontré con la desagradable sorpresa de que a través de
esa universidad, estaba ingresando el conductismo a Latinoamérica y
el plan de estudios estaba preñado de este nuevo enfoque. Mi primera
reacción fue de rechazo porque mi decisión de estudiar psicología
se basó en lecturas de psicoanálisis y marxismo, por lo que fue un
momento en el cual me vi en la disyuntiva de decidir entre aceptar
formarme como psicólogo conductista o abandonar no solo mis estudios
universitarios, sino también mi sueño de ser un profesional de la
psicología y con ese sueño se limitaban mis planes de contribuir al
cambio social ayudando a las personas.
Después
de algunas semanas de indecisión, cayó en mis manos un folleto
mimeografiado en forma clandestina que tenía un título que me
pareció bastante atractivo: Lecturas prohibidas en Psicología”,
en su contenido se reproducían unos capítulos del libro Psicología,
ideología y ciencia de Néstor Braunstein (13),
psicoanalista argentino, en los cuales realizaba una fuerte crítica
al conductismo y destruía el mito de carácter científico al
desnudar su uso como técnica que surgió para reforzar el control
social.
La
lectura de este documento “clandestino” me permitió tomar
consciencia de que la psicología no era una ciencia acabada, que aún
cuando mis profesores hablaban del conductismo como la ciencia de la
psicología y descalificaban otras corrientes psicológicas, la
psicología seguía siendo una construcción social, se revelaba ante
mis ojos que esta disciplina se estaba reinventando, que había
“otras lecturas prohibidas de psicología” que coincidían con mi
suelo de cambiar el mundo y al formarme como psicólogo podía usar
una posición de poder para construir una nueva psicología con
abierta orientación social, por lo que finalmente, decidí continuar
estudiando en esa universidad, cumplir con mis tareas en mi rol de
estudiante, pero al mismo tiempo continuar con mis propias lecturas
de psicología con autores de mi elección.
Pero
el determinismo económico es una realidad aplastante y se me
dificultaba seguir subsistiendo porque no tenía ingresos económicos,
por lo que estando en el segundo semestre me encontraba a punto de
abandonar los estudios por insolvencia económica, pero
afortunadamente se presentó una oportunidad de trabajo al participar
en una investigación realizada por el Instituto Mexicano del Café,
que buscaba identificar el impacto que provocó en la economía
local, en el encarecimiento de la vida y el incremento de precios en
el mercado inmobiliario, la llegada a esa ciudad de cientos de
familias que aceptaron mudarse de la ciudad de México a la capital
veracruzana cuando ese instituto se descentralizó.
Mirando
al pasado, ahora creo que esa investigación fue el primer estudio
social sobre gentrificación realizado en México y fue un honor
haber formado parte de la misma porque la globalización y la
migración constante han colocado a la gentrificación como uno de
los graves problemas que se viven en varias ciudades en todos los
países.
Mi
participación en esa investigación me permitió demostrar
habilidades sobre la técnica de la entrevista, manejo estadístico
de datos y conocimientos sobre metodología de investigación social,
porque fue una de las materias que acababa de cursar y me apasionó,
por lo que eligieron a dos personas para participar en la redacción
del informe de la investigación y así logré ser contratado en el
Inmecafé para trabajar en el Departamento de Estudios laborales
junto a otros psicólogos organizacionales.
Esto
no sólo me aseguró una fuente de ingresos estable que me permitió
seguir viviendo en Xalapa y continuar con mis estudios
universitarios, sino que la experiencia de trabajar durante ocho años
en esa noble institución significó para mí un gran aprendizaje
porque fortaleció mi identidad como psicólogo, debido a que tuve la
fortuna de que mis jefes fueran psicólogos que vieron potencial en
mi persona y “me adoptaron” como uno de los suyos.
Después
de entregar el informe de la investigación sobre el impacto de la
descentralización del Inmecafé me pedían diversos trabajos (diseño
e impartición de cursos de capacitación, elaboración de catálogos
de puestos, estudios de clima organizacional, reclutamiento y
selección de personal, diagnósticos organizacionales, valuación de
puestos de trabajo,), para los cuales no tenía la formación teórica
suficiente ya que me encontraba apenas en el segundo semestre de la
Facultad de Psicología, por lo que fui objeto de un trato especial
por mi condición de estudiante y mi jornada laboral se dividió en
tres horas de lecturas, cuatro horas de práctica y plazos razonables
para entregar resultados.
En
estas condiciones saqué mi carrera para formarme como psicólogo
aprendiendo sobre psicología organizacional de manera empírica,
laborando en el Inmecafé de 8 a 3 de la tarde y estudiando en la
Universidad Veracruzana de 3 a 9 de la noche. Aún en esas
condiciones me di margen para militar en una organización de
izquierda clandestina durante varios años, lo que me impulsó a
crear un periódico sindical denominado Emancipación, el cual era el
director, productor y distribuidor, logrando una proyección tal que
participé como candidato a Secretario General de la sección uno del
Sindicato Nacional de trabajadores del Inmecafé, elecciones que no
gané porque mi discurso sonaba muy radical para mis compañeros
porque les hablaba de una posible desaparición del Inmecafé y el
tiempo me dio la razón lamentablemente.
Mientras
tanto, mis participaciones en clase se basaban en una constante
crítica al conductismo, por lo que fui un verdadero dolor de cabeza
para algunos maestros y apreciado por otros, pero durante los
primeros semestres obtuve como resultado promedios bajos porque “no
daba las respuestas correctas”.
Las
calificaciones no me importaban, lo que realmente buscaba fue
aprender sobre psicología y mi vida como estudiante dio un cambio
cuando llegué al séptimo semestre de la carrera e ingresé al área
de Psicología social que era lo que yo buscaba y ahí me encontré
con excelentes profesores, todos psicólogos sociales que compartían
un gran profesionalismo, un rechazo al conductismo y dentro de ellos
se encontraban dos maestros guatemaltecos y un argentino, tres
psicólogos sociales extranjeros que llegaron a México en calidad de
refugiados políticos porque venían huyendo de sus países debido a
que su actuación como psicólogos sociales al ayudar a integrantes
de comunidades a organizarse para defenderse de la violencia militar,
los puso como blancos de la represión de las dictaduras militares
que existían en sus lugares de origen.
Fue
entonces que sentí que al fin encontré lo que andaba buscando: un
lugar académico donde encontrar fundamentos teóricos para
contribuir con la ciencia de la Psicología a lograr un cambio
social, porque fue ahí donde aprendí las bases teóricas y
comprendí que la Psicología social estudia el entorno social, las
interacciones y relaciones que influyen en los pensamientos,
sentimientos y comportamientos de los individuos. Aprendí que es la
disciplina social que forma profesionales de la psicología para
realizar intervenciones en grupos, organizaciones y comunidades, para
enfrentar los problemas sociales utilizando conocimientos teóricos
que permitan lograr un cambio social.
Pero
más allá de la parte teórica, la mayor parte del aprendizaje lo
aportaron los maestros extranjeros que nos leyeron los libros de sus
vidas al compartir sus vivencias personales y profesionales en sus
países de origen. Describieron en relatos muy conmovedores cómo sus
familias fueron asesinadas por dictaduras militares y como ellos
arriesgaron sus vidas al mostrar gran compromiso social para actuar
como agentes de cambio social en un ambiente de represión militar,
de asesinatos colectivos.
Estando
en una asamblea de estudiantes y profesores de todos los semestres
del área de Psicología social, nos llegó la información del
asesinato del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero en San Salvador a manos
de un francotirador que disparó desde un automóvil estacionado en
la puerta de la iglesia donde el sacerdote daba misa (14)
y su muerte fue motivo de discusión sobre la necesidad de impulsar
un proceso de transformación social utilizando a la psicología como
ciencia de la liberación.
Fue
en ese contexto cuando conocí la obra del sacerdote español Ignacio
Martín Baró, fundador de la Psicología de la liberación,
psicólogo social de origen español y profesor de psicología social
en la universidad Centroamericana y quien fue asesinado en 1989 junto
a otros tres sacerdotes en 1989 (15).
Sus muertes fueron argumentos fuertes que cuestionaban por sí mismas
la existencia de una psicología social importada de estados Unidos y
Europa, porque no correspondían a la realidad latinoamericana ya que
ignoraban la pobreza, la corrupción, el militarismo, la violencia,
etc.
Por
esas razones fue el mismo Ignacio Martín-Baró quien señaló que
los psicólogos sociales latinoamericanos necesitaban “un baño de
realidad” porque actuaban como si no existieran problemas sociales
por lo que afirmó que para construir una psicología de la
liberación, necesitábamos primero lograr una liberación de la
psicología.
Esta
realidad latinoamericana fue el contexto que dio origen a figuras
como la psicóloga venezolana Maritza Montero quien junto otros
psicólogos sociales crearon la Psicología comunitaria
latinoamericana, que representó un cambio paradigmático en ciencias
sociales al abandonar la objetividad científica positivista en la
que se basa la relación del investigador con su objeto de estudio y
construir la metodología de la investigación-acción,
involucrándose con los habitantes de las comunidades en la
identificación y solución de problemas sociales.
La
psicología comunitaria latinoamericana es única en el mundo porque
surgió de la necesidad de enfrentar de manera científica los
problemas que la represión, el militarismo y los golpes de Estado
provocaban en los países latinoamericanos. A esta corriente de la
psicología social se le conoce como “la ciencia del cambio
social” (16),
porque involucra a los integrantes de las comunidades objeto de
intervención en procesos de transformación social.
Después
de terminar mis estudios universitarios continué trabajando en el
Inmecafé acumulando una antigüedad de ocho años y renuncié para
regresar a Sonora por motivos familiares, poco tiempo después me
enteré del decreto de desaparición del Inmecafé, lo cual me dolió
porque fue otra universidad para mí porque fue donde me formé como
psicólogo organizacional, ahí aprendí la importancia de la
psicología organizacional como parte necesaria del bagaje teórico
del psicólogo social, adquirí experiencia en el diseño e
impartición de cursos de capacitación, logré un dominio en la
conducción de grupos y conocí el uso de las dinámicas grupales
como técnicas de enseñanza-aprendizaje.
