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sábado, 13 de octubre de 2018


Notas sobre la condición femenina (desde una perspectiva masculina)
Oscar Yescas Domínguez
13 octubre 2,018

        En los últimos setenta años la situación social de las mujeres ha recibido más cambios que los que recibió miles de años antes del inicio de estos cambios recientes. Por ello, debemos tener presente que las condiciones sociales que vivimos hoy en día no han existido siempre y que gran parte de los derechos sociales, humanos y laborales de los que hoy en día disfrutamos no siempre han existido y se han obtenido gracias a la participación social que dieron lugar a diversos movimientos colectivos que lucharon por tales derechos.
        El siglo XX es considerado el siglo de las mujeres porque es el siglo que revolucionó sus condiciones de vida, su identidad y su destino. Es el siglo en el cual lograron su independencia personal y profesional, el reconocimiento de la actividad profesional femenina, una mayor libertad sexual, el derecho a experimentar placer, es el siglo donde la virginidad perdió importancia y dejó de ser una regla moral, además de que hoy en día la edad de inicio de las relaciones sexuales femeninas se acerca a la edad de inicio de los adolescentes y jóvenes masculinos.
        Por todas estas razones es que se habla de que estamos frente a una emancipación femenina, que contribuye a que en las sociedades occidentales se construya una nueva figura social de lo femenino, una construcción social que simboliza una ruptura con la figura tradicional de la mujer que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad.
        El gran filósofo y sociólogo Gilles Lipovetsky señala que esta nueva figura femenina es La Tercera Mujer que se caracteriza por el hecho de que la mujer deja de ser objeto y se sitúa como una Mujer Sujeto que da inicio a una nueva construcción social de los géneros basado en una verdadera revolución democrática. Es decir, no sólo se transforma la figura femenina, sino que al construir esta nueva figura de la mujer, se requiere de la construcción de una nueva figura del hombre, una representación social de lo masculino que deje atrás los privilegios que hoy en día tenemos los hombres y que representan desventajas para las mujeres.
        Sin embargo, a pesar de estos grandes avances y cambios en la Historia de las mujeres, se observa que todavía persiste una invariación de lo femenino en la mente de miles de personas, tanto hombres como mujeres, que ven con reservas y cierta resistencia la construcción social de esta nueva figura femenina, el surgimiento de esta tercera mujer.
        A pesar de los grandes cambios que se observan en la condición femenina vemos que todavía persiste la asignación a la mujer de un conjunto de funciones tradicionalmente asignadas a las mujeres tales como lo relativo al quehacer doméstico, el énfasis en lo sentimental como muestra de debilidad o la belleza física como elementos clave en la construcción de la identidad femenina.
        Alguna vez se pensó que la modernidad y los cambios sociales traducidos en esta emancipación social de las mujeres contribuiría a borrar la división sexual de las normas que determinan la coexistencia entre hombres y mujeres, pero hoy en el siglo XXI vemos que los cambios sociales acercan al hombre y a la mujer en varios aspectos de la vida social, pero continúan manteniendo una separación de roles sociales entre hombres y mujeres, manteniendo privilegios para los primeros y limitaciones para las segundas, lo que impide la construcción de una verdadera democracia social, una sociedad igualitaria y sobre todo, la existencia de justicia social.
        La primera observación que podemos destacar de este hecho es que la democracia no llega hasta sus últimas consecuencias, se limita a una democracia electoral, ni siquiera una democracia participativa. La construcción de la democracia se enfoca en el ámbito de lo público y deja de lado el ámbito de lo privado ya que no afecta las relaciones privadas entre hombres y mujeres, entre padres e hijos y en consecuencia, se presenta un desnivel entre el comportamiento público y el comportamiento privado. 
    Los avances políticos en materia de equidad de género son insuficientes ante el impacto e influencia de los medios masivos de comunicación, internet y redes sociales que siguen explotando la figura femenina como gancho sexual para promover un consumo masivo. La ausencia de programas de educación sexual en el sistema de educación formal, genera un vacío de información en el desarrollo psicosocial de generaciones enteras que es llenado con el fácil acceso a páginas de internet con contenido de material sexualmente explícito (pornografía), que reproducen imágenes de la mujer como objeto sexual al servicio de los hombres.
    Los cambios sociales continúan evolucionando pero nos enfrentamos a un hecho grave que que consiste en el hecho de todavía persiste una concepción social de la mujer que prevalecía en el pasado como figura de objeto sexual y que hoy se presenta en una cruda realidad que realmente representa un grito de alarma ya no en el estilo de vida de nuestras mujeres, sino en el cuidado de su propia seguridad.
        Me refiero al hecho de que la violencia contra las mujeres sigue aumentando de manera alarmante en todos los países, una violencia que ya no sólo es psicológica o sexual, sino que representa una violencia amenaza la vida de las mujeres al aumentar las cifras de feminicidio en varias partes del mundo, miles de mujeres son asesinadas por violencia familiar, por  violencia en las calles, por tráfico sexual de mujeres, por orientación sexual diferente a las mayorías, etc. Junto a este alarmante problema que va en ascenso, se observa que al mismo tiempo se sigue presentando una  indiferencia brutal hacia estas diferentes formas de violencia hacia la mujer, que funcionan como verdaderas resistencias a reconocer las condiciones en las que viven las mujeres en nuestros días.
     Por ejemplo, puede decirse que la mayoría de los hombres sigue considerando como algo “normal y natural” el acoso sexual callejero a las mujeres, existe un silencio de los varones que son testigos de piropos callejeros, un silencio cómplice porque no actúan en contra del mismo. La mayoría de los hombres no perciben los sentimientos de impotencia, de rabia, de temor, de coraje que las mujeres experimentan cuando son objeto de “piropos sexuales” en la calle. Ya no digamos el malestar que sienten cuando son manoseadas en el transporte público y que por sentimientos de vergüenza o impotencia no lo denuncian.
        Esto lo puedo atestiguar de primera mano cada vez que imparto el curso de Educación en sexualidad humana en el Departamento de Psicología y Comunicación de la Universidad de Sonora, ya que desde hace varios años en cada grupo de estudiantes que lo han tomado hemos analizado el tema del acoso sexual callejero y después de algunas lecturas y discusiones les pido a mis estudiantes que redacten un ensayo personal en el cual describan experiencias personales que hayan tenido relacionadas con este tema y cómo se sintieron durante y después de ellas.
    Al leer dichos ensayos en la privacidad de mi cubículo universitario, quedé impactado por las terribles experiencias que mis jóvenes alumnas han tenido desde el inicio de su adolescencia hasta su edad actual, pasados los veinte años, cuando describen que han sido objeto de violencia sexual de múltiples formas, desde abuso sexual hasta el acoso sexual callejero. Me impresionó el gesto de enorme confianza que me brindaron al compartirme experiencias traumáticas por las que atravesaron durante sus vidas y esa confianza sólo renovó mi energía para seguir luchando por una sociedad donde no exista más abuso, acoso o maltrato hacia las mujeres y mucho menos feminicidio.
        Los lugares de acoso sexual descritos sucedieron en “cualquier lugar”, la calle, la escuela, el camión urbano, la tienda, la universidad, etc. Las personas que las acosaron fueron “cualquier persona”, jóvenes, adultos, ancianos, sacerdotes, maestros, choferes de camión, albañiles, doctores, etc. No existe un perfil del acosador callejero, como no existe un perfil del violador sexual, cualquier hombre puede ser acosador o violador sexual.

