En
busca de los sueños robados
Oscar
Yescas Domínguez
24
de julio de 2026
La
vida es como un sueño que se vive en varias etapas de desarrollo psicosocial
que vivenciamos como si fueran temporadas de una serie de televisión, en los
primeros capítulos la mayoría disfrutamos “una vida de sueño” por vivir una
infancia placentera, pero en la medida que crecemos, cambia la percepción de la
vida como si esta fuera una nueva temporada y desde la adolescencia se presentan momentos de
crisis de identidad, que en la juventud se convierte en una crisis ocupacional
al desempeñar roles asignados (estudiante o trabajador) y en la vida adulta
aumenta la presión de cumplir con responsabilidades de diversa índole.
Nuestra
existencia no es una historia lineal porque dentro de la misma hay momentos de
alegría, tristeza, diversión, sufrimiento, dolor y placer, de tal forma que
ciertos capítulos de nuestras vidas se caracterizan por la existencia de momentos
oscuros que vivimos como si estuviésemos en una pesadilla de la cual
quisiéramos despertar.
En
el contexto de la crisis global que incluye una crisis económica permanente, la
normalidad de millones de personas se caracteriza porque sienten que en lugar
de vivir, están constantemente esforzándose para sobrevivir, llegar a fin de
mes para pagar deudas que resultan impagables por las altas tasas de interés y seguir
viviendo con una sensación de levantarse cada día para continuar empujando una
pesada roca cuesta arriba como si fueran Sísifos modernos condenados a trabajar
como esclavos modernos que terminan de pagar una deuda cuando ya adquirieron
nuevas deudas que los condenan a ser explotados la mayor parte de sus vidas (1).
Las
noches representan un momento de descanso de relajación porque cuando dormimos
nos desconectamos de una realidad difícil que con frecuencia nos borra la
sonrisa de nuestro rostro, pero al dormir en la privacidad de nuestras
habitaciones, nuestra imaginación y libertad de pensamiento nos permite abrigar
la esperanza de que el siguiente día será mejor que el que está terminando y quien
nos vea durmiendo podría pensar que el desenchufe es total porque al estar
dormidos no presentamos actividad física evidente (salvo parpadeos, movimientos
leves y eventuales ronquidos).
Pero
debajo de las apariencias, la actividad física es sustituida por una actividad
psicológica llamada sueños nocturnos, porque todas las personas tenemos sueños
en las noches, algunos quizá dirán que no sueñan porque no recuerdan haber
soñado cuando despiertan, pero la actividad onírica no deja rastros porque
cuando despertamos entra en acción un mecanismo de defensa psicológico llamado
represión que sepulta los sueños que tuvimos en los recovecos más profundos de
nuestra mente y por esa razón nuestra mente “se resetea” y olvidamos todo aquello
que soñamos.
Sigmund
Freud describió esto de manera clara en su libro La interpretación de los
sueños (2), donde explicó que los sueños son la expresión alucinatoria
de deseos y temores inconscientes que están reprimidos y que cada sueño tiene
un significado que puede ser interpretado con la ayuda de un terapeuta
profesional, en esa línea de pensamiento afirmó que todo sueño representa el
cumplimiento alucinatorio de un deseo reprimido y ubicó el contenido de los
sueños en dos niveles: el contenido manifiesto (lo que soñamos y logramos recordar)
y el contenido latente (el verdadero significado que está oculto y al cual solo
se accede después de una interpretación analítica).
Con
su aportación sobre la interpretación de los sueños, Freud abrió las puertas
para transitar por un camino seguro que permitió acceder a algo desconocido en
aquel momento y que denominó el inconsciente, porque los sueños representan
impulsos reprimidos, experiencias traumáticas o acontecimientos de gran
significado que no son aceptados socialmente, pero cuando dormimos la represión
se relaja permitiendo que los contenidos que estaban oprimidos en el
inconsciente afloren, pero aun cuando se liberen a través de los sueños, su
significado real se presenta en forma distorsionada porque enfrentan una
“censura onírica” que deforma el contenido de los sueños presentándolos en
forma disfrazada para darles una estructura que escapa a toda lógica pero que
tiene el objetivo de seguir ocultando los deseos que son perturbadores.
