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domingo, 19 de julio de 2026

 

En busca de los sueños robados

Oscar Yescas Domínguez

24 de julio de 2026

La vida es como un sueño que se vive en varias etapas de desarrollo psicosocial que vivenciamos como si fueran temporadas de una serie de televisión, en los primeros capítulos la mayoría disfrutamos “una vida de sueño” por vivir una infancia placentera, pero en la medida que crecemos, cambia la percepción de la vida como si esta fuera una nueva temporada y  desde la adolescencia se presentan momentos de crisis de identidad, que en la juventud se convierte en una crisis ocupacional al desempeñar roles asignados (estudiante o trabajador) y en la vida adulta aumenta la presión de cumplir con responsabilidades de diversa índole.

Nuestra existencia no es una historia lineal porque dentro de la misma hay momentos de alegría, tristeza, diversión, sufrimiento, dolor y placer, de tal forma que ciertos capítulos de nuestras vidas se caracterizan por la existencia de momentos oscuros que vivimos como si estuviésemos en una pesadilla de la cual quisiéramos despertar.

En el contexto de la crisis global que incluye una crisis económica permanente, la normalidad de millones de personas se caracteriza porque sienten que en lugar de vivir, están constantemente esforzándose para sobrevivir, llegar a fin de mes para pagar deudas que resultan impagables por las altas tasas de interés y seguir viviendo con una sensación de levantarse cada día para continuar empujando una pesada roca cuesta arriba como si fueran Sísifos modernos condenados a trabajar como esclavos modernos que terminan de pagar una deuda cuando ya adquirieron nuevas deudas que los condenan a ser explotados la mayor parte de sus vidas (1).

Las noches representan un momento de descanso de relajación porque cuando dormimos nos desconectamos de una realidad difícil que con frecuencia nos borra la sonrisa de nuestro rostro, pero al dormir en la privacidad de nuestras habitaciones, nuestra imaginación y libertad de pensamiento nos permite abrigar la esperanza de que el siguiente día será mejor que el que está terminando y quien nos vea durmiendo podría pensar que el desenchufe es total porque al estar dormidos no presentamos actividad física evidente (salvo parpadeos, movimientos leves y eventuales ronquidos).

Pero debajo de las apariencias, la actividad física es sustituida por una actividad psicológica llamada sueños nocturnos, porque todas las personas tenemos sueños en las noches, algunos quizá dirán que no sueñan porque no recuerdan haber soñado cuando despiertan, pero la actividad onírica no deja rastros porque cuando despertamos entra en acción un mecanismo de defensa psicológico llamado represión que sepulta los sueños que tuvimos en los recovecos más profundos de nuestra mente y por esa razón nuestra mente “se resetea” y olvidamos todo aquello que soñamos.

Sigmund Freud describió esto de manera clara en su libro La interpretación de los sueños (2), donde explicó que los sueños son la expresión alucinatoria de deseos y temores inconscientes que están reprimidos y que cada sueño tiene un significado que puede ser interpretado con la ayuda de un terapeuta profesional, en esa línea de pensamiento afirmó que todo sueño representa el cumplimiento alucinatorio de un deseo reprimido y ubicó el contenido de los sueños en dos niveles: el contenido manifiesto (lo que soñamos y logramos recordar) y el contenido latente (el verdadero significado que está oculto y al cual solo se accede después de una interpretación analítica).

Con su aportación sobre la interpretación de los sueños, Freud abrió las puertas para transitar por un camino seguro que permitió acceder a algo desconocido en aquel momento y que denominó el inconsciente, porque los sueños representan impulsos reprimidos, experiencias traumáticas o acontecimientos de gran significado que no son aceptados socialmente, pero cuando dormimos la represión se relaja permitiendo que los contenidos que estaban oprimidos en el inconsciente afloren, pero aun cuando se liberen a través de los sueños, su significado real se presenta en forma distorsionada porque enfrentan una “censura onírica” que deforma el contenido de los sueños presentándolos en forma disfrazada para darles una estructura que escapa a toda lógica pero que tiene el objetivo de seguir ocultando los deseos que son perturbadores.

