Pensamientos
sobre la crisis del amor y su impacto en la sociedad posmoderna
Oscar
Yescas Domínguez
14
de agosto de 2026
Introducción
El origen de la familia como punto de partida
El amor contractual
El amor cortés
El amor romántico
El amor líquido
El amor maduro
¿Qué es el amor?
Conclusiones
Escribir sobre el amor en un momento histórico en un escenario
internacional caracterizado por la irrupción de “fenómenos naturales que
provocan graves daños: grandes incendios, fuertes inundaciones, terremotos,
tifones y la presencia de figuras de políticos de ultraderecha que toman el
poder y por su actuación como auténticos sociópatas se proyectan como nubes
negras que oscurecen el horizonte, porque personifican el resurgimiento del fantasma
del fascismo al promover discursos de odio, quizá pueda sonar como una utopía o
un tema irrelevante que “distrae la atención sobre temas políticos y económicos
más importantes de los cuales se necesita hablar con urgencia”.
Inclusive habrá académicos que piensen que el amor no existe,
no en tal forma que pueda ser objeto de investigación científica, porque el
positivismo invade la enseñanza del conocimiento científico en nuestras
universidades y parten de la falsa premisa de que el conocimiento científico
debe ser medible, comprobable y observable.
Quienes pudieran caer en la tentación de pensar de esta forma,
podrían tener algo de razón porque una inmensa mayoría de la humanidad está
experimentando un sufrimiento colectivo debido al surgimiento de una
necropolítica que es un concepto creado por el filósofo Achille Mbembe (1),
que define cómo el poder político y social decide quién vive y quién muere. En
lugar de administrar la vida (biopolítica), este poder utiliza el terror, la
violencia y la muerte de sectores vulnerables para controlar a la población.
En
este contexto una inmensa mayoría de la población limita sus prioridades a
sobrevivir cada día porque sus vidas se ven amenazadas por la aplicación de
políticas neoliberales que promueven el crecimiento de una desigualdad social
que precariza sus condiciones de existencia y el riesgo de morir es constante
por el abandono del Estado y que
Si
elevamos la mirada para actuar como analistas sociales, podremos ver que la
humanidad entera experimenta miedos, temores y es presa de una gran
incertidumbre porque las grandes potencias están siendo dirigidas por políticos
perversos que trabajan al servicio de la oligarquía corporativa y su
comportamiento refleja una ceguera moral al actuar con gran crueldad tomando
decisiones que afectan a las mayorías marginadas, pero benefician al capital
privado.
El
comportamiento de estos politicastros está motivado por una ambición sin
límites que los empuja a aprovechar sus posiciones de poder para enriquecer sus
fortunas personales y como estrategia distractora crean enemigos públicos
imaginarios para promover sentimientos de odio y justificar la desviación de
presupuesto público en gastos de defensa militar, mientras recortan las
partidas destinadas para atender las necesidades sociales y pretenden empujar
al mundo entero a una tercera guerra mundial en la que debido a la existencia
de armamento nuclear sólo existe una alternativa segura: habrá una destrucción
mutua.
Hace
cincuenta años el amor era la principal fuerza que movía al mundo y esta se
manifestaba en la música que contenía mensajes de paz, amor y crítica social,
esta cultura emergente en un ambiente de autoritarismo funcionó como un vínculo
que logró concientizar a millones de personas sobre la necesidad de participar
en política para impulsar un cambio social bajo la consigna “haz el amor no la
guerra” y permitió el surgimiento de diferentes
movimientos colectivos que lucharon por la conquista de derechos civiles,
humanos, sexuales, de salud, en contra de la guerra, etc.
Pero
hoy en día vivimos en un escenario de descomposición social en el cual las producciones
musicales que hacen llamados a la violencia (narcocorridos), denigran la imagen
de la mujer (reguetón, rap, grupera, etc.), se han enquistado en los contenidos
de la cultura contemporánea y diariamente absorbemos diferentes dosis de
violencia en nuestras vidas cotidianas a través de las noticias, películas o
series de televisión.
Esta
es la razón por la cual en momentos se tiene la sensación de que el amor es un
sentimiento humano que está en proceso de extinción, porque la cultura
patriarcal nos enseña que “amar es para los débiles” y nuestra capacidad de desarrollar
sentimientos de amor cede ante la expansión de una ceguera moral que genera una
incapacidad para distinguir entre lo que es correcto o incorrecto, moral o
inmoral, permite el surgimiento de una indiferencia social al dolor ajeno y a
las injusticias sociales, lo cual provoca la difusión de discursos de odio que
enfatizan las diferencias económicas, políticas, raciales o sexuales, despojan
de su dignidad y condición humana a millones de personas que no encajan en la
lógica del capital que gira en torno al círculo interminable de producir y
consumir.
Es este escenario de incertidumbre, de violencia,
discriminación, odios aprendidos y sufrimiento constante, vivimos en un momento
histórico caracterizado por la presencia de una enorme crisis social en la cual
millones de individuos viven crisis individuales porque la desigualdad social
también tiene efectos psicológicos ya que golpea la autoestima, genera
sentimientos de inferioridad, impide construir un autoconocimiento que permita
lograr una autoaceptación y construir lo que debería ser el primer amor en
nuestras vidas que es el amor propio.
Una
gran mayoría está consciente de estar viviendo en una sociedad en crisis, pero de
tanto que se ha repetido esa palabra ha perdido su significado, pero lo que la
mayoría de las personas no sabe es que la crisis que estamos atravesando a
nivel global no es cualquier crisis, porque en realidad nos encontramos en el
contexto de una policrisis, es decir, en una crisis que se manifiesta en
múltiples dimensiones (económica, política, ecológica, migratoria, sanitaria, tecnológica,
sexual, etc.) y desde esta perspectiva podremos comprender que absolutamente
todo se encuentra afectado por esta crisis.
Cuando
se dice que “todo está en crisis” no se está exagerando porque la principal
característica del mundo contemporáneo es su movilidad, vivimos en un momento
histórico en el cual todo adquiere formas temporales, que por su brevedad
provocan inestabilidad social y por esa condición de constantes cambios el
filósofo polaco Zygmunt Bauman bautizó a nuestra sociedad como “modernidad líquida”
(2).
De
la misma forma que la crisis social provoca millones de crisis individuales,
las constantes transformaciones sociales que ocurren en el entorno social
generan transformaciones individuales porque afectan nuestra percepción de la
realidad, cambian nuestra forma de ver a los demás, cambia nuestra manera de
vernos a nosotros mismos, cambian los rituales que rodean la práctica de la
sexualidad, las formas de creación de parejas y en consecuencia, también cambia
nuestra percepción de lo que es el amor.
Por esas razones, cuando hablemos del amor debemos considerar
el actual contexto de policrisis en que estamos viviendo y reconocer que esta
crisis no se limita a aspectos económicos, sino que abarca todas las
manifestaciones del comportamiento humano y en esa perspectiva podremos
comprender que el amor en nuestra sociedad contemporánea se encuentra en
estado de crisis y las manifestaciones de esta crisis las podemos encontrar
al observar las condiciones que presenta el ejercicio de la sexualidad, que
lejos de ser fuente de placer y felicidad se ha convertido en causa de
sufrimiento individual y colectivo, por lo que es posible hablar de la
sexualidad contemporánea como un problema social.
El
fundamento de la anterior afirmación se encuentra en el constante aumento de
separaciones que se registran en la relación de pareja, el incremento en casos
de infidelidad, el número de mujeres que son abandonadas por su pareja y se
convierten en cabezas de familia monoparentales, en la crisis del matrimonio
como institución, en casos de tráfico sexual de mujeres, abuso sexual infantil,
en la alza de casos de feminicidio, todas estas manifestaciones de la
sexualidad contemporánea muestran estadísticas que reflejan el grado de miseria
que tiene actualmente el ejercicio de la sexualidad contemporánea (3).
La
crisis de la sexualidad humana está directamente relacionada con la crisis del
amor contemporáneo porque en un contexto social de fragilidad de los vínculos
afectivos y en el marco de la difusión de un modelo genital de la sexualidad,
el amor tiende a ser confundido con la gratificación sexual y al disminuir el
placer en la relación de pareja, el vínculo afectivo tiende a debilitarse por
lo que las rupturas amorosas y casos de divorcio tienden a convertirse en
estadísticas que van en aumento alarmante (4).
En
consecuencia, debemos reconocer que en concordancia con el incremento de varios
problemas políticos, económicos y sociales que se presentan como nubes negras
en el horizonte y provocan un sufrimiento colectivo, hemos llegado a un punto
en el cual vivimos en una patocracia, es decir, en una forma de gobierno
en la que el poder está en manos de personas con trastornos de personalidad y
problemas mentales graves, como la psicopatía o el narcisismo. Estamos bajo el
poder de líderes tóxicos que han tomado el control del Estado, realizan actos
de crueldad extrema y sus comportamientos son observados con pasividad,
tolerancia e inclusive aceptación por buena parte de la sociedad (5).
La
maldad líquida tiene un origen estructural porque es provocada por el abandono
del Estado de su responsabilidad de atender las necesidades sociales provocando
un aumento de la desigualdad social, que es la fuente de grandes problemas
sociales que afectan a una inmensa mayoría marginada que se ve en la necesidad
de solucionar en forma individual los problemas personales que son provocados
por la implementación de políticas neoliberales que han agudizado diversos
problemas sociales.