Precisando
los conceptos, podemos decir que el sueño es el estado fisiológico de reposo y
la actividad onírica es el acto de soñar (imágenes y sucesos) que
experimentamos al dormir. Para descifrar el contenido latente de la actividad
onírica, Freud desarrolló el método de la asociación libre de ideas, donde el
paciente expresa lo que le viene a la mente sobre el sueño sin censura y el
terapeuta calificado le ayuda a encontrar el significado de imágenes sin
sentido vinculándolas con experiencias de la vida real. Una recomendación que
hacen los terapeutas es que al momento de despertar anotemos todo aquello que
recordemos del sueño antes de que lo olvidemos por completo.
La
interpretación de los sueños juega un papel importante en la terapia individual
porque permite identificar los significados de las imágenes que aparecen dentro
de los mismos y el objetivo terapéutico en la terapia psicoanalítica es vincular
el significado real de los sueños con las emociones reprimidas, las experiencias
traumáticas que por su intensidad fueron desplazadas de nuestra consciencia,
pero no desaparecidas y que afectan el equilibrio emocional. Siguiendo ese
camino, se puede avanzar en el conocimiento del mundo interior de las personas,
liberarse de síntomas que afectan su salud física y mental, de tal forma que
puedan retomar el control el control de sus vidas.
Sin
embargo, a pesar de que todos soñamos, el mundo de los sueños está ausente en
la enseñanza de la psicología académica contemporánea, porque se rechaza la
teoría psicoanalítica debido a que en las universidades predomina la enseñanza
de la psicología conductista, corriente psicológica que ha sido elevada en un
falso altar de conocimiento objetivo por su empeño en aferrarse a la premisa
positivista que sostiene que el conocimiento científico debe ser medible,
observable y cuantificable.
Debido
a la hegemonía de ese enfoque en las universidades contemporáneas, las nuevas
generaciones de psicólogos están siendo (de)formados en un triple error
epistemológico, el primero consiste en incurrir en un reduccionismo psicológico
al atreverse a intentar explicar el comportamiento humano sólo con las
aportaciones de una ciencia que es la psicología enfocada en el individuo, sin
considerar que el ser humano es un ser social cuyo comportamiento se ve
influido por variables económicas, tecnológicas, políticas, sociológicas, etc.
El
segundo error es caer en el corrientismo psicológico al casarse con una
corriente de la psicología y rechazar a todas las demás corrientes
psicológicas, sin tomar en cuenta que la psicología es como si fuera un gran
árbol del cual se desprenden varias ramas o corrientes de la psicología y cada
corriente lleva el apellido de psicología, tal como lo planteó Ian Parker en su
libro La psicología como ideología (3) y en la intervención psicosocial,
la realidad obliga a usar técnicas psicológicas provenientes de varias
corrientes de la psicología.
El
tercer error es que los psicólogos modernos han sido reducidos a la condición
de técnicos o funcionarios del consenso que ignoran las causas de los problemas
sociales, como denunció el psiquiatra italiano Franco Basaglia en su libro Los
crímenes de la paz, en el cual compartió su investigación sobre los
intelectuales y los técnicos como servidores de la opresión (4).
Los
psicólogos actúan generando un consenso de aceptación a las condiciones
sociales al reducir las causas de los problemas sociales al comportamiento
individual porque intervienen concentrados en los estrechos márgenes de la
psicología individual, intentan explicar el comportamiento humano considerando
sólo los factores que determinan la psicología del comportamiento individual y
desconocen la influencia de lo social sobre el comportamiento de cada persona.
Olvidan
que la psicología es una disciplina que forma parte del conjunto de ciencias
sociales y esto lo describe con gran claridad el psicólogo español Amalio
Blanco en el primer capítulo de su libro La intervención psicosocial, cuando
señala que “todas las disciplinas sociales fueron creadas con un fin
eminentemente práctico y moral que consiste en dar respuesta a las necesidades
y contribuir a resolver problemas sociales que afectan la vida cotidiana de los
seres humanos” (5).