        Al leer los ensayos de mis alumnas universitarias me encuentro con verdaderas descripciones de sentimientos de angustia, inseguridad, coraje, rabia, impotencia y desamparo por el solo hecho de caminar solas por la calle. ¿Algún hombre se ha sentido así por caminar solo en calles aisladas? No miento al decir que quedo profundamente conmovido cada semestre al leer esos testimonios que reflejan una situación que los hombres no visibilizamos: la imposibilidad de que una mujer pueda caminar tranquila por la calle a solas sin que ningún hombre la moleste, la acose, la siga, le diga obscenidades.
        Lo más lamentable es la actitud asumida por algunas mujeres que en lugar de solidarizarse con la mujer que es objeto de acoso sexual en la calle, condenan a la mujer justificando la agresión de la que es objeto argumentando que ella la provoca por el tipo de vestimenta “provocativa” que utiliza, “ que llama la atención de los hombres”, además de preguntarse “qué andaba haciendo sola por la calle”?
        Tales actitudes sólo reflejan el grado de introyección de una ideología patriarcal y machista que justifica las actitudes sexuales agresivas de los varones y el predominio del hombre sobre la mujer a la que se le sigue considerando como objeto sexual al servicio del varón.
        Pero debo decir que el acoso sexual a mujeres en la calle, a pesar de que representa un grave problema que debemos poner en la mesa de las discusiones, es tan sólo la punta del iceberg en el gran problema social que representa la violencia hacia las mujeres.
        Podemos mencionar que México es un país que tiene una tasa muy alta de embarazo en adolescentes, tan alta que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) determinó que México ocupa el primer lugar a nivel mundial en el tema del embarazo en adolescentes.
Jovencitas que no maduran sexualmente y que ya están embarazadas, no precisamente por sus novios, sino por un adulto que puede ser un familiar, un vecino, un amigo de la familia “cualquier hombre”, que se aprovecha de la inocencia infantil para abusar sexualmente de una adolescente.
        El embarazo no planeado cambia la vida de toda persona y si es una adolescente la que está embarazada, su vida se trunca y su porvenir se viene abajo. Ahora, ¿Cuál es la reacción más común que se tiene cuando una joven resulta embarazada? Es acusada de promiscua, irresponsable y por lo regular recibe si no un rechazo, un menosprecio social y es “devaluada” socialmente, con un futuro incierto en el cual es más probable que encuentre más hombres que quieran abusar de ella “porque ya la probó”. Triste destino en realidad que en algunos casos conduce al suicidio como la única salida.
        La violencia hacia las mujeres también se da al interior de las familias de formas muy diversas. El hombre que cela a su mujer y le restringe sus libertades, sus amistades, sus salidas de casa. La mujer a la que solo se le asignan las “oportunidades” de casarse y tener hijos, ser esposa y madre de familia. Su cruz es atender al marido, alimentar a sus hijos y cuidar y mantener limpia la casa.
        A la mujer se le asigna por lo regular al ámbito de lo privado, mientras que el hombre considerado el proveedor de la familia disfruta de oportunidades de diversión y esparcimiento “porque es hombre”. ¡Terribles situaciones que se siguen observando en pleno siglo XXI!
        Otro tipo de violencia hacia las mujeres es la explotación sexual de mujeres y niños que se presenta como un mercado floreciente con mayor número de consumidores, una “industria” muy lucrativa que mantiene a una delincuencia organizada que secuestra, golpea, tortura, humilla, viola, explota y vende a mujeres, niñas y niños para satisfacer impulsos sexuales de individuos que no les interesa la situación de la mujer objeto que están penetrando ,mientras les brinde placer sexual.
        Pero el mayor grado de violencia hacia las mujeres es el feminicidio, es decir, el asesinato de una mujer que ocurre por lo regular después de una violación sexual. El número de mujeres asesinadas en México ha aumentado en forma alarmante en lo que va del 2,018, superando cifras de años anteriores.
Según datos de la Secretaría de Gobernación se registra un promedio de dos asesinatos por día y las estadísticas oficiales muestran un total de 402 víctimas durante el primer semestre del año. Las entidades que lideran las estadísticas son el Estado de México con 39 asesinatos, Veracruz con 38, seguido por Nuevo León y Chihuahua, ambos con 30 registros.
Ante esta situación el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), adscrito a la ONU, ha indicado en su más reciente reporte que, pese a los esfuerzos del Gobierno de México aún se requieren adoptar medidas “urgentes” para prevenir, investigar y juzgar las muertes violentas y desapariciones de mujeres en el país. El informe elaborado por 23 expertos indica que las mujeres y niñas mexicanas siguen siendo blancos de la inseguridad, violencia, crimen organizado y tráfico de drogas
En su último balance, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio apunta que la mayoría de las mujeres en México han sido asesinadas de manera brutal, mediante diversos métodos: golpes, estrangulamientos, asfixia, quemaduras, envenenamientos y heridas. “Las víctimas de feminicidio fueron encontradas en espacios públicos como: carreteras, terrenos baldíos, hoteles, bares, hospitales, restaurantes, entre otros. Lo que evidencia el nivel de riesgo e inseguridad que viven las mujeres en estos espacios”, detalla el reporte.
Las cifras de este organismo no gubernamental dibujan una realidad más peligrosa para las mujeres que la que dan a conocer los datos oficiales. Según su información, entre 2014 y 2017 unas 8.904 mujeres han sido asesinadas en México, sin embargo, solo un 30% de los casos fue investigado bajo los protocolos del feminicidio. “En cuanto a la relación de la víctima con su victimario, la información revela que la autoridad desconoce en un número significativo el vínculo entre ambos, lo que evidencia que las investigaciones carecen de diligencias básicas que permitan identificar a los agresores, situación que lleva a que los casos queden en la impunidad”, indica el Observatorio
        Es importante señalar que el feminicidio que se observa en México en nuestros días no es responsabilidad exclusiva de los autores materiales. En realidad existe una corresponsabilidad social en el asesinato de mujeres que no podemos ignorar. Esta corresponsabilidad social podemos encontrarla al observar la forma en cómo educamos a nuestros hijos, de una manera diferente si es hombre o si es mujer, les damos un trato desigual a nuestros hijos.
En esa línea de pensamiento, el intentar psicologizar las muertes violentas de mujeres reduciendo las causas a la motivación individual e historia personal de los victimarios, solo contribuye a ocultar las causas sociales de la violencia hacia las mujeres.