Pero
a pesar de lo anterior, todavía existe esperanza para la humanidad porque son muchas
más la personas que desean la paz y no quieren la guerra, son más las personas
que sueñan con un mundo mejor y que tienen más capacidad de amar que el deseo
de odiar, porque son más las personas que luchan por el bien, que aquellas que
impulsan el mal.
Estas
y otras razones proporcionan una justificación para que el tema del amor se
ponga en la mesa de discusiones y procedamos a analizar las causas que provocan
que el amor haya perdido su función de guía social en la conducción de la
sociedad contemporánea.
El origen de la familia
En la mayor parte de las sociedades contemporáneas el amor es
reconocido como el motivo más legítimo para formar una pareja, existe libertad
para elegir la pareja, la relación de pareja es la base de la creación de las
familias y también es libre la decisión de contraer matrimonio y si la relación
no funciona, existe la posibilidad de terminarla porque el divorcio en nuestros
tiempos se ha convertido en una práctica normal.
A lo largo de la historia, el amor, la relación de pareja y la
familia, han evolucionado y adoptado diferentes formas muy distintas a las que
se observan hoy en día, por lo que resulta necesario analizar las
características, el origen y los estilos que presentaron en el pasado estas
expresiones afectivas y comportamientos sociales.
Pero
antes de realizar esta labor debemos reconocer la premisa de que al igual que la
sexualidad tiene una relatividad sociocultural, (que significa que lo que es
aceptable socialmente en una cultura específica, puede ser prohibido en otra
cultura social), el amor como todo comportamiento social, también está
determinado por la cultura dominante en el momento histórico en el que se
presenta, porque cada cultura tiene su propia conjunción de valores, normas,
tradiciones y costumbres, que determinan expresiones particulares de los lazos
sociales y los vínculos afectivos que se dan entre los seres humanos.
Una buena introducción al tema nos la proporciona la lectura
del libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Federico
Engels (6), en esta obra publicada en 1884, tomando como base basándose
los estudios del antropólogo Lewis H. Morgan y el materialismo histórico, explica
el autor que la familia, la propiedad privada y el Estado no han
existido siempre, sino que surgieron a partir de cambios económicos en la
historia humana.
Este
planteamiento fue una crítica provocadora que provocó un profundo impacto
social a la familia nuclear victoriana que estaba vigente en el momento
histórico que fue escrito dicho libro. En su obra Engels argumentó que el hogar
monógamo tradicional era, de hecho, una construcción reciente y que su origen
estaba estrechamente ligada a la sociedad capitalista.
Hizo
la descripción de las condiciones de vida de los seres humanos primitivos que
vivían en comunidades nómadas en una organización social que se caracterizaba
por la poligamia y a la cual Engels llamó “comunismo primitivo”, porque hombres
y mujeres compartían todo entre sí, las mujeres mantenían relaciones sexuales
con varios hombres y los hombres competían para copular con la mayor cantidad
de mujeres.
Los
hijos que llegaban como resultado de esta libertad sexual eran criados por
todos los miembros de la tribu que seguían trasladándose de un lugar a otro, se
asentaban temporalmente en los márgenes de ríos o lagos y después continuaban
viajando, para establecerse por tiempos más prolongados en otros lugares hasta
que abandonaron su condición de nómadas.
El
paso de la vida nómada a la vida sedentaria se presentó cuando se inventaron
los primeros instrumentos de agricultura y pesca que les permitieron obtener
alimentos sin tener necesidad de salir de caza, por lo que decidieron
establecerse en forma definitiva en lugares que permitían realizar esas
actividades.
La
construcción de lugares donde dormir, la creación de instrumentos de trabajo
propició que surgiera el sentimiento de propiedad privada, por lo que los
hombres impusieron la monogamia a las mujeres porque era la forma que les
garantizaba que sus propiedades fueran heredadas por sus hijos y no por los
hijos de otros.
A
las mujeres se les asignó el cuidado de los hijos y mantenimiento de la casa,
mientras que los hombres se dedicaban a la agricultura, pesca, caza y a la
protección de la comunidad entera. Fue en estas condiciones que surgieron los
primeros tipos de familia en la cual la monogamia se impuso a las mujeres,
mientras que los hombres seguían disfrutando de libertad sexual, pero con ciertas
limitaciones. A esta etapa del desarrollo de la humanidad no podría afirmarse
de la existencia del amor, porque las uniones eran motivadas por impulsos
sexuales y los afectos no jugaban un papel determinante.
El
amor contractual
Siglos
más tarde, (alrededor del 2350 al 4000 a. C.) surgió el matrimonio como
institución social y legal en la antigua Mesopotamia y con él apareció lo que
algunos autores llaman “amor contractual”, porque las
parejas conformadas por un hombre y una mujer se unían a través de un contrato
económico y de propiedad que se establecía entre dos partes para asegurar la
herencia y la paternidad legítima de los hijos. En este tipo de unión no
existía el romanticismo ni mucho menos el amor.
Apareció
en sociedades como Egipto, donde el amor estaba separado del matrimonio porque
para los egipcios la unión de la pareja se realizaba en base a un contrato
redactado en igualdad de hábitos sexuales para ambas partes (una práctica
social que fue una constante en todo el mundo antiguo hasta que surgió el
cristianismo).
Para
los egipcios no era motivo de preocupación que los hijos fueran legítimos o no,
lo único que les importaba era su fertilidad y el sexo no era algo que
mereciera grandes discusiones porque la actividad sexual se aceptaba con
absoluta naturalidad como una parte esencial de la vida, a la par de comer o
dormir. No era considerado un tabú ni una fuente de culpa, sino un regalo de
los dioses ligado al placer, a la salud y a la continuidad de la existencia. En
esa perspectiva el sexo formaba parte de las relaciones amorosas que se
establecían en aquel entonces.
Había
libertad sexual y apertura en las relaciones amorosas y sexuales, pero aún así
existían reglas claras sobre el matrimonio y la moral Hombres y mujeres tenían
igualdad de derechos ante la ley, pero la sociedad valoraba la unión monógama y
la familia.
había
bastante libertad y apertura en las relaciones amorosas y sexuales, pero
existían reglas claras sobre el matrimonio y la moral. Los hombres y las
mujeres tenían igualdad ante la ley en muchos aspectos civiles, pero la
sociedad valoraba sobre todo la unión monógama y la familia.
Mientras
que, en la sociedad griega, en la cultura predominante la mujer era criada en
familia privada de derechos políticos y se les limitaba a la función de
procrear hijos, de preferencia varones. Cuando cumplía 13 o 15 años, sus padres
concertaban un matrimonio eligiendo al pretendiente más adecuado, la ofrenda de
la mujer era acompañada de una dote que tenía la finalidad de protegerla en
caso de que el matrimonio fracasara, mientras que el novio debía comprar
regalos a la familia de la novia A las mujeres se les privaba de sus derechos
políticos, La mujer iba acompañada de una dote.
Después
de la boda, la mujer permanecía encerrada en casa criando a los hijos, por lo
que el amor no tenía cabida entre los esposos en este tipo de matrimonios, por
lo que los impulsos sexuales, la pasión tenían lugar fuera de la relación
matrimonial. Los hombres se satisfacían con esclavas o concubinas o acudiendo a
lugares donde se ofrecían servicios de prostitución
El
matrimonio era una obligación para todos los ciudadanos, porque a ley perseguía
a los solteros que no cumplían con su deber de casarse y tener hijos que
terminarían como soldados del imperio. Desde el momento del nacimiento ya se
decidía con quien se casaría la niña o niño y los padres de los futuros
contrayentes intercambiaban terrenos o propiedades.
Al
entregar el padre a su hija, aceptaba que su futuro esposo se convirtiera en
dueño de ella, la mujer tenía la obligación de serle fiel a su esposo y si no
cumplía con su compromiso, ella era repudiada por parte de su esposo, padres y
sociedad, mientras que los hombres no enfrentaban amenazas de este tipo, aun
cuando tenían un harem a su disposición.
En
el caso de la sociedad romana sucedía algo similar, pero la boda era
generalmente concertada por el jefe del clan a una edad mayor, cerca de los 18
años y también se entregaba una dote junto a la mujer, misma que servía como
garantía económica por si fallaba la relación. A la mujer romana se le asignaba
el papel de matrona que tenía como función concebir hijos preferiblemente
varones y se esperaba que cumpliera el rol de abnegada esposa subordinada al
marido.
Tanto
los romanos como los griegos presentaban el mismo comportamiento de mostrar
afecto a la esposa, pero satisfacer sus deseos y fantasías sexuales con
esclavas, sirvientas o prostitutas. Mientras que las mujeres en la antigua Roma
no podían tener relaciones sexuales libremente fuera del matrimonio.
Toda
actividad sexual de una mujer libre (incluso si era soltera, viuda o
divorciada) fuera de una unión legal se consideraba un delito grave (adulterium
o stuprum) y estaba castigado por la ley y la moral social. En este
contexto cultural, el amar a la esposa era algo que nadie se tomaba en serio,
por lo que llamar amor contractual a esta etapa de la historia no tiene
sentido.