De
mis maestros del área de psicología social aprendí que era posible
y necesario construir una psicología que rebasara el enfoque en el
individuo y estuviese del lado de las mayorías marginadas, comprendí
la necesidad de manejar la psicología de grupos en toda actividad
pedagógica y clarificar la dinámica de grupos en cada intervención
grupal.
La
construcción de mi identidad como profesor universitario
De
regreso a Hermosillo, después de laborar como Coordinador de
capacitación en el Gobierno del Estado, tuve el honor de recibir el
título de “Instructor perfecto” al recibir varias evaluaciones
de distintos grupos a quienes impartí cursos en las cuales me
evaluaron con el máximo puntaje 100 de calificación en mi desempeño
como instructor.
Al
enterarme de que en la Escuela de Psicología de la Unison se lanzaron
dos convocatorias para participar en concursos de oposición para
ocupar una plaza de Maestro de tiempo completo desempeñando el rol
de profesor-investigador como Jefe de área de Psicología Clínica o
Jefe de área de Psicología industrial, decidí participar en ambos
procesos simultáneamente y puedo decir con honestidad que fui el
primer sorprendido cuando me informaron que gané los dos concursos,
por lo que tenía que elegir una de las dos plazas. Por la
experiencia como psicólogo organizacional en el Inmecafé, elegí
ocupar el área de Psicología industrial.
Este
logro representó para mí algo parecido a ganar la lotería porque
no solo obtuve un empleo bien pagado que me brindaba estabilidad
laboral y económica, sino que conseguí un empleo que nunca en mi
vida había soñado tener: ser un maestro universitario, lo cual me
permitió ampliar mi capacidad para influir sobre otras personas para
contribuir a la generación de cambios sociales, partiendo del
aprendizaje individual en contextos grupales dentro del sistema de
educación superior.
De
la misma manera que no recibimos capacitación para afrontar grandes
cambios en nuestras vidas como aprender a construir una buena
relación de pareja, o aprender a ser padres, por lo que nos vemos
obligados a aprender por ensayo y error, en el inicio de mi carrera
como profesor universitario tuve que empezar a construir mi identidad
como profesor-investigador de tiempo completo partiendo de mis
propios recursos porque en mi calidad de Jefe de una naciente área
de Psicología industrial, tuve que actuar como profesor fundador de
dicha área de conocimiento, así como del diseño de los seminarios
de psicología social.
Fue
de gran ayuda mi experiencia previa en el campo de capacitación
laboral, porque aprendí a utilizar la taxonomía desarrollada por el
psicólogo Benjamín Bloom que permite clasificar objetivos de
aprendizaje en distintos niveles, según el tipo de pensamiento que
requieren y sirve de gran ayuda para que los docentes puedan
planificar de una manera más eficiente sus clases, actividades y
evaluaciones. Pero aún así, tuve que leer mucho sobre la función
social de las universidades públicas, las características de la
educación superior, metodología de la investigación social y sobre
la marcha fui construyendo mi rol de docente universitario
manteniendo siempre un fuerte compromiso social.
Llegué
en un momento crítico porque la Escuela de Psicología de la
Universidad de Sonora había sido creada apenas tres años antes y me
tocó recibir en el aula a los estudiantes que serían las primeras
generaciones de egresados de la escuela de Psicología, por lo que me
vi en la necesidad de partir de cero en el diseño de los programas
de las materias del séptimo, octavo y noveno semestre que
representaban mi carga de trabajo en docencia porque era la primera
vez que se impartirían.
Mi
experiencia previa como instructor de capacitación laboral en la que
se esperaban resultados inmediatos después de una intervención de
20 horas que es la duración mínima para que un curso tenga validez
ante la Secretaría del trabajo y Previsión social, me permitió
vincular la teoría con la práctica al combinar la técnica
expositiva con el uso de diferentes técnicas grupales para reforzar
el aprendizaje teórico, pero aún así enfrenté dificultades porque
existen grandes diferencias entre el campo de la andragogía y el de
la pedagogía.
Pero
en base al aprendizaje de ensayo y error en los primeros semestres y
a la investigación constante, de manera progresiva logré encontrar
el punto intermedio entre ambos campos para diseñar programas de
materias que contemplaran objetivos de aprendizaje que no se
limitaran a la transmisión de información y su entendimiento (el
qué), por lo que retomando el ejemplo de mis maestros evité
gradualmente el uso excesivo de la técnica expositiva, prescindí
del cañón proyector de diapositivas, coloqué al grupo en posición
de círculo para facilitar la participación e incluí como parte de
las experiencias de enseñanza-aprendizaje el análisis de la
dinámica del grupo (el como).

Diseñé
guias didácticas que privilegiaron el proceso grupal al incluir
técnicas grupales como el test sociométrico, el psicodrama, el
sociodrama y retomando mi experiencia como instructor de capacitación
laboral, incluí el uso constante de la técnica del Grupo T
(Training Group o Grupo de Entrenamiento) que es una técnica grupal
experiencial y poco estructurada que busca crear el autoconocimiento
y la mejora de las habilidades interpersonales a
través del análisis de las propias interacciones y comportamientos
dentro del grupo, usando la retroalimentación
entre
los participantes para que pudieran entender el impacto que su
presencia su impacto en los demás y generar un cambio de actitud
positivo y una mayor empatía (17).
Como
ya había probado estas técnicas en mi rol de Instructor de
capacitación laboral con cientos de grupos, sabía de antemano que
el uso de estas técnicas no solo garantizaba el aprendizaje
individual y grupal, sino que sensibilizaban a los integrantes de mis
grupos para crear un sentimiento de pertenencia al grupo que
facilitara la construcción de una identidad grupal y con el
entrenamiento constante en el uso de retroalimentación positiva y
negativa, se producía un aprendizaje que se reflejara en cambios
visibles de actitudes y de comportamiento. Inclusive, la práctica de
la técnica del grupo T, derivó a que en varias ocasiones las
reuniones en mis seminarios se convirtieran en verdaderas terapias de
grupo porque producían auténticas catarsis y se convertían en
reuniones que se caracterizaban por desnudos psicológicos grupales.
Al
inicio de cada seminario, haciendo uso de dominio en la teoría,
construía un marco conceptual que incluía el uso de conceptos
teóricos que permitían identificar desde la perspectiva de la
psicología social el contexto social que describía una realidad en
crisis continua y permanente, que se presentaba como un reto porque
reclamaba la necesidad de un cambio social y por ese motivo, surgía
como una exigencia el formarnos como agentes de cambio para
implementar cambios planeados en grupos, organizaciones y
comunidades.
Para
ese entonces, partiendo de la premisa de que la psicología es un
construcción social, el campo de la psicología social se había
redefinido y conceptualizado como el estudio de la interinfluencia
que existe entre el individuo y la sociedad, por lo que se crearon
teorías psicosociales que abordaran diferentes niveles de análisis:
análisis del grupo, análisis de la organización, análisis de las
comunidades y análisis de la sociedad.
En
las primeras reuniones de mis seminarios, con la intención de crear
una atmósfera de apertura en la comunicación, explicaba conceptos
como el aprendizaje, definiéndole como el cambio relativamente
permanente en el comportamiento de las personas después de atravesar
una experiencia de aprendizaje.
Describía
las diferencias entre aprendizaje formal y aprendizaje informal para
resaltar el proceso de interinfluencia que se da en las relaciones
interpersonales y clarificar la importancia de la participación
porque todos enseñábamos y aprendíamos al mismo tiempo, los
alumnos aprendían, pero también influían a los demás con sus
comportamientos, el maestro enseñaba, pero también aprendía de sus
alumnos al recibir la influencia de los mismos, porque cada grupo
lograba construir una personalidad grupal y por esa razón, a pesar
de impartir los mismos seminarios durante años, cada semestre era
una experiencia diferente que me dejaba nuevos aprendizajes y crecía
como profesional al concluir cada período lectivo.
Me
fue de gran ayuda usar desde el inicio de actividades el concepto de
contrato psicológico que describe las expectativas mutuas que
existen entre una organización y sus integrantes (en este caso, los
estudiantes eran integrantes de la organización que era la
Universidad de Sonora), por lo que aplicaba técnicas grupales en las
que cada alumno describía sus expectativas, es decir, que esperaban
aprender en mis seminarios, que es lo que deseaban que no sucediera y
que esperaban de mi comportamiento como profesor. Por mi parte yo
hacía lo mismo, describir que esperaba de ellos como estudiantes de
mis seminarios y a qué me comprometía durante el semestre.
Después
ubicaba mi relación con el grupo de estudiantes explicando el
concepto de socialización organizacional que se refiere a un proceso
por el cual la organización integra a sus nuevos miembros
enseñándoles las metas y valores que conforman la cultura
organizacional y crea las condiciones para desarrollar los
comportamientos más pertinentes para lograr dichas metas.
Con
el uso de estos conceptos y con la pedagogía participativa abandoné
mi rol de experto en el grupo, para construir una identidad como
facilitador, lo cual me permitió reducir la distancia con los
alumnos y logré construir sobre la marcha un liderazgo ideal que
consiste en la fusión del liderazgo formal (autoridad formal por el
hecho de tener un rol de liderazgo dentro del grupo) con un liderazgo
informal que se caracteriza por lograr ser aceptado como líder por
los alumnos del grupo por haber demostrado tener un capital humano
que incluía contar con los conocimientos necesarios sobre los temas
teóricos, por tener experiencia en el campo de la enseñanza y
habilidades de conducción en grupos.
De
esta manera evité la creación de un vínculo de dependencia en el
cual los alumnos se limitaran a obedecer mis instrucciones por el
simple hecho de tener una autoridad formal al ser el profesor y logré
construir un vínculo de colaboración aplicando ejercicios de
desarrollo de pensamiento autónomo, ejercicio libre de la crítica,
partiendo de la autocrítica.
Con
estas acciones se avanzaba gradualmente en la construcción de una
democracia grupal en la que existía un liderazgo situacional, que
contribuyó de manera significativa al desarrollo de empoderamientos
individuales y grupales. Esta estrategia de enseñanza-aprendizaje
despertó el entusiasmo de mis alumnos, aumentó la participación al
interior del grupo y mostraron un entusiasmo que se reflejó en un
estricto respeto a la puntualidad, asistencia a cada una de las
reuniones contempladas en mis seminarios y entrega de tareas
académicas.