Precisando los conceptos, podemos decir que el sueño es el estado fisiológico de reposo y la actividad onírica es el acto de soñar (imágenes y sucesos) que experimentamos al dormir. Para descifrar el contenido latente de la actividad onírica, Freud desarrolló el método de la asociación libre de ideas, donde el paciente expresa lo que le viene a la mente sobre el sueño sin censura y el terapeuta calificado le ayuda a encontrar el significado de imágenes sin sentido vinculándolas con experiencias de la vida real. Una recomendación que hacen los terapeutas es que al momento de despertar anotemos todo aquello que recordemos del sueño antes de que lo olvidemos por completo.

La interpretación de los sueños juega un papel importante en la terapia individual porque permite identificar los significados de las imágenes que aparecen dentro de los mismos y el objetivo terapéutico en la terapia psicoanalítica es vincular el significado real de los sueños con las emociones reprimidas, las experiencias traumáticas que por su intensidad fueron desplazadas de nuestra consciencia, pero no desaparecidas y que afectan el equilibrio emocional. Siguiendo ese camino, se puede avanzar en el conocimiento del mundo interior de las personas, liberarse de síntomas que afectan su salud física y mental, de tal forma que puedan retomar el control el control de sus vidas.

Sin embargo, a pesar de que todos soñamos, el mundo de los sueños está ausente en la enseñanza de la psicología académica contemporánea, porque se rechaza la teoría psicoanalítica debido a que en las universidades predomina la enseñanza de la psicología conductista, corriente psicológica que ha sido elevada en un falso altar de conocimiento objetivo por su empeño en aferrarse a la premisa positivista que sostiene que el conocimiento científico debe ser medible, observable y cuantificable.

Debido a la hegemonía de ese enfoque en las universidades contemporáneas, las nuevas generaciones de psicólogos están siendo (de)formados en un triple error epistemológico, el primero consiste en incurrir en un reduccionismo psicológico al atreverse a intentar explicar el comportamiento humano sólo con las aportaciones de una ciencia que es la psicología enfocada en el individuo, sin considerar que el ser humano es un ser social cuyo comportamiento se ve influido por variables económicas, tecnológicas, políticas, sociológicas, etc.

El segundo error es caer en el corrientismo psicológico al casarse con una corriente de la psicología y rechazar a todas las demás corrientes psicológicas, sin tomar en cuenta que la psicología es como si fuera un gran árbol del cual se desprenden varias ramas o corrientes de la psicología y cada corriente lleva el apellido de psicología, tal como lo planteó Ian Parker en su libro La psicología como ideología (3) y en la intervención psicosocial, la realidad obliga a usar técnicas psicológicas provenientes de varias corrientes de la psicología.

El tercer error es que los psicólogos modernos han sido reducidos a la condición de técnicos o funcionarios del consenso que ignoran las causas de los problemas sociales, como denunció el psiquiatra italiano Franco Basaglia en su libro Los crímenes de la paz, en el cual compartió su investigación sobre los intelectuales y los técnicos como servidores de la opresión (4).

Los psicólogos actúan generando un consenso de aceptación a las condiciones sociales al reducir las causas de los problemas sociales al comportamiento individual porque intervienen concentrados en los estrechos márgenes de la psicología individual, intentan explicar el comportamiento humano considerando sólo los factores que determinan la psicología del comportamiento individual y desconocen la influencia de lo social sobre el comportamiento de cada persona.

Olvidan que la psicología es una disciplina que forma parte del conjunto de ciencias sociales y esto lo describe con gran claridad el psicólogo español Amalio Blanco en el primer capítulo de su libro La intervención psicosocial, cuando señala que “todas las disciplinas sociales fueron creadas con un fin eminentemente práctico y moral que consiste en dar respuesta a las necesidades y contribuir a resolver problemas sociales que afectan la vida cotidiana de los seres humanos” (5).

En esa línea de pensamiento, es importante tomar como punto de partida aquella declaración de Sigmund Freud en la que afirmó que las diferencias entre una psicología individual y una psicología social son superficiales y declaró: “la psicología desde un principio y hasta el final, es una psicología social” escrita en su libro Psicología de las masas y análisis del yo (6), porque nos permite pasar de un psicoanálisis individual y de una psicología centrada en el individuo a un socioanálisis que contemple el análisis de diferentes ámbitos de convivencia social para identificar el impacto de la sociedad sobre el comportamiento individual y viceversa.