El incremento del feminicidio obedece en realidad a la desigualdad de género que padecemos en nuestra sociedad. Una desigualdad que tiene su origen en el interior de la familia cuando se educa en forma diferente a los niños y a las niñas. Cuando hablo de educación al interior de la familia me refiero al comportamiento cotidiano del padre y de la madre que con su ejemplo contribuyen al aprendizaje informal de cómo se comporta un hombre y cómo se comporta una mujer.
Dando mayor libertad, privilegios y derechos a los hombres, por el simple hecho de ser hombres y mayores restricciones, vigilancia y menos derechos a nuestras hijas por el simple hecho de ser mujeres. Debemos cambiar esta doble moral sexual cuanto antes, porque estamos contribuyendo en forma indirecta al incremento de la violencia hacia la mujer (solo porque es mujer).
Por lo regular el hombre es educado para tener privilegios por el simple hecho de ser hombre y a la mujer se le educa con restricciones en su libertad y oportunidades de desarrollo, promoviendo en ella una mentalidad de sumisión y obediencia al hombre.
La principal cualidad que se estimula en la mujer es su belleza física. "mujer de cabellos largos e ideas cortas".  Esta desigualdad sexual es provocada por la ausencia de programas de educación sexual en nuestras escuelas, en nuestras comunidades, en nuestras instituciones. Necesitamos promover la creación de programas de educación sexual integral que contribuya a la generación de nuevas imágenes de la mujer y del hombre.
Los derechos humanos y sexuales de la mujer son violados constantemente y su figura se reduce a la condición de objeto sexual. La publicidad contribuye a esta discriminación al utilizar la figura femenina como gancho sexual para promover la venta de sus artículos.
La desigualdad de género se observa en el mundo del trabajo al dar mayores oportunidades de desarrollo laboral a los hombres, en las escuelas cuando las mujeres tienen que cumplir con labores del hogar aparte de sus labores de estudiantes, en las calles al ser visibilizadas como objetos sexuales y valoradas en función de sus atributos físicos a quienes se les puede “piropear" y dar insinuaciones de tipo sexual con toda libertad, en el interior de los hogares cuando la mujer es la responsable del cuidado y limpieza de la casa, de la preparación de los alimentos, del cuidado de los niños, de la atención al marido, etc.
No en balde existe ese dicho mexicano que reza:  El peso de un hogar en México no descansa en los cimientos de la casa, sino en los hombros de una mujer.
Necesitamos dejar de ver como algo normal el acoso sexual callejero hacia las mujeres con el piropeo verbal y terminar con el acoso sexual en universidades y oficinas de trabajo.
Debemos empezar a verlo como violaciones a los derechos de las mujeres este tipo de insinuaciones, acercamientos, frotamientos, comentarios y acciones que privan sus derechos a caminar solas tranquilamente por nuestras calles sin que nadie les moleste.
Debemos reflexionar sobre la presencia de una desigualdad sexual en nuestra sociedad que nosotros estamos perpetuando, necesitamos ver que la liberación sexual y social de las mujeres representa también una liberación de los hombres, al dejar atrás el seguimiento de roles sexuales estereotipados que no corresponden a los tiempos actuales que presentan una tendencia a la democratización de nuestras vidas sociales y personales
La manera de lograrlo es a través de la implementación de programas de educación sexual integral que promuevan equidad de género, respeto a los derechos humanos y sexuales de hombres y mujeres. Se requiere la implementación urgente de campañas para sensibilizar a las propias mujeres sobre sus derechos y la importancia de denunciar cualquier violencia de género.
Llegó la hora de que los hombres perdamos parte de nuestros privilegios que disfrutamos por el simple hecho de ser hombres. Es el momento de decir basta, no más violencia hacia las mujeres.
Llegó la hora de que hombres y mujeres unamos nuestras voces para decir a voz en cuello: Ni una más, no mas feminicidios, cero tolerancias a la violencia hacia las mujeres
Llegó la hora de que los hombres comprendamos que es más lo que tenemos que perder si continuamos perpetuando la desigualdad de género. Es el momento de reconocer que la lucha por la democracia, la justicia y la igualdad social conducen de manera inevitable a la democratización de la relación de pareja y de padres e hijos. No puede haber democracia social sin democracia al interior de la familia, sin construir relaciones de equidad entre hombres y mujeres.
Participemos de manera activa, consciente y comprometida en la construcción social de nuevas figuras de la mujer y del hombre en cuyo significado podamos incluir la igualdad de género por la que tanto han luchado hombres y mujeres en el pasado y que todavía se sigue considerando una utopía porque no se refleja en la realidad.
Construyamos una cultura de respeto a los derechos sociales, humanos y sexuales de hombres y mujeres. Una cultura basada en una educación sexual integral que contemple como un requisito indispensable el respeto a los derechos humanos para lograr una salud sexual y un bienestar social.
Los cambios sociales que se viven en el México del 2,018, requieren de cambios a nivel individual tanto en autoimagen, como en la imagen que tenemos de los demás y sobre todo en las imágenes que tenemos de los que significa ser hombre y lo que significa ser mujer.
La nueva figura femenina debe dejar atrás su condición de mujer objeto y asumir su condición de mujer sujeto, la liberación social requiere de la liberación femenina. Sólo de esta forma podremos darle continuidad al proceso de democratización que vivimos actualmente, de tal forma que la democracia llegue hasta sus últimas consecuencias, deje de ser parte exclusiva de lo público y se instale en el ámbito de lo privado  al modificar las relaciones actuales entre hombres y mujeres, para construir relaciones realmente igualitarias, democráticas y caracterizadas por el respeto mutuo.
La liberación social de las mujeres representa la liberación social de los hombres, construyamos juntos hombres y mujeres una nuevo mundo donde realmente prevalezca la democracia, la libertad y la igualdad.  Hombres y mujeres nos necesitamos mutuamente para construir esta nueva sociedad, con nuevas figuras del hombre y de la mujer. Los hombres debemos construir una nueva figura de lo que significa ser hombre, una nueva imagen que se respete a sí mismo, respeta a los demás sin distinción de género y que incluya el conocimiento de los derechos humanos y sexuales de hombres y mujeres. La Historia demuestra que la acción conjunta de hombres y mujeres participando en movimientos colectivos ha sido el motor principal para lograr grandes cambios sociales. Los movimientos colectivos que han dado grandes cambios en la historia de la humanidad no han hecho discriminación alguna por ser hombre o por ser mujer. 
Nos falta dar un cambio más, la lucha continúa y esta incluye la reconstrucción de los géneros con nuevos perfiles igualitarios del hombre y de la mujer. De nosotros depende terminar con la violencia hacia nuestras mujeres, que al final del día representa una violencia hacia nosotros mismos. 