De una manera progresiva, en la medida que me sumergía en la
construcción de mi labor como profesor-investigador, me apoyé en el
uso de una pedagogía crítica que contemplara mi participación en
la docencia universitaria construyendo una identidad como un
“profesor intelectual con compromiso social” que utilizara la
crítica social del objeto de estudio.
Construir
esta nueva identidad se me facilitó por mi formación como psicólogo
social y por ser el titular de materias relacionadas con la
psicología social, que incluían el análisis del momento histórico
que estábamos viviendo que se caracterizaba por encontrarnos en una
realidad social inmersa en una crisis social que provocaba un
sufrimiento colectivo que afectaba a las mayorías marginadas,
generando millones de crisis individuales, por lo que era necesario
crear una toma de consciencia grupal sobre la necesidad de impulsar
un cambio social vinculando la teoría con la práctica y construir
una identidad como agentes de cambio social.
Gracias
a las lecturas seleccionadas y a la metodología utilizada puedo
decir que se logró provocar en las mentes de mis jóvenes
estudiantes una revolución en sus consciencias, que les permitió
aceptar la necesidad de impulsar un cambio social y comprender que el
aprendizaje de la psicología podría ayudarles a construir en ellos
una identidad como agentes de cambio social planeado que les
facilitaría realizar intervenciones psicológicas en individuos,
grupos, organizaciones y comunidades para impulsar una verdadera
transformación social.
Sin
planearlo inicialmente, pero haciéndolo de manera mas consciente
con el paso de los años en los que estuve trabajando como profesor
universitario, estuve desempeñando de manera cada vez más
consciente un rol de agente de cambio social, al decidir enseñar
haciendo, al decidir dejar de lado las exposiciones y utilizar a mis
grupos de estudiantes como objeto de intervención para hacerlos
pasar por experiencias de aprendizaje estructuradas que les
permitieran generar cambios planeados, enseñándoles en la práctica
por medio del aprendizaje vivencial, lo que se esperaba que ellos
hicieran en sus prácticas como profesionales de la Psicología una
vez egresados.
Logré
perfeccionar este rol con el paso del tiempo y hacerlo se convirtió
en una fuente de satisfacción compartida porque mis alumnos al mismo
tiempo que desarrollaban habilidades sociales aumentando su
participación en el contexto grupal, obtenían un dominio en el
manejo de varias teorías, vivenciaban experiencias de aprendizaje
previamente estructuradas y participaban en ejercicios grupales que
posteriormente podrían reproducir en sus prácticas profesionales.
Esto
representaba una satisfacción personal para mí porque en cada
semestre sentía que crecía como profesional y experimentaba una
sensación de logro al finalizar cada semestre, pero sobre todo
porque comprobaba una y otra vez que el cambio social, tiene desde su
origen un cambio individual y la ciencia de la psicología social
permite crear las condiciones para lograr una verdadera
transformación social al impulsar empoderamientos individuales
grupales, organizacionales y comunitarios (18|).
Partiendo
de la premisa de que “para comprender el interior de un individuo,
es necesario reconocer el medio ambiente social en el que se
desenvuelve” (19)
siempre enseñé a mis alumnos la necesidad de contextualizar la
intervención psicosocial utilizando un pensamiento autónomo y la
crítica social, por lo que de manera inevitable describía la
existencia de una crisis global que generaba desigualdad social
creciente, sufrimiento colectivo e insatisfacción social que
demandaba de una manera urgente un cambio social.
Viendo
las condiciones en las que recibía a mis alumnos en el séptimo
semestre, que reflejaban ausencia de hábito de lectura y escritura,
deficiencias en manejo de teorías psicológicas, evidente falta de
compromiso en su rol como estudiantes, reportes de que en los
semestres iniciales sus maestros conductistas les invalidaron sus
expectativas de estudiar psicología para “ayudar a los demás”,
bajo el argumento de que serían formados como investigadores
conductuales no como terapeutas, me vi en la necesidad de actuar con
congruencia como agente crítico que pasa de la teoría a la práctica
y viceversa, por lo que cuestioné desde una perspectiva
epistemológica el tipo de psicología que se estaba enseñando en la
Universidad de Sonora, señalando que a mis colegas les faltaba “un
baño de realidad social”.
Esto
generó roces con mis colegas profesores que fueron formados en la
corriente conductista y reproducían ese modelo en su rol de
profesores, porque resintieron mis declaraciones hechas tanto en el
aula como en eventos públicos, sobre el reduccionismo científico en
el que se incurría, que no sólo se limitaba a caer en un
psicologismo intentando explicar el comportamiento humano sólo con
la manipulación de variables psicológicas, ignorando la influencia
de factores económicos, políticos, tecnológicos, culturales, etc.,
El
daño provocado en la formación de estudiantes de psicología se
magnificaba porque sus maestros incurrían en el corrientismo
psicológico al casarse con la corriente del conductismo y rechazar
como “acientíficas” todas las demás corrientes psicológicas.
Esto representaba un error epistemológico grave que repercutiría en
la práctica profesional de los futuros psicólogos que harían más
daño que beneficio, porque sus intervenciones psicológicas estarían
encuadradas en el enfoque de la psicología individual que ignora el
contexto social en el que se encuentra el objeto de intervención y
que solo busca la adaptación de aquellos que se comportan de manera
diferente a la mayoría.
Ian
Parker describe con claridad la necesidad de superar el corrientismo
psicológico al señalar que la psicología es como un gran árbol
del cual se desprenden varias ramas que son las corrientes de
psicología y cada rama de ese árbol tiene un nombre particular pero
todas tienen el mismo apellido: Psicología
(20).
La
labor de enseñar psicología se complicaba porque impartía mis
seminarios en los últimos semestres de la carrera de Psicología
(séptimo, octavo y noveno) y al revisar los expedientes de mis
estudiantes veía que la mayoría tenían altos promedios en sus
calificaciones, pero al interactuar con ellos observaba que padecían
grandes lagunas teóricas, cargaban una gran ignorancia sobre
conocimientos básicos.
Todo
esto me hizo cambiar en mas de una ocasión el programa de mis
seminarios y modificar la guía didáctica que había diseñado para
iniciar las actividades, porque estas lagunas representaban un
obstáculo para construir el marco teórico necesario para
contextualizar la intervención psicológica, por lo que tuve que
invertir tiempo en explicar cosas que ya deberían saber al estar en
séptimo semestre de la licenciatura de la Psicología.
Ante
la ausencia del hábito de la lectura (algo inaceptable en jóvenes
universitarios), decidí solicitarles la entrega semanal de un ensayo
de cinco cuartillas donde describieran con sus propias palabras su
aprendizaje de las lecturas que discutiríamos en el aula. Esto
provocaba una reacción inicial de rechazo porque aunque parezca
increíble, varios de mis alumnos no sabían escribir, pero me
mantuve firme y declaré que la entrega de dichos ensayos era un
requisito para ingresar al salón de clases y con esta medida aumentó
mi fama de “profesor exigente”.
Al
ver la excesiva atención que prestaban a sus teléfonos e
interactuar en redes sociales, decidí abrir tres perfiles en
facebook, para utilizarlos como tribunas virtuales a través de las
cuales interactuaba con los grupos de los diferentes seminarios que
impartía, compartir a través de ellos artículos, libros, videos y
eventualmente pedirles que sacaran sus teléfonos y en subgrupos
discutieran y resumieran alguna de las referencias bibliográficas o
video que se encontraba en esos espacios.
Esta
iniciativa fue recibida con agrado por mis alumnos porque decían que
preferían leer los artículos en sus teléfonos celulares que estar
escuchando a profesores mientras veían diapositivas en un cañón
proyector y la discusión en subgrupos les permitía compartir dudas
entre sus compañeros. La incorporación de tecnologías de la
información y redes sociales como estrategia educativa funcionó
porque facilitó la participación en la discusión posterior que se
realizaba en el grupo ampliado y no fueron pocas las ocasiones que
dos horas de clase eran insuficientes porque la dinámica del grupo
crecía en calidad al crear un ambiente de apertura en la
comunicación y una libertad para expresar pensamientos e inclusive
sentimientos, por lo que paulatinamente se avanzó en la integración
y surgía una identidad grupal al crear un sentimiento de pertenencia
al grupo.
En
virtud de que algunas lecturas eran temas que debían ser estudiados
no simplemente leídos y con la intención de facilitar el
aprendizaje del material teórico, decidí escribir artículos donde
analizaba desde mi perspectiva personal los contenidos teóricos que
discutíamos en mis seminarios utilizando un lenguaje accesible,
también decidí crear un blog y publicarlos en internet para que
cualquier persona pudiera leerlos y estos materiales los incluí como
material didáctico para ser discutido en clases. En los hechos, en
aquel entonces era un psicólogo social irreverente que sin importar
estar rodeado de profesores de psicología que fueron formados en el
conductismo y que reproducían esa corriente en sus alumnos, se
atrevía a cuestionar lo incuestionable y la discusión de artículos
míos en clase me convirtió en el único profesor universitario que
escribía, publicaba e incluía sus artículos como material
didáctico de discusión con sus alumnos.
Para
algunos de mis colegas, esto fue una acción inaceptable, por lo que
fui acusado de autoreferenciarme y algunos llegaron al extremo de
prohibir a sus alumnos citar mis artículos en las tareas que les
pedían, bajo el argumento de que “no estaban escritos en el
formato APA”. Tales restricciones no causaron mella alguna en mi
desempeño como profesor universitario y seguí creando nuevos
comportamientos al institucionalizar en mis seminarios el dedicar
como actividad final del semestre previa al examen final, dedicar la
última reunión para permitir que mis alumnos realizaran una
descripción del aprendizaje obtenido, criticar al programa del
seminario, retroalimentar tanto la metodología utilizada como mi
desempeño como profesor y concluir con la toma de una foto grupal
para subirla en redes sociales.