Del conjunto de disciplinas sociales, resaltan las aportaciones de la psicología social para desarrollar una tarea de tal complejidad, porque su objeto de estudio puede definirse como el estudio de la interinfluencia que existe entre el individuo y la sociedad, retomando diferentes niveles de análisis como el análisis del grupo (psicología de los grupos), el análisis de las organizaciones (psicología de las organizaciones), el análisis de las comunidades (psicología comunitaria) y el análisis de la sociedad en su conjunto.

En este marco teórico y continuando con el tema de los sueños, podemos observar que más allá de la actividad onírica nocturna que todos compartimos, en el horizonte social también existen sueños diurnos porque cada individuo sueña diariamente con una vida mejor para sí mismo y para su familia, estos sueños llegan a ser colectivos porque millones de personas construyen sueños en sus vidas cotidianas, sueños que también están motivados por deseos, expectativas y necesidades que desean satisfacer y que tratan de hacer realidad con verdadera motivación y gran esfuerzo.

Pero estos sueños diurnos no se limitan a ser fantasías, ilusiones o ensoñaciones porque pueden ser planes de vida con metas específicas que se pretende lograr paso a paso y en un contexto de crisis social, estas ideas de mejoramiento individual pueden representar algo idealista o irreal, pero eso no evita que aun cuando estemos despiertos soñamos con un mundo mejor, por lo que estamos hablando de experiencias oníricas lúcidas.

A diferencia de los sueños nocturnos, los sueños diurnos (soñar despierto) son pensamientos conscientes y voluntarios que se presentan de día, cuando los individuos están plenamente conscientes de las circunstancias en las que se encuentran en un mundo en el cual la desigualdad social crece día a día, pero ser objeto de marginación o sufrir explotación laboral no impide que millones de personas tengan la capacidad de imaginar un mundo diferente y deseen tener una mejor vida que la que se tienen en el momento de estar soñando.

Otra diferencia de los sueños diurnos con los sueños despiertos es que la toma de consciencia por parte de los individuos de la realidad excluyente en el que viven, actúa como una fuerza motivacional que les empuja a seguir hacia adelante para salir de ese estado de marginación manteniendo una actitud de superación que la aleja del conformismo generalizado que comparte una mayoría marginada.

Estos sueños diurnos alimentan la esperanza de que existen alternativas de cambio social, les brindan un sentido para seguir viviendo y actuando de manera diferente a quienes se resignan y conforman con una vida de infelicidad y sufrimiento, permiten que estos ensueños lleven de la mano a los soñadores por un viaje irrefrenable en el cual fantasean con un mundo que todavía no existe pero que pueden construir si actúan en forma diferente a una mayoría entregada al conformismo, obediencia, ignorancia y pasividad social.

Los sueños diurnos representan las ilusiones, fantasías o anhelos que se presentan como pensamientos imaginativos en estado de vigilia, es a lo que se llama soñar despierto, o usar la imaginación para pensar en algo tan ideal y maravilloso que parece irreal. De la misma forma que todas las personas sueñan en las noches, también todas las personas tienen sueños conscientes, es decir, todos nos ilusionamos, fantaseamos o anhelamos algo con vehemencia personal.

Yo mismo me reconozco como un soñador despierto, de joven soñé con estudiar psicología motivado por un fuerte sentimiento de ayudar a las demás personas. Tenía una fuerte motivación que provino de mis lecturas de juventud y mostrando gran compromiso personal logré alcanzar esta meta que fue un sueño en su momento. En mi juventud jamás imaginé que en mi vida adulta tendría un trabajo de ensueño en el que me pagaran por hacer lo que más me gusta: leer, estudiar, investigar y enseñar, dedique 33 años de mi vida a trabajar como maestro de tiempo completo ocupando el puesto de profesor-investigador.