Todas
las evidencias históricas apuntan a que en el período previo al surgimiento del
cristianismo, existía una gran libertad sexual en Grecia, Persia y Roma, lo que
permitía a los hombres y mujeres obtener placer y satisfacción sexual sin
sentimientos de culpa, pero los primeros cristianos se apartaron de tales
prácticas sexuales cuando surgió el concepto del pecado y se asoció al sexo por
placer con conductas pecadoras, por lo que la naciente Iglesia cristiana llamó
a “evitar el deseo de la carne para heredar el reino de Dios” (7).
Años
más tarde durante el período conocido como la edad media, la Iglesia cristiana
creció al grado de compartir el poder con la monarquía y declaró que los
matrimonios se vinculaban a un Dios cristiano que bendecía esa unión, por lo
que la unión matrimonial debía durar toda la vida hasta que la muerte los
separara, por lo que, por primera vez en la historia, el matrimonio se
convirtió en un vínculo que no se podía romper. Además de lo anterior, la
Iglesia también impuso la fidelidad a los esposos, por lo que el adulterio se
convirtió en delito tanto para las mujeres como para los hombres.
Pero
esta prohibición no impidió que desapareciera la práctica del adulterio, porque
el matrimonio no impedía amar, aun cuando el amor se encontrara fuera del
matrimonio, por lo que el amor llegó a asociarse con el adulterio y con “la
debilidad de la carne”.
Desde
su origen, la Iglesia cristiana consideró al sexo como algo indispensable para
la reproducción, pero al mismo tiempo como algo pecaminoso por lo que
autorizaba el sexo solo si se realizaba dentro del matrimonio con la finalidad
exclusiva de procrear y declaró que practicar el sexo por placer era lujuria y ésta
formaba parte de los pecados capitales, por lo que la masturbación se incluyó
como parte de los actos sexuales prohibidos. El cristianismo asoció la
espiritualidad con la abstinencia sexual y promovió el celibato que fue
considerado como un vínculo superior que el matrimonio.
Durante
la edad media, se mantuvo el contrato matrimonial que era pactado por los
padres de la mujer que fijaban la dote y recibían una cantidad por parte del
novio por concepto de “compra” del poder paterno sobre la mujer y dentro del
matrimonio las relaciones sexuales se limitaban a la sexualidad reproductiva,
es decir, con el único fin de embarazar a la mujer y tener hijos.
La
imposición del cristianismo como religión dominante logró prohibir las
relaciones previas al matrimonio y el atractivo de la dote empujaba a los
hombres a casarse jóvenes sin amar a quien escogían por esposas, por lo que
eran frecuentes las relaciones ilícitas, la abundancia de hijos bastardos y las
visitas a lugares donde se ejercía la prostitución.
Eran los tiempos en los cuales el cristianismo creó dos
figuras de la mujer, la abnegada ama de casa, madre de los hijos, con la
práctica de la sexualidad se realizaba sólo con fines reproductivos y la figura
de Eva, la mujer pecadora, que seducía a los hombres que acudían a prostíbulos
para realizar todo tipo de actos sexuales que no podían realizar por
considerarlos impuros e indecentes (8).
El amor cortés
Después
de la edad media en el siglo XI surgió en Europa, el amor cortés
que se caracterizaba por la devoción idealizada de un caballero hacia una dama
inaccesible, que por lo regular pertenecía a la nobleza y a menudo era casada. Por
estas razones este tipo de amor no esperaba correspondencia por lo que el amor
carnal no estaba contemplado ya que era un amor idealizado que surgió como un
escape al amor contractual porque permitía la libertad de elegir a quien se
entregaría el amor afectivo y era la costumbre que el hombre fuera el
responsable de conquistar el amor de la mujer elegida.
Como
en aquella época el matrimonio contractual tenía poco que ver con el amor, el
amor cortés era también una forma para que los nobles expresaran el amor
que no encontraban en su matrimonio. La necesidad de romance solía satisfacerse
fuera del matrimonio, siempre y cuando se respetaran estrictamente las normas
relativas a la castidad y la fidelidad.
En
la edad media se pensaba que el amor cortés era una dolencia que afectaba solo
a la aristocracia, porque se creía que solo las clases nobles podían amar y si
un joven que perteneciera a la nobleza se enamoraba o sentía atraído por una
campesina, se le aconsejaba que no perdiera el tiempo con palabras, ya que
tales criaturas viles eran incapaces de comprender el valor del lenguaje
romántico y se les aconsejaba realizar un acto de violación para satisfacer sus
deseos carnales.
Fue
precisamente esta percepción de que solo los nobles podían amar con el corazón
y mente, mientras que los plebeyos eran presa de la carne y no sabían
expresarse, lo que dio origen al amor cortés, que se presentaba como un modelo
de cortesía, que se habla en el "lenguaje establecido del sistema
caballeresco”. Un amor que con el paso del tiempo pasó de ser una forma de
hablar para convertirse en una forma de sentir y actuar que determinó el
comportamiento social durante varios siglos.
El
amor romántico
Posteriormente,
a finales del siglo XVIII y principios del XIX, surgió el amor romántico
como heredero del amor cortés, con la irrupción del movimiento del romanticismo
y con él surgió la libertad de elegir pareja sin que mediaran terceros en tal
decisión, con este cambio, se logró armonizar el matrimonio con la pasión
sexual. Algunos autores señalan que el amor romántico fue una
creación de los trovadores franceses del siglo XII, pero varios estudios de
antropólogos indican que este tipo de amor se ha dado en todas las culturas y
en todos los tiempos.
Jankowiak y Fischer estudiaron 166 sociedades
y comprobaron la existencia del amor romántico en un 88% de ellas, y en el
resto, los informes etnográficos no eran concluyentes, Ambos autores
describieron el amor romántico como una intensa atracción física que
implica una idealización del otro, dentro de un contexto erótico, con la
expectativa de que dure en el futuro (9).
El
amor romántico emergió como un amor perpetuo asumido voluntariamente por dos
personas, un amor incondicional y para siempre, que en ocasiones no estaba
vinculado a la voluntad ni necesariamente esperaba correspondencia, por lo que
provocaba sufrimiento y dolor.
Su
creación partió de la premisa de que el ser humano estaba incompleto, que
necesitaba encontrar su complemento sexual y afectivo en otra persona con la
cual pudiera construir una relación de pareja, al lograr esta unión se daba una
sensación de complementariedad y correspondencia que permitía alcanzar la
plenitud del ser de ambos integrantes.
Con
el paso del tiempo, surgió la revolución industrial y con ella la creación de
grandes fábricas, lo que propició el crecimiento de las ciudades y el abandono
del campo de grandes sectores de la población para residir en los nuevos que
rodeaban los polos industriales. Al vivir lejos de sus familias, los jóvenes
tuvieron más libertad y desafiaron las normas establecidas para elegir pareja, hacer
demostraciones públicas del sentimiento amoroso y tomar las riendas del control
de sus vidas.
La
segunda guerra mundial requirió de la mano de obra femenina por lo que muchas
mujeres salieron de sus hogares para trabajar en las fábricas, logrando con
ello obtener su independencia económica y construir un empoderamiento femenino
que les permitió tomar el control de sus vidas por lo que se redujo la
necesidad de mantener la obediencia femenina a sus maridos y aumentó el número
de separaciones de pareja aun cuando el divorcio seguía siendo mal visto.
La
invención de la televisión y la llegada del cine contribuyeron a sacudir un
modelo de familia que se venía manteniendo desde hacía miles de años, porque influyeron
en la generación de cambios comportamentales tanto en hombres como mujeres, que
retomaron como ejemplos a seguir a los modelos que veían en las películas que
presentaban romances y símbolos sexuales que además de entretener al público, realizaban
una pedagogía informal porque enseñaban que era posible construir nuevos tipos
de comportamientos, por lo que se empezó a presentar un rechazo masivo al
puritanismo sexual que se exigía a las mujeres.
La
invención de la penicilina, la producción masiva de la píldora anticonceptiva y
el descubrimiento del papel que juega el clítoris en la sexualidad femenina proporcionaron
una mayor libertad sexual a las mujeres porque eliminó la amenaza de un
embarazo no deseado y les permitió elegir entre la maternidad o el placer en el
acto sexual.
En
1948 se publicó en Estados Unidos el informe Kinsey que comprende dos libros
clásicos sobre sexología publicados por Alfred Kinsey: Conducta sexual del
hombre (1948) y Conducta sexual de la mujer (1953) que incluían estudios
que demostraban que hombres y mujeres tenían un interés primordial hacia el
sexo, que existía práctica sexual entre personas del mismo sexo, que la
masturbación era una práctica frecuente tanto en hombres como en mujeres, que
existían otras posturas diferentes a la del misionero, que el sexo anal era más
frecuente de lo esperado, que hombres y mujeres utilizaban el sexo como fuente
de placer y no como fuente de procreación, por lo que se evidenció que las
prácticas sexuales que antes se consideraban ilegales y eran calificadas como
perversas, en realidad se habían convertido en prácticas socialmente aceptadas
y legalizadas (10).
Con
estos cambios en 1960 surgió una revolución sexual que cuestionó la existencia de
los matrimonios arreglados por los padres, se criticó la reducción de la
sexualidad a fines reproductivos, se exigió que se aceptara que la mujer
buscara el placer sexual sin sentimientos de culpa y se inició la creación de
parejas con una relación entre iguales, dejando atrás siglos de sentimientos de
culpa, vergüenza y sometimiento femenino a una pretendida supremacía del
hombre.
