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lunes, 8 de junio de 2020


¿Adiós Susana distancia? El aprendizaje social en tiempos de pandemia.
Oscar Yescas Domínguez
08 de junio del 2,020
El comportamiento social en tiempos de crisis
¿Salvar la economía o proteger vidas?
Consideraciones sobre el aprendizaje social
¿Qué hemos aprendido de la pandemia?
Conclusiones

El comportamiento social en tiempos de crisis
El ser humano evolucionó al desarrollar su capacidad de racionalizar, es decir, cuando aprendió a pensar y dio un gran salto en la evolución humana cuando inventó el lenguaje para comunicarnos en forma oral y escrita, dejando a un lado las señas, golpes de pecho, brincos y gritos.
Somos la especie que no está condenada a aprender solamente a través de la experiencia, ya que podemos observar las experiencias de los demás y aprender de ellas, pero además podemos comunicarnos entre nosotros y esta capacidad de comunicación aumenta nuestra capacidad de aprender por otras vías y no sólo por la experiencia directa.
Pero parece que en este momento histórico estamos viviendo un gran retroceso en el aprendizaje social y en nuestra capacidad para comunicarnos porque desde el principio de la crisis sanitaria del covid-19 se nos informó de la gravedad de la misma y que ante la falta de vacuna la única forma de reducir los costos en vidas humanas sería a través de un aislamiento temporal, que reduciendo la movilidad social podríamos aplanar la curva que en otros países se encontraba en niveles muy altos porque no hubo contención social, a excepción de China y Corea del sur.
En México tenemos la ventaja de contar dentro de las autoridades de salud con expertos en epidemiología que utilizando metodología y conocimientos científicos nos han estado informando diariamente sobre la evolución de la cifra de contagios y fallecidos, insistiendo una y otra vez que el aislamiento era la mejor alternativa para aplanar la curva. En ese contexto surgió la figura mítica de Susana distancia representada por una figura femenina vestida como superhéroe, que simbolizaba el programa oficial impulsado por las autoridades de salud llamado “Quédate en casa”.
Pero un gran sector de la sociedad ignoró este llamado y continuó circulando en las calles, de manera anticipada estoy consciente de la desigualdad social desde hace muchos años y he intentado combatirla por todos los medios y sé que por esa razón muchas personas se vieron obligadas a salir de casa y no pudieron quedarse en su interior. Pero también observé que muchas personas sin estar con condiciones de extrema marginación, sin vivir en condiciones de pobreza, salieron de sus casas simplemente porque así lo decidieron, sin importarles arriesgar sus vidas, ni exponer la salud de sus familiares.
Hubo reportes a las autoridades y en redes sociales sobre la realización de fiestas en plena pandemia, gente interactuando sin tomar medidas preventivas (usar cubrebocas, guardar distancia, usar guantes, gel antibacterial,eetc.), con lo cual reflejaban no sólo imprudencia, irresponsabilidad social e ignorancia de que estaban arriesgando sus vidas y las de los demas al no respetar las normas sanitarias.
Algunos fueron más allá al dejarse llevar por creencias de índole irracional y conspiracionistas como el pensar que el covid-19 no existe, que es un mito inventado por el gobierno para controlarnos, etc.
La derecha en México, aquellos beneficiados por la corrupción que hoy está desapareciendo, quienes perdieron la gallina de los huevos de oro al triunfar Morena y AMLO en las pasadas elecciones, intentan aprovechar la crisis sanitaria para desestabilizar el nuevo régimen y reducir la credibilidad en el mismo, generando un clima de temor y pánico sobre una crisis sanitaria, para la cual “el gobierno mexicano no estaba capacitado”.
Muchos de aquellas personas que dicen que “no les interesa la política”, que prefieren no saber nada de política porque “todos los políticos son iguales”, fueron presa de su analfabetismo político al caer en la manipulación de fuerzas oscuras que alentaban a salir de nuestras casas pregonando la inexistencia del coronavirus. Lamentablemente, como era de esperarse, varios de ellos ya forman parte de las estadísticas de fallecidos y contagiados, una lista cuya velocidad de aumento se incrementó en el mes de mayo pasado y que continúa ascendiendo sin aparente control.
Otras personas, han reaccionado de manera diferente, abrumadas por las perturbadoras noticias han optado por abstenerse de “escuchar o leer noticias esperando que pase lo peor” argumentando motivos de salud mental para no aumentar el estrés. Ignorar el problema no hace que éste desaparezca. La actitud correcta es mantenerse en calma, tomar las medidas preventivas dichas hasta el cansancio por las autoridades de salud (Cubrebocas, lavarse manos, no salir de casas, etc.) y estar informado de la evolución de los acontecimientos sin caer en la obsesión o desesperación.
Si las cifras sobre contagiados y fallecidos por el covid-19 proyectadas por las autoridades de salud en México fueron superadas por la realidad que muestran un mayor número de afectados, no es responsabilidad de los científicos que están investidos como autoridades de salud, es resultado de la irresponsabilidad social de una parte de nuestra comunidad, que no hizo caso al llamado de quedarse en casa y se expuso y arriesgó la salud propia y de familiares y amigos cercanos con comportamientos imprudentes e impertinentes en tiempos de crisis, ignorando el llamado al aislamiento social.
Ante el anuncio de la prolongación de la cuarentena del covid-19 varias personas se quejaron de las autoridades sanitarias diciendo: "primero nos dijeron que se levantaría la cuarentena en mayo, después dijeron que en junio y ahora nos dicen que probablemente será hasta agosto el estado de alerta, ¿hasta cuando van a seguir engañandonos?”
Lo que no quieren ver es que el mapa de la república mexicana está cubierto de rojo totalmente indicando un estado de alerta que indica que vivimos los días de máxima peligrosidad en la probabilidad de contagio, mientras que varios hospitales de Sinaloa y Sonora reportan que su capacidad de cupo ya está siendo saturada por pacientes del covid y están desplazando la atención a otro tipo de pacientes.
Aparentemente para mucha gente ya terminó su misión Susana distancia, creen que salir a la calle es seguro porque "una buena parte de la gente" regresó a su vida "normal" y salen a las calles sin cubrebocas, sin respetar distancia y sin considerar que su vida y su salud dependen de la vida y salud de las demás personas.
Con estas acciones demostraron que no aprendieron de la experiencia de otros países, no comprendieron el mensaje de las autoridades, su nivel de percepción social puso una barrera selectiva en la comunicación y menospreciaron las advertencias de las autoridades, que diariamente intentaron educar a la población sobre la necesidad de desarrollar nuevos comportamientos en estos tiempos de crisis sanitaria.