En
esa línea de pensamiento, es importante tomar como punto de partida aquella declaración
de Sigmund Freud en la que afirmó que las diferencias entre una psicología
individual y una psicología social son superficiales y declaró: “la psicología
desde un principio y hasta el final, es una psicología social” escrita en su
libro Psicología de las masas y análisis del yo (6), porque nos permite
pasar de un psicoanálisis individual y de una psicología centrada en el
individuo a un socioanálisis que contemple el análisis de diferentes ámbitos de
convivencia social para identificar el impacto de la sociedad sobre el
comportamiento individual y viceversa.
Del
conjunto de disciplinas sociales, resaltan las aportaciones de la psicología
social para desarrollar una tarea de tal complejidad, porque su objeto de
estudio puede definirse como el estudio de la interinfluencia que existe entre
el individuo y la sociedad, retomando diferentes niveles de análisis como el
análisis del grupo (psicología de los grupos), el análisis de las
organizaciones (psicología de las organizaciones), el análisis de las
comunidades (psicología comunitaria) y el análisis de la sociedad en su conjunto.
En
este marco teórico y continuando con el tema de los sueños, podemos observar
que más allá de la actividad onírica nocturna que todos compartimos, en el
horizonte social también existen sueños diurnos porque cada individuo sueña
diariamente con una vida mejor para sí mismo y para su familia, estos sueños
llegan a ser colectivos porque millones de personas construyen sueños en sus
vidas cotidianas, sueños que también están motivados por deseos, expectativas y
necesidades que desean satisfacer y que tratan de hacer realidad con verdadera
motivación y gran esfuerzo.
Pero
estos sueños diurnos no se limitan a ser fantasías, ilusiones o ensoñaciones
porque pueden ser planes de vida con metas específicas que se pretende lograr
paso a paso y en un contexto de crisis social, estas ideas de mejoramiento
individual pueden representar algo idealista o irreal, pero eso no evita que aun
cuando estemos despiertos soñamos con un mundo mejor, por lo que estamos
hablando de experiencias oníricas lúcidas.
A
diferencia de los sueños nocturnos, los sueños diurnos (soñar despierto) son
pensamientos conscientes y voluntarios que se presentan de día, cuando los
individuos están plenamente conscientes de las circunstancias en las que se
encuentran en un mundo en el cual la desigualdad social crece día a día, pero ser
objeto de marginación o sufrir explotación laboral no impide que millones de
personas tengan la capacidad de imaginar un mundo diferente y deseen tener una
mejor vida que la que se tienen en el momento de estar soñando.
Otra
diferencia de los sueños diurnos con los sueños despiertos es que la toma de consciencia
por parte de los individuos de la realidad excluyente en el que viven, actúa
como una fuerza motivacional que les empuja a seguir hacia adelante para salir
de ese estado de marginación manteniendo una actitud de superación que la aleja
del conformismo generalizado que comparte una mayoría marginada.
Estos
sueños diurnos alimentan la esperanza de que existen alternativas de cambio
social, les brindan un sentido para seguir viviendo y actuando de manera
diferente a quienes se resignan y conforman con una vida de infelicidad y
sufrimiento, permiten que estos ensueños lleven de la mano a los soñadores por
un viaje irrefrenable en el cual fantasean con un mundo que todavía no existe
pero que pueden construir si actúan en forma diferente a una mayoría entregada
al conformismo, obediencia, ignorancia y pasividad social.
Los
sueños diurnos representan las ilusiones, fantasías o anhelos que se presentan
como pensamientos imaginativos en estado de vigilia, es a lo que se llama soñar
despierto, o usar la imaginación para pensar en algo tan ideal y maravilloso
que parece irreal. De la misma forma que todas las personas sueñan en las
noches, también todas las personas tienen sueños conscientes, es decir, todos
nos ilusionamos, fantaseamos o anhelamos algo con vehemencia personal.
Yo
mismo me reconozco como un soñador despierto, de joven soñé con estudiar
psicología motivado por un fuerte sentimiento de ayudar a las demás personas.
Tenía una fuerte motivación que provino de mis lecturas de juventud y mostrando
gran compromiso personal logré alcanzar esta meta que fue un sueño en su
momento. En mi juventud jamás imaginé que en mi vida adulta tendría un trabajo
de ensueño en el que me pagaran por hacer lo que más me gusta: leer, estudiar,
investigar y enseñar, dedique 33 años de mi vida a trabajar como maestro de
tiempo completo ocupando el puesto de profesor-investigador.