A
lo largo de las últimas décadas en la cultura occidental se fue consolidando el
amor romántico como modelo dominante en el cual se establece como requisito
fundamental para formar una pareja es que ambos miembros estén enamorados uno
del otro y el matrimonio aparece como una elección personal tomada libremente, en
la que se asume que el sentimiento de
amor es tan fuerte que los integrantes de la pareja aceptan con plena
convicción formalizar su unión “hasta que la muerte los separe” y realizan el
ritual con la entrega de un anillo de compromiso.
En
la mayor parte de las sociedades contemporáneas el amor es reconocido como el
motivo más legítimo para emparejarse, la elección de la pareja se realiza con
total libertad y existe la alternativa del divorcio por si el matrimonio no
funcional.
Encontrar
el amor romántico formó parte durante mucho tiempo del modelo a seguir
promovido por el “modo americano de vida” (american way of life), que consistió
en encontrar una pareja aceptable socialmente con la cual se pudiera formar una
familia, tener un empleo con buenos ingresos que permitieran comprar una linda
casa, tener hijos, poseer un automóvil de modelo reciente y disfrutar una vida
con un consumo permanente.
Pero
la aplicación de la ciencia y tecnología en el proceso de producción permitió
lograr una producción masiva que necesitaba mantenerse a través de lograr un
consumo masivo de carácter permanente, por lo que surgió un proceso de
alienación social denunciada en su momento por varios pensadores que alertaron
sobre el inicio de un proceso de personificación de los objetos y cosificación
de las personas.
En
el contexto del surgimiento de diferentes movimientos colectivos que luchaban
por conquista de derechos laborales, movimientos feministas que peleaban por
una igualdad sexual exigiendo derechos sexuales, el sistema capitalista mostró
una gran capacidad absorber aquello que lo criticaba, para transformarlo en
mercancía y venderlo en el mercado.
En
sus inicios, el mercado se apropió de la demanda de libertad sexual que exigían
mujeres y hombres, para promover un modelo que reducía la sexualidad humana a
su expresión genital, es decir, a sexo simple y creó una variedad de productos destinados
a satisfacer necesidades y fantasías sexuales, utilizó una publicidad en la que
se revestía a varios productos con alusiones sexuales, utilizando como gancho
para llamar la atención figuras de mujeres atractivas en poses sugestivas y
prendas eróticas para promover su venta masiva.
Esto
trajo como consecuencia la reducción de la figura femenina a la condición de un
objeto sexual, su deshumanización y cosificación al sobrevalorar sus atributos
físicos imponiendo la creencia de que el principal valor de las mujeres era su
belleza física y encontró un enorme mercado de consumidores tanto en varones
como mujeres para vender productos convenciendo a los consumidores que tenían
propiedades que les permitían transformar su apariencia para acercarse a las
figuras ideales de hombre y mujer que el mercado estaba promoviendo.
Esto
permitió crear un mercado del amor, un término que es una metáfora que compara
la búsqueda de pareja y las relaciones románticas con el funcionamiento de la
economía y el libre mercado. Donde intercambian la oferta, la demanda, la
escasez y la evaluación de costos y beneficios. Sobre estas bases fue que
surgió el amor líquido.
El amor líquido
En nuestros días, en pleno siglo XXI todavía existen
manifestaciones del amor romántico, todavía existe el noviazgo y el matrimonio,
pero debemos recordar que nos encontramos en un contexto social caracterizado
por la existencia de una policrisis y unas de estas manifestaciones se reflejan
en la desaparición de los rituales, en la crisis del matrimonio como
institución y en la crisis del amor.
Las
redes sociales muestran un mercado del amor con una amplia oferta amorosa y es relativamente
fácil encontrar una pareja, cada día aumenta el número de parejas que deciden
permanecer en unión libre sin contraer matrimonio, pero también aumenta el
número de separaciones de parejas y esto se puede comprobar al ver las
estadísticas de divorcios y número de separaciones.
Estas
cifras muestran el rostro de la crisis del amor romántico que se tambalea
frente a nuestros ojos porque ha surgido un nuevo tipo de amor que el filósofo
Zygmunt Bauman bautizó como “amor líquido”, un nuevo modelo en el cual
la relación de pareja se construye sobre vínculos frágiles, fugaces, temporales
y carentes de un compromiso duradero. El amor líquido se caracteriza porque las
personas buscan conexiones fáciles y evitan construir lazos duraderos porque se
experimenta un miedo al compromiso y temor a perder mejores opciones de pareja.
Si la pareja enfrenta un problema, en lugar de resolverlo, se decide eliminar
el vínculo terminando la relación de pareja, a veces con un simple toque en un
teléfono celular. (11).
Esto lo podremos comprender si analizamos el mundo en que vivimos, un mundo en movimiento constante, donde todo está cambiando constantemente, todo a nuestro alrededor adquiere formas temporales, nada permanece igual porque todo se torna líquido.
Este
cambio de forma sólida a líquida afecta nuestra existencia, se refleja en la
educación, en la cultura, en nuestra construcción personal y de manera
particular afecta las relaciones interpersonales porque al ser líquidas se debilitan
los vínculos y las relaciones se vuelven frágiles, transitorias y temporales.
Según el planteamiento de Bauman, el modelo de consumo que ha
impuesto la economía de libre mercado para mantener el equilibrio entre producción
y consumo masivos se ha interiorizado en millones de individuos e impactado las
relaciones sociales en general, pero de manera particular las relaciones
amorosas, porque éstas son valoradas en fusión del placer, satisfacción y
beneficios que ofrecen.
Placeres
y satisfacción que son temporales por lo que llega un momento en el que la
novedad desaparece y las personas pierden su atractivo inicial y son
desplazadas para ser tratadas como “amores de bolsillo”, porque existen nombres
de potenciales parejas que se manejan como ases bajo la manga, a quienes se
puede recurrir manifestando disponibilidad cuando se decide terminar la
relación amorosa.
En las relaciones de pareja dentro de la sociedad líquida, el
amor no juega un papel importante porque primero se evalúa la relación como una
inversión en la que se calcula el costo-beneficio que implicaría invertir
tiempo, sentimientos profundos y el jurar fidelidad se percibe como un enorme
riesgo porque podría provocar dependencia hacia la pareja y cerrar
oportunidades mejores que podrían presentarse en el futuro.
Por esa razón, es muy frecuente que uno de los miembros que
genere una dependencia porque su amor no es completamente correspondido por la
otra parte que no quiere sentirse atada y que desea mantener una libertad individual
de seguir exponiéndose en poses sugestivas en redes sociales de tal forma que
si surge “una oportunidad mejor” pueda terminar su relación y marcharse en cualquier
momento.
Para
garantizar la inversión de tiempo en la nueva relación, las nuevas generaciones
presentan una tendencia de exigen la firma de acuerdos prenupciales, rechazar
la opción de matrimonio bajo la opción de bienes separados y presentar como demanda principal la firma del régimen de matrimonio mancomunado, que es
conocido legalmente como sociedad conyugal, que significa que todos los bienes
y deudas adquiridos de forma conjunta o individual a partir del día de la boda
civil pertenecerán a ambos esposos en partes iguales (50% cada uno), sin
incluir el patrimonio previo de cada uno, sin importar que en el tiempo que
dure la relación sólo uno de los integrantes (por lo regular el hombre) sea el
que genera más riqueza o acumulación de bienes, porque este tipo de unión
garantiza que en caso de divorcio se repartan los bienes en partes iguales.
Por esta razón, muchas personas (en su mayoría hombres) han
quedado en quiebra económica por haber elegido a una pareja que no les
correspondía su amor y que el único vínculo que solo deseaba invertir era el
del intercambio en el cual invertiría algunos años de su vida para después
separarse con una pequeña fortuna.
Esta
fragilidad que afecta los vínculos sociales entre las personas provocando que
el amor que antes era “para siempre”, se conviertan en amores efímeros que se
viven por instantes porque adoptan el modelo de la sociedad de consumo al
tratar a las personas como objetos de consumo, como fuentes de satisfacción
temporal que, al dejar de proporcionar placer, se torna desechables y
sustituibles.
En
la modernidad líquida desaparece el amor romántico porque las personas
experimentan impulsos de estrechar lazos para no estar solos, pero intentan
mantenerlos suficientemente débiles como para desanudarlos y romper el vínculo
si es necesario, porque en la economía de libre mercado, existe un mercado del
amor que permite encontrar alternativas de amor de una manera rápida a través de las redes
sociales con aplicaciones de citas a través de Tinder, Bumble, Grindr, Quiero
rollo, Solteros con nivel, Amir 40, Solteros 50, Flirtini, Chispa y otros más (12).
Como
todo comportamiento sexual, el amor contemporáneo está determinado por la
cultura dominante en el momento histórico en el que se presenta, porque la
cultura determina los lazos sociales así como las formas en las que se pueden
construir vínculos afectivos entre los seres humanos y en la sociedad de
consumo construida por la economía de libre mercado, el amor se construye en
base a un vínculo que permita obtener compañía, placer y satisfacción, pero que
al mismo tiempo no implique un compromiso.