Gilles Lipovetsky: La tercera mujer
Feminicidios en México
La ONU pide a México tipificar el feminicidio en todo el país
Video sobre acoso sexual callejero
INEGI: Niñas de 10 a 14 años dieron a luz a casi 10 mil bebés en 2017
Oscar Yescas Domínguez
La educación en sexualidad humana como contribución al cambio social


domingo, 7 de octubre de 2018


Democracia e independencia sindical
Oscar Yescas Domínguez

     Una de las consignas y objetivos contemplados en la cuarta transformación encabezada por Andrés Manuel López Obrador es la democracia e independencia de los sindicatos de trabajadores mexicanos.
     Considero que plantear esta alternativa es un acto de congruencia con el proceso de empoderamiento del pueblo mexicano que se inició en el pasado proceso electoral y que dio como resultado el triunfo masivo de Morena en la mayor parte del territorio nacional.
     El hecho de que esta alternativa provenga de quien será nuestro próximo Jefe de Estado nos debe estimular para tomarle la palabra y proceder al reforzamiento de nuestras organizaciones sindicales. Recordemos que parte de los millones de votos que se emitieron a favor de Morena provenían de miles de trabajadores que en el pasado formaron parte del llamado “voto corporativo”, que consistía en que los dirigentes de organizaciones obreras decidían por quien votarían los miles de trabajadores que formaban parte de sus organizaciones.
     Pero también recordemos que la crisis social que atraviesa nuestro país no se limita a una crisis económica o una crisis política, sino que enfrentamos una verdadera crisis social que abarca al conjunto de las instituciones que conforman nuestra sociedad.
Una crisis que puede definirse como una crisis en la relación dirigente-dirigido, es decir, una crisis de liderazgo. Esta crisis afecta a todo tipo de instituciones de nuestra sociedad, dentro de las cuales se encuentran los sindicatos mexicanos.
El control social que antes ejercían los líderes corruptos sobre los trabajadores organizados se ha debilitado por la agudización de las contradicciones prevalecientes en la realidad social, dentro de las cuales destacan el incremento de la desigualdad social y el aumento de la corrupción, factores que fueron claves para generar un ambiente de insatisfacción social que alimentó el deseo de cambio social del electorado mexicano.
Este estado de insatisfacción fue también la que generó un incremento de la participación social en la pasada campaña electoral. Al mismo tiempo esta participación social en el contexto de la sociedad red en la que vivimos permitió tomar consciencia de que no éramos unos cuantos los que deseábamos cambiar el sistema político vigente en nuestro país y que en realidad, éramos millones de mexicanos que estábamos hartos del Pri, del Pan, del Prd y de toda la corrupción del anterior sistema de gobierno.
A través de la participación social en la pasada campaña electoral y como resultado de experiencias anteriores de participación civil (no olvidemos las increíbles jornadas de solidaridad y rescate de la ciudadanía mexicana en los días posteriores al sismo del 19 de septiembre de 2,017), el pueblo mexicano inició un proceso de empoderamiento que conisitió en la toma de consciencia de que somos sujetos históricos estábamos construyendo la historia actual con nuestra participación social y en consecuencia podíamos cambiar el rumbo de la historia de nuestro país si actuábamos en forma unida y colectiva.
     Con estas consideraciones es fácil entender que la reconstrucción de México no será lograda a través de la voluntad y acción de un solo hombre, sino que se requiere continuar con la participación social de nuestras comunidades en el análisis, discusión y descubrimiento de alternativas de solución a los problemas que nos afectan a todos en lo general.
     El pueblo mexicano ha dado un gran ejemplo y una gran lección al mundo entero: participando en forma unida, organizada y colectivamente podemos cambiar nuestra realidad social al hacer válida la premisa “Juntos hacemos historia”.
     En este contexto el llamado a la independencia y democratización de los sindicatos que agrupan a millones de trabajadores mexicanos tiene sentido, porque actuando de esta forma nos liberaremos de quienes han traicionado los intereses de los trabajadores al actuar como su “representante” cuando en realidad han actuado como sus verdugos.
     Al mismo tiempo, este llamado a la democratización sindical es un acto de congruencia al proceso de empoderamiento social que vive la población mexicana que ha descubierto que con su participación social y acción colectiva puede contribuir a la transformación social de nuestro país.
     En este contexto se observa que algunas personas están haciendo un llamado al regreso de Elba Esther Gordillo a la dirigencia nacional del Sindicato nacional de trabajadores de la educación (SNTE), acción que considero un gran error que refleja un no aprendizaje de las lecciones de autonomía, independencia y empoderamiento realizado por el pueblo mexicano en el último año y que tuvo su punto álgido el primero de julio pasado en las elecciones presidenciales.
     Pedir el regreso de Elba Esther Gordillo a la dirección del SNTE implica un grave retroceso en el camino recorrido por los trabajadores de la educación en México en tanto que contribuye a construir un vínculo de dependencia de los trabajadores de la educación con una persona que ya ha estado ocupando cargos de dirección nacional en este sindicato y que utilizó su poder para beneficio personal y estuvo involucrada en actos de corrupción.
     Pero lo más grave es que contribuye a menoscabar el proceso de empoderamiento sindical al interior del gremio docente y niega los acontecimientos de la historia reciente en nuestro país.
     Los trabajadores sindicalizados en general y los trabajadores de la educación en particular y de manera más específica los trabajadores afiliados al SNTE deben responder al llamado que la historia nos hace de participar activamente en la democratización de nuestros sindicatos.
     El cambio social que se está dando en nuestro país no podrá ser logrado con la acción de un solo hombre, por más cualidades que tenga Andrés Manuel López Obrador no podrá por sí mismo lograr que el cambio electoral que se dio en nuestro país avance hasta convertirse en un verdadero cambio social que erradique la desigualdad social, la antidemocracia, la corrupción, la impunidad, etc.
     Todo mexicano debe aportar su granito de arena para lograr la reconstrucción de nuestro país, empezando por una revolución de nuestras consciencias que nos permita lograr cambios individuales, partiendo de la premisa de que el cambio social empieza por el cambio individual.
     Necesitamos cambiar nuestra autoimagen, reconocer que tenemos el potencial individual para contribuir al cambio social, aumentar nuestra autoconfianza y pensar que SÍ podemos lograr cambios individuales y cambios sociales.
     Dentro de estos cambios debe encontrarse la expectativa de que de las propias bases de los trabajadores sindicalizados pueden surgir nuevos líderes que sean congruentes con los tiempos actuales que incluyen la participación colectiva de los trabajadores en los procesos de toma de decisiones relevantes para sus organizaciones.
     Debemos cambiar la noción que tenemos acerca del proceso de liderazgo, se nos ha enseñado que el liderazgo es la “capacidad que tiene una persona para influir sobre otras personas para la realziación de un conjunto de actividades que les permitan lograr objetivos comunes”.
     Pero las ciencias sociales que han estudiado el comportamiento humano, concretamente la psicología social, nos ha demostrado a través de la aportaciones de Kurt Lewin y su concepto de dinámica de grupos que el liderazgo es en realidad un proceso de interacción social, similar a la comunicación, la participación, la interacción, etc.
     Partiendo de los estudios científicos sobre las relaciones interpersonales se ha descubierto el proceso de influencia social que consiste en el hecho de que todas las personas nos influimos mutuamente, por medio de nuestra apariencia, nuestra voz, nuestra vestimenta, nuestra forma de hablar, nuestro lenguaje corporal, etc.
     Al reconocer que existe este proceso de interinfluencia en las relaciones interpersonales y al hablar de liderazgo debemos reconocer que el liderazgo más eficaz es el liderazgo de tipo democrático que consiste en el hecho de que se garantice la participación colectiva en los procesos de interacción social y esto incluye la elección de los dirigentes sindicales.
     Pedir que regrese Elba Esther Gordillo es negar nuestra condición de seres sociales, con empoderamiento social y con gran potencial humano. La democracia e independencia social exige que los trabajadores sindicalizados sean ellos mismos quienes tomen sus propias decisiones y construyan su futuro a partir del concepto de autonomía sindical
     No abramos la puerta a un pasado que debemos sellar y liquidar cuanto antes. El pasado de la corrupción y de la impunidad representado por figuras que se caracterizaron por la corrupción no tiene cabida en el momento presente.
     El momento actual es el fortalecimiento de la vida sindical a través de la participación de sus integrantes y la garantía de libertad para elegir libremente a sus dirigentes. México espera hoy en día que los trabajadores de la educación sean congruentes con los nuevos tiempos de democracia e independencia sindical, que permitan defender la educación pública, la escuela pública y los intereses de los trabajadores de la educación.