Toda
mi vida he soñado con contribuir a un cambio social y construir un mundo
diferente al que vivimos, en mi artículo La revolución de las consciencias
publicado en el 2014 describí varios ejemplos de sueños que guiaron mi
comportamiento a lo largo de mi vida (7): un mundo donde exista igualdad
social, donde realmente la democracia impere, donde la justicia sea para todos
y que no se venda al mejor postor, donde exista libertad de expresión, de
movilización y de manifestación, donde no exista la pobreza, donde no haya
discriminación por condiciones económicas, raciales, sexuales o de orientación
sexual, un mundo donde los recursos públicos no sean robados por quienes nos
gobiernan y el presupuesto sea realmente destinado para obras públicas y
sociales que satisfagan las necesidades de la población.
Todo
eso y más se presentan en mi actividad onírica diurna, lo curioso es que mis
sueños se presentan tanto de día como de noche, ya sea dormido o despierto y al
igual que John Lennon quien también fue un soñador, sé que no soy el único
porque tengo la certeza de que estos sueños que aspiran a construir una
verdadera democracia, a recuperar la igualdad social y conquistar una auténtica
justicia social, son compartidos por millones de personas en México,
Latinoamérica y el mundo entero.
Lo
puedo percibir cuando veo que surgen movimientos colectivos en todo el mundo,
movimientos sociales en los que participan personas que luchan en contra del
autoritarismo, en defensa de derechos que son violados y le ponen el pecho a
los gobiernos de derecha que han tomado el poder. Sin conocer a quienes luchan
en Argentina, Colombia, Chile, Francia, España, Inglaterra, Estados Unidos,
etc., me siento ligado a esas multitudes porque el vínculo que nos une es soñar
con un mundo en el que las palabras democracia, justicia, libertad, igualdad se
reflejen en la vida cotidiana.
Lamentablemente,
millones de sueños individuales son capturados por un enorme atrapasueños que
es el neoliberalismo, que mantiene a una inmensa mayoría marginada atrapada
como moscas en una telaraña que es la creciente desigualdad social, debemos
reconocer que el neoliberalismo es el rostro de un capitalismo salvaje que roba
los sueños de niños, jóvenes, adultos y ancianos, los destroza con un “golpe de
realidad”, arruina las esperanzas de cambio individual y social. Las reformas
neoliberales eliminaron el futuro de las nuevas generaciones, sus sueños de
jubilarse, recibir una pensión decente y tener una vejez digna se difumina cada
día, y los envuelve en una sensación de desamparo porque creen que no hay
alternativas y dejan de soñar o imaginar un mundo diferente al que nos tocó
vivir.
Vivimos
en el contexto de una policrisis de múltiples dimensiones (económica, política,
ecológica, psicológica, etc.) que se agudiza con conflictos militares, guerras
comerciales que hacen que la vida se viva como una verdadera pesadilla y esta
sensación provoca epidemias de depresión, de creciente soledad, incremento en
el número de suicidios y por esta crisis se presentan millones de crisis
psicológicas personales que no podemos seguir atendiendo como si fueran solo
crisis individuales, porque lo que estamos observando es un sistema
socioeconómico en agonía que es la fuente de un sufrimiento colectivo, por lo
que es necesario contextualizar nuestra mirada sobre el momento histórico que
estamos viviendo.
A
diferencia de los sueños nocturnos en los cuales se necesita la ayuda de un
experto para interpretarlos, conocer su real significado y liberar a las
personas de sus padecimientos individuales, en el caso de los sueños diurnos de
millones de personas podemos evitar que sigan siendo destrozados por la
maquinaria corporativa construyendo un empoderamiento individual y colectivo.
El
primer paso para lograr estos empoderamientos es reconocer que nos encontramos
en una sociedad inmersa en constantes cambios y las constantes transformaciones
sociales están cambiando nuestra forma de ver la realidad, nuestra forma de ver
a los demás y la manera en que nos vemos a nosotros mismos, por lo que podemos
mitigar el impacto negativo de las transformaciones sociales desarrollando
nuevos comportamientos, reconociendo que somos los autores de nuestra historia
personal de vida y que con cada acción estamos creando parte del guion del
siguiente capítulo de nuestras vidas.