Los
constantes cambios sociales han creado nuevos comportamientos y en la sociedad
contemporánea que está determinada por el Mercado que ha surgido como la nueva
religión del siglo XXI, surge un nuevo concepto llamado capitalismo
emocional el cual fue creado por la socióloga Eva Illouz, para describir
cómo la vida afectiva, las relaciones personales y la psicología se han
mezclado con las reglas del mercado (13), de tal forma que las emociones
se usan para producir más y el amor o la amistad se tratan como productos que
se compran, se evalúan y se reemplazan.
Desde
esta perspectiva, la vida emocional, la expresión de afectos, de emociones y de
amor, siguen la lógica del intercambio que es la base del sistema capitalista
para determinar las relaciones económicas, por lo que al debilitarse el modelo
del amor romántico ante la fragmentación de lo social, ante la atomización
provocada por la fragilidad de los vínculos sociales, el capitalismo emocional
viene a presentar el nuevo modelo de amor que estamos viviendo en la sociedad
posmoderna que Bauman llamó “amor líquido”.
En
este nuevo “modelo de amor”, el vínculo amoroso se caracteriza por su
fragilidad, transitoriedad y temporalidad, por lo que surgen amores efímeros de
corta duración que se viven en un instante y son consumidos por el tiempo de
forma rápida, por lo que las relaciones largas y permanentes que caracterizaban
al amor romántico tienden a ser la excepción y la regla es que los matrimonios
y relaciones de pareja tengan una duración breve.
El modelo de amor romántico es golpeado una y otra vez ante el surgimiento de nuevas formas de relacionarse como los amigonovios, amigos con derechos, relaciones abiertas, swingers, relaciones o noviazgos virtuales, sugardaddys, sugar mommys, amor a distancia, etc.
El promedio de duración de una
relación de pareja formal o noviazgo que no termina en matrimonio
varía entre 1 y 3 años. Si te refieres estrictamente a la fase
química del enamoramiento intenso, la ciencia indica que dura de 12 a 30
meses, mientras que los matrimonios que terminan en divorcio suelen durar en
promedio unos 8 años (14, 15).
El concepto de amor líquido sugiere que las relaciones humanas
se han convertido en redes de fácil conexión que pueden desconectarse en
cualquier momento, en eso consiste su fragilidad porque la tecnología permite
terminar relaciones de pareja a través de mensajes de texto, de voz o
simplemente desapareciendo de la vida de alguien y bloquearlo en el teléfono móvil,
lo cual dio lugar a un nuevo concepto que es el ghosting que es cuando una
persona corta toda comunicación de forma repentina, deja de contestar mensajes,
llamadas y desaparece como un fantasma sin dar ninguna explicación (16,17).
El
amor líquido surge en la sociedad de consumo donde todo tiene una vida temporal
y esto se ha extendido al campo de las relaciones afectivas porque la duración
de la pareja tiende a disminuir y la relación amorosa desaparecer en corto tiempo debido a que los
vínculos que les unen se caracterizan por ser demasiado frágiles, ya que se
basan en el paradigma de las redes sociales que ofrecen una amplia oferta de personas
dispuestas a mantener vínculos amorosos, pero que corren el riesgo de ser
eliminados rápidamente ante el surgimiento de cualquier problema o inclusive,
ante la aparición de una nueva figura que se postula como objeto de amor.
Estamos
presenciando el surgimiento de un nuevo modelo de individuo que está siendo modelado
por la economía de libre mercado y que se caracteriza por exhibir un
hiperindividualismo que lo empuja a competir constantemente y a deshacer los
lazos sociales porque el nuevo individuo se dedica a promoverse a sí mismo, a
buscar sólo su goce personal, a tomar selfies constantemente para publicar
imágenes de sí mismo y compartir en línea los placeres que se brinda aun cuando
estas imágenes no correspondan a la realidad.
El amor maduro
La
mayoría de las personas tiene más de un amor durante sus vidas, aun cuando el
primer amor se viva con intensidad y cierto grado de locura, algunos pueden
llegar a enamorarse varias veces y de esas experiencias haber obtenido un
aprendizaje que les permita madurar y comprender la relación amorosa de una
manera con mayor claridad de tal forma que puedan generar un compromiso de
cambio personal y dejar de buscar figuras ideales para aceptar a quien esté a
su lado en forma incondicional.
El
amor líquido provoca que debido a la fragilidad de los lazos que unen a la
pareja, se produzcan rupturas amorosas con una tendencia creciente y en el
proceso de separación de los amantes aumente el número de integrantes del club
de los corazones rotos, que viven esta experiencia como “si fuera la muerte en
vida porque la intensidad del dolor de la separación está en función directa
con la intensidad con la que se entregó el amor”, tal como lo describió el
psicoanalista Igor Caruso en su libro La separación de los amantes (19).
Pero
quienes han atravesado por esa dolorosa experiencia saben bien que el dolor es
temporal y que es posible dejar atrás el cúmulo de sentimientos negativos que
esta situación provoca (dolor profundo, tristeza, soledad, depresión, etc.), sentimientos
que son difíciles porque de momento no
se puede aceptar que la relación llegó a su final, que aquella persona a quien
amamos rehará su vida por su cuenta y lo que se vivió en pareja quedará atrás
para nunca volver.
Pero
la vida tiene sus altibajos y la decepción amorosa forma parte del sufrimiento
que ésta trae consigo, por lo que debemos prepararnos para seguir adelante sacando
fuerzas de nuestra debilidad porque volver a la normalidad no es nada fácil ya que
en la vida cotidiana se encontrarán diferentes objetos, lugares y detalles que provocarán
recuerdos que golpean el corazón y abrirán las heridas de nuevo.
Para
superar el desamor súbito se recomienda realizar una ceremonia fúnebre de dicha
relación que incluya la destrucción de fotografías, deshacerse de prendas,
objetos, libros y todo aquello que haya sido compartido con la persona que está
ausente, la recuperación de una decepción amorosa es algo similar al duelo, por
lo que es necesario atravesar diferentes etapas de duelo para empezar a limpiar
la mente y aliviar el corazón.
Ayudará
mucho para superar cuanto antes este duelo amoroso el tener presente que “Todos
tenemos derecho a segundas oportunidades y quien aprendió de la experiencia de
amar, atravesar por un divorcio o separación amorosa y a estar solo(a), ha
desarrollado su capacidad para amar en toda su plenitud y debe estar consciente
que pronto dejará atrás la soledad después de haber aprendido a estar solo, a
quererse a sí mismo, a desarrollar el amor propia para recuperar la autoestima
perdida y este aprendizaje genera una seguridad interna, crea una estabilidad
emocional que funciona como un imán ante otras personas porque nada es más
atractivo a los ojos de los demás que una persona que muestra seguridad en sí
mismo (20).
En
este punto es importante recordar que la frase “hasta que la muerte nos separe”
que se pronuncia como un voto tradicional de fidelidad y amor eterno durante
las ceremonias de matrimonio religioso o civil para prometer que la unión
durará toda la vida hasta que uno o los dos miembros de la pareja fallezca,
surgió en el año 1549 y fue pronunciada por el arzobispo de Canterbury Thomas
Cranmer.
Es importante ubicar el contexto histórico en el cual se acuñó esa frase porque en aquellos tiempos la esperanza de vida al nacer era de 30 a 35 años, por lo que jurar amor eterno tenía sentido porque la vida era breve, pero han pasado siglos desde que esa frase se pronunció y uno de los cambios que hoy estamos viviendo es que la longevidad ha aumentado a nivel global y la esperanza de vida (que es el promedio de años que se espera que viva una persona al nacer) es actualmente de 80 años y no se trata de añadir más años a la vida, sino más bien añadir más vida a los años de cada persona.
La
realidad es que la opción del “matrimonio para toda la vida” no es para todas
las personas por diferentes razones, primero es la existencia de una falta de
autoestima generalizada que es la causa principal que dio origen al amor
líquido, segundo, la tendencia a buscar pareja para llenar el vacío afectivo y dejar
atrás sentimientos de soledad, tercero, la falta de preparación para vivir en
pareja que impide un conocimiento previo de la persona con quien se compromete
en matrimonio.
Estas
y otras muchas más razones son la causa de que el número de separaciones de
parejas esté aumentando constantemente en nuestra sociedad, a tal grado que las
parejas que llegan a cumplir 40, 50 o más años juntos, son actualmente la
excepción de la norma y sea un grupo social más reducido cada vez porque el
aumento de parejas que termina por separarse por diferentes motivos va en
aumento.
Nuestra
visión del amor proviene de la cultura predominante que moldea nuestra forma de
pensar y pensamos que el amor es como lo que vemos en las películas, pero la
realidad es diferente y el primer amor nos educa porque el dolor de la
separación debe convertirse en una vivencia de aprendizaje, debe ayudarnos a
ser realistas y no idealizar a la pareja.
La
primera experiencia amorosa debe contribuir a romper esquemas mentales sobre el
amor, sobre los roles de género, sobre nuestra autoimagen y esta experiencia
vivencial que puede ser mentalmente agotadora, si la asumimos como una
experiencia de la cual se puede obtener un aprendizaje, buscar ayuda
psicológica en ese momento de crisis nos puede ayudar a superar la crisis
existencial, encontrarnos a nosotros mismos y salir fortalecidos de ese
infierno como el ave fénix.
Algunas
personas se encierran en su dolor y no logran superar la decepción amorosa,
quedan marcados por la experiencia y cierran sus corazones aun cuando tengan
nuevas parejas, evitan ser auténticos, no se entregan totalmente por temor a
sufrir nuevas decepciones y esta coraza sentimental que construyen para
protegerse termina siendo la causa de que las nuevas relaciones tampoco
funcionen y terminen experimentando nuevas separaciones.