¿Salvar la economía o proteger vidas?
El anuncio de las autoridades de salud del reinicio de labores en determinados ramos como la industria automotriz, minería y construcción en los días en los que estamos en mayor peligro de contagio, sólo viene a complicar más la situación al oficializar permisos para abrir centro de trabajo y lugares donde se permita una mayor interacción social.
En un momento crítico de la pandemia se toma esta medida que sólo puede ser explicada por la presión ejercida por las grandes corporaciones y propietarios de esos medios de producción.
Quienes abogan por “salvar la economía son los mismos que piensan que el lucro y la riqueza son más importantes que la vida de otras personas. Se argumenta que al regresar a sus labores, los trabajadores podrán tener ingresos para poder vivir, pero el regreso al trabajo en plena pandemia lo único que les garantiza es la posibilidad de precipitar su propia muerte y aumentar el número de contagiados por covid-19, porque estamos en los días previos para llegar al pico de la curva. Una curva que no logró “aplanarse” como se pretendía porque la desigualdad social lo impidió, pero también porque la ciudadanía no cooperó en su totalidad.
Quienes salen a trabajar, lo hacen obligados porque los directivos de su lugar de trabajo amenazan con despidos, las autoridades los dejan a su suerte al no ser más firmes en la defensa de las vidas de los trabajadores en período de crisis de salud. Los trabajadores son víctimas de un capitalismo necrófilo al que no le importa condenar a la muerte a sus trabajadores con tal de privilegiar sus beneficios económicos
Nos encontramos ante un capitalismo pandémico que al exigir la apertura de industria y comercios pone en peligro la vida de una gran cantidad de personas. Las autoridades de salud están fallando al permitir el reinicio de labores en un momento crítico de la pandemia, porque la única certeza que puede tenerse en estos momentos es que aumentará el número de contagiados y fallecidos al aumentar el contacto social en momentos de crisis sanitaria.
Consideraciones sobre el aprendizaje social
Cuando se habla de aprendizaje la mayoría de las personas tienden a pensar que sólo se aprende en las escuelas, con los maestros y leyendo libros. Quien diga “quiero aprender” recibe por lo regular una misma respuesta: “ve a la escuela donde se enseña, busca a un maestro que te enseñe y ponte a estudiar en los libros.
Esta es una verdad parcial, efectivamente se aprende en las escuelas, con maestros y leyendo libros, sólo que debemos precisar que estamo hablando del aprendizaje formal, aquello que se aprende dentro de una institución enseña, evalúa y certifica el aprendizaje obtenido otorgando un papel que brinda un status social.
Pero existe otro tipo de aprendizaje que no sucede en las escuelas, es el llamado aprendizaje informal y se refiere a todo lo que aprendemos desde que nacemos y seguimos aprendiendo hasta el minuto antes de nuestro fallecimiento.
Es lo que en Psicología se conoce como proceso de socialización y que consiste en la influencia que recibimos de todas las instancias socializantes que participan en la construcción de nuestra personalidad psicosocial, que podemos definir como “la forma de pensar, sentir y actuar de una persona que la hace única y diferente y que es el resultado de la interinfluencia e interdependencia que hemos mantenido con las figuras significativas de los diferentes grupos a los que pertenecemos o hemos pertenecido a lo largo de nuestras vidas”.
En este proceso de interinfluencia aprendemos de cualquier persona, en cualquier lugar y en cualquier momento. Aprendemos de nuestros padres, hermanos, tíos, vecinos, maestros, compañeros de trabajo, amigos, etc. Aprendemos desde que nacemos y damos nuestra primera respuesta social que es la sonrisa infantil, aprendemos en nuestra pubertad, seguimos aprendiendo en nuestra juventud, continuamos aprendiendo en nuestra madurez y en nuestra vejez.
La vida es un constante aprendizaje, el aprendizaje informal es lo que se conoce popularmente como la escuela de la vida. Pasemos entonces a definir qué entendemos por aprendizaje, en Psicología, la definición más común de aprendizaje es aquella que dice: El aprendizaje es el cambio más o menos permanente en el comportamiento de las personas, después de vivenciar una experiencia de aprendizaje”. Toda experiencia nos deja un aprendizaje.
El aprendizaje puede ser teórico o puede ser práctico, el aprendizaje ideal es el que combina la teoría partiendo de la premisa de que la teoría surge de la práctica y la práctica retroalimenta la teoría. Kurt Lewin decía con frecuencia: “No hay nada más práctico que una buena teoría”. La teoría ilumina el camino del aprendizaje, pero la práctica pone aprueba la validez de la teoría.
¿Qué hemos aprendido de la pandemia?
Partiendo de la premisa de que toda experiencia vivencial es una experiencia de aprendizaje, debemos retomar estos meses de cuarentena como un período de aprendizaje del cual debemos extraer algunas lecciones.
En primer lugar debemos tener en cuenta que vivimos tiempos de cambios sociales que presentan nuevos retos ante los cuales las respuestas que en el pasado funcionaron hoy ya no nos sirven, por lo que necesitamos desarrollar nuevos comportamientos para enfrentar con nuevas respuestas estos retos modernos.
La forma como vivíamos antes del covid, no regresará nunca más, porque necesitaremos desarrollar nuevos comportamientos que reflejen un mayor cuidado en nuestra salud (adoptando medidas preventivas como el uso de cubrebocas, lavado frecuente de manos, uso de gel antibacterial, desinfectar constantemente los objetos que utilizamos como el teléfono, llaves y otros).
Una mejor atención en la calidad de nuestra alimentación (eliminando la comida chatarra, consumo de refrescos, consumir más frutas y verduras, etc.).

Una mayor responsabilidad social en nuestros comportamientos individuales al tener presente que nuestras vidas están sujetas a las vidas de los demás, debemos evitar seguir tomando decisiones sin considerar el impacto que las mismas tengan sobre las personas que nos rodean o encontramos a nuestro paso.
La responsabilidad social implica tener presente que respiramos el mismo aire, compartimos la misma superficie y no podemos seguir actuando como si nuestras vidas estuvieran separadas totalmente. Somos seres sociales que estamos en constante interacción social con otras personas de manera directa o indirecta al consumir comida, adquirir prendas de vestir, o simplemente al pasear por las calles.
Vivimos en una interdependencia que nos impide decir “ésta es mi vida y a nadie le importa”. La identidad individual siempre tiene un trasfondo social, como dice el Psicólogo español Amalio Blanco en su libro Psicología de grupos “para conocer el interior de un individuo, debemos estudiar el ambiente exterior que lo rodea”.
Nuestro bienestar está asociado al bienestar de los demás, la vida que vivimos nunca es exclusivamente nuestra, siempre hay un “nosotros” detrás del “Yo”, porque todos tenemos una personalidad psicosocial. La vida humana, al ser vida social, siempre es una vida compartida, porque estamos vinculados con otros seres humanos, inclusive con otras formas de vida, si retomamos el concepto de ecosistema de los ambientalistas.
Finalmente, debemos aprender que somos parte de una comunidad social y que nuestros comportamientos individuales, tienen un impacto social. No tenemos que enfermar del covid-19 para decir, “pues sí, es verdad que el covid-19” existe. Aprendamos de esta experiencia de crisis sanitaria desarrollando una actitud de responsabilidad social construyendo nuestra identidad social como miembros pertenecientes a una comunidad donde existe convivencia social.