En
lugar de resignarnos a los cambios y sus efectos negativos, debemos reconocer
que somos seres cambiantes y podemos aprovechar la fuerza de los cambios para
dirigirlos en un sentido que nos favorezca, esto lo podremos lograr si dejamos
atrás nuestra ideología individualista nos reconocemos como seres sociales que
pertenecemos a comunidades cuya identidad ciudadana ha sido destruida para
reducirnos a simples consumidores que confundimos la felicidad con el consumo
constante.
Para
despertar de la pesadilla que significa vivir en un sistema socioeconómico en
crisis permanente y recuperar los sueños que nos han robado, necesitamos
reconstruir la esperanza de cambio social, reconocer que los seres humanos
tenemos que desarrollar nuestra consciencia social, que en el campo de
las ciencias sociales significa entender que toda acción, institución o
concepto (como la democracia o la economía) cambia con el tiempo y está
profundamente marcado por el contexto histórico en el que se desarrolla.
Junto
a la conciencia social, debemos desarrollar la capacidad de historicidad, que según
el sociólogo francés Alain Touraine, la es la capacidad que tiene una sociedad
para autoconstruirse y transformarse a sí misma, es decir, la facultad autónoma
que tenemos los ciudadanos para intervenir en el funcionamiento de nuestra
sociedad, transformarla y orientar su destino mediante nuevos modelos
culturales (8).
Debemos
dejar atrás los comportamientos que heredamos del pasado, aquella época en la
cual se pensaba que la historia estaba regida por fuerzas externas (dioses, la
naturaleza o el destino), y reconocer que como seres sociales tenemos la
necesidad de construir una identidad como sujetos políticos que actúan en
ámbitos públicos como agentes de cambio social que actúan en defensa de
nuestros derechos humanos y de nuestra libertad para seguir soñando.
Por
esas razones necesitamos reconstruir nuestro sentimiento de pertenencia a las
comunidades, vernos como seres iguales que compartimos espacios comunes y
problemas sociales, cuya solución sólo se logrará si actuamos de manera
organizada, colectiva y unida para construir un poder ciudadano que nos permita
enfrentar al poder político que nos oprime para beneficiar al poder económico
representado por la oligarquía corporativa, debemos reconstruir nuestra
identidad como sujetos políticos que desean materializar sus sueños de tener
empleos estables, pensiones seguras y derecho a la jubilación.
Debemos
aprovechar las tecnologías de la información, internet y las redes sociales, pero
también debemos combatir la nomofobia recuperando el hábito de la lectura,
porque leyendo también soñamos, despiertos al mismo tiempo que aprendemos a ser
mejores personas. La distancia física ya no es un impedimento para que caminemos
la palabra en terrenos virtuales y podamos compartir nuestros sueños, anhelos y
deseos, de tal manera que reconozcamos que nuestras expectativas de
mejoramiento individual conforman un conjunto de esperanzas colectivas que forman
parte de un mismo sueño y en la medida que nos reconozcamos que somos parte del
mismo sueño y como hermanos de lucha que estamos abriendo brecha para construir
caminos que otros recorrerán, ya no nos sentiremos solos nunca más y eso nos
dará mayor fuerza para seguir adelante.
1.- El castigo de Sísifo
en la posmodernidad
https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/11/elcastigo-de-sisifo-en-la-posmodernidad.html
2.- La interpretación de
los sueños. Freud, Sigmund
3.- La psicología como
ideología. Parker, Oan
https://proletarios.org/books/Parker-La-psicologia-como-ideologia.pdf
4.- Los crímenes de la
paz. Basaglia, Franco
5.- La intervención
psicosocial. Blanco Amalio et al
https://biblioteca.univalle.edu.ni/files/original/4cd5f06c868876d9423787e65f95adfa44997694.pdf
6.- Psicología de las
masas y análisis del yo. Freud, Sigmund
https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/psicologia%20de%20las%20masas.pdf
7.- La revolución de las
consciencias
https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/06/la-revolucion-de-las-consciencias-oscar.html
8.- ¿Podremos vivir
juntos?. Touraine, Alan
https://www.academia.edu/6642928/Podremos_vivir_juntos_Iguales_y_diferentes_ASPECTOS_A_DESTACAR



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