Otras personas deciden ya no enamorarse, se entregan por completo a sus trabajos y siguen sus vidas sin contemplar proyectos de tener una nueva pareja, terminando por vivir solos el resto de sus días y esa es la razón por la cual podemos hablar de la existencia de una crisis del amor, por la existencia de un hiperindividualismo, la destrucción de los lazos sociales por el neoliberalismo, la epidemia de corazones rotos provocados por el amor líquido, el surgimiento del narcinismo, la epidemia de soledad, la decisión de no buscar relaciones de pareja adoptando un estilo de vida conocido como agamia (es una forma de vida y filosofía que rechaza el modelo tradicional de pareja y el amor romántico institucionalizado. Viene del griego a:sin y gamos: matrimonio o unión íntima).
Este
tipo de decisiones fortalece la epidemia de soledad que observamos en nuestra
sociedad y va en contra de la naturaleza social ser humano, pero lo más
preocupante es el surgimiento de una nueva tendencia entre los jóvenes que se
ha denominado subcultura incel (La palabra incel viene del inglés involuntary
celibate, que significa célibe involuntario).
Se
usa para nombrar a personas —sobre todo hombres jóvenes— que no tienen pareja
sexual o romántica a pesar de desearla), que se nutre en foros de internet y
redes sociales, donde adolescentes y hombres jóvenes que experimentan
aislamiento social, soledad o frustración afectiva son atraídos por discursos
de odio, misoginia y masculinidades tóxicas que culpan a las mujeres de su
situación (21,22).
Quienes
forman parte de este movimiento han tomado una decisión consciente de no buscar noviazgo,
matrimonio ni cohabitación con mujeres, priorizan su libertad individual y el
crecimiento personal), si se incluye a los jóvenes de la generación Z que evitan
el matrimonio, optan por una soltería y reducen drásticamente la actividad o el
interés sexual e incluimos a hombres y mujeres divorciadas que deciden ya no
contraer matrimonio, tenemos entonces una explicación para comprender la crisis
del amor y la epidemia de soledad que se observa actualmente ( 23).
Pero
no todo está perdido en la sociedad inmersa en una policrisis, porque el amor
todavía existe y son más las personas que desean amar que las que han cerrado
sus corazones y que aquellos que albergan odio en sus mentes y corazones.
Para lograr que una relación de pareja funcione, debe aceptarse que la pareja ideal no llega de la noche a la mañana, sino que es el resultado de un proceso de crecimiento personal que tiene como punto de partida lograr un autoconocimiento que permita reconocer nuestras fortalezas y debilidades, lo cual nos permite construir una autoestima que deberíamos tomar como un requisito previo para buscar pareja. El amor es una construcción social en la que ambos miembros de la pareja comparten experiencias vivenciales que retoman como experiencias de aprendizaje que si muestran una actitud y compromiso para cambiar comportamientos individuales, puede fortalecer el vínculo y ayudar a evitar cometer errores logrando mejorar progresivamente su interacción.
En
las películas y series de televisión vemos escenas de un amor impulsivo que tiende
a ser irracional, son incontables las escenas que hemos visto de parejas que después
de cerrar la puerta, se arrancan las prendas de vestir para tener sexo
mostrando una incontrolable llama de pasión, esas escenas pueden provocar que
las personas piensen que el sexo es amor, pero esa intensidad no dura mucho
tiempo, es sólo gratificación sexual y los impulsos sexuales una vez
satisfechos provocan que se vea con otros ojos a quien está al lado y si no hay
conexión emocional se experimente un vacío afectivo, porque el sexo no es amor.
El
amor es un proceso de interacción en el cual se da un interinfluencia que
provoca cambios individuales y se construye poco a poco una identidad de pareja
basada en una conexión emocional que se alimenta del compromiso mutuo, en el
que ambos miembros de la pareja actúan como arquitectos trabajando en una obra en
proceso de construcción y cada
integrante de la pareja funciona como arquitecto modelando con pequeños
detalles en su vida cotidiana una nueva identidad como pareja, que implica
dejar atrás comportamientos individualistas para desarrollar actitudes de
respeto, comprensión y tolerancia entre
ambas partes.
Desde
esta perspectiva, se puede comprender que el amor no nace en un instante, que
“el amor a primera vista” no existe, porque según Sigmund Freud “el
enamoramiento súbito es como un estado de hipnosis que surge cuando una
característica de otra persona nos subyuga, nos atrae y nos seduce, pero es
sólo una atracción temporal que se disuelve a corto plazo” (24), sino
que el amor se construye paso a paso a través del tiempo, en una convivencia en
la que cada experiencia compartida se convierte en una vivencia de aprendizaje
y la asimilación de este aprendizaje constante es lo que hace que la relación
perdure con el paso del tiempo.
En
el amor maduro, el punto de partida es el amor romántico, pero se necesita un
trabajo continuo de consolidación del amor para que éste sea exitoso y que la
pareja pueda seguir existiendo y fortaleciendo su vínculo afectivo. Debemos
tener en cuenta que el amor es un sentimiento y como tal no es algo que
permanezca estable, sino que cambia con el paso del tiempo, ya sea para crecer
y fortalecer, o debilitarse hasta desaparecer.
En
esa misma perspectiva debemos tener presente que el amor no desaparece de un
día para otro, si no se alimenta, se disuelve gradualmente en un proceso que
toma tiempo y se da en forma lenta y presenta señales anticipadas: pérdida de
confianza, disminución de la intimidad, evitación de proximidad física, surgimiento
de sentimientos negativos, aparece la sensación de ya no ser amados(as), hasta
que llega un momento crucial en el cual uno de los miembros le dice al otro que
el amor ya no existe.
En
cambio, en el amor maduro, las relaciones duraderas descansan en una fuente
constante de satisfacción personal que es compartida entre los integrantes de
la pareja, esta satisfacción proviene del crecimiento constante de sentimientos
positivos (confianza, admiración, credibilidad, aumento de calidad en la
relación, etc.).
Existen
parejas estables que conviven durante mucho tiempo, pero la estabilidad no debe
ser el fin último de una relación amorosa, porque pueden existir parejas
estables pero uno o ambos integrantes puede experimentar insatisfacción, pero
no abandona la relación por no tener independencia económica, por temor a la
crítica social, o por pensar que no puede aspirar a algo mejor de lo que ya
tiene, este tipo de parejas se basan en lo que se conoce como “estabilidad
oscura”, porque han perdido autenticidad y espontaneidad (25).
El
amor maduro surge cuando se supera la idealización inicial que produjo el amor
romántico y se basa en la construcción de un vínculo afectivo que incluye
sentimientos de aceptación, respeto, confianza mutua, valoración de la pareja,
percepción de apoyo mutuo y sensación de complementariedad, sin que esto
implique perder la individualidad ni la paz interior.
Surge
cuando desaparece la euforia del enamoramiento inicial y se caracteriza por
elegir a la pareja sin necesidad de control, manipulación o dependencia,
aceptando tanto las virtudes como los defectos del otro, sin intentar cambiarlo
y ajustarlo a nuestras expectativas, porque quien realmente ama, lo hace
reconociendo las virtudes y defectos son tener la expectativa de moldear a la
pareja a la imagen idealizada en nuestro interior.
El
amor maduro no tiene como requisito la edad biológica, porque puede haber
parejas con decenas de años juntos, pero sin encontrar la felicidad estando
juntos. Como también puede haber parejas jóvenes que en corto tiempo superan la
fase del enamoramiento para consolidar una conexión emocional profunda y
duradera porque muestran gran disposición para el aprendizaje del amor, actitud
de compromiso y respeto a la pareja.
La
base del amor maduro radica en consolidar la relación más allá de la atracción
física y construir una conexión emocional que sea realista y
duradera. La clave para construir este tipo de amor se
encuentra en la apertura de nuestra mente y corazón para ver a la pareja como
un individuo completo y complejo, comprender sus imperfecciones y aceptarlas.
Al
haber llegado al nivel de obtener una conexión emocional, se abren las
posibilidades de construir un amor maduro en la medida que ambos acepten y
muestren un compromiso para crecer juntos, compartiendo experiencias en la vida
cotidiana y retomándolas como experiencias de aprendizaje que les permitan
implementar cambios en los comportamientos individuales para mejorar la
relación y evolucionar gradualmente. Actuar en forma madura en el campo del
amor significa reconocer que nadie es perfecto y ama de todos modos, con sus
virtudes y defectos.
¿Qué
es el amor?
Llegado
a este punto podemos intentar hacer una labor que muchos lo han intentado y lo
han hecho desde diferentes perspectivas brindando diferentes respuestas, esto
es responder a la pregunta ¿qué es el amor? Resulta realmente paradójico que
los seres humanos pasemos buena parte de nuestras vidas en una búsqueda
permanente del amor sin llegar a plantearnos una respuesta a una pregunta tan
importante. Esti sucede porque el pensamiento crítico no existe en la mayoría
de la población que acepta sufrir sin cuestionar el porqué.