Esas
reuniones las filmaba y las subía a mi cuenta de YouTube y me
complace decir que eran reuniones caracterizadas por un ambiente de
alegría y satisfacción compartida, porque en sus intervenciones
afirmaban estar sorprendidos del aprendizaje obtenido en el tiempo
que duró el seminario y sobre todo agradecidos por haberles exigido
la entrega del ensayo de 5 cuartillas, porque no solo aprendieron a
escribir, ya que también aprendieron a desarrollar un pensamiento
autónomo y la tarea de escribir un ensayo dejó de parecerles una
tarea difícil porque ya podían expresar sus pensamientos por
escrito ya que al desarrollar el hábito de la lectura enriquecieron
su vocabulario y aprendieron a comunicarse por esa vía (21,22,23).
El
profesor como agente de cambio social
En
virtud de que el objeto de análisis en mis seminarios era la
realidad social, el contenido de las discusiones grupales incluía
vincular la aplicación de políticas neoliberales en sus vidas
cotidianas y el punto de partida que escogía era el impacto negativo
que tales políticas tuvieron en su rol de estudiantes desde que el
neoliberalismo tomó por asalto a las universidades públicas, ya que
abandonaron su función social y las convirtieron en universidades
empresas al servicio del capital privado
(24).
Al
inicio de la década de los noventas, el
Gobernador del Estado Manlio Fabio Beltrones, actuando como líder de
una delincuencia organizada, asestó un terrible golpe a la
Universidad de Sonora, al eliminar por decreto la ley universitaria
vigente que garantizaba el ejercicio de la democracia interna e
imponía con el uso de la fuerza policiaca una nueva legislación
denominada Ley 4, que se bautizó como la “Ley
Beltrones”
convirtiendo a la Unison en un laboratorio experimental del
neoliberalismo como lo denuncié en un artículo que publiqué en
1991 (25,
26).
Mientras
que en el marco de la anterior Ley 103, la estructura organizacional
de la Unison era de tipo horizontal, con un liderazgo distribuido y
compartido, permitía la participación de estudiantes, trabajadores
y académicos en la toma de decisiones relevantes en la vida
académica a través del funcionamiento de un Consejo Universitario.
En
cambio, la nueva Ley 4 erigió una estructura organizacional de forma
piramidal (en un sentido contrario a lo que los estudiosos de las
organizaciones sugieren en el sentido de crear organizaciones con
estructuras horizontales), que excluía la participación de los
integrantes de la comunidad universitaria en procesos de toma de
decisiones, sobre todo en lo correspondiente a la elección de las
autoridades. Junto a la muerte de la democracia interna en la Unison,
la Ley 4 introdujo el culto a la personalidad centrada en la figura
del Rector, quien concentró un gran poder de decisión sobre los
recursos universitarios y a quien en lo sucesivo deberían dirigirse
con el trato de “El señor Rector” (27).
La
incursión del neoliberalismo en las universidades restringió la
libertad de cátedra al destinar gran parte del presupuesto
universitario para creación de plazas administrativas con sueldos
que triplicaban los ingresos de los profesores de mayor antigüedad y
nivel académico, se violaron contratos colectivos de trabajo al
impedir que las plazas que quedaban vacantes por renuncia jubilación
o defunción, se ocuparan a través del procedimiento de convocar a
concurso de oposición y simplemente desaparecieron esas plazas y sus
lugares fueron ocupados por maestros contratados por el régimen de
horas sueltas.
Se
violentaron contratos colectivo de trabajo al modificar
unilateralmente el Estatuto de Personal Académico e incrementar de
manera exagerada los requisitos para ocupar plazas de tiempo
completo, condenando a miles de profesores a una proletarización
docente que les impidió especializarse en las materias que impartían
porque trabajaban bajo el régimen de horas sueltas, sumergiéndoles
en la incertidumbre laboral al no tener la garantía de ser
contratado el siguiente semestre e impartir las mismas materias.
Todo
lo anterior afectó la calidad de la educación brindada a los
estudiantes, porque la mayoría de los maestros que trabajaron con
ellos previamente, laboraban bajo el sistema de horas sueltas y no
tenían tiempo para realizar labores de investigación, por lo que
muchos de ellos no eran especialistas en las materias que impartían,
sino maestros improvisados cuya principal preocupación era acumular
horas clase para aumentar sus ingresos sin importar las materias que
les asignaran.
La
lucha en contra de la imposición de la Ley 4 se perdió no sólo
porque el Ex-Gobernador Manlio Fabio Beltrones utilizó las fuerzas
policiacas para reprimir a miles de estudiantes y cientos de
académicos que nos opusimos, porque el factor decisivo para su
implementación fue la débil resistencia de trabajadores y
académicos universitarios, además de la colaboración abierta de
autoridades y profesores que vieron en el conflicto una oportunidad
para aumentar sus ingresos económicos al aceptar puestos
administrativos dentro de la nueva estructura que contemplaba el
cambio de ley universitaria.
Este fue el contexto en el cual laboré la mayor parte de mi carrera
como profesor universitario, enseñando psicología social rodeado de
profesores conductistas, construyendo una nueva identidad como
militante sindical participando en asambleas generales y marchas de
protesta en defensa de derechos laborales, en una lucha constante por
la defensa del contrato colectivo de trabajo, en abierta rebeldía en
contra del autoritarismo de autoridades administrativas corruptas y
enseñando con el ejemplo a mis alumnos la construcción de una mueva
psicología, totalmente diferente a la que aprendían con otros
profesores que estaba centrada en la psicología individual y aislada
del contexto sociohistírico que estamos viviendo, enseñaba una
psicología socialmente sensible (28).

Cuestionando
la tibieza y concesiones de líderes sindicales en la pérdida de
derechos laborales, negándome a aceptar formar parte de las diversas
pandillas académicas que surgieron para luchar por ocupar puestos
administrativos a través de la organización de complots para juntar
firmas para que algunos de sus integrantes fueran seleccionados para
recibir reconocimientos como “profesores o investigadores del año”.
En su búsqueda de mejorar sus ingresos y afán de conquistar
posiciones de poder, los integrantes de estos agrupamientos de
académicos terminaron por abandonar la crítica social para
conformar una élite privilegiada de intelectuales enajenados que se
aislaron del contexto social (29).
En
esas condiciones llegué a padecer el mal que caracteriza a los
psicólogos sociales que cuestionamos las normas sociales y la
adaptación a las mismas: nos convertimos en individuos aislados
porque al realizar la crítica social verbalmente o por escrito,
terminamos por ganarnos un distanciamiento social.
Un
aislamiento que aumentó cuando rechacé avalar con mi firma como
Presidente de Academia, documentos de investigaciones apócrifas, o
proyectos de investigación que presentaban mis colegas en los cuales
detecté que se presentaban en forma repetitiva y sólo cambiaban el
título o los nombres de sus autores, acción que me provocó mayor
aislamiento social porque el rostro seductor del neliberalismo fue la
implementación de un “programa de evaluación del desempeño
académico”, que premiaba con ingresos económicos extra la
productividad de los académicos con un sistema de puntos, cada
investigación, conferencia, curso, asesoría en exámenes
profesionales, etc., significaba puntos extra.
Como
respuesta a mi negativa a avalar una simulación creciente en el
trabajo académico, fui excluido del banco de jurados de exámenes
profesionales por “ser psicólogo social”, según me informaron
varios estudiantes a quienes les negaron su solicitud de que yo fuera
su Director de tesis.
De
manera paradójica, me encontraba en un trabajo de sueño, en el que
me pagaban por hacer lo que más me gustaba (leer, investigar,
escribir, enseñar, publicar), en el cual crecía como profesional y
como persona cada año, que me daba la oportunidad de cumplir mi
sueño de juventud de cambiar el mundo formando psicólogos como
agentes de cambio social, pero el clima organizacional era muy
desgastante, las fricciones eran constantes, los apoyos de quienes
eran mis jefes (algunos de ellos fueron mis alumnos, que después
ingresaron como profesores y al formar parte de las pandillas
académicas lograron ocupar puestos administrativos) eran muy
limitados. El trabajo de un docente universitario que realiza
funciones de investigación, docencia y extensión de manera
comprometida es realmente estresante en ciertas épocas del año y en
momentos agitador, pero laborar en esas condiciones de aislamiento
social resultaba aún más desgastante.
Por
esas razones, en algunos períodos padecí los síntomas del
“síndrome del quemado” que se caracteriza por desgaste físico,
mental y un constante estrés, por lo que decidí presentar mi
renuncia a la presidencia de la academia de psicología
organizacional, rehusarme a participar como jurado en concursos de
evaluación curricular porque no se respetaban los resultados y
terminaban contratando en forma unilateral nuevos profesores que no
tenían el perfil adecuado y opté por refugiarme en mi cubículo
para concentrarme en la docencia y la investigación.

A
mediados de los años noventa, organicé un Simposium Nacional sobre
Democracia y Vida Cotidiana en el que asistieron psicólogos sociales
de varias universidades del país (30),
algunos de ellos con quienes trabé relaciones de amistad al haber
coincidido en varios congresos de Psicología, después de ver las
condiciones en que laboraba, me preguntaron: “¿como soportas
trabajar rodeado de profesores conductistas en una Universidad
dirigida con gran autoritarismo?”, mi respuesta se limitó a decir
que era un trabajo que me proporcionaba más satisfacciones que
frustraciones y dentro de las primeras se encontraba la libertad de
cátedra que defendía con gran convicción, la satisfacción de
contribuir al cambio social al tocar las mentes y corazones de
estudiantes para ayudarles a convertirse en agentes de cambio social
y el constante crecimiento como profesional que obtenía al finalizar
cada semestre.
En
mi rol como maestro universitario que asume un rol de agente de
cambio social, construí una nueva identidad como militante sindical,
participando activamente en la defensa del contrato colectivo de
trabajo ante las agresiones de las autoridades universitarias que
realizaron varias mutilaciones a su contenido desapareciendo derechos
que fueron conquistados a través de la lucha sindical.
Una
muestra de ellos es mi participación en la huelga que el Sindicato
de Trabajadores Académicos de la Universidad de Sonora (STAUS)
realizó en el 2012, que duró 28 días, tiempo durante el cual
escribí 9 artículos que pueden consultarse en este link (31)
y como las autoridades universitarias siguieron agrediendo derechos
laborales de los trabajadores manuales y administrativos, el STEUS se
lanzó a la huelga, un conflicto laboral que duró 68 días, lapso en
el cual publiqué 30 artículos y los incluí en un documento cuyo
link puede ser consultado en internet (32).