Conclusiones
Las restricciones que impone la pandemia buscan proteger nuestras vidas y las vidas de los demás y son restricciones temporales. Debemos evitar seguir viendo la libertad individual como un valor que está encima de todos los demás valores. Estamos acostumbrados a tomar decisiones sin considerar a las demás personas y llamamos a eso "libertad". Una falsa libertad exenta de toda ética porque refleja un individualismo exacerbado, una ignorancia sobre la situación real de la pandemia y sobre todo una conducta socialmente irresponsable.
Aprender de la pandemia significa que debemos tener una mirada diferente sobre nosotros, al percibirnos como seres sociales que formamos parte de una comunidad, sobre los demás al ver la interinfluencia e interdependencia que tenemos y que nuestras vidas están sujetas a otras vidas. Lo que yo haga afecta a los demás, lo que otros hacen me afecta a mí porque compartimos el mismo aire, el mismo espacio, la misma superficie.
El principal aprendizaje es que no podemos ver nuestras vidas como algo separado de las vidas de los demás. Cuando hayamos comprendido que no estamos solos, que estamos en interinfluencia e interdependencia podremos cambiar nuestros comportamientos individualistas, por otros que reflejen valores de solidaridad, sensibilidad social, generosidad, autenticidad, pero sobre todo un mayor compromiso social sobre nuestra realidad social.
Cuando hayamos asimilado nuestra condición de seres sociales que pertenecemos a una comunidad en la que existen normas de convivencia social, habremos recuperado el legado de Susana distancia, su misión no ha terminado porque cuidar de la salud pública es responsabilidad colectiva.
Susana distancia no ha muerto porque existe en cada uno de nosotros, en cada uno de aquellos que hemos aprendido de esta pandemia que no estamos solos, sino que estamos juntos en esta cuarentena y que de todos depende que la curva se aplane.
Desaparece la figura mítica de Susana distancia, nos arroja su capa y es nuestra responsabilidad de cuidar de la salud pública.  En su lugar aparece una actitud colectiva de responsabilidad colectiva, de amor por la vida, de cuidado de nuestra salud y la de los demás y sobre todo cuidado del medio ambiente también. Es entonces cuando hacemos válido aquella premisa de que algo bueno puede surgir de algo malo y lo bueno de esta crisis es que aprendamos a desarrollar nuevos comportamientos con responsabilidad social.
La crisis no ha terminado, sigue existiendo la necesidad de mantenernos dentro de nuestras casas y de seguir tomando precauciones, depende de nuestro comportamiento cuanto dure esta crisis y su cuarentena.


La mitad de las muertes en México se debe a 40 años de comer mal, beber alcohol y fumar”, enfatizó López-Gatell

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jueves, 4 de junio de 2020


El arcoiris norteamericano en pie de lucha
Oscar Yescas Domínguez
4 de junio de 2,020
la emigración masiva de la exURSS
El nuevo orden mundial
El arcoiris norteamericano
El arcoiris norteamericano en pie de lucha
La violencia genera violencia como respuesta
A manera de conclusión
la emigración masiva de la URSS

Con la caída del muro de Berlín terminó la guerra fría y cambió la geopolítica mundial al desintegrarse la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y con ella desaparecieron todas las prestaciones sociales que el Estado soviético brindaba a los habitantes de las repúblicas que conformaban la URSS: Salud pública gratuita, educación pública gratuita, servicios de vivienda, cupones de alimentos, etc..
La proliferación de la economía de libre mercado que vino con la globalización posterior, impactó a gran parte del mundo, pero de manera particular a los habitantes de las repúblicas que formaban parte del sistema socialista soviético, quienes de un día para otro se encontraron con un nuevo mundo en el que carecían de la protección social del régimen anterior y en el cual todos los servicios y productos se privatizaron por lo que de ahí en adelante debían pagar por todo lo que consumieran.
Los habitantes de esa región del mundo ingresaron al mundo de abundancia de productos del sistema capitalista, pero no formaban parte del mercado del mismo porque no tenían dinero para demandar los servicios y productos que necesitaban, por lo que pasaron a formar parte de los excluidos económicamente, los marginados socialmente, los consumidores defectuosos, la pobreza masiva en pocas palabras.
Esta situación es ocultada inclusive en las películas que se han hecho sobre esta transición histórica como Adiós a Lenin que de manera subliminal perfila los beneficios del capitalismo y señala las debilidades del socialismo.
La historia oficial no lo dice pero millones de personas se quedaron sin empleo y sin ingresos con el cambio de un sistema social a otro. Algunos tuvieron que vender sus casas para sobrevivir, otros murieron de hambre o de enfermedades curables, miles de mujeres cayeron en la prostitución y fueron presa de la trata de blancas por el crimen organizado que las exportó como mercancías a otros países del mundo capitalista.
La década de los noventas fue el escenario en el cual se evidenció que la desigualdad social mata sin compasión y esto fue bien claro en aquellos países que antes eran socialistas y de repente pasaron al sistema capitalista en el cual la salud se convierte en una mercancía más que tiene un precio. El costo social para pasar de un sistema social a otro fue muy grande, mientras en el mundo entero se festejaba la caída del socialismo, en los países que pertenecieron a la URSS ocurrió un genocidio económico.
De esta tragedia colectiva se beneficiaron unos cuantos, como los ciudadanos de Alemania occidental y países aledaños, que al caer el muro de Berlín y ver las penurias de los sus vecinos de la antigua URSS, se lanzaron a comprar sus casas y terrenos a bajos precios, ofrecieron préstamos en efectivo con grandes intereses y al no pagarlos lanzaron a la calle a sus antiguos dueños, quienes sin ninguna protección social fueron expuestos a problemas antes desconocidos para ellos como la prostitución, drogadicción, delincuencia, desempleo, etc. (1)
Esto provocó un incremento de la emigración de grandes grupos sociales que huyeron de sus países de origen en busca de una vida mejor para sí mismos y para sus familias. Los países de Europa occidental fueron invadidos por ciudadanos provenientes de los antiguos países socialistas, pero un gran porcentaje de estos miles de emigrantes europeos tomaron como destino final a Estados Unidos que buscaban el sueño americano en este siglo XXI.