viernes, 5 de octubre de 2018

Democracia y educación  sexual
Oscar Yescas Domínguez
5/10/18

        A lo largo de la historia la búsqueda de la democracia ha sido el motor principal de varias luchas sociales que han intentado cambiar sociedades en todo el mundo. Junto a la búsqueda de la democracia se han unido otros conceptos que aglutinan detrás de sí verdaderos movimientos colectivos que luchan por institucionalizarlos. Recordemos que la revolución francesa al luchar en contra de la monarquía institucionalizada enarbolaba las demandas de “libertad, igualdad y fraternidad”, en torno a las cuales se aglutinaron los franceses en forma masiva.
La lucha por la democracia, la libertad, la justicia, y la igualdad, son demandas que han reflejado  en su momento la existencia de verdaderas necesidades sociales que la comunidad presenta y busca a través de la lucha colectiva satisfacer esas necesidades sociales compartidas para lograr el bienestar social y elevar su calidad de vida.
En este contexto llama la atención que se incorpora de manera reciente a estas añejas demandas una nueva petición colectiva, un nuevo reclamo social que no estaba presente en el pasado reciente y que cada vez gana más adeptos a su causa, aunque hay que reconocer que ciertos sectores sociales cuando no la rechazan, todavía la ven con reservas.
Me refiero a la demanda de educación sexual que exigen los movimientos colectivos que a nivel internacional luchan contra el feminicidio y la violencia hacia las mujeres, por la despenalización del aborto, por el reconocimiento del matrimonio igualitario y los derechos de homosexuales y lesbianas y por una real equidad de género.
En el transcurso de este año han tenido lugar en varios países movilizaciones colectivas que demandan la despenalización del aborto y por la visibilización del problema del feminicidio. Podemos recordar las multitudinarias movilizaciones realizadas en Argentina y las masivas concentraciones en México en demanda del reconocimiento de que sea la mujer quien decida qué hacer con su cuerpo.
Estas movilizaciones han logrado sacudir a la Iglesia católica que en forma tradicional rechaza la práctica del aborto y condena a las mujeres que lo practican. Recordemos que estas movilizaciones se dan en un momento histórico en el que esta institución religiosa está atravesando una seria crisis al ser cuestionada a nivel internacional por las recientes revelaciones de apoyo brindado a sacerdotes pedófilos que fueron acusados de haber violado a miles de niños dentro de sus instalaciones durante décadas.
Por ello, la credibilidad y aceptación social de la Iglesia católica atraviesa por uno de sus niveles más bajos en su historia y prueba de ello son las “renuncias” masivas a la fe católica presentadas en Argentina después del papel que esta institución jugó para negar la demanda de despenalización del aborto en aquel país.
Recordemos también que la Iglesia católica ha jugado un papel represor de la sexualidad a lo largo de la historia al ubicar la búsqueda del placer sexual como la expresión del pecado y solo aprobar la práctica de la sexualidad dentro de la institución del matrimonio y con fines de reproducción.
Pero ante el izamiento en forma de bandera de lucha de la demanda por una educación sexual, quizá alguien se pregunte: ¿por qué incluir algo tan privado como la sexualidad humana dentro de una demanda pública? Recordemos que fue el aprendizaje que nos legó la llamada revolución sexual de la década de los setentas, cuando los movimientos feministas y  la juventud de aquella época luchaba por la igualdad de los sexos (lo que hoy se conoce como equidad de género), la libertad sexual, el derecho al aborto, el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo, etc.
Su principal legado legado consistió en enseñarnos que la sexualidad humana es el ámbito donde confluye lo personal con lo político, lo privado con lo público y nos demostró que como seres sociales pertenecemos a una sociedad que determina con sus leyes, reglamentos y constituciones la interacción social de sus integrantes y el ejercicio de la sexualidad no es la excepción.
Influyeron en el desarrollo de estos pensamientos colectivos la circulación de libros y autores que empezaron a estudiar el tema de la sexualidad humana como un tema toral para el desarrollo social  y terminaron por descubrir que dentro de principales cadenas de opresión social no solamente se encontraban las de índole económica, sino que en realidad la verdadera opresión eran de índole psicológica.
Las tesis marxistas fueron retomadas y ampliadas para desmenuzar el proceso de control social logrado a través de la ideología. El libro de Louis Althousser Ideología y aparatos ideológicos de Estado jugó un papel determinante para reconocer este proceso de ideologización social  a través del cual se lograba difundir la ideología de la clase dominante.
Pero los libros de Wilhelm Reich fueron los que más aportaron para descubrir el vínculo existente entre la represión de la sexualidad y el control social. Sus libros la lucha sexual de los jóvenes, La función de orgasmo, Psicología de masas del fascismo, etc., cuestionaron duramente la moral existente en la segunda mitad del siglo pasado y su tesis fundamental se resumía en el planteamiento de que la represión de la sexualidad tenía un fin político de control social, porque los individuos reprimidos en su sexualidad invertían su energía en controlar sus impulsos sexuales y de esta manera no tenían energía para realizar actividades de protesta política.
Mucho se puede polemizar en torno a estos planteamientos, pero lo que quiero rescatar en este punto es que los movimientos de liberación sexual del siglo pasado pusieron en el centro de la atención la vinculación existente entre lo personal y lo político. Los movimientos feministas de aquellos años nos mostraron con claridad que  la sexualidad humana era el punto donde confluían lo personal con lo político, lo privado con lo público.
En consecuencia, la lucha por la despenalización del aborto, la lucha por el matrimonio entre personas del mismo sexo, la lucha en contra de la violencia hacia las mujeres y del feminicidio se pueden considerar como luchas políticas.
En esa línea de pensamiento puede afirmarse que la lucha por la democracia, la igualdad y la justicia no pueden desligarse de la lucha en contra de la discriminación sexual, ya que la igualdad social debe incluir una equidad de género.
La lucha por un cambio social debe incluir la lucha por cambiar las imágenes que tenemos acerca de lo que es un hombre y lo que es una mujer. Para construir estas nuevas imágenes de hombre y mujer es necesario destruir aquellas imágenes socialmente aceptadas de lo que es ser hombre y lo que es ser mujer, basadas en rígidos estereotipos que dan como resultado roles sexuales estereotipados, permeados de ideología machista en el contexto de una cultura patriarcal. La construcción de una nueva sociedad basada en la democracia, igualdad y justicia debe incluir un desaprendizaje de los roles sexuales que hemos aprendido a lo largo de nuestra existencia porque éstos perpetúan la discriminación sexual y en consecuencia debemos construir en esta nueva sociedad nuevos modelos, nuevas figuras de lo que significa ser hombre  y lo que significa ser mujer, basados en las premisas del respeto interpersonal y equidad de género.
Toda persona que lucha por la democracia, la igualdad y la justicia en cualquier país, debe empezar por aplicar estos principios al interior de su hogar, en su relación con su pareja, con sus hijos, etc., porque todo cambio social empieza por el cambio individual. No puede lucharse por una democracia social si al interior del hogar existe tiranía patriarcal, machismo y violencia hacia las mujeres.
El reconocimiento de esta necesidad social es lo que fundamenta la demanda de educación sexual como una bandera de lucha en la construcción de una sociedad mejor a la que tenemos actualmente. Una educación sexual que contribuya al conocimiento de los derechos sexuales que toda persona tiene. 
No puede existir un verdadero cambio social y la conquista de la democracia sin pasar por la exigencia de una educación sexual dirigida a toda la población. La importancia de la educación sexual radica en el hecho de que en nuestra convivencia social cotidiana padecemos los efectos de la exclusión social, la discriminación social, etc., las cuales se une la exclusión por motivos sexuales, la discriminación sexual basada en cuestiones de género u orientación sexual, la violencia sexual de la que son objeto las mujeres, las lesbianas y homosexuales, el autoritarismo masculino que se padece en los hogares familiares donde el padre es “el jefe de familia” y quien dice la última palabra, el trato desigual que reciben nuestra niñez y juventud, por su pertenencia a un género determinado, etc.
Pero debemos tener cuidado del modelo de educación sexual que elijamos promover en nuestras comunidades, porque la tendencia que se observa es aceptar programas de educación sexual pero enfocados dentro de la educación para la salud reproductiva, los cuales solo incluyen contenidos relacionados con la reproducción y formas de evitarla. Refieren factores individuales como los únicos importantes, dejando de lado los aspectos sociales, culturales e inclusive económicos. El resultado es la promoción de un modelo de sexualidad androcéntrica, heterosexual y genitalista.
La sexualidad se equipara a enfermedad como algo que se tiene que curar y se legitima un solo tipo de relación: el de la pareja heterosexual y monógama, silenciando la sexualidad femenina, privilegiando la práctica del coito como la más valiosa.
Los programas de educación sexual deben evitar la biologización o la psicologización y la manera de lograrlo es retomar un modelo integral de sexualidad humana que reconozca los aspectos biológicos, psicológicos y sociales.
Una educación sexual integral nos permite reconocer la gran diversidad sexual que existe en nuestros días y cuando hablamos de diversidad sexual no nos referimos a homosexuales y lesbianas en forma exclusiva. La diversidad sexual  contemporánea incluye a heterosexuales, homosexuales, lesbianas, transexuales, etc.
Una educación sexual real debe inducirnos a una reflexión crítica acerca de nuestras actitudes, creencias y vivencias relacionadas con el ejercicio de nuestra sexualidad, para lograr un autoconocimiento y autoaceptación que conduzca a un empoderamiento individual y colectivo. Debemos desaprender mucho de lo que nos han enseñado para reconstruir nuevas imágenes de lo que significa ser hombre  o ser mujer. Una educación sexual permite avanzar en el proceso de autoconocimiento y autoaceptación, además permite una aceptación de los demás dentro de un marco social establecido.
Una educación sexual integral se define como un proceso de cambio personal y cambio social. La verdadera educación sexual integral permite cambios de actitudes y valores humanísticos. Genera seguridad, propicia la autonomía, el juicio crítico, la convivencia enriquecedora.
Una educación sexual integral permite educar a las personas acerca de su condición de ser humano con derechos sexuales tales como: libertad sexual, autonomía sexual, privacidad sexual, igualdad sexual, placer sexual, expresión sexual, asociación sexual, derecho a información sexual y sobre todo el derecho a hacer elecciones reproductivas y responsables (Declaración sobre los derechos sexuales. Congreso de la ASOCIACIÓN mundial de Sexología realizado en Valencia, España en 1997 y ratificada en Hong Kong en 1999).
Este es el fundamento teórico y legal que impulsa los movimientos actuales que luchan por la despenalización del aborto a nivel internacional, ya que están en sintonía con el derecho de toda persona a la autonomía sexual, a la libertad de tomar elecciones reproductivas libres y responsables, el derecho a decidir qué hacer con su cuerpo sin dejarse influir sobre los demás.
Detrás de estos movimientos que demandan educación sexual está una masa de conocimientos científicos derivados de múltiples investigaciones que han logrado desmitificar el tema de la sexualidad humana y han concluido en la redacción de una declaración de derechos sexuales. La educación sexual integral es hoy una respuesta al derecho sexual de toda persona de recibir información sexual basada en investigaciones científicas.
La educación sexual es hoy una demanda social que debe enarbolarse por todo luchador social (hombre o mujer) que aspire a construir un mundo en donde realmente impere la democracia, la justicia y la igualdad social. Apoyemos el cambio social educándonos en sexualidad humana para construir una sociedad basada en un verdadero respeto hacia todas las personas  sin discriminación alguna.