Cuando
los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la
Educación en México (CNTE) se pusieron en pie de lucha para
rechazar la reforma educativa que intentó implementar de manera
violenta el régimen de Enrique Peña Nieto, percibí esa acción
como parte de la implementación del neoliberalismo en el terreno de
la educación, afectando a miles de maestros, por lo que no dudé en
apoyar su movimiento de la mejor forma que podía hacer: escribiendo
artículos y difundirlos en internet y redes sociales (33,34).
De
manera indirecta, puse mi granito de arena al hacer un denunciar el
autoritarismo del prianismo en varias ocasiones, desde la denuncia
que hice en el 2012 del impacto que tendría la reforma laboral que
implementó Felipe Calderón que destruiría el futuro de los
jóvenes en México (35),
pasando por la socialización del conocimiento científico al
publicar artículos destinados a un público masivo con información
relacionada con la psicología y el cambio social
(36, 37)
El
profesor jubilado como intelectual público
Aquí
y ahora, mientras escribo este artículo, me parece que fue ayer
cuando me encontraba recibiendo a jóvenes estudiantes de psicología
con un discurso introductorio en el que hablaba sobre como todo está
cambiando rápidamente por lo que necesitamos desarrollar nuevos
comportamientos para responder a las condiciones cambiantes y el
tiempo me ha dado la razón porque este pasado 30 de noviembre del
2025 cumplí ocho años de estar jubilado y estos años en los que
estoy construyendo una nueva identidad como profesor universitario
jubilado, han pasado volando porque la cauda de cambios sociales
intensifica su velocidad en la medida que pasa el tiempo(38)
.
Me
encontraba laborando en el mejor momento de mi carrera como profesor
universitario, con un dominio pleno de conocimientos relacionados con
los temas teóricos de los seminarios que conduje durante 33 años,
pero al ver a cientos de profesores que tenían una antigüedad mayor
que la mía, sufrían un retraso de 3 o 4 años en recibir su
jubilación después de solicitarla, por lo que después de analizar
la situación política, económica y social, vislumbré un panorama
en el cual la implementación de políticas neoliberales amenazaban
con desaparecer el derecho a la jubilación, por lo que decidí
entregar mi solicitud de retiro laboral.
Esto
significó dejar atrás mi identidad como profesor universitario
activo, por lo que dejé de pertenecer al club de privilegiados que
son los profesores universitarios que ocupan una plaza de tiempo
completo (39),
quienes tienen la oportunidad de especializarse en su campo porque
perciben un sueldo suficiente que les permite realizar funciones de
investigación, docencia y extensión.
Al
abandonar mi actividad como profesor universitario, ingresé a las
filas de otro club de privilegiados que también está en proceso de
extinción y este club está formado por los jubilados que se retiran
con el 100% de su sueldo, un grupo exclusivo porque no todos los
trabajadores pueden jubilarse y esto se puede confirmar al ver las
estadísticas que nos informan que tan solo en el caso de México,
más de 3.3 millones de personas mayores de 65 años continúan
trabajando sin poder jubilarse (40),
ya sea porque no tienen derecho a la jubilación, o porque al
jubilarse se reducen drásticamente sus ingresos, por lo que
prefieren seguir laborando.
Llegar
a la tercera edad implica atravesar por un funeral de identidades
previas y dejar atrás una de las identidades más importantes como
lo es la identidad laboral que nos sirvió de uniforme social durante
décadas, para iniciar reconstruirnos con una nueva identidad que es
la de jubilado académico.
Como
miembro de la generación de jóvenes que con su rebeldía en la
década de los setentas iniciaron la cauda de cambios sociales que
contribuyeron a cambiar la historia, en mi condición de adulto mayor
mantuve esa actitud y rechacé el rol socialmente asignado a los
jubilados que consiste en percibirlos como individuos que dejan de
ser productivos, pasan varias horas sentados en un sillón viendo
televisión, perdiendo de manera paulatina su autonomía y cordura
mientras esperan “sentados en una piedra” que llegue el momento
de la muerte.
Con
gran placer vi que mi negativa a aceptar ese rol asignado y continuar
produciendo no era un rechazo individual, porque la mayor parte de
las nuevas generaciones de jubilados continúan realizando
actividades productivas, construyendo nuevas identidades
ocupacionales o simplemente disfrutando el estar con vida de una
manera creativa y satisfactoria.
Seguimos
haciendo historia porque estamos impulsando un cambio demográfico
que consiste en que una buena parte de los individuos que estamos
ubicados en la franja demográfica que se encuentra entre los 60 y 80
años de edad, “no nos sentimos viejos” y continuamos realizando
actividades productivas, al mantener nuestra independencia económica,
manejarnos con autonomía de movimiento y dentro de estos cambios ha
surgido un nuevo segmento demográfico a nivel global al cual se le
ha etiquetado como la “cuarta edad” y está conformado por
adultos mayores que viven entre los 80 y 100 años de edad que en una
gran mayoría, envejecen en forma satisfactoria (41).
Hay
oficios y profesiones que al desempeñarlas por varias décadas
consolidan una rutina que establece una separación entre el ámbito
laboral y el ámbito privado, por lo que cuando llega el momento de
la jubilación, puede surgir lo que se ha dado en llamar la “crisis
del jubilado” (42),
porque la jubilación implica el final de una etapa en la vida de
quien se jubila y el inicio de otra, pero si no se está preparado
para dejar la vida laboral, si no se tiene un propósito o actividad
ocupacional que llene el espacio de tiempo que se dedicaba a la
jornada de trabajo, se corre el riesgo de enfrentar una rutina vacía,
sin objetivos claros y sin una estructura diaria que puede ser fuente
de ansiedad o angustia.
Pero
también hay profesiones con las que la identidad personal se fusiona
con el desempeño laboral y se construye un estilo de vida que
resulta realmente difícil desprenderse de ella cuando llega el
momento de la jubilación, dentro de éstas se encuentra la docencia
que es una profesión que absorbe la energía de buena parte de
nuestras vidas y logra construir una entrega a través de la
construcción de una auténtica vocación.
Quien
encuentra placer en la noble actividad de la docencia, se entrega a
la misma, trabaja en su oficina, en su casa y en el aula, por lo que
al estar en estas condiciones la docencia se transforma en un estilo
de vida con el cual se vive “hasta que la muerte nos separe” y
esta vocación es lo que ha dado lugar a la expresión “un maestro
siempre será un maestro”, porque la docencia nos permite ver con
ojos diferentes la realidad que estamos viviendo.
Cuando
se invierten más de 3 décadas investigando una realidad social
inmersa en una crisis global desde la perspectiva del conocimiento de
las ciencias sociales, se logra obtener un conocimiento objetivo
acerca de cómo funciona el mundo y si el docente al percibir la
educación como instrumento de liberación y emancipación social, el
sentimiento de compromiso social llega a formar parte de la
personalidad del docente y este compromiso no desaparece el día que
se recibe la jubilación.
Sobre
todo cuando el contexto histórico en que vivimos se caracteriza por
una agudización de los problemas sociales provocados por el
crecimiento de la desigualdad social, la crisis ambiental, la
reducción del presupuesto para atender necesidades sociales, el
aumento a gastos de defensa, armamentismo y la amenaza de una tercera
guerra mundial.
La
misma fórmula que aplicó el neoliberalismo en las universidades
públicas de crecimiento de una burocracia administrativa, pago de
altos sueldos a funcionarios directivos, reducción del número de
maestros de tiempo completo y baja en la calidad de la educación, se
repitió en todas las instituciones gubernamentales, sobre todo en el
sector salud, por lo que en mi nueva identidad de jubilado vi que se
violaba mi derecho a la salud al destinar la mayor parte del
presupuesto del sector salud en el pago de nóminas dentro de la que
se encuentran altos sueldos para funcionarios directivos por lo que
la población enfrenta problemas de desabasto de medicamentos, demora
en conseguir cita con médicos especialistas, negativa de realización
de estudios de imagenología y lo más grave, se perfilaba la amenaza
de quitarnos nuestras pensiones y reducir los aguinaldos.
De
nueva cuenta me vi involucrado en la creación de un movimiento
colectivo que surgió para defender los derechos de pensionados y
jubilados del Isssteson y aplicando la metodología de intervención
social basada en la investigación-acción, partiendo de la premisa
de que la defensa del derecho a la salud es la defensa de nuestras
vidas y la relación entre el Isssteson y los jubilados es como el
matrimonio porque dura hasta el momento de nuestra muerte, participé
en el Movimiento 30 de julio ocupando un rol de liderazgo en
negociaciones con autoridades de ese instituto, al mismo tiempo que
actué como intelectual público al publicar varios artículos que
funcionaron para construir la identidad del movimiento, darle
cohesión interna, educación política a sus integrantes (43,
44,45, 46, 47, 48, 49)
para construir un movimiento que a través de la acción colectiva,
unida y organizada, logramos restablecer el abasto de medicamentos,
recuperar servicio médico y de farmacia los fines de semana, compra
de equipo médico, entre otras cosas.

Pero
las agresiones a los derechos de pensionados y jubilados han
aumentado y el siguiente grupo que fue agredido fueron los
pensionados y jubilados del ayuntamiento de Hermosillo, porque desde
su llegada al poder municipal, Antonio Astiazarán eliminó derechos
y prestaciones que se contemplaban em un convenio que existía desde
hace varios años entre esa agrupación y el gobierno municipal. En
respuesta, los jubilados realizaron un plantón en Palacio Municipal,
el cual fue desalojado de manera violenta por elementos policiacos,
por lo que el Movimiento 30 de julio y quien esto escribe se sumaron
a las movilizaciones de protesta para denunciar el autoritarismo del
Presidente municipal exigiendo justicia (50,
51, 52, 53, 54).
En
un contexto en el que por un lado se observaba un aumento de
agresiones a la clase trabajadora y a la población en general, y por
otro lado, se presentaba un silencio y falta de respuestas de los
trabajadores organizados en sindicatos, los trabajadores pensionados
y jubilados nos vimos en la necesidad de levantarnos en pie de lucha
y defensa de nuestro derecho a la salud y pensiones, por lo que sobre
la marcha construimos una nueva figura de luchadores sociales: la de
adultos mayores que tomaron las calles actuando como sujetos
políticos.