El nuevo orden mundial
En el ámbito internacional surgió la globalización que consistió inicialmente en lograr acuerdos de comercio internacional que permitieron la apertura de fronteras para permitir el libre tránsito de las mercancías provenientes de empresas transnacionales que conquistaron los nuevos mercados al crear una nueva guerra que sustituyó la guerra fría: la guerra comercial, en la cual el pez más grande se come al pez más chico.
Las grandes empresas llegaron a nuestros países empezando una competencia desleal en la que las transnacionales que tenían gran capital, personal más capacitado y mayores recursos, competían con microempresas y pequeñas empresas que eran conformadas por grupos familiares. Miles de empresas nacionales de nuestros países desaparecieron ante la llegada de las franquicias por lo que el desempleo creció en varios países ante la llegada de estos nuevos conquistadores.
El nuevo orden mundial basado en el libre comercio permitió el surgimiento de un nuevo tipo de delincuencia organizada que está conformada por los Directivos de los grandes organismos financieros como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, los Directivos de las grandes corporaciones internacionales (Coca Cola, industria automotríz, Compañías mineras, entre otras), los Presidentes de varios países, Presidentes de Partidos políticos de varios países, Legisladores de varios países, Directivos de la industria bancaria, Propietarios de medios masivos de difusión, etc.
Todos ellos contribuyeron a debilitar la soberanía de los Estados al aceptar políticas provenientes del FMI de implementar topes salariales a las demandas de los trabajadores, al reformar las constituciones de los países eliminando derechos laborales, prestaciones sociales y privatizar los servicios públicos que antes ofrecía el Estado gratuitamente, dejando en estado de indefensión a los trabajadores y sus familias, contribuyendo con ello al empobrecimiento de la población mediante la aplicación de políticas neoliberales que profundizaron la brecha entre ricos y pobres.
En estos últimos veinte años de “libre comercio” la desigualdad social aumentó considerablemente a nivel mundial y llegó a niveles nunca antes vistos en la historia de la humanidad al concentrar el 1% de la población mundial la mayor parte de la riqueza que produce nuestra sociedad.
Por estas razones la agudización de la pobreza, el incremento de la corrupción y de la violencia social, provocó grandes emigraciones de personas que huían de sus países de origen y se dirigieron a nuevos destinos en los que pensaban que encontrarían una mejor vida. Estados Unidos representaba el “sueño norteamericano” que aparecía en la publicidad de los medios masivos de difusión, en series de televisión y en películas de todo tipo, por lo que hacia ese país se dirigieron oleadas masivas de emigrantes para ingresar aún cuando fuera de forma ilegal. La tragedia de miles no terminó al salir de sus países porque miles perdieron sus vidas, miles de mujeres en el trayecto son violadas y embarazadas y miles no lograron ingresar, o fuero detenidas y deportadas inmediatamente. Pero un número incuantificable sí logró cruzar las fronteras y desde entonces pasaron a formar parte de un país en el cual coexisten personas provenientes de prácticamente todo el mundo contribuyendo con su interacción social a enriquecer la diversidad cultural que prevalece en territorio norteamericano.
El arcoiris norteamericano
En Estados Unidos vive una población de 328 millones de habitantes, que la integran grupos sociales que provienen de diferentes razas y culturas. He sido afortunado al haber tenido la oportunidad de ingresar a Estados Unidos en varias ocasiones en los últimos años. He ingresado por tierra y por aire sin dificultad alguna y confieso que las primeras ocasiones que fui a Estados Unidos iba con una actitud de predisposición negativa para no permitir ser discriminado por nadie en absoluto.
He estado en varias ciudades norteamericanas, he cruzado territorio estadounidense en automóvil y jamás he sufrido ningún acto de discriminación, al contrario, he conocido gente que me ha recibido amistosamente y he hecho grandes amigos en varias ciudades de este vecino país.
Caminar por las grandes urbes de Estados Unidos es una experiencia única, he deambulado por calles de Detroit, Michigan, Milwaukee, Wisconsin, Chicago Illinois y me he cruzado con personas de todo tipo de razas, culturas y religiones. En uno de estos viajes caminé por las calles de Chicago algunas cuadras y estaba dentro de un mar de personas caminando y pude escuchar las conversaciones de las personas con las que me cruzaba y alcancé a identificar idiomas diferentes en sus pláticas: Inglés, español, italiano, ruso, alemán, chino, japonés, vietnamita, francés, etc.
La vestimenta de algunos delataba su origen racial o cultural, su apariencia decía mucho de su personalidad, como Psicólogo no puedo evitar observar a las personas y obtener información de su lenguaje corporal y vestimenta y por ello, caminar por esas calles fue una experiencia impresionante en verdad. En las calles de Estados Unidos puedes encontrarte a un judío ortodoxo, un afroamericano de dos metros de altura, un descendiente de raza china, un cholo mexicano, un gringo rubio anglosajón, una mujer de origen irlandés, otras de Lituania, un hombre de origen italiano, otro de origen polaco, uno más que proviene de Irán, otro de Vietnam, un descendiente de los indios norteamericanos, etc., etc.
Es un verdadero arcoiris racial, cultural, musical y culinario, no hay un prototipo del ciudadano norteamericano, todo esto es lo que permite comprender que la sociedad norteamericana es un sociedad donde la diversidad es su característica principal.
Fue en ese momento entonces cuando entendí el sentido de la frase que utilizan algunos norteamericanos cuando dicen cosas como “Nueva York es la capital del mundo”, al principio me causaba malestar esa expresión porque la consideraba como una expresión de soberbia estadunidense. Confieso que nunca he estado en Nueva York pero la experiencia de Chicago y otras ciudades grandes de Estados Unidos me ayudó a comprender que en en ese país existe esa diversidad racial y cultural que caracteriza a la sociedad estadunidense de tener entre sus ciudadanos a personas que provienen de la mayor parte de los países del mundo contemporáneo.
Sigo sin aceptar esa expresión de que llamen “capital del mundo a sus ciudades, al igual que cuando hablan de “serie mundial de béisbol” y o América a su país cuando en realidad es sólo un país que está dentro del continente que se llama América en el cual nos encontramos los países latinoamericanos y que se llamen a sí mismos América nos provoca un sentimiento de despojo de nuestra identidad, sólo que ahora entiendo en parte lo que les motiva a decirla y la razón por la que lo hacen es porque en Estados Unidos existe un verdadero arcoiris racial y cultural que no se encuentra en cualquier país, es una parte de las riquezas que hacen a este país único. Estados Unidos es una nación que fue construida por grupos de inmigrantes en el pasado y hoy en día su sociedad está conformada por ciudadanos de todo el mundo.
El crecimiento de la inmigración ilegal hacia Estados Unidos contribuyó al enriquecimiento del arcoiris racial y cultural de Estados Unidos, pero a pesar de esta riqueza cultural, todavía persisten grupos de estadunidenses que se guían por un fuerte racismo que los impulsa a rechazar a las personas de apariencia diferente, de origen diferente y que usan un lenguaje diferente. Estos grupos que por lo regular forman parte de la derecha en política, muestran un conservadurismo, una extrema intolerancia y han crecido en número en los últimos años apoyando políticas antiinmigrantes actuando como vigilantes de la fronteras, por lo cual los actos de reacismo se incrementaron considerablemente en los últimos años.
Los grupos de blancos extremistas se sintieron apoyados por los discursos de Donald Trump que abogaba por un “América para los americanos” utilizando un discurso antiinmigrante, impulsando el cierre de fronteras y construcción de muros para impedir el ingreso de inmigrantes ilegales.
Los incidentes de discriminación racial y abusos hacia inmigrantes ilegales aumentaron en los últimos años y han provocado una división de la población norteamericana en la que los integrantes de las minorías raciales se ven amenazadas y en algunos casos objeto de ataques por motivos raciales. La discriminación hacia afroamericanos, hispanos y asiáticos ha sido parte de la vida cotidiana de muchos ciudadanos pertenecientes a estos grupos y fueron el caldo de cultivo para las grandes manifestaciones que se están viviendo hoy en un Estados Unidos cuyo gobernante decidió ignorarlas y combatirlas con el uso de fuerzas policíacas y militares.

El arcoiris norteamericano en pie de lucha
He estado atento a las manifestaciones de protesta en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd siguiendo las transmisiones de la cadena televisiva CNN que han dado un puntual seguimiento a las movilizaciones masivas que crecieron en gran número durante los primeros siete días y pude observar que la participación social en estas manifestaciones predominan las personas jóvenes y que pertenecen a diferentes grupos raciales, es decir, no son sólo miembros de la comunidad afroamericana los que están exigiendo justicia en el caso de George Floyd, son los integrantes de una sociedad pluricultural que se ha unido para demandar justicia en este caso particular y protestar en contra del racismo en general.
Lo que también observé fue que la mayoría de las manifestaciones eran de carácter pacífico, no promovían violencia alguna ni cometían daños o robos a establecimientos comerciales.
En el séptimo día de movilizaciones masivas en territorio norteamericano estaba observando como centenares de manifestantes fueron llegando a la Casa Blanca, la casa presidencial de ese país que se encontraba rodeada por centenares de policías que pusieron vallas para impedir el acceso a los manifestantes. Poco a poco fueron reforzados por la llegada de efectivos de la Guardia Nacional y los conductores de CNN mencionaban en forma repetida que estaban a la espera de un anuncio del Presidente Donald Trump.
Pasaron los minutos y las consignas fueron subiendo de tono “I can´t breath”, “Black lives matters”, mientras los conductores de CNN afirmaban que lo que se esperaba en el anuncio del Presidente era un gesto presidencial que reflejara un liderazgo incluyente, conciliador porque las protestas seguían subiendo de tono cada día y era necesario que el anuncio de Donald Trump fuera en un sentido conciliador.
Mientras hablaban observé en la pantalla que llegaban más efectivos policiacos y las cámaras de CNN apostadas a la distancia arriba de unos edificios cercanos mostraban la llegada de policías montados y convoy de soldados arribando al lugar. De manera discreta los elementos policiacos se desplegaron a los lados de los manifestantes y los que estaban al frente avanzaron unos metros hasta estar a sólo centímetros de los protestantes que seguían gritando consignas levantando ambos brazos en alto.
Ví como los policías detrás de los que estaban frente a los manifestantes se colocaron máscaras antigas, y pensé: “ya se dejarán venir”. Efectivamente, los policías al frente empezaron a a presionar a los manifestantes que seguían gritando las consignas anteriores y sumaron otra: “Don´t shoot”, no disparen. El llamado recibió caso omiso y las primeras granadas lacrimógenas cayeron junto a los manifestantes que retrocedieron y los efectivos policíacos avanzaron otros pasos más. Al fondo se veían los policías montados en sus caballos y más allá los efectivos militares.
Según los comentaristas de CNN había alrededor de 600 elementos de la Guardia Nacional que se sumaron a los centenares de efectivos policíacos para respaldarlos en su labor. El reportero en el lugar de los hechos transmitía usando frente a la cámara una máscara antigases. Una nueva andanada de granadas lacrimógenas y se produce la dispersión de los manifestantes.