https://www.uaeh.edu.mx/docencia/VI_Lectura/licenciatura/documentos/LECT101.pdf.

https://sxlgsf.org/declaracion-universal-de-los-derechos-sexuales/

Yescas, Oscar: Notas para comprender la sexualidad humana

https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/notas-para-comprender-la-sexualidad.html

Yescas, Oscar: La educación en sexualidad humana como contribución al cambio social

https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/la-educacion-en-sexualidad-humana-como.html

Yescas, Oscar: Conferencia de educación en sexualidad humana. https://oscaryescasd.blogspot.com/2018/10/conferencia-educacion-en-sexualidad.html

Yescas, Oscar: Notas sobre la condición femenina

https://oscaryescasd.blogspot.com/2018/10/notas-sobre-la-condicionfemenina-desde.html

Yescas, Oscar: El aborto como derecho humano de toda mujer

https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/09/elaborto-como-derecho-humano-de-toda.html

Yescas, Oscar: La prostitución: Mal necesario?

https://oscaryescasd.blogspot.com/2018/09/la-prostitucion-mal-necesario.html

Yescas, Oscar: La revuelta feminista en México

https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/08/larevuelta-feminista-en-mexico.html

Yescas, Oscar: La construcción social de la equidad de género

https://oscaryescasd.blogspot.com/2018/10/la-construccion-social-dela-equidad-de.html

Yescas, Oscar: En defensa de las mujeres

https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/08/endefensa-de-las-mujeres-oscaryescas.html