Gran
parte de estos pensionados y jubilados que con su lucha enseñaban a
los jóvenes trabajadores activos como se defienden los derechos:
luchando en forma organizada, colectiva y unida, vivieron su juventud
en la década de los setentas y formaron parte de aquellas
generaciones de trabajadores que en el siglo pasado a través de
luchas colectivas lograron conquistar derechos laborales y
prestaciones sociales que hoy pretenden quitarnos con la
implementación de medias neoliberales.
En
nuestra participación en estas luchas sociales nos dimos cuenta que
estaba emergiendo en el horizonte social un nuevo paradigma
emancipatorio representado por pensionados y jubilados de varias
dependencias que se organizaban y estaban luchando por los mismos
derechos por los cuales estábamos peleando (55).
Diferentes agrupaciones de pensionados y jubilados cambiamos la
historia cuando a pesar de la resistencia de trabajadores activos,
logramos ocupar un lugar en los contingentes de trabajadores que
marcharon el 1o. de mayo del 2022, fue la primera ocasión que un
grupo de jubilados participó en la marcha internacional del día de
los trabajadores en Sonora y a partir de esa fecha, se
institucionalizó la participación de jubilados en ese evento (56,
57).
En
esa ocasión, diferentes asociaciones de pensionados y jubilados nos
encontramos marchando en las calles por las mismas consignas y
tomamos conciencia de que estábamos haciendo historia porque lo
viejo se estaba convirtiendo en algo nuevo y aquellas personas que
por nuestra edad nos condenaban al ostracismo social, éramos quienes
estábamos encabezando una lucha para lograr un cambio social que
representara una verdadera transformación (58).
Después
de esa experiencia, de una manera natural surgió la necesidad de
unir en la acción a todas las agrupaciones de pensionados y
jubilados en una sola organización, por lo que representantes de diferentes asociaciones de pensionados y jubilados: Asociación de Pensionados y Jubilados de la Universidad de Sonora, jubilados Telefonistas, Alianza Estatal de Jubilados y Pensionados Federalizados, A. C., IDHEAL Sonora, Coalición Nacional de Jubilados y Pensionados “Profr. Elpidio Domínguez Castro” y Confederación de Jubilados, Pensionados y Adultos Mayores de la República Mexicana, A. C., realizamos varias
reuniones de conocimiento, integración y discusión sobre quienes
éramos, porqué estábamos luchando y en el marco de un
taller conducido por quien esto escribe, en el cual se realizaron dinámicas grupales de integración grupal y el contenido temático de las discusiones grupales fueron los siguientes: 1.- La situación de pensionados y jubilados en el contexto de la globalización, 2.- La lucha ideológica y el aprendizaje en las luchas sociales. 3.- La construcción de un nuevo paradigma en la identidad de pensionados y jubilados. 4.- Construcción grupal de un plan de acción en defensa de la salud y las pensiones. 5.- Plan de tareas para realizar la asamblea constitutiva del Frente Estatal de Pensionados y Jubilados de Sonora, se decidió en votación
unánime a mano alzada construir un Frente Estatal de Pensionados y
Jubilados de Sonora para luchar juntos por nuestros derechos (59,
60, 61).

Lamentablemente, este proyecto de unidad de diferentes agrupaciones de pensionados y jubilados, perdió el rumbo y la misión para la cual fue creado, por la acción de algunos integrantes que actuaron como termidores al negarse a realizar asambleas generales y reducir su funcionamiento a la interacción exclusiva de los representantes de cada agrupación en un petit comité, por lo que al ver su degeneración, decidí abandonar ese proyecto y continuar mi camino como lobo solitario.
Con
estas acciones tuve la oportunidad de vincular la teoría con la
práctica, al utilizar la psicología de los grupos sociales para
lograr la integración como grupos a agrupamientos, compartir
conocimientos sobre la psicología de las organizaciones para pasar
de movimientos a organizaciones formales de ciudadanos, contribuir a
un despertar político y una revolución de las consciencias en
ciudadanos a quienes se les percibía como indefensos y se había
condenado al retiro social, pero que en la práctica estaban construyendo nuevas
identidades de luchadores sociales con las cuales estaban educando con el
ejemplo a las nuevas generaciones de trabajadores activos, sobre la
necesidad de luchar por los derechos y mantener viva la consigna: los
derechos se defienden gobierne quien gobierne.
De
manera reciente, el autoritarismo que caracteriza al Gobernador del
Estado de Sonora Alfonso Durazo, le llevó a cometer un error
político de declarar muerta la presa Abelardo Rodríguez y anunció
sus intenciones de fraccionar dichos terrenos para venderlos y con
esos fondos construir tres presas en el cauce del río Sonora, lo
cual despertó un sentimiento de indignación entre los habitantes de
se río que han estado padeciendo las secuelas de la contaminación
provocada por el derrame de desechos tóxicos de la compañía Buena
Vista del cobre propiedad del Grupo México en el año 2014.
Como
profesor intelectual público, participé en el rechazo a este
proyecto unilateral que se reveló como un acto de corrupción al
filtrarse la información de que el Gobierno federal destiní una
bolsa de $7,500 millones de pesos para construir presas sin la
participación de las comunidades de los pueblos aledañoñs al río
que serían los más afectados y sin presentar un proyecto de manera
pública. Mi colaboración fue a través de la publicación de seis
artículos (62, 63,
64, 65, 66),
en los cuales apoyaba la resistencia y rechazo popular a la
imposición de una acción vertical que afectaría al medio ambiente,
a la naturaleza y a los pobladores, ya que la construcción de esas
presas están diseñadas para garantizar el agua beneficiar al Grupo
México y no a la población sonorense.

Mis
aportaciones se basaban en la metodología de la Psicología
comunitaria latinoamericana que contempla que todo proyecto de
intervención comunitaria debe contar con la participación de los
integrantes de las comunidades afectadas, desde la fase del diseño
hasta la terminación del proyecto. Conocimiento científico que
proviene de una psicología socialmente sensible que toma partido a
favor de las mayorías marginadas, explicando que las comunidades
pueden construir un contrapoder al actuar en forma organizada, unida
y colectiva en condiciones de simetría de poderes, al construir un
empoderamiento popular que enfrentaría al poder económico y
político.
El
libro que representa la historia de vida todavía tiene páginas en
blanco que seguiré escribiendo con mi comportamiento futuro y el
presente artículo es una pequeña aportación que sirve como ejemplo
de que un profesor, aún cuando esté retirado, puede actuar como
intelectual público, participando en un proceso de educación
informal, cuyo objeto de análisis es la realidad social, explicando
las causas globales de los problemas privados, clarificando el
vínculo que existe entre lo personal y lo político, creando las
condiciones para lograr empoderamientos individuales y grupales,
cumpliendo con la responsabilidad moral, histórica y política de
utilizar la crítica social para explicar el momento histórico que
estamos viviendo y clarificar que otro mundo es posible si actuamos
en forma organizada, unida y colectiva.
Conclusiones
A
pesar de que el mundo que existía en mi lejana juventud ha cambiado
radicalmente el día de hoy, veo con pesar de que no son los cambios
que esperábamos obtener porque en el mundo contemporáneo millones
de personas viven una realidad de pesadilla sufriendo una rutina
desgastante cada día como si sus vidas fueran una versión moderna
del castigo de Sísifo, (67),
al trabajar largas jornadas, recibiendo bajos salarios, resistiendo
una crisis económica interminable, padeciendo los efectos de una
desigualdad social creciente.
La
necesidad del cambio social se presenta con carácter de urgencia
ante un sistema social en el cual la desigualdad social no es un
error, sino que el crecimiento de la desigualdad social refleja que
el sistema está funcionando correctamente, porque el capitalismo fue
diseñado para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los
pobres. La aceptación de esta realidad que se caracteriza por un
aumento de injusticias, violaciones a derechos humanos, laborales,
sexuales y de otro tipo, es motivo suficiente para que diferentes
personas digan “Ya basta” y decidan ponerse de pie para luchar
por derechos que les son arrebatados por un capitalismo voraz, por lo
que desde mi condición de profesor universitario jubilado veo que
aquel sueño de cambiar el mundo sigue existiendo, porque como nos
dijo una vez John Lennon: “Un sueño que sueñas solo, es solo un
sueño, pero un sueño que sueñas junto con otros es una realidad”.
Durante
las últimas décadas he mantenido una mirada crítica del mundo en
que vivimos y en una línea de congruencia e integridad, he
alimentado con acciones de intervención social en varios movimientos
colectivos utilizando el método de investigación-acción, el sueño
de cambiar el mundo porque si miramos con ojos críticos el mundo en
que vivimos, podremos ver que hoy en día, millones de personas del
sur global luchan por diferentes causas pero comparten el mismo sueño
de cambiar el mundo ya que luchan en contra de un mismo enemigo que
es el sistema capitalista, colonialista y patriarcal que produce
relaciones de opresión, un sinnúmero de injusticias, sufrimiento
colectivo, porque se nutre del aumento de la desigualdad social
creciente.
(68),
El
mundo sigue cambiando a una velocidad mayor cada día y cualquiera
puede advertir que la geopolítica se está transformando
radicalmente, al disolverse alianzas entre bloques políticos y
nuevas alianzas que revelan la desaparición del mundo unipolar que
prevaleció durante las últimas décadas y el surgimiento de un
nuevo orden mundial multipolar que viene acompañado de una sombra
oscura que se extiende por todo el mundo intentando apagar toda luz
de esperanza de cambio social, esta sombra amenazante es la figura
del fascismo, porque en varios países políticos de ultraderecha
lograron conquistar el poder político (69).
Estos
avances de la ultraderecha se lograron por la presencia de una
ignorancia colectiva, de una amnesia histórica y de un control
social que los mantiene a millones de personas confortablemente
aturdidos y a las masas de la política, por lo que, surge la
necesidad de combatir
la ignorancia colectiva, para lograr una toma de consciencia social
que conduzca a luchar por una verdadera transformación social. La
educación se perfila como un medio para lograr una liberación
social,
porque es a través de ella que es posible cambiar esta situación
con la implementación de una estrategia basada en una educación
masiva que permita lograr una toma de consciencia de que otro mundo
es posible y que podemos aspirar a una verdadera transformación a
través de un proceso de liberación social” (70).