Mientras se observan las escenas de cientos de personas corriendo del humo de las granadas y huyendo de la policía, se reduce la imagen a un recuadro y aparece la imagen de Donald Trump para iniciar el pronunciamiento oficial sobre los seis días de manifestaciones masivas de protesta por la muerte de George Floyd.
Los conductores de televisión enmudecieron cuando Donald Trump toma la palabra para decir que decidió tomar medidas para frenar las manifestaciones de grupos de anarquistas y proteger al pueblo estadounidense de la violencia en las calles. Mientras decía ésto, se veía en el recuadro a policías correr detrás de los cientos de manifestantes que se encontraban fuera de la Casa Blanca para golpearlos con sus macanas y toletes al mismo tiempo que seguían arrojando granadas lacrimógenas, algunas de las cuales eran recogidas por los manifestantes y devolverlas a los cuerpos policíacos.
Escuché un discurso bizarro en verdad, con palabras que contradecían las imágenes que estaban en el recuadro (grupos de manifestantes levantando las manos en alto, arrodillándose o sentándose en seña de pacifismo, pero que se levantaban corriendo al recibir granadas lacrimógenas cerca de ellos).
Un discurso que lejos de ser conciliatorio y responder a las demandas de justicia, fue una declaración de guerra al anunciar que decidió enviar a los cuerpos militares para sofocar las protestas, algo completamente inesperado por los manifestantes y el mundo entero que observaba la transmisión de CNN en vivo, porque lo que se esperaba era una respuesta gubernamental de fortalecer el Estado de Derecho y hacer prevalecer la justicia en un evidente caso de abuso policíaco que terminó con la vida de un ciudadano estadunidense. Pero la respuesta fue el uso de las fuerzas policiacas y Guardia Nacional para dispersar a los manifestantes.
Algo que describía con claridad las motivaciones de los participantes en las marchas fueron las consignas que portaban en pancartas jóvenes blancos: “White silence is violence”, “Racism is the real pandemia”, “Choose empaty”, aparte de las originales “I can´t breath” y “Black lives matter”. Las primeras sintetizaban la solidaridad y empatía social hacia la comunidad de raza negra por parte de grupos que pertenecen a otras razas.

La violencia genera violencia como respuesta
¿Qué es lo que motiva a miles de personas a arriesgar sus vidas saliendo de sus casas en plena pandemia a romper protocolos de sana distancia y unirse a un contingente masivo y enfrentar a los cuerpos policíacos y militares?
La violencia siempre genera violencia, pero debemos precisar que hay diferentes tipos de violencia, no sólo la violencia física o utilizando armas. Existe otro tipo de violencia de la que no se habla, es la violencia institucionalizada que existe en nuestra sociedad. Es la violencia ejercida por quienes tienen el poder, sobre aquellos que carecen del poder. Es la violencia ejercida en las cárceles, en hospitales psiquiátricos, escuelas y en las calles de las ciudades.
En una sociedad donde crece día a día la desigualdad social, sumiendo en la pobreza a segmentos importantes de la población, mientras un reducido y cada vez más pequeño grupo concentra la mayor parte de la riqueza social que es producida, es de esperarse expresiones de inconformidad y descontento social. La desigualdad social mata sin consideración alguna y representa una continua violación a los derechos humanos considerados universales. Debemos recordar la Declaración universal de los Derechos Humanos aprobada por la ONU en 1948 que fue el primer gran acuerdo entre las naciones del mundo sobre la libertad, igualdad y la dignidad humanas.
El primer derecho establecido es que todos los seres humanos nacen libres e iguales, señala que todas las personas tienen derecho a ser protegidos contra la discriminación de cualquier tipo, que todas las personas tienen derecho a la seguridad social, al trabajo, a la protección contra el desempleo, a la alimentación, a la vivienda, a la asistencia médica, a la educación, etc.
La desigualdad social que azota la mayor parte de los países del mundo viola de manera constante esto derechos humanos y es lo que genera el problema de migraciones masivas. Esta desigualdad también se encuentra en el corazón de los Estados Unidos, en el país más rico y poderoso del mundo porque en ese país también existen pobres en número cada vez más creciente que van siendo excluidos y marginados de los beneficios del sistema.
Las cárceles del sistema penitenciario estadunidense contienen grandes comunidades de afroamericanos y población de origen hispana, la desigualdad social llevó a ese lugar a buena parte de los que están internados por robo.
Los más afectados por la desigualdad social son los grupos llamados minoritarios pero que en realidad representan a la mayoría de la población estadunidense. Comunidad afroamericana, comunidad hispana, comunidad coreana, comunidad china, etc. Todos estos grupos sociales se han visto afectados por la privación de sus derechos como seres humanos por la desigualdad económica y como añadido adicional, por la discriminación racial en el seno de una sociedad pluricultural.
El asesinato de George Floyd no hubiera sido retomado como bandera de lucha ni hubiera unificado a todos estos segmentos de la población si el sistema de justicia estadunidense hubiera funcionado de manera oportuna y eficiente. Pero aparentemente la tardanza en tomar decisiones se debió al origen racial de víctima y agresor.