En
este punto de definición del amor, puedo compartir una experiencia que debido a
la intensidad con la que viví ese momento, en mi mente parece que fue ayer
cuando, en agosto de 1984 mientras presentaba los resultados de una
investigación con el título Consideraciones sobre la problemática sexual
juvenil en México, como parte de mi tesis profesional para obtener el título de
Licenciado en Psicología por parte de la Universidad Veracruzana en un
auditorio completamente lleno en la Facultad de Psicología.
Después
de una exposición del contenido del documento en el cual describía al ejercicio
de la sexualidad juvenil en México como un verdadero problema social que se
reflejaba en altos números de delitos sexuales, embarazo en adolescentes,
incremento en la tasa de divorcios, casos de infidelidad, matrimonios
prematuros, etc., siguió una serie de respuestas a varias, llegó un momento en el
cual después de un silencio prolongado, los miembros del jurado empezaron a intercambiar
comentarios entre sí, por lo que en un instante llegué a pensar que el
interrogatorio ya había terminado, cuando de repente un miembro del jurado me
hizo la pregunta final: ¿para ti qué es el amor?
Medité
unos segundos mi respuesta y dando la espalda al jurado, me dirigí al público y
respondí: “para mí el amor es la fusión de dos personalidades individuales en
un proceso de construcción de una nueva identidad que es la relación de pareja,
es un proceso de interinfluencia en el cual ambos miembros aceptan cambiar
parte de su esencia individual al dejar de usar el lenguaje del yo, para
utilizar un nuevo idioma que incluya el uso de la palabra nosotros.
El
amor es un proceso de crecimiento personal entre dos individuos que se
complementan, se retroalimentan y participan en la creación de un proyecto de
vida que incluye un mejoramiento constante del vínculo que une a la pareja, sin
que esto implique perder autonomía individual” (26).
Después
de responder a esa pregunta, los miembros del jurado informaron que el examen
había concluido y mi defensa de la tesis había sido aprobada por lo que en ese
momento obtuve formalmente mi título de Licenciado en Psicología.
Esta
respuesta a la pregunta ¿qué es el amor? fue allá y entonces, 42 años después
sigo pensando lo mismo porque desde aquel entonces he investigado el tema de la
sexualidad humana y este campo de conocimiento fue una de las líneas de
investigación y docencia que trabajé durante mi experiencia como profesor-investigador
de 33 años.
Pero
otras personas también han investigado el amor y construido sus propias
definiciones y como ejemplo se encuentra ésta de Rosario Linares: “El amor es
uno de los temas más universales: atraviesa nuestra biología, nuestra historia
personal y nuestra cultura. Desde la psicología, el amor se entiende como
un estado afectivo con procesos biológicos, cognitivos y
conductuales que favorecen que el vínculo crezca con el tiempo.
Es una construcción relacional que surge a partir de experiencias
compartidas y que impulsa el deseo de conexión y de permanencia.
No es solo emoción: también es sentido, forma de
comprendernos y manera de estar en el mundo” (27).
Una
aportación más reciente y con fundamento científico que permite responder a la
pregunta ¿qué es el amor?, la proporciona el psicólogo Robert J. Strenberg con
su teoría triangular del amor que lo define como “un conjunto de
sentimientos, emociones y valores que se encuentran presentes en una relación y
que está compuesto por tres elementos fundamentales: la intimidad, la pasión y
el compromiso” (28).
Este
autor explica el amor en las relaciones de pareja mediante tres componentes
básicos: intimidad (cercanía y confianza), pasión (atracción y deseo) y
compromiso (la decisión de mantener la relación). La combinación de estos tres
vértices crea siete tipos de relaciones amorosas.
La
intimidad se refiere a la cercanía y complicidad que experimentan las parejas,
a aquella capacidad de comprender, acompañar y establecer una relación basada
en la confianza y en la amistad, es un tipo de conexión que solo existe con una
persona y que difícilmente se puede lograr con alguien más.
La
pasión no se reduce al deseo sexual, se entiende también como esa necesidad de
querer estar junto a la persona que amamos, hacia quien sentimos un deseo de
establecer una unión permanente.
En
cambio, el compromiso es la elección y decisión que tomamos al iniciar una
relación, en este compromiso resalta la responsabilidad y la lealtad, que son
valores en los que se respaldan frases como “te amo”, “mi amor”, “quiero que
vivamos juntos”, frases que no deberían decirse si no las dicen con el corazón
en la mano. El compromiso es la decisión consciente de amar a otra persona, a
decidir construir una relación estable.
Lo
que fortalece el vínculo con la pareja y permite predecir su duración es la
elección consciente de amar al otro, acompañada de la intención de mantener y
cuidar esa relación con la construcción de un compromiso de hacerla duradera.
En aquellas relaciones en donde solo se tiene uno de estos elementos, la
probabilidad de duración es menor y de una ruptura inminente es mayor.
Lo
que es innegable es que el significado del amor lo determinan factores
culturales y estructurales que determinan la interacción social en diferentes
ámbitos de convivencia, por esa razón se habla del amor como resultado de una
construcción social que las estructuras del poder idealizan a través de
procesos de socialización.
Conclusiones
Si
una persona experimenta dolor en alguna parte de su cuerpo, el pensamiento
racional le dice que acuda a un médico para que le examine y después de un
diagnóstico, le proporciona un tratamiento, pero cuando una sociedad presenta
altos síntomas de “enfermedades sociales”, es decir padecimientos colectivos
como altos índices de suicidio, niveles alarmantes de violencia, sufrimiento
colectivo por parte de una mayoría marginada, incremento de adicciones como
alcoholismo, drogadicción, tabaquismo, adicción al sexi, ludopatía, nomofobia,
etc., las reacciones predominantes son las de pensar que son problemas de unos
cuantos individuos.
Pero
cuando vemos que se amplía una brecha social que separa a unos cuantos
privilegiados que viven con muchas esperanzas y pocos temores, de una gran
mayoría que vive con miedo, incertidumbre y sin esperanza de cambio en sus
vidas, nos daremos cuenta de que existe una gran insatisfacción social y que
los grandes problemas sociales que enfrentamos son problemas estructurales
porque forman parte del diseño de un sistema creado para enriquecer más a unos
cuantos, empobrecer a una mayoría y dejar morir a aquellos que no se han
adaptado al proceso de producción y consumo, es decir, a los consumidores
defectuosos.
Desde
esa perspectiva, necesitamos reconocer que algo está mal en la sociedad en que
vivimos, por lo que debemos reconocer la existencia de una sociopatología en
nuestra sociedad contemporánea (29), porque en las últimas décadas se ha
dado una mutación social en la que la rebeldía del siglo pasado desapareció y
han surgió actitudes colectivas de apatía, indiferencia, alejamiento de la
política, conformismo colectivo y gran adaptación social a un sistema económico
que margina, excluye y provoca la muerte innecesaria de seres humanos.
El
daño provocado por una desigualdad social creciente en un sistema capitalista,
patriarcal y colonialista, no se limita a privaciones materiales, porque
también provoca daños psicológicos que afectan la autoestima, en una tendencia
hacia el aislamiento social y en una creciente incapacidad para amar.
Este
sistema que nos ha hecho perder nuestra condición humana porque se ha creado
una ceguera moral nos induce a aceptar lo inaceptable y provoca un considerable
incremento de un sentimiento de soledad en millones de personas que padecen
falta de autoestima. Recordemos que el amor líquido surge por la falta de
autoestima entre los integrantes de la pareja que buscan llenar el vacío
afectivo con una pareja sin haber desarrollado la conexión emocional.
En
un ambiente de insatisfacción social, la mayoría de las personas están
sedientas de amor y piensan que encontrarán el amor de sus vidas en un día de
suerte dando la vuelta a la esquina, creen que amar es sencillo y parten de la
premisa de que el problema del amor radica en ser amado y no en desarrollar la
capacidad de amar.
La
manipulación de la sociedad de consumo ha provocado la creencia de que, si se
tiene éxito profesional, se tiene popularidad y se poseen grandes riquezas, el
amor puede ser atraído siguiendo el esquema de intercambio que dictamina el
mercado que se ha convertido en el dueño de nuestras vidas, sentimientos y
emociones (30).
Partiendo
de la premisa de que todo comportamiento humano tiene un origen social y
considerando la crisis del amor en nuestra sociedad contemporánea, debemos
recordar que la crisis social que estamos padeciendo genera millones de crisis
psicológicas individuales y los millones de personas que desean encontrar el
amor, han sido reducidas a un “mercado del amor”, en el cual se ofrecen
personas que son evaluadas en función de su apariencia física, su éxito
profesional , su origen racial y se organizan encuentros con la esperanza de
que se conviertan en citas que serán el inicio de un amor.
Muchas
personas que padecen soledad y están sedientas de amor, responden a estas
ofertas con la esperanza de encontrar a alguien que les provoque atracción
física, les ayude a romper sus barreras psicológicas y llegan al punto de
realizar el acto sexual para “ver si hay alguna conexión”, pero la mayoría de
las veces, después de consumado el coito sienten un mayor vacío emocional
(coito ergo triste), porque surge un sentimiento de melancolía al no haber
encontrado lo que buscaban y en esa búsqueda sólo lograron un nivel de
denigración personal porque el acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que
existe entre los seres humanos.