Necesitamos
construir una educación emancipadora que al mismo tiempo que combata
la ignorancia, rompa las cadenas de un adiestramiento en la
obediencia y que contribuya a tomar consciencia de que nos
encontramos viviendo en un momento histórico en el que está
emergiendo un nuevo orden mundial multipolar, por lo que necesitamos
actuar como sujetos políticos para participar en la construcción
del nuevo mundo que está emergiendo y evitar que éste sea
construido solamente por políticos para favorecer a una minoría de
hiperricos.

Necesitamos
una educación que parta de la premisa de que todo cambio social debe
comenzar con cambios individuales, una educación que al mismo tiempo
que permita construir una identidad del profesor como agente de
cambio social, también se traduzca en empoderamientos individuales
en los estudiantes difundiendo la idea de que el cambio social es
posible y que una acción colectiva, organizada y unida permitirá
lograr un cambio social y construir un mundo nuevo en el que
quepamos todos sin exclusión de ningún tipo.
Esto
puede sonar como una utopía, pero la lucha por concretar utopías ha
sido la fuente de varios cambios sociales y el uso de una educación
con compromiso social, en el cual los docentes tenemos una
responsabilidad social histórica porque la docencia es la única
profesión en la que se puede ejercer la crítica social y aplicar la
teoría del conocimiento científico en la práctica para generar
todo tipo de cambios. La responsabilidad social que tenemos los
docentes es que podemos revitalizar la vida pública al utilizar la
educación como forma de política cultural que nos permite analizar
la realidad social para impulsar cambios planeados que nos conduzcan
a la construcción de una sociedad más justa.
Vivimos
en el contexto de una policrisis que nos exige una redefinición de
los profesores como intelectuales públicos, cuyos conocimientos
fueron adquiridos en universidades públicas por lo que no sólo
deben servir para que tengan un éxito profesional individual, sino
que también deben ser usados para contribuir al análisis de las
condiciones sociales, políticas y económicas que conforman el
contexto social que rodea la institución escolar (71).
La
crisis multidimensional que estamos viviendo coloca a los profesores
intelectuales en una situación que recuerda la advertencia que hizo
en la década de los setentas el psiquiatra italiano Franco Basaglia,
cuando dijo que “ llegará
un momento en el que el científico social se enfrentará a la
disyuntiva de elegir entre actuar como funcionario del consenso o
bien como catalizador de la disidencia” (72).
Es
decir, aquellos que tuvimos el privilegio de acceder al conocimiento
científico, tenemos que elegir entre usar nuestros títulos
académicos para seguir ocultando el sufrimiento colectivo, actuando
como si todo fuese normal para
avalar la paz social que descansa sobre el ejercicio de crímenes
económicos y políticos, o asumir el compromiso histórico de actuar
como agente de cambio social, utilizando el conocimiento científico
para descubrir la verdaderas causas de los problemas sociales y
denunciar las condiciones de opresión, injusticia, desigualdad que
afectan a una inmensa mayoría de la población mundial y actuar como
agentes de cambio social para llamar a una disidencia colectiva que
abra el camino para impulsar una cambio social.
En
el terreno de la educación significa responder a la pregunta:
¿Cuáles son los fines a los cuales sirve la escuela?, ¿La
educación favorece a intereses privados o a intereses públicos?.
Esto significa elegir entre aceptar ser parte del engranaje de una
educación que promueve la obediencia al servicio del poder
corporativo, o construir una identidad como profesores intelectuales
comprometidos en la construcción de un paradigma de enseñanza que
perciba a la educación como instrumento de emancipación social,
actuando como agentes de cambio planeado para contribuir a una
transformación social que beneficie a las mayorías marginadas.

Para
construir la identidad como profesores intelectuales públicos, los
docentes deben abandonar la construcción de vínculos de dependencia
con sus alumnos y construir vínculos de colaboración reduciendo el
peso de su autoridad formal para aceptar ser objeto de crítica
constructiva acerca de su desempeño como docente por parte de sus
alumnos, fortaleciendo su capacidad de autocrítica, construyendo la
crítica social que permita evidenciar los intereses políticos
ideológicos de la educación que está impartiendo, recuperando la
función social de la escuela y las universidades como espacios
físicos donde se construyen las bases de la democracia al construir
relaciones democráticas donde el autoritarismo del docente está
ausente y el profesor demuestra que también está aprendiendo junto
con sus alumnos mientras enseña.
Aplicando
la máxima “el maestro luchando, también está enseñando”, en
un acto de congruencia, para ser profesor intelectual público, los
docentes no solo deben cuestionar las condiciones materiales en las
que trabajan, porque para actuar como profesores intelectuales, los
docentes deben luchar para crear las condiciones estructurales que
les permitan leer, escribir, investigar y trabajar como profesionales
de tiempo completo, sino que también deben educar con su ejemplo al
actuar como educadores de crítica social y al pronunciarse sobre los
problemas políticos que enfrenta la sociedad de la cual forman
parte y en congruencia con su rol de agentes de cambio salir de la
institución escolar para participar en movimientos colectivos que
luchan en contra del autoritarismo y por la construcción de una
democracia social.
Esto
implica que para actuar como intelectuales, los profesores deben
contribuir a que los alumnos descubran las relaciones de poder que
generan las condiciones materiales en las que se reproduce la
desigualdad social, la pobreza, la exclusión y la opresión social.
Tal
como puede observarse, necesitamos reconstruir el sistema educativo,
dejar atrás una educación que promueve la obediencia y crear las
condiciones para que florezca el pensamiento crítico en cada
estudiante y en cada ciudadano. Necesitamos varios tipos de
educación, educación financiera, educación ambiental, educación
ciudadana, educación sexual, pero sobre todo, necesitamos una
educación política que provoque una revolución de las consciencias
y un despertar colectivo sobre la necesidad de impulsar un cambio
social.
Por
otro lado, los docentes que cumplimos el tiempo necesario para
obtener la jubilación y tuvimos la oportunidad de tocar las mentes y
corazones de miles de estudiantes, en una interacción que nos
permitió crecer profesionalmente y como seres humanos, tenemos una
responsabilidad moral mayor porque logramos construir un capital
humano de gran valor social, que debemos compartir y la idea de
escribir libros sobre la historia de nuestras vidas, aparte de servir
de terapia ocupacional, nos permitiría aportar nuestro granito de
arena para contribuir a un despertar social y contribuir a un cambio
social planeado.
Desde
mi perspectiva personal, en el contexto de la policrisis la
responsabilidad social del profesor no termina cuando nos llega el
momento de la jubilación, porque la docencia no es sólo una
profesión más, ya que en realidad es la madre de todas las
profesiones y desde esa perspectiva, si escribimos y publicamos
nuestras experiencias como docentes, contribuiríamos a una
revalorización de la figura del profesor que hoy está en proceso de
devaluación.
Ayudaríamos
a detener la continua proletarización del trabajo académico que
realiza el neoliberalismo al transformar a las universidades públicas
en empresas, a la educación como mercancía, a los profesores como
asalariados y fomenta la ignorancia colectiva para garantizar un
mejor control social.
Los
académicos jubilados tenemos el compromiso moral de compartir
nuestras experiencias para contribuir al cambio social, una manera de
cumplir con este compromiso social es escribir el libro de la
historia de nuestras vidas, un libro cuyo contenido tendrá gran
valor porque estará basado en la interacción que tuvimos con miles
de estudiantes con quienes tuvimos la oportunidad construir un
aprendizaje que fue mutuo.
Los
profesores intelectuales públicos somos trabajadores de la educación
y como tales formamos parte de una inmensa mayoría que conforma el
99% de la población mundial que sueña con cambiar la realidad en
que viven y desea construir un mundo nuevo.
Bajo
esa perspectiva, en mi etapa de jubilación he decidido seguir
cumpliendo con el compromiso social que caracterizó mi labor como
docente universitario, construyendo paulatinamente una nueva
identidad como escritor, para seguir realizando la labor de análisis
social que permita un despertar social, con la diferencia de que hoy
en día utilizo las nuevas tecnologías para difundir en redes
sociales mi percepción de la realidad en forma de ensayos que
reflejan opiniones personales debatibles y discutibles porque nadie
es poseedor de la verdad absoluta.
Mirando
hacia atrás desde mi perspectiva de adulto mayor, veo que no sólo
cumplí el sueño de mi juventud que fue formarme como psicólogo
para contribuir al cambio social, sino que rebasé mis expectativas
al trabajar 33 años como profesor universitario de tiempo completo,
lo cual me permitió contribuir a la construcción de una nueva
psicología que funcionara como ciencia del cambio social (73),
al mismo tiempo que logré tocar mentes y corazones de miles de
jóvenes para sembrar la semilla del cambio social que consiste en
unir fuerzas para actuar en forma organizada, unida y colectiva, para
construir un nuevo poder social que logre concretar el sueño
colectivo de cambiar este mundo y construir uno nuevo en el cual se
haga realidad el sueño de vivir en paz, un derecho legítimo que
tenemos todas las personas y todos los pueblos, como nos cantaba
Víctor Jara.