jueves, 27 de septiembre de 2018


La “revolución sexual” de la pornografía
Oscar Yescas Domínguez


Durante la convulsionada década de los sesentas se iniciaron una serie de movimientos sociales que protestaban contra el racismo, exigían mayor democracia, más libertad menos autoritarismo, igualdad entre hombres y mujeres, luchaban por derechos para homosexuales y lesbianas, etc.
En las décadas de los setentas y ochentas estos movimientos contestatarios continuaron y el entorno social experimentó una serie de cambios radicales que vinieron a revolucionar las condiciones de vida, los procesos de trabajo y las relaciones interpersonales. En gran medida, varios de estos cambios obedecían al surgimiento de una nueva crisis de la ideología dominante de corte autoritario, enfrentada a un incremento de la movilización de grandes masas de la población que exigían una mayor participación en las diferentes instancias de la vida social, sobre todo en el proceso de toma de decisiones.
El momento cumbre de las protestas a nivel mundial se dio en 1968, cuando  miles de jóvenes de varios países (Francia, Checoslovaquia, Estados Unidos, México, etc.,) se movilizaron simultáneamente para cuestionar el metaaprendizaje adquirido en su formación como profesionales de línea vertical, adiestrados en el manejo de un estilo de liderazgo basado en una filosofía autócrata.
El movimiento juvenil de vanguardia que tuvo sus máximas expresiones en el hippismo norteamericano, en las protestas contra la guerra en Vietnam, en la difusión de la música de rock y en el surgimiento de una cultura "underground" que rechazaba los valores establecidos del "american way of life", resultó ser un verdadero movimiento contracultural, de corte antiinstitucional y creador de su propia cultura que incluía valores que rechazaban el materialismo vulgar inherente al consumismo.
       Todos estos movimientos sociales se caracterizaban por la irrupción de la palabra de las masas en contextos anteriormente vedados, lo cual puso en crisis a la ideología social que confundía autoritarismo con buen liderazgo por lo que tenían como denominador común la lucha en contra del autoritarismo prevaleciente en aquella época en la que se inculcaba ante todo la obediencia de parte de los hijos para con sus padres, de parte de la mujer para con su marido, de parte de los alumnos hacia su maestros, etc.
       Dentro de estos movimientos destacó el de liberación sexual, que se le denominó la “revolución sexual” porque incluía una redefinición de las figuras masculina y femenina, un cambio de lo que se consideraba “ser hombre” y “ser mujer”. Buscaba romper los roles sexuales rígidos y estereotipados prevalecientes y lograr una igualdad de derechos sociales, civiles y sexuales, pero sobre todo luchaba en contra de la represión de la sexualidad que existía en aquella época.
       Fueron verdaderos movimientos contraculturales que se oponían a la cultura dominante y provenían de grupos sociales emergentes que construían una identidad propia en la medida que crecía la participación en estos movimientos contestatarios.
       Era un contexto histórico sociocultural en el cual el ejercicio de la sexualidad era aceptado socialmente solo si realizaba dentro de la institución del matrimonio.    Las relaciones sexuales prematrimoniales no eran aceptadas socialmente y las mujeres que llegaban a practicarlas eran desvalorizadas ante los demás.
La llamada revolución sexual se caracterizaba por la irrupción de los jóvenes en la escena social exigiendo la libertad para elegir donde, cuando y con quien ejercer libremente su sexualidad. Sus demandas incluían la libertad de elegir su guardarropa sin ser cuestionados, donde las mujeres pudieran usar minifalda o pantalones cortos, lo hombres el cabello largo sin ser tratados como afeminados.
Este movimiento social sin fronteras  se dio en forma masiva e imparable al grado de generar una contracultura que se oponía a la cultura conservadora y autoritaria y que enarbolaba la libertad de expresión, de vestimenta, de orientación sexual y libertad para ejercer la sexualidad en forma autónoma sin restricciones, como las demandas legítimas de parte de un sector amplio de la juventud de aquella época.
       La cerrazón y el autoritarismo con el que fueron recibidas las demandas de la juventud de aquella época solo lograron expandir las expresiones de protesta y radicalizar algunas posturas de tal forma que  algunos comportamientos se retomaron como parte del nuevo estilo de vida en franca provocación a las figuras de autoridad.
       De esta forma, el usar el cabello largo por parte de los hombres era una manifestación de rebeldía ante la autoridad y no tenía ninguna relación con la finalidad estética con la que hoy se usa el cabello largo en los jóvenes contemporáneos. El uso del cabello largo por parte de los jóvenes enfrentó respuestas represivas por parte de padres de familia, maestros de escuelas y policías que detenían a los jóvenes en las calles solo por el hecho de traer el cabello largo.
El usar minifalda o pantalones por parte de las mujeres también fue rechazado y reprimido por las respectivas figuras de autoridad en los diferentes ámbitos de convivencia social, pero la rebeldía juvenil se sostenía y con el paso del tiempo se lograron imponer lo que en aquellos tiempos se consideraban “modas pasajeras” pero que el tiempo ayudó a demostrar que en realidad eran expresiones contraculturales que venían a establecerse de manera permanente en el repertorio de comportamientos sociales.
En el contexto del conservadurismo en el inicio de la segunda mitad del siglo XX, la virginidad era un valor muy apreciado socialmente, de tal forma que la figura de la mujer joven se valoraba en función de si su himen permanecía intacto o había sido desflorado. Las mujeres que no eran vírgenes se les consideraba indignas de ser llevadas al altar y contraer matrimonio con ellas porque la ausencia de virginidad era considerada como sinónimo de promiscuidad sexual o de “mujer fácil”.
Como integrante de aquella generación que vivió su juventud en la década de los setentas, participé activamente en los movimientos juveniles de aquella época y compartí con miles de amigos, compañeros, conocidos y desconocidos el deseo de cambiar el mundo que nos rodeaba. Deseábamos cambiar el mundo y deseábamos ser agentes activos de la transformación social, marcando la diferencia con las generaciones que nos antecedieron.
       Con ese objetivo en mente elegí estudiar Psicología, para actuar como agente de cambio social utilizando la ciencia y el método científico para contribuir a la transformación de nuestra realidad social.
Ese ha sido la motivación que ha guiado mi comportamiento durante las últimas décadas y con esa intención durante los últimos diez años he publicado infinidad de artículos con el objetivo de participar en la lucha ideológica, romper la hegemonía de la ideología de la clase dominante y lograr la concientización de la población acerca del origen social de sus problemas personales y contribuir a su empoderamiento individual, grupal y comunitario.
Una y otra vez he comprobado que la palabra escrita es mucho más eficaz que el uso de las armas para lograr la liberación social, para contribuir al cambio de los individuos, de los grupos, de las organizaciones y de las comunidades.
       En este proceso de producción de artículos y su posterior publicación he percibido que los artículos que son más leídos y que despiertan más interés son aquellos en los que toco el tema de la sexualidad humana. Esto fue mucho más claro cuando publique mi último artículo en mi blog personal titulado: “La prostitución: ¿un mal necesario?”
ya que en solo cinco días de haber sido publicado este artículo lleva hasta el momento que escribo estas líneas, 814 lecturas por parte de quienes siguen mi blog.
       Observando el polígono de frecuencias de las visitas a mi blog veo que en estos últimos los accesos a mi espacio virtual en la blogosfera se dispararon en forma considerable y buena parte de ese aumento cuantitativo se concentraron en el artículo que menciono.
Con estas cifras en mente confirmo que el tema de la sexualidad humana siempre despierta un interés inusitado  en todas las personas, pero al mismo tiempo, veo que este interés continúa manteniéndose reservado, oculto, disfrazado, no reconocido porque aunque parezca increíble, el tema de la sexualidad humana sigue siendo considerado tabú en pleno siglo XXI.