Toda mi vida he soñado con contribuir a un cambio social y construir un mundo diferente al que vivimos, en mi artículo La revolución de las consciencias publicado en el 2014 describí varios ejemplos de sueños que guiaron mi comportamiento a lo largo de mi vida (7): un mundo donde exista igualdad social, donde realmente la democracia impere, donde la justicia sea para todos y que no se venda al mejor postor, donde exista libertad de expresión, de movilización y de manifestación, donde no exista la pobreza, donde no haya discriminación por condiciones económicas, raciales, sexuales o de orientación sexual, un mundo donde los recursos públicos no sean robados por quienes nos gobiernan y el presupuesto sea realmente destinado para obras públicas y sociales que satisfagan las necesidades de la población.

Todo eso y más se presentan en mi actividad onírica diurna, lo curioso es que mis sueños se presentan tanto de día como de noche, ya sea dormido o despierto y al igual que John Lennon quien también fue un soñador, sé que no soy el único porque tengo la certeza de que estos sueños que aspiran a construir una verdadera democracia, a recuperar la igualdad social y conquistar una auténtica justicia social, son compartidos por millones de personas en México, Latinoamérica y el mundo entero.

Lo puedo percibir cuando veo que surgen movimientos colectivos en todo el mundo, movimientos sociales en los que participan personas que luchan en contra del autoritarismo, en defensa de derechos que son violados y le ponen el pecho a los gobiernos de derecha que han tomado el poder. Sin conocer a quienes luchan en Argentina, Colombia, Chile, Francia, España, Inglaterra, Estados Unidos, etc., me siento ligado a esas multitudes porque el vínculo que nos une es soñar con un mundo en el que las palabras democracia, justicia, libertad, igualdad se reflejen en la vida cotidiana.

Lamentablemente, millones de sueños individuales son capturados por un enorme atrapasueños que es el neoliberalismo, que mantiene a una inmensa mayoría marginada atrapada como moscas en una telaraña que es la creciente desigualdad social, debemos reconocer que el neoliberalismo es el rostro de un capitalismo salvaje que roba los sueños de niños, jóvenes, adultos y ancianos, los destroza con un “golpe de realidad”, arruina las esperanzas de cambio individual y social. Las reformas neoliberales eliminaron el futuro de las nuevas generaciones, sus sueños de jubilarse, recibir una pensión decente y tener una vejez digna se difumina cada día, y los envuelve en una sensación de desamparo porque creen que no hay alternativas y dejan de soñar o imaginar un mundo diferente al que nos tocó vivir.

Vivimos en el contexto de una policrisis de múltiples dimensiones (económica, política, ecológica, psicológica, etc.) que se agudiza con conflictos militares, guerras comerciales que hacen que la vida se viva como una verdadera pesadilla y esta sensación provoca epidemias de depresión, de creciente soledad, incremento en el número de suicidios y por esta crisis se presentan millones de crisis psicológicas personales que no podemos seguir atendiendo como si fueran solo crisis individuales, porque lo que estamos observando es un sistema socioeconómico en agonía que es la fuente de un sufrimiento colectivo, por lo que es necesario contextualizar nuestra mirada sobre el momento histórico que estamos viviendo.

A diferencia de los sueños nocturnos en los cuales se necesita la ayuda de un experto para interpretarlos, conocer su real significado y liberar a las personas de sus padecimientos individuales, en el caso de los sueños diurnos de millones de personas podemos evitar que sigan siendo destrozados por la maquinaria corporativa construyendo un empoderamiento individual y colectivo.

El primer paso para lograr estos empoderamientos es reconocer que nos encontramos en una sociedad inmersa en constantes cambios y las constantes transformaciones sociales están cambiando nuestra forma de ver la realidad, nuestra forma de ver a los demás y la manera en que nos vemos a nosotros mismos, por lo que podemos mitigar el impacto negativo de las transformaciones sociales desarrollando nuevos comportamientos, reconociendo que somos los autores de nuestra historia personal de vida y que con cada acción estamos creando parte del guion del siguiente capítulo de nuestras vidas.

En lugar de resignarnos a los cambios y sus efectos negativos, debemos reconocer que somos seres cambiantes y podemos aprovechar la fuerza de los cambios para dirigirlos en un sentido que nos favorezca, esto lo podremos lograr si dejamos atrás nuestra ideología individualista nos reconocemos como seres sociales que pertenecemos a comunidades cuya identidad ciudadana ha sido destruida para reducirnos a simples consumidores que confundimos la felicidad con el consumo constante.