1.-
Escribir para terapia: que saber sobre el diario terapéutico
https://www.counselingschools.com/blog/therapeutic-journaling
2.-
Psicopatología del vínculo profesor-alumno. Bohoslavsky, Rodolfo
https://www.cucs.udg.mx/avisos/Martha_Pacheco/Software%20e%20hipertexto/Antolog%C3%ADa_PA101/Boholavsky.pdf
3.-
4.-
Un nuevo paradigma. Touraine, Alan
https://books.google.com.co/books?id=53WOj8Y_SuwC&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false
4.-
La sociedad de la ignorancia
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/10/lasociedad-de-la-ignorancia-oscaryescas.html
5.-
El día en que el ejército tomó la Unison
https://www.elimparcial.com/son/sonora/2017/05/17/el-dia-en-que-el-ejercito-tomo-la-unison/
6.-
Las movilizaciones estudiantiles 1970-1973 en la Universidad de
Sonora
https://lamiradadelbuho.unison.mx/docs/coleccion8.pdf
7.-
El movimiento estudiantil en Sonora 1970-1974
https://libros.colson.edu.mx/index.php/colson/es/catalog/book/41
8.-
Me gustaría cambiar el mundo. Ten Years After
https://www.youtube.com/watch?v=RSigiI-GYeo
9.-
Aullido. Guinsberg, Allen
https://www.zendalibros.com/aullido-allen-ginsberg/
10.-
Modernidad líquida. Bauman, Zygmunt
https://biblioteca.umem.mx/books/Zygmunt%20Bauman/Modernidad%20Liquida%20(157)/Modernidad%20Liquida%20-%20Zygmunt%20Bauman.pdf
11.-
Algo está pasando y usted no sabe que es
https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/07/algoesta-pasando-y-usted-no-sabe-que-es.html
12.-
Hombres hechos a sí mismos. Douglass, Frederick
https://academia-lab.com/enciclopedia/hombres-hechos-a-si-mismos/
13.-
Psicologia, ideologia y ciencia. Baunstein, Nestor y otros
https://saberespsi.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/09/129013218-braunstein-nestor-y-otros-psicologia-ideologia-y-ciencia-pdf.pdf
14.-
Así fue como mataron a Monseñir Oscar Arnulfo Romero Galdamez
https://desdelafe.mx/noticias/iglesia-en-el-mundo/asi-fue-como-mataron-a-monsenor-oscar-arnulfo-romero-galdamez/
15.-
Psicología de la liberación. Martin-Baro, Ignacio
https://www.academia.edu/98459512/Psicologia_de_la_Liberacion_Ignacio_Martin_Baro
16.-
Introducción a la psicología comunitaria latinoamericana. Montero,
Maritza y otros
https://www.codajic.org/sites/default/files/sites/www.codajic.org/files/Introducci%C3%B3n%20a%20la%20psicolog%C3%ADa%20comunitaria.%20Desarrollo,%20conceptos%20y%20procesos..pdf
17.-
Técnica del grupo T
https://www.gerza.com/tecnicas_grupo/todas_tecnicas/grupos_t.html
18.-
La transformaciòn social desde una perspectiva cientìfica
https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/09/latransformacion-social-desde-una.html
19.-
Psicología de los grupos. Blanco, Amalio
https://wuolah.com/apuntes/psicologia-de-los-grupos/manual-psicologia-de-los-grupos-amalio-blanco-subrayado-pdf-1507343
20.-
La Psicología como ideología (contra la disciplina). Parker Ian
Ediciones
La Catarata, Madrid, 2007
https://www.proletarios.org/books/Parker-La-psicologia-como-ideologia.pdf
21.-
Evaluación grupal convivencia social 2018-2
https://www.youtube.com/watch?v=oEpqbTF4awM&t=46s
22.-
Evaluación grupal del curso de Psicologia organizacional de Oscar
Yescas
https://www.youtube.com/watch?v=MlxhmMvThb0&t=43s
23.-
Clausura del curso educacion en sexualidad humana impartido por Oscar
Yescas en la Unison
https://www.youtube.com/watch?v=FJFeGsOLiEw&t=1043s
24.-
El asalto neoliberal a las universidades y como debería ser la
educación. Chomsky, Noam
https://www.redalyc.org/pdf/5350/535056128004.pdf
25.-
Unison:
Laboratorio psicosocial de la modernización educativa (Imposición
de la Ley Cuatro en 1991)
https://oscaryescasd.blogspot.com/2021/02/unisonlaboratorio-psicosocial-de-la.html
26.-
El neoliberalismo y su impacto en las universidades públicas
https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/10/elneoliberalismo-y-su-impacto-en-las.html
27.-
Anatomía del poder en la Universidad de Sonora
https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/07/anatomia-del-poder-en-la-universidad-de.html
28.-
Por una psicología socialmente sensible
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/11/por-una-psicologiasocialmente-sensible.html
29.-
Las pandillas académicas y el aislamiento social de
profesores-investigadores
https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/02/las-pandillas-academicas-y-el.html
30.-
Simposium Nacional sobre Democracia y Vida Cotidiana
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/publicado-miercoles-28-de-octubre-de.html
31.-
Apuntes psicosociales de una huelga universitaria
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/apuntes-psicosociales-de-una-huelga.html
32.-
Testimonios psicosociales de una huelga universitaria basada en la
dignidad. STEUS, 2014
https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/07/testimonios-psicosociales-de-una-huelga.html
33.-
El maestro luchando, también está enseñando
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/el-maestro-luchando-tambien-esta.html
34.-
En defensa de la universidad pública y de una educación
emancipadora
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/en-defensa-de-la-universidad-publica-y.html
35.- Intervención
de Oscar Yescas sobre la reforma laboral en México
https://www.youtube.com/watch?v=rB5O7rwfT78&t=2s
36.- Psicología,
ideología y cambio social
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/psicologia-ideologia-y-cambio-social.html
37.-
Psicología, obediencia y cambio social
https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/07/psicologia-obediencia-y-cambio-social.html
38.-
Adiós a la Universidad de Sonora
https://oscaryescasd.blogspot.com/2018/12/adios-la-universidad-de-sonora-
39.-
El club de los privilegiados
https://oscaryescasd.blogspot.com/2018/07/el-club-de-los-privilegiados.html
40.-
Mas de 3 millones de personas mayores de 65 años apun trabajan en
México
https://expansion.mx/economia/2025/06/05/mexico-el-pais-donde-el-retiro-nunca-llega
41.-
Envejecer satisfactoriamente en el marco de una crisis global
https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/10/envejecer-satisfactoriamente-en-el.html
42.-
Spindrome del jubilado: crisis y depresión
https://secotbilbao.org/sindrome-jubilado/
43.-
Nuevos actores en la escena política en Sonora
https://oscaryescasd.blogspot.com/2021/09/nuevosactores-en-la-escena-politica-en.html
44.-
El aprendizaje social en la lucha de los jubilados
https://oscaryescasd.blogspot.com/2021/09/elaprendizaje-social-en-la-lucha-por-el.html
45.-
Un paso adelante en la lucha del Movimiento 30 de julio
https://oscaryescasd.blogspot.com/2021/10/un-pasoadelante-en-el-movimiento-30-de.html
46.-
Hasta que la muerte nos separe: Derechohabientes del Isssteson
https://oscaryescasd.blogspot.com/2021/10/hastaque-la-muerte-nos-separe.html
48.-
Jubilados del Isssteson: primera línea en la defensa del derecho a
la salud y jubilación
https://oscaryescasd.blogspot.com/2021/11/jubilados-delisssteson-primera-linea-en.html
49.-
En defensa del movimiento 30 de julio
https://oscaryescasd.blogspot.com/2021/11/en-defensadel-movimiento-30-de-julio.html
50.-
La lucha de los jubilados del Ayuntamiento de Hermosillo
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/01/lalucha-de-los-jubilados-del.html
51.-
La deshumanización de la política
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/02/ladeshumanizacion-en-la-politica-elcaso.html
52.-
Pensamientos sobre la lucha de los jubilados de Hermosillo
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/02/pensamientossobre-la-lucha-de-los.html
53.-
Por la recuperación de nuestros derechos
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/03/porla-recuperacion-de-nuestros-derechos.html
54.-
El abuso de poder y la resistencia ciudadana
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/03/elabuso-de-poder-y-la-resistencia.html
55.-
Horizontes de un paradigma emancipatorio
https://oscaryescasd.blogspot.com/2021/12/horizontesde-un-paradigma-emancipatorio.html
56.-Por
qué los jubilados debemos marchar el primero de mayo?
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/04/porque-los-jubilados-debemos-participar.html
57.-Notas
sobre la marcha de los jubilados el primero de mayo en Hermosillo
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/05/notassobre-la-marcha-de-jubilados-el.html
58.-
Cuando lo viejo se transforma en nuevo y transforma la realidad
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/05/cuandolo-viejo-se-convierte-en-nuevo-y.html
59.-
El renacimiento de los jubilados
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/06/elrenacimiento-de-los-jubilados.html
60.-
Apuntes sobre la construcción del Frente Estatal de jubilados de
Sonora
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/06/apuntessobre-la-construccion-del-frente.html
61.-
Un parto placentero: la creación del Frente Estatal de Jubilados de
Sonora
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/10/unparto-placentero-la-creacion-del.html
62.-
Sonora entre la continuidad del autoritarismo y la necesidad de
construir la democracia participativa
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/08/sonora-entre-la-continuidad-del.html
63.-
El verdadero origen de la crisis hídrica en Sonora
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/09/el-verdadero-origen-de-la-crisis.html
64.-
El aprendizaje social detrás de la lucha en defensa del agua en
Sonora
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/09/el-aprendizaje-social-detras-de-la.html
65.-
Resistencia ciudadana al autoritarismo en Sonora
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/10/resistencia-ciudadana-al-autoritarismo.html
66.-
Pensamientos sobre el intento gubernamental de imponer la
construcción de presas en Sonora
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/10/pensamientos-sobre-el-intento.html
67.-
El castigo de Sísifo
https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/11/elcastigo-de-sisifo-en-la-posmodernidad.html
68.-
El despertar político mundial provocado por el genocidio de Gaza
https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/06/el-despertar-politico-mundial-provocado.html
69.-
una mirada social al surgimiento de un nuevo orden mundial
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/03/una-mirada-social-al-surgimiento-de-un.html
70.-
Ignorancia
colectiva y la educación como proceso de liberación social
https://oscaryescasd.blogspot.com/2022/01/ignoranciacolectiva-y-la-educacion-como.html
71.-
Los crímenes de la paz. Basaglia, Franco etg al
https://antipsiquiatriaudg.wordpress.com/wp-content/uploads/2014/10/franco-basaglia-1971-los-crc3admenes-de-la-paz.pdf
72.-
Los profesores como intelectuales. Goriux, Henry
https://es.scribd.com/document/445262833/Henry-Giroux-Profesores-como-Intelectuales
73.-
La psicología como ciencia del cambio social
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/05/la-psicologia-como-ciencia-del-cambio.html