Desde una perspectiva psicosocial puedo decir que este interés generalizado en los temas relacionados con la sexualidad humana se genera por la necesidad social que existe acerca de información científica y objetiva sobre la misma, es decir, existe una demanda social implícita de información sobre la sexualidad humana. También podría decirse que este interés obedece a que existe una insatisfacción generalizada en la práctica sexual contemporánea.
Lamentablemente esta demanda social implícita de educación sexual encuentra el silencio y negativa de las instituciones gubernamentales y educativas, para incluir programas de educación sexual en los diferentes niveles de educación formal y esto sucede porque lamentablemente el tema de la sexualidad humana sigue generando incomodidad, porque  el sólo hecho de conversarlo sigue siendo considerado tabú por un sector amplio de nuestra sociedad.
Esto lo he comprobado de manera reiterada en los cursos que sobre educación sexual he estado impartiendo en el departamento de psicología y Comunicación de la Universidad de Sonora, cuando veo las dificultades, turbación, ansiedad e incomodidad que los estudiantes muestran al tocar el tema de la sexualidad.
Esto sucede en parte porque en nuestro sistema educativo formal los temas de educación sexual se encuentran ausentes o revisados de manera ligera o incompleta. Así podemos ver que cuando se incluyen contenidos sobre sexualidad humana en ciertos programas educativos, éstos se enfocan a la difusión de un modelo de  sexualidad reproductiva y se limitan a la promoción de información sobre métodos anticonceptivos.
Un primer vistazo a este panorama nos podría conducir a la afirmación de que ante la existencia de esta demanda de información sobre sexualidad humana no existiera educación sexual, afirmación que es parcialmente cierta ya que de manera más precisa podríamos decir que no existe educación sexual formal, pero debemos reconocer que sí existe un tipo de educación sexual que es informal.
¿Por qué digo esto?, porque se observa que existe por un lado esta demanda implícita de educación sexual en todos los niveles y por otro lado se observa en medios masivos de difusión, revistas, internet y redes sociales un alud de mensajes con contenido sexual.
Recordemos que existen dos tipos de aprendizaje, el aprendizaje formal que se realiza en las instituciones de educación formal (Primaria, Secundaria, preparatoria, Universidad, etc.). Son instituciones diseñadas para proporcionar educación formal a nuestras comunidades, basadas en experiencias estructuradas de aprendizaje, es decir, mediante programas diseñados en base a tecnología educativa.
Es un tipo de aprendizaje que implica la presencia de un experto (el maestro), una institución educativa (la escuela o universidad),  el uso de libros y la aplicación de un sistema de evaluación.
Por otro lado, existe un aprendizaje informal que consiste en el hecho de que aprendemos en cualquier lugar, con cualquier persona y en cualquier momento. Este aprendizaje se puede dar en casa, en la calle, con los grupos de amigos, observando la televisión, navegando en internet, etc.
Continuando con el tema del aprendizaje de la sexualidad, podríamos decir que en contexto actual del desarrollo tecnológico que implica la  proliferación de teléfonos celulares, redes sociales e internet, las nuevas generaciones de adolescentes y jóvenes, aprenden la mayor parte de su conocimiento sobre sexualidad a través de a través de internet debido a que como plantea el sociólogo Manuel Castells: “La sociabilidad se da hoy en internet”.
El problema radica en el hecho de que en la web se difunde un modelo de la sexualidad humana que se restringe a un modelo genital, ya que la  difusión de material sexualmente explícito, conocido comúnmente como pornografía, reduce la sexualidad humana es al sexo, a la actividad sexual, al ayuntamiento de genitales.
Dejan de lado los un enfoque integral de la sexualidad humana que contempla aspectos biológicos, psicológicos y sociales.
Cualquier persona puede comprobar que existe una cantidad infinita de páginas que nos proporcionan un alud de información de tipo sexual. Basta con ingresar a la web y de manera hasta involuntaria se topa uno con páginas dedicadas al sexo.
En tan sólo pocos años el desarrollo de la tecnología nos ha abierto numerosas fuentes de información con contenido sexual. Estas fuentes de información están accesibles a todo tipo de público y los principales usuarios de internet y redes sociales son adolescentes, jóvenes y adultos.
En este contexto de desarrollo de la tecnología con su fluidez de la información y acceso masivo a la misma, cabría plantear las siguientes preguntas:
¿Este alud de imágenes de contenido sexual que nos proporciona internet representa una continuación de la revolución sexual iniciada en los setentas?
¿Contribuye la difusión masiva de este tipo de información a satisfacer la demanda social que existe sobre información científica de la sexualidad humana?
¿El material sexualmente explícito (pornografía) que circula en internet puede ser considerado parte de una educación sexual?
Mi respuesta ante estas interrogantes es totalmente negativa para cada una de ellas porque lo que estamos recibiendo a través de estos medios de difusión de material sexualmente explícito es un modelo reducido de la sexualidad humana a su expresión genital.
La llamada pornografía no representa revolución sexual alguna y lo que en realidad provoca es el uso de la sexualidad como una mercancía más que se vende, en donde la figura de la mujer se reduce a la condición de un objeto sexual que es valorado en función del tamaño de sus senos, glúteos y disponibilidad sexual.
Representa en los hechos una enajenación de la sexualidad y está muy lejos de representar un modelo científico de la sexualidad y con la difusión de materiales sexualmente explícitos solo contribuye a agudizar los problemas que presenta en nuestra sociedad contemporánea el ejercicio de nuestra sexualidad: violencia hacia las mujeres, violación de niñas y mujeres, acoso sexual callejero, feminicidio, enfermedades de transmisión sexual, embarazo en adolescentes, madres solteras, actitudes homofóbicas, etc.
Es un verdadero problema colectivo cuya solución requiere de una responsabilidad social que es compartida por padres de familia, autoridades educativas y educadores.
Los padres de familia deben responsabilizarse del uso que sus hijos le dan a sus dispositivos móviles y a internet, deben abrir puentes de comunicación con sus hijos para tocar el tema de su desarrollo psicosexual y dejar que la principal fuente de información sexual siga siendo internet. Deben tomar conciencia de que en su vida cotidiana actúan como modelos de aprendizaje sexual donde sus hijos aprenden a comportarse como hombres o como mujeres.
Las autoridades educativas no deben seguir ignorando esta demanda social de impulsar programas de educación en sexualidad en todos los niveles del sistema de educación formal y deben tomar cartas en el asunto preparando las condiciones para presentar una oferta educativa. Los planes de estudio deben incluir materias relacionadas con la educación sexual en todos los niveles.
Las autoridades gubernamentales deben impulsar programas de capacitación en educación sexual como acción obligatoria en todas las instituciones gubernamentales y organizaciones privadas.
En el caso de los educadores nos toca reconocer esta demanda social sobre la sexualidad humana para prepararnos y plantearnos la necesidad de formar educadores sexuales que actúen como agentes de cambio social y satisfagan esta demanda de educación sexual que experimenta nuestra comunidad.
La tarea es colectiva, no es responsabilidad exclusiva de un solo sector y actuando de esta manera podremos reducir los efectos negativos de la difusión de un modelo genital de la sexualidad, para promover el conocimiento de un modelo integral de la sexualidad humana que tenga como parte de sus objetivos centrales cambiar las figuras que hoy se conocen como lo que significa “”ser hombre” y “ser mujer”, difundir la existencia de los derechos sexuales que tiene toda persona y reconocer que en nuestra sociedad existe una amplia diversidad sexual
Sólo de esta manera podremos contribuir a lograr una cultura de respeto, de equidad de género y terminar con la discriminación sexual que hoy existe. Finalmente quiero decir que la foto que acompaña este artículo es la del grupo que actualmente cursa la materia Educación en sexualidad humana, que imparto en la universidad de Sonora en el semestre 2,018-2