Para despertar de la pesadilla que significa vivir en un sistema socioeconómico en crisis permanente y recuperar los sueños que nos han robado, necesitamos reconstruir la esperanza de cambio social, reconocer que los seres humanos tenemos que desarrollar nuestra consciencia social, que en el campo de las ciencias sociales significa entender que toda acción, institución o concepto (como la democracia o la economía) cambia con el tiempo y está profundamente marcado por el contexto histórico en el que se desarrolla.

Junto a la conciencia social, debemos desarrollar la capacidad de historicidad, que según el sociólogo francés Alain Touraine, la es la capacidad que tiene una sociedad para autoconstruirse y transformarse a sí misma, es decir, la facultad autónoma que tenemos los ciudadanos para intervenir en el funcionamiento de nuestra sociedad, transformarla y orientar su destino mediante nuevos modelos culturales (8).

Debemos dejar atrás los comportamientos que heredamos del pasado, aquella época en la cual se pensaba que la historia estaba regida por fuerzas externas (dioses, la naturaleza o el destino), y reconocer que como seres sociales tenemos la necesidad de construir una identidad como sujetos políticos que actúan en ámbitos públicos como agentes de cambio social que actúan en defensa de nuestros derechos humanos y de nuestra libertad para seguir soñando.

Por esas razones necesitamos reconstruir nuestro sentimiento de pertenencia a las comunidades, vernos como seres iguales que compartimos espacios comunes y problemas sociales, cuya solución sólo se logrará si actuamos de manera organizada, colectiva y unida para construir un poder ciudadano que nos permita enfrentar al poder político que nos oprime para beneficiar al poder económico representado por la oligarquía corporativa, debemos reconstruir nuestra identidad como sujetos políticos que desean materializar sus sueños de tener empleos estables, pensiones seguras y derecho a la jubilación.

Debemos aprovechar las tecnologías de la información, internet y las redes sociales, pero también debemos combatir la nomofobia recuperando el hábito de la lectura, porque leyendo también soñamos, despiertos al mismo tiempo que aprendemos a ser mejores personas. La distancia física ya no es un impedimento para que caminemos la palabra en terrenos virtuales y podamos compartir nuestros sueños, anhelos y deseos, de tal manera que reconozcamos que nuestras expectativas de mejoramiento individual conforman un conjunto de esperanzas colectivas que forman parte de un mismo sueño y en la medida que nos reconozcamos que somos parte del mismo sueño y como hermanos de lucha que estamos abriendo brecha para construir caminos que otros recorrerán, ya no nos sentiremos solos nunca más y eso nos dará mayor fuerza para seguir adelante.

 

1.- El castigo de Sísifo en la posmodernidad

https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/11/elcastigo-de-sisifo-en-la-posmodernidad.html

2.- La interpretación de los sueños. Freud, Sigmund

https://www.suneo.mx/literatura/subidas/Sigmund%20Freud%20La%20interpretacion%20de%20los%20suenos.pdf

3.- La psicología como ideología. Parker, Oan

https://proletarios.org/books/Parker-La-psicologia-como-ideologia.pdf

4.- Los crímenes de la paz. Basaglia, Franco

https://antipsiquiatriaudg.wordpress.com/wp-content/uploads/2014/10/franco-basaglia-1971-los-crc3admenes-de-la-paz.pdf

5.- La intervención psicosocial. Blanco Amalio et al

https://biblioteca.univalle.edu.ni/files/original/4cd5f06c868876d9423787e65f95adfa44997694.pdf

6.- Psicología de las masas y análisis del yo. Freud, Sigmund

https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/psicologia%20de%20las%20masas.pdf

7.- La revolución de las consciencias

https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/06/la-revolucion-de-las-consciencias-oscar.html

8.- ¿Podremos vivir juntos?. Touraine, Alan

https://www.academia.edu/6642928/Podremos_vivir_juntos_Iguales_y_diferentes_ASPECTOS_A_DESTACAR

 

 

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