El
fascismo asoma su rostro en Estados Unidos
(En
memoria de Renée Good)
Oscar
Yescas Domínguez
19 de enero del 2026
Por
estas razones salí de la universidad donde laboraba para incursionar en el
mercado laboral ofreciendo servicios de consultoría organizacional en forma
privada, los cuales tenían como objetivo lograr un mejoramiento continuo de las
organizaciones que formaron parte del listado de mis clientes. En virtud del
contexto de crisis económica que afectaba también a las organizaciones, no
tardé en encontrar clientes organizacionales que buscaban alternativas que les
permitieran enfrentar dicha crisis. Gracias a estas acciones pude conservar mi
patrimonio, pero además de ese beneficio, estas experiencias fueron verdaderas
vivencias de aprendizaje que me permitieron aplicar en la práctica lo que
enseñaba en el aula.
En
una ocasión fui contratado por la empresa Comisión Federal de Electricidad
División noroeste para dirigir un proceso de cambio organizacional planeado (1)
y mientras conducía un taller de diagnóstico integral de la organización, ante
un grupo conformado por altos mandos, mandos medios, líderes sindicales y
personal de base, al encontrarme explicando el concepto de contrato psicológico
entre el individuo y la organización como herramienta fundamental de un proceso
de mejoramiento continuo, un representante sindical levantó la mano para hacer
uso de la palabra y comentó que llevaba trabajando en CFE más de 30 años, que
ya podía jubilarse pero que no lo hacía porque sentía un gran orgullo personal
al ser empleado de CFE.
Afirmó
que ese orgullo no lo sentiría si trabajara para otra empresa que con sus
productos o servicios estuviese provocando daños a la salud de la población y
se preguntó si las personas que trabajan para la industria tabacalera,
cervecera o refresquera sentirían el mismo orgullo que el sentía por haber
entregado su vida a una empresa que proporciona un servicio que a todas luces genera
un bienestar a la población.
Su
intervención fue recibida con agrado por el resto de participantes, quienes
dijeron compartir ese sentimiento de orgullo y satisfacción, momento que
aproveché para recordarles que la identidad laboral forma parte de nuestra
identidad social porque reconfigura nuestra personalidad psicosocial y expresé
mi empatía con ellos ya que me
identificaba con sus sentimientos al compartir un gran orgullo por ser un
profesor universitario de tiempo completo que me permitía realizar actividades
que me gustan, que contribuyen al desarrollo social, al bienestar colectivo y
además me pagaban por hacerlo.
Fue
un momento de conexión grupal de amor al trabajo que permitió crear una
atmósfera de apertura en la comunicación que ayudó a cumplir con mi rol de
facilitador para que proporcionaran la información necesaria con la ayuda de
varios instrumentos y técnicas que diseñé previamente para identificar el
estado actual de la organización y que permitieron que bajo mi conducción
fueran ellos mismos quienes realizaran el diagnóstico de su organización y
contribuyeran a diseñar un plan de mejoramiento continuo.
Pero
en treinta años el mundo entero ha cambiado, las instituciones y los ambientes
laborales han cambiado mucho hasta el punto de que varias de ellas han perdido
el rumbo y en el contexto de una sociedad líquida han abandonado la misión para
la cual fueron creadas, por lo que el número de personas que llegan a
experimentar esa sensación de orgullo y placer por el tipo de trabajo que
realizan ha disminuido considerablemente y porque millones de personas viven
sus vidas cotidianas como una versión moderna del mito de Sísifo (2), ya
que la implementación de políticas neoliberales en las últimas décadas, eliminó
la estabilidad laboral condenando a un futuro incierto a millones de jóvenes,
los trabajadores laboran largas jornadas, perciben salarios bajos, invierten
grandes cantidades de tiempo en el traslado de sus domicilios al lugar donde
trabajan y viceversa, la meritocracia dejó de existir porque las organizaciones
son conducidas por neófitos en conocimientos sobre el funcionamiento de las
mismas, existe un neanderthalismo administrativo (3) que refleja una
ausencia de selección científica del personal, todo lo cual provoca un clima de
insatisfacción laboral constante, por lo
que son frecuentes los casos del “síndrome del quemado”.
El
aumento de la desigualdad social provocada por el neoliberalismo ha agudizado
la crisis económica empujando a una
mayoría marginada a vivir en condiciones de precariedad creciente o en francas
condiciones de pobreza, las oportunidades de conseguir buenos empleos se han
reducido porque el favoritismo, el compadrazgo y la corrupción llevan a que los
cargos de dirección sean ocupados por personas no idóneas ni capacitadas para puestos
de gran responsabilidad.