Los antecedentes de crímenes de odio, los actos de discriminación racial, la violencia y explotación contra inmigrantes ilegales y la tardanza en aplicar la ley y hacer justicia, fueron los ingredientes que se mezclaron en el contexto de una gran desigualdad social y económica que hicieron posible unir a miles de ciudadanos estadunidenses a levantar la bandera de lucha exigiendo justicia para George Floyd.
Cada día que pasaba y no había respuesta, se sumaban más grupos de personas en mayor número de ciudades, levantando nuevas demandas, sumando a la de justicia para George Floyd, la condena contra el racismo y paulatinamente el movimiento fue creciendo construyendo un sentimiento de unidad entre los manifestantes.
Evidentemente, como suele suceder en todos los movimientos colectivos, se filtran pequeños grupos de personas que aprovechan la situación de caos para causar destrozos en comercios y robar artículos, pero, la gran mayoría de los manifestantes lo hacía de manera pacífica. En la medida que recibían mayor represión, aumentaban los actos de vandalismo, violencia genera violencia.
¿Qué tan difícil era aplicar la justicia en un acto criminal, exhibido a través de un video que circuló ampliamente en redes sociales? El arma más poderosa de los manifestantes fue el video de la detención y muerte de George Floyd, evidencia innegable de abuso policíaco, de exceso de fuerza ante alguien sometido, la tecnología actual permitió subir este video a las redes sociales de inmediato, propiciando una masiva difusión. Vivimos en la sociedad red nos decía el sociólogo Manuel Castells y hoy lo estamos comprobando.
A manera de conclusión
La respuesta policiaca y militar a las masivas movilizaciones en Estados Unidos, el uso de la violencia institucional sólo generará más violencia, porque exhibe la incapacidad de diálogo ante demandas que no son irracionales. Los hechos en Estados Unidos obligan a poner en la mesa de discusiones los temas del racismo y desigualdad social reconociendo el multiculturalismo y diversidad racial que existe actualmente en la sociedad estadunidense.
No sólo falló el sistema de justicia en Norteamérica en el caso de George Floyd, falló el sistema social al crear una gran masa de excluídos de los beneficios de un sistema que utiliza la ciencia y la tecnología en el proceso de la producción para generar una producción masiva que podría crear alimentos para satisfacer el hambre de millones de personas, prendas de vestir para los harapientos, etc. 
Falló también el sistema de salud que al ser privatizado excluye de atención médica a millones de personas, falló también el sistema educativo que al ser privatizado, condena a buena parte de la juventud estadunidense a la marginación en sus aspiraciones de formarse como profesionistas.
Pero lo más grave es que falló un Presidente que tuvo la oportunidad de levantarse como actuar como defensor de la justicia y ordenar la aplicación del Estado de Derecho ante un crimen que fue videograbado, difundido masivamente dentro y fuera de Estados Unidos y que provocó indignación y condena internacional.
La pobreza estructural, sistémica y el racismo prevaleciente en grupos de poder económico y político son las verdaderas causas causas del conflicto social que ha crecido inconmensurablemente y amenaza con provocar un mayor número de víctimas de ambos bandos: manifestantes y policías.
Cabe preguntarse también ¿cuántos de los que están participando en las marchas de protesta habrán contraído el covid y quién les proporcionará atención médica en caso de necesitarla, si el sistema de salud es privado y excluyente hacia los desposeídos económicamente?
El uso de la policía y fuerza militar estadunidense sólo contribuirá a la polarización del conflicto, a confrontaciones que terminarán en actos de violencia entre una población que se ve reprimida por su propia policía y su ejército. Lejos quedó la leyenda policiaca “Proteger y servir”, olvidan que ese pueblo se manifiesta de manera pacífica, pero también olvidan que la violencia genera más violencia y más importante aún, olvidan que la mayoría de los estadunidenses poseen armas de fuego, por lo que existe el riesgo potencial de aumentar la espiral de la violencia social.
No olvidemos la existencia de grupos de supremacía blanca que están fuertemente armados, los guía una ideología una ideología que promueve el racismo y han hecho acto de presencia en los últimos meses. Cada día que pasa Estados Unidos pierde credibilidad como defensor de los derechos humanos a nivel internacional, si continúa violando los derechos humanos de sus propios ciudadanos.
Lo más sensato es sacar a los militares de las calles, controlar a las fuerzas policíacas y llamar a la mesa del diálogo a representantes de los diferentes grupos civiles que están participando en estas movilizaciones para lograr acuerdos que incluyan la discusión de temas como el racismo y la desigualdad social, así como medidas para evitar que se repitan nuevamente actos de racismo o discriminación y la aplicación de políticas públicas que contribuyan al respeto a los derechos humanos, la disminución de la desigualdad social, así como la revisión al interior de los cuerpos policíacos de los procedimientos utilizados por la policía en la detención de civiles aprendiendo de la experiencia del caso de George Floyd. Sólo de esta manera podrán cesar los actos de vandalismo y violencia por parte de de pequeños grupos de manifestantes, es momento de privilegiar el diálogo por encima del uso de la violencia.
El futuro de Estados Unidos depende del manejo políticamente correcto de este conflicto social y el uso de la violencia como respuesta sólo traerá consigo la agudización del conflicto, la división del pueblo norteamericano y más víctimas, mas violencia de ambos lados.
La simpatía y muestras de solidaridad internacional que ha despertado el caso de George Floyd en el mundo entero, se deben en primer lugar a la irrefutable evidencia del video de su muerte, a la tardanza del sistema de justicia y a la similitud de este movimiento con las luchas que otros pueblos libran en contra de la desigualdad que promueve el neoliberalismo y la dictadura del mercado.

(1).- Therborn, Goran: La desigualdad social.
Fondo de Cultura Económica. México, 2,016

Declaración Universal de los Derechos Humanos: lista de artículos

Despliegan en Washington D.C. a soldados, armados con bayonetas, de la División Aerotransportada número 82 del Ejército estadounidense

De París a Sydney, se extiende la furia por la muerte de George Floyd


Yescas, Oscar: El grito de los oprimidos se hace escuchar: “No puedo respirar”.

Saqueos, saqueos y más saqueos en EEUU: Destrozan Best Buy, Microsoft y otras tiendas


domingo, 31 de mayo de 2020


El grito de los oprimidos se hace escuchar: “No puedo respirar”
Oscar Yescas Domínguez
31 de mayo de 2,020