La
incapacidad de amar no es un problema individual, porque es la humanidad entera
la que ha perdido la capacidad de amar, las causas que nos incapacitan para
encontrar el amor se encuentran en la destrucción de los vínculos sociales
provocado por el neoliberalismo, en el desarrollo del hiperindividualismo, en la
reducción del ciudadano a la condición de consumidor, en la desaparición del
pensamiento autónomo, en la educación para la obediencia, en la epidemia de
soledad, en la tendencia al hedonismo, en el impulso incontrolable de vivir de
forma intensa el momento presente sin pensar en el futuro, en el surgimiento
del narcinismo, en la adicción a las tecnologías digitales, etc.
Desde
esta perspectiva, la crisis del amor en una sociedad inmersa en una crisis
social de múltiples dimensiones es un problema que rebasa lo individual para
convertirse en un problema político, debido que existe un control social que
impide la construcción del amor porque la población se encuentra confortablemente
adormecida, enajenada, inmersa en la ignorancia, sin reconocer su potencial
humano y con grandes impedimentos para construir un pensamiento autónomo y
crítico.
En este contexto sociocultural y económico, se nos ha educado
de manera informal bajo la creencia de que somos seres incompletos, que tener
pareja es algo natural, universal y necesario. De igual forma se nos enseñó que
existe un amor de nuestras vidas y amores secundarios, que solo se puede amar
con intensidad sólo una vez en la vida, que para encontrar la felicidad debemos
encontrar nuestra “alma gemela”, nuestra “media naranja”, porque sin ella
estamos vacíos y en fechas como el 14 de febrero se explota comercialmente la
idea del amor para fomentar un consumo masivo.
Desde
esta perspectiva debemos ubicar la crisis del amor como una expresión
particular de la crisis de múltiples dimensiones que estamos padeciendo a nivel
global, en un momento histórico en el cual existe una epidemia de soledad
provocada por la atomización social que produce el capitalismo en su versión
neoliberal y por la circulación de discursos de odio que promueven los
gobernantes de ultraderecha que han conquistado el poder político.
Desde
la perspectiva de Erich Fromm, el amor es un arte que debe aprenderse, no surge
de un día para otro, ni es cuestión de suerte porque requiere conocimiento,
práctica, disciplina y madurez (31). Según este autor, el amor es la
única respuesta sana y satisfactoria al problema de la existencia humana.
En
estos momentos en los que la humanidad ha perdido la capacidad de amar y el
odio se extiende rápidamente por el mundo entero, necesitamos reaccionar reconstruyendo
nuestra personalidad psicosocial que podremos definir como la manera particular
de pensar, sentir y actuar que hemos desarrollado a partir de la
interinfluencia con figuras significativas en los distintos grupos a los que
hemos pertenecido.
Esto
implica reconocer que más allá del amor de pareja, existen otros tipos de amor
que perdimos por el avance del hiperindividualismo y el surgimiento del
narcinismo que necesitamos recuperar: el amor a la familia, el amor a nuestra
comunidad, el amor a la naturaleza, el amor a la vida y de singular
importancia, el amor propio. Esto implica una revolución de nuestras
consciencias (32) que nos permita revalorarnos a nosotros mismos al
punto de querernos y recuperar la confianza perdida, desarrollar el pensamiento
autónomo, la autocrítica y la crítica social.
En
los años noventa del siglo pasado tuve la oportunidad de participar como
instructor de educación en sexualidad en el Consejo Estatal de población,
impartiendo cursos sobre sexualidad a parejas prematrimoniales, quienes
asistían por obligación porque si no presentaban haber acreditado dicho curso,
no podían celebrar la unión matrimonial.
En
las dinámicas grupales que aplicaba se encontraba una que consistía en discutir
el contrato matrimonial y si contenido incluía responder preguntas como ¿quién
de los dos trabajaría?, ¿cómo se distribuirían los ingresos económicos?, ¿cómo
se distribuirían las tareas domésticas de limpieza y mantenimiento del hogar?,
¿si pensaban tener hijos y cuantos?, ¿quién tomaría la iniciativa en el acto
sexual?, ¿mantendrían sus amigos por separado o se incluirían en el mismo
círculo?, etc. Tuve sentimientos encontrados cuando vi algunas parejas que
después de discutir el contrato matrimonial, tomaban la decisión de no seguir
adelante con los trámites matrimoniales y separarse para seguir sus vidas cada
uno por su lado.
Considerando
la vinculación que existe entre el amor y la sexualidad, una alternativa real
es la institucionalización de programas de educación sexual en todos los
niveles educativos, ambientes laborales y exigir como requisito para legalizar
matrimonios el haber tomado cursos de educación sexual en parejas
prematrimoniales.
Superar la crisis del amor que afecta a millones de personas requiere
del cuestionamiento del sistema capitalista, patriarcal y colonialista que
reduce al ser humano a la condición de objeto, que utiliza el amor, la
sexualidad y el cuerpo de las mujeres como una mercancía con la que se puede
obtener beneficios económicos y luchar para en contra de la explotación
económica, erradicar la explotación sexual, el tráfico sexual de mujeres, niñas
y niños.
1.- Necropolítica. Sobre
el gobierno privado indirecto. Mbembem Achile
https://www.inep.org/images/2025/TXT/2024-Mbembe-Necropolitica.pdf
2.- Modernidad líquida.
Bauman, Zygmunt
2.- La miseria sexual
contemporánea
https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/08/la-miseria-sexual-contemporanea-oscar.html
3.- La crisis de soledad
provocada por la ruptura amorosa y el cambio de paradigma en la relación de
pareja
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/04/la-crisis-de-soledad-provocada-por-la.html
4.- Se registran 33.3
divorcios por cada 100 matrimonios en México: Inegi
5.- ¿De donde viene el
mal?
https://oscaryescasd.blogspot.com/2026/02/de-donde-viene-el-mal-la-irrupcion-de.html
6.- El origen de la
familia, la propiedad privada y el Estado. Engels, Federico
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/el_origen_de_la_familia.pdf
7.- Nuestra sexualidad.
Crooks, Robert/Baur, Karla
Edamsa impresiones.
México, 2009
8.- Notas para comprender
la sexualidad humana
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/notas-para-comprender-la-sexualidad.html
9.-El amor cortés y la
caballería en la Baja Edad Media
https://chaucer.fas.harvard.edu/pages/courtly-love-and-chivalry-later-middle-ages
10.- Alfred Kinsey, el
hombre que lanzó una "bomba atómica" sexual que destruyó tabúes y dio
paso a una revolución
https://www.bbc.com/mundo/noticias-64879927
11.- Amor líquido.
Bauman, Zygmunt
https://proassetspdlcom.cdnstatics2.com/usuaris/libros_contenido/arxius/62/61515_Amor_liquido.pdf
12.- El amor líquido y su
relación con el discurso capitalista y el inconsciente. Samir Ahmed, Dasuky et
al
https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-04622025000100077&script=sci_arttext&tlng=es
13.- Intimidades
congeladas. Las emociones en el capitalismo. Illouz, Eva.
14.- Duración promedio de
una relación, (estadísticas de citas, convivencia y matrimonio)
15.- Un estudio predice
cuánto durará tu relación de pareja
16.- Ghosting:
si te he visto, no me acuerdo
https://www.unobravo.com/es/blog/ghosting
17.- Ghosting, la
tendencia en el desamor y como evitarlo
18.- Nueva economía del
narcisismo. Soler, Colette
https://es.scribd.com/document/362716828/Nueva-economi-a-del-narcisismo-Colette-Soler
19.- La separación de los
amantes. Caruso, Igor
https://www.cesarsinuhegomez.com/2015/04/igor-caruso-la-separacion-de-los.html
20.- La crisis de soledad
provocada por la ruptura amorosa y el cambio de paradigma en la relación de
pareja
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/04/la-crisis-de-soledad-provocada-por-la.html
21.- Qué
son los incels, el oscuro movimiento que aparece en la aclamada serie
"Adolescencia"
https://www.bbc.com/mundo/articles/cz9n75ygwxjo
22.- Respondiendo a la
ideología incel
https://safeguarding.network/content/responding-to-the-incel-ideology
23.- Soledad y política.
La soledad como instrumento de control social
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/04/soledad-y-politica-la-soledad-como.html
24.- Psicologìa de las
masas y análisis del Yo. Freud, Sigmund
file:///C:/Users/oscar/Downloads/psicologia-de-las-masas-y-analisis-del-yo%20(4).pdf
25.- Para entender el
amor romántico. Carrillo, Víctor
https://www.debatesiesa.com/para-entender-el-amor-romantico/
26.- Tesis profesional:
consideraciones sobre la problemática sexual juvenil. Yescas, Oscar
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/consideraciones-sobre-la-problematica.html
27.- ¿Qué es el amor desde el punto de vista
psicológico?
https://elpradopsicologos.es/blog/que-es-el-amor/
28.- Teoría triangular
del amor de Strenberg
https://es.slideshare.net/slideshow/teoria-triangular-del-amor-de-sternberg-pdf/271779251
29.- Pensamientos sobre
la sociopatología contemporánea
https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/09/pensamientos-sobre-la-sociopatologia.html
30.- El Mercado como arma
de destrucción masiva
https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/03/el-mercado-como-arma-de-destruccion.html
31.- El arte de amar.
Fromm, Erich
file:///C:/Users/oscar/Downloads/el-arte-de-amar.pdf
32.- La revolución de
nuestras consciencias
https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/06/la-revolucion-de-las-consciencias-oscar.html











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