En los primeros meses de este año nos encontrábamos inmersos en una grave crisis económica, política y social generada por un sistema social basado en la propiedad privada de producción, que en la etapa de globalización e implementación de políticas neoliberales de privatización de servicios públicos ha generado una desigualdad social nunca antes vista en la historia de la humanidad.
Millones de personas sumidas en la pobreza a nivel mundial, mientras unos cuantos concentran la mayor parte de la riqueza que produce nuestra sociedad. Esta desigualdad social es parte del origen de la inmigración de miles de personas que abandonan sus países porque no pueden seguir viviendo en condiciones de miseria, marginación y violencia social. Europa y Estados Unidos son los destinos buscados por miles de gentes que buscan mejorar sus condiciones de vida.
Francia y Latinoamérica fueron los lugares donde el año pasado la insatisfacción social y el hartazgo popular generaron una lucha por la defensa de derechos sociales y laborales que estaban en peligro ante el intento de imponer políticas neoliberales que privatizarían servicios públicos que antes eran gratuitos.
Esta crisis social que se expresaba en crisis política, crisis económica y crisis ecológica se vio agravada con la irrupción de una crisis sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus que está padeciendo la mayoría de países en el mundo. La ausencia de vacuna contra esta nueva epidemia generó la implementación de programas de aislamiento social como alternativa inmediata para evitar ser contagiados, por lo cual se invitó a las poblaciones de los países afectados a quedarse en casa como única medida de prevención y cuidado de la salud en estos tiempos de epidemia.
Pero el covid-19 vino a desnudar esa desigualdad social que anteriormente nos negábamos a ver y que nos empujaba a invisibilizar socialmente a cuanto pobre o mendigo nos encontráramos en las calles. La pobreza de otros no nos interesaba porque padecíamos una ceguera moral, estábamos bajo una creciente adiaforización que creaba una enorme insensibilidad a los problemas de otras personas.
En Estados Unidos la privatización del sistema de salud mantiene desprotegidos a millones de personas que no pueden pagar los altos precios de las consultas medicas y mucho menos de medicinas o tratamientos especializados en salud. Recordemos que en esa nación vive un alto porcentaje de personas en situación de ilegalidad, ya que es el destino de miles de migrantes de todo el mundo que buscan llegar a la tierra donde predomina el “american way of life”.
Pero la realidad es otra porque las llamadas “minorías raciales” como las personas de raza negra o de origen hispano son quienes conforman las mayorías en las prisiones estadunidenses y recientemente, son quienes han aportado el mayor número de víctimas fatales y personas contagiadas por el coronavirus.
El coronavirus ha demostrado que no es democrático, que no ataca a todos sin excepción, ya que no es lo mismo estar en aislamiento voluntario en una casa que tiene todos los servicios de wifi, internet, televisión por cable, alimentos en el refrigerador, etc., a estar encerrado en pequeños cuartos donde escasea la comida, no hay dinero para comprar comida, pagar renta servicio de enrgía eléctrica, gas, y tampoco opciones de diversión o esparcimiento.
El Gobierno estadunidense descuidó durante décadas la salud de sus ciudadanos al privatizar los servicios de salud y en el gobierno actual ignoró los consejos de los científicos epidemiólogos que advertían sobre la necesidad de prolongar el aislamiento social y autorizó la apertura de centros de trabajo y una parcial “vuelta a la normalidad” sin considerar que Estados Unidos se ha convertido en el epicentro de la crisis sanitaria al rebasar la cantidad de 100,000 fallecidos por el coronavirus y tener a cerca de un millón y medio de contagiados.
Cifras que indudablemente aumentarán con el paso del tiempo y que constituían la nota principal de los medios masivos de televisión que reportaban las declaraciones oficiales que reflejaban un menosprecio a la gravedad de la situación, mientras que diariamente fallecían ciudadanos estadunidenses por el covid.
De esos 100,000 fallecidos por el covid-19, buena parte son de raza negra y de origen hispano. Lejos de atender la crisis sanitaria y otorgar mayores recursos para frenarla, el Presidente estadunidense rompe relaciones con la Organización Mundial de la Salud negando la gravedad de la crisis sanitaria provocada por el covid-19 y culpa a China de ser el país responsable de provocar la pandemia mundial que estamos padeciendo.

Como nos encontramos en momentos históricos en los que los cambios suceden de un momento a otro, hoy presenciamos con sorpresa que los medios estadunidenses ya no hablan del tema del covid-19, porque éste tema ya pasó a segundo plano.
En Estados Unidos que encabeza las cifras más altas de contagiados y fallecidos por el covid a nivel mundial, ya no se habla de la pandemia, pero que no se hable no quiere decir que no sigan creciendo los números de contagiados y fallecidos. La nota de los últimos 6 días lo es el fallecimiento de un ciudadano de raza negra a manos de la policía bajo la sospecha de haber intentado utilizar un billete falso de 20 dólares en un supermercado.
Cuatro policías sometieron a esta persona y uno de ellos de raza blanca, a pesar de que ya estaba esposado sin representar amenaza alguna mantuvo oprimiendo durante largos minutos su rodilla en la nuca de dicha persona que alcanzaba a decir “No puedo respirar” sin recibir respuesta de, literalmente “su opresor blanco” quien mantuvo con las manos metidas en sus bolsillos se mantuvo en esa posición con una expresión de indiferencia que contrastaba con el rostro de angustia y agonía de George Floyd que así se llamaba esta persona. Al parecer “no puedo respirar” fueron sus últimas palabras porque falleció poco después en las instalaciones de la jefatura de policía.
Este acto de abuso de poder y aparente racismo no hubiese tenido repercusiones si no hubiese sido filmado por un transeúnte que captó las imágenes en video y evidenció la detención como abuso policiaco y al abuso policiaco se sumó la acusación de racismo por la pertenencia a diferentes razas de los protagonistas (policía blanco que detiene y mata a un hombre negro), una escena común en Estados Unidos.
Es innegable que la policía estadunidense ha matado también a hombres blancos, pero también es innegable que este caso donde muere una persona de raza negra a manos de un policía blanco de nombre Derek Chauvin, contiene ingredientes de brutalidad policiaca, indiferencia y desprecio a la vida de una persona que ya estaba sometida y no representaba amenaza para los policías presentes y que no escucharon el reclamo de los testigos presentes de dejar respirar a quien estaba sometido.
Los medios no tardaron en difundir la nota y de inmediato empezaron a formarse concentraciones de personas que exigían justicia para George Floyd, el nombre de la persona asesinada. Los manifestantes aumentaron en número con el paso de las horas y lograron llegar a sumar centenares de personas protestando y exigiendo justicia bajo la consigna “I can´t breath¡ (no puedo respirar).
El video del incidente se difundió ampliamente y en poco tiempo se tornó viral y provocó que miles de ciudadanos estadunidenses salieran a las calles a protestar por la muerte de George Floyd y exigir castigo a los polícias responsables, de manera principal al agente Derek Chauvin. Las protestas fueron creciendo de tono y hubo algunos manifestantes que utilizaron la violencia al incendiar edificios y saquear comercios. La respuesta que recibieron los manifestantes fue una represión policial que encendió aún más los ánimos y alimentó el fuego de la protesta que se generalizó hasta alcanzar más de 30 ciudades en territorio estadunidense.
La respuesta tardía para detener al policía responsable no sirvió para reducir las protestas porque los habitantes de otras ciudades se sumaron a las protestas con sus propias banderas de lucha y exigencia de justicia en casos similares.
Algunos medios de difusión pretendieron criminalizar las protestas exhibiendo imágenes de patrullas destruidas, edificios policiacos incendiados y comercios destruidos, tratando de desviar la atención de las causas de esas protestas y estigmatizando a los manifestantes hablando de “enfrentamientos” en lugar de represión policiaca contra manifestantes civiles que protestaban en forma pacífica.
Como en todos movimientos colectivos, se filtran personas que utilizan el reclamo popular para causar destrozos y vandalismo amparados en la multitud que realizaron saqueos en comercios. Pero debe reconocerse que la mayoría de los manifestantes que en forma unida gritaban “I can´t breath”, lo hacían levantando las manos en alto, señalando con ello que estaban desarmados y que su protesta era pacífica.
Una persona de raza negra que fue entrevistada acerca de su opinión de los actos de vandalismo durante las manifestaciones dijo algo que refleja el sentir de miles de participantes en esta marcha” “Si alguien se aprovecha de esta tragedia para robar algo que no le pertenece, significa que algo está mal en su cabeza. No es posible ni aceptable utilizar la muerte de alguien para sacar un beneficio personal, ésta es una lucha por la vida y por nuestros derechos como seres humanos”.
Algunas personas en México han cuestionado las expresiones de simpatía hacia los participantes en estas marchas de protesta argumentando que es una contradicción en sus comportamientos y recuerdan la condena social que recibieron los actos de violencia en los que incurrieron algunas participantes en las marcha de grupos feministas el pasado 8 de marzo en las que se protestaban por el alto grado de feminicidios en nuestro país.
Creo que quienes hacen este tipo de comparaciones no están viendo la fotografía completa de estos movimientos de protesta en Estados Unidos, los actos de vandalismo han sido cuestionados por diversos participantes de las marchas. Ellos afirman que están luchando en forma pacífica por defender sus derechos y el acto de levantar ambas manos ratifica que es un movimiento pacifista.
En lo personal, he participado en una gran cantidad de marchas de protesta a lo largo de mi vida y siempre he estado en contra de cualquier uso de violencia para “defender” nuestros derechos, porque la violencia sólo trae como respuesta más violencia y si en protestas callejeras se usa la violencia para cometer actos vandálicos, estos hechos son el pretexto perfecto para utilizar los cuerpos represivos y disipar esos movimientos de protesta.
Las imágenes de manifestantes con las manos en alto gritando 
“don´t shoot” (no disparen) dieron la vuelta al mundo y se han convertido en emblema de los manifestantes en contra de la violencia policial.

Todo esto sucede en momentos en los que Estados Unidos atraviesa por la peor crisis de salud en su historia al encabezar la lista de los países con mayor número de fallecidos (mas de 100,000 muertos por covid).
¿Por qué se ha llegado a este nivel de protesta social en Estados Unidos? Tan sólo ver el video que muestra la forma cruel como murió George Floyd a manos del agente Derek Chauvin es suficiente para despertar la indignación de cualquier eprsona que se considere un ser humano. Tal y como lo describió un comentarista de CNN, “parecía la escena de una presa de caza abatida por un cazador que sometió a su víctima con total indiferencia hacia la vida de la misma”. La muerte de George Floyd no es un hecho aislado, se da en un contexto social en el cual ya había antecedentes de casos de personas negras que murieron sin justificación a manos de la policía estadunidense.
Uno de los casos es el de asesinato de Breonna Taylor, una medica afrodescendiente que murió victima de disparos policiales el pasado 13 de marzo. Taylor falleció luego de recibir 8 balazos en su casa en Louisville, Kentucky. Breonna Taylor, era médica de emergencias, tenía 26 años. Había sido condecorada y no tenía antecedentes penales. El 13 de marzo recibió ocho disparos cuando los agentes derribaron la puerta de su departamento en Louisville durante un allanamiento como parte de una investigación de drogas. No se encontraron drogas en la vivienda”. (1)
Después de conocerse estos hechos se realizaron protestas por la acción policiaca que terminó con la vida de Breonna Taylor de manera injustificada, la respuesta de la policía fue disparar balas de gomas a los manifestantes para dispersar a la multitud.
En tiempos de pandemia, en el marco de un gobierno que niega la pandemia y priva a su población de tener salud pública, una doctora de raza negra que cumplía una importante función al atender a los afectados por el covid, es asesinada de una manera a todas luces injusta.
Las protestas que se venían dando después de este asesinato de Breonna Taylor, arreciaron con la muerte de George Foyd y se sumaron a las protestas que surgieron en forma masiva en diferentes ciudades de Estados Unidos. Ya van seis días de protesta y la situación se polariza cada vez más al extenderse la ola de protestas a decenas de ciudades norteamericanas, en la misma medida de que se endurece la posición del gobierno federal de enviar efectivos policiacos y militares para contener las manifestaciones.
Estados Unidos enfrenta una pobreza estructural en una sociedad con creciente desigualdad social, en un ambiente sociocultural donde coexiste una gran diversidad de culturas provenientes de todo el mundo y en la que existe un segmento social caracterizado por un fuerte racismo que ha crecido en los últimos años alentado por quien encabeza la Presidencia de Estados Unidos.
La muerte de George Floyd se da en un ambiente de insatisfacción social, que afecta a grandes sectores de la población que están siendo afectados por la pandemia del covid-19 y la falta de atención médica oportuna. La desigualdad social exhibida por la pandemia revela la indiferencia gubernamental ante el sufrimiento de grandes segmentos de la población que están cayendo enfermos por la exposición al contagio de virus debido a que sus condiciones de precariedad en sus vidas, pero lo único que parece importarle al gobierno norteamericano es “salvar la economía”, reabriendo las empresas y comercios y centros de trabajo.
Quienes están aportando las mayores cuotas de muertes y contagiados en esta crisis de salud, son los integrantes de las comunidades de raza negra y las comunidades de hispanos que viven en condiciones de marginación, exclusión y opresión.
Las últimas palabras de George Floyd sintetizan las condiciones de vida de millones de personas, no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo entero, que viven en condiciones de desigualdad económica y social y forman parte de la población de excluidos, desplazados y oprimidos.
“No puedo respirar” dicen también las masas de excluidos de una economía de mercado, todos aquellos “consumidores defectuosos” que no se integran de manera funcional a un sistema que se basa en la lógica de producción masiva y consumo masivo por estar desempleados o vivir de la economía informal, o simplemente sobreviven, están ahogándose en las aguas del mercado libre. Aquellos que no pueden consumir no pueden formar parte de un sistema regido por las leyes del Mercado y quienes determinan esas leyes del Mercado son los dueños de las grandes corporaciones que están presionando al gobierno estadunidense para “volver a la normalidad” de la producción y consumo.

Esa normalidad ya no será la misma, porque todas las experiencias son experiencias de aprendizaje, las vivencias de la reclusión en la crisis sanitaria nos deben conducir a la conclusión de que no podemos seguir siendo indiferentes ante el sufrimiento colectivo de quienes son desplazados por no tener el dinero suficiente que les permita integrarse al mercado.
Las movilizaciones espontáneas y masivas se explican en este contexto y adquieren sentido al verlas no como respuesta a un incidente aislado, sino mas bien a la consecución de varios incidentes similares en los que se han dado hechos de abuso policiaco y racismo. Son la expresión social de un hartazgo popular que expresa su insatisfacción contra un sistema que no responde a sus expectativas y a una forma de gobernar que no es incluyente y conciliatoria, sino todo lo contrario. Bien lo decía el filósofo griego Cornelius Castoriadis, “en política deben tenerse dos habilidades, la primera es saber llegar al poder y la segunda es saber gobernar”.
Por más que se tenga el poder formal, si no se sabe gobernar, el pueblo cobrará las facturas de deudas sociales, si no hay justicia, luchará por hacer justicia, si no hay libertad, luchará por la libertad, si no hay democracia, luchará por construir un nuevo mundo en el cual efectivamente exista una realidad en la que la justicia, la libertad y la democracia sea para todos, sin distinción alguna de raza, religión, educación o género.
La ola de protestas que circularon por latinoamérica y Europa han llegado a Estados Unidos y el país más poderoso de la tierra se encuentra dividido en dos partes, miles de ciudadanos estadunidenses en más de 30 ciudades de ese país, luchan contra su propio gobierno que no atiende sus reclamos y responde con el uso de la policía y militares, imponiendo toques de queda para evitar más concentraciones y manifestaciones de protesta.
Todo este panorama refleja la necesidad de construir un nuevo mundo donde el Mercado no sea el que rija el destino de la humanidad, donde el color de la piel o el origen racial sean motivo de discriminación. Las marchas multitudinarias en Estados Unidos coinciden con las marchas multitudinarias de otros países donde los oprimidos y excluidos coinciden en el deseo por luchar y construir un mundo nuevo en el cual no existan nunca más personas oprimidas que griten: “No puedo respirar”.

1.- Estados Unidos: el asesinato de George Floyd como una chispa que prendió en todo el país.

2.- EEUU en candela: Más de 30 ciudades en protesta racial


3.- Yescas, Oscar : La revolución ecuatoriana 11/10/19
4.- Yescas, Oscar: Chile: de nuevo la pesadilla 22/10/19
5.- Yescas, Oscar: Golpe de Estado en Bolivia
6.- Yescas, Oscar: El Dios Mercado: la religión del siglo XXI
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/el-dios-mercado-la-religion-del-siglo.html