La
necesidad de trabajar impide que millones de jóvenes accedan a una educación
universitaria por lo que las opciones de estudios universitarios se han
limitado para generaciones completas y aún si una persona tiene varios títulos
académicos, les es difícil obtener un buen trabajo relacionado con lo que se
estudió, por lo que millones de personas se ven obligados a aceptar trabajos
que no les proporcionan satisfacción personal y mucho menos un orgullo como el
que describía aquel delegado sindical
Vivimos
tiempos de retroceso y perversión de la democracia (4) que nos han
llevado a un punto en el que el autoritarismo es el estilo predominante de
liderazgo en la mayoría de los ámbitos de convivencia social, especialmente en
ambientes laborales, donde quienes ocupan cargos de liderazgo formal guían sus
comportamientos con los postulados de la teoría X de Douglas McGregor que partía
de la suposición de que las personas son, por naturaleza, perezosas, evitan el
trabajo y buscan esquivar responsabilidades, por lo que según esta
visión, los empleados deben ser controlados, dirigidos y, si es necesario,
sancionados.
Pero
la involución no termina ahí porque las condiciones actuales reflejan que
estamos retrocediendo a los tiempos en los que las condiciones sociales
permitieron a Frederick Taylor plantear hace más de 100 años su teoría de que el
dinero era el motivador principal de los empleados, creyendo
que una compensación ligada directamente al rendimiento (pago por pieza o a
destajo) incentivaría la máxima productividad, combatiendo la pereza y
alineando intereses entre obreros y patrones, a través de un "salario
justo por un día de trabajo justo".
La
policrisis en que estamos viviendo también tiene un rostro que se expresa en
una crisis de valores, porque el neoliberalismo capitalista ha producido una alienación
económica en el contexto de la sociedad de consumo al sembrar la idea de que “el
dinero compra todo”, que la felicidad se obtiene cuando aumentamos nuestra
capacidad adquisitiva para comprar bienes y productos, que “todas las personas
tienen un precio” y la globalización de la cultura norteamericana a través de
películas y series de televisión han provocado un proceso de aculturación, un
choque de culturas en el cual la corrupción se ha convertido en un problema
estructural que afecta a las organizaciones porque las personas guían su
comportamiento con la motivación principal de obtener la mayor cantidad posible
de ingresos económicos.
En
las instituciones gubernamentales está obsesión por el dinero y el poder se
refleja con mayor claridad porque dentro de las instituciones públicas quienes
ocupan puestos de alta dirección, son personas que han prostituido la política
y su ambición de poder y búsqueda de riqueza los ha llevado a despreciar la
vocación de servicio público, se dedican a mentir, engañar y robar dinero
público para beneficio personal, mostrando una total ausencia de ética laboral (5).
Quienes
usan la política electoral para ocupar puestos públicos motivados por una
ambición personal de obtener altos ingresos y participar en actos de
corrupción, no solo merecen el desprecio de los votantes que les dieron su
confianza para gobernar a través del voto electoral, sino que merecen ser
investigados y sometidos a juicios penales por desviación de fondos públicos. La
ciudadanía tiene el poder de vetar a aquellos individuos que han hecho de la
política su forma de vida y han estado ocupando varios cargos políticos sin
entregar buenos resultados, hacer esto resulta fácil porque se puede
identificar fácilmente a la fauna política que ya está posando en fotos
ridículas para “ganarse simpatía popular”, insultando el intelecto popular
porque el pueblo no es imbécil.
Tienen
pleno conocimiento de que lo que hacen está mal, pero su ceguera moral (6)
les impide aceptar que al ocupar cargos de servidores públicos y participar en
actos de corrupción están traicionando a quienes depositaron su confianza en
ellos, viven bajo una doble moral al actuar como delincuentes de cuello blanco
y fingir preocupación por las necesidades sociales de las comunidades que dicen
representar.
Otras
personas aceptan trabajos que muchos no querrían realizar pero que no encuentran
otra alternativa, como por ejemplo, los sicarios que forman parte de grupos de
delincuencia organizada que aceptan trabajos que provocan daños a la salud pública
al apoyar el narcotráfico , la migración ilegal, el tráfico de personas o el
tráfico sexual de mujeres, niñas y
niños, actúan deshumanizando a sus víctimas y ven como “parte de su trabajo” en
la promoción de la pedofilia (7) y al participar en el asesinato de otras personas como forma de sobrevivir y
resolver sus problemas económicos ganando “dinero fácil” a costa del
sufrimiento y muerte de otras personas.
Algunos
más se enrolan en el ejército, reciben entrenamiento militar y por ambición se
cambian de bando para formar parte del ejército de sicarios de corporaciones
privadas multinacionales y trabajan como mercenarios que viajan a otros países
a matar personas que no conocen para ganar grandes sumas de dinero, como ha
estado sucediendo en Ucrania donde el gobierno de Vlodomir Zelensky contrató a
miles de extranjeros para pelear en contra de Rusia.
El
trabajo ha dejado de ser una fuente de crecimiento y desarrollo personal al ser
la motivación económica el factor principal que guía el comportamiento de las
personas en ambientes laborales y este concepto se ha desvirtuado de tal forma
que se llama trabajo a quien percibe dinero por utilizar la violencia en contra
de minorías desprotegidas.
La
situación se complica cuando las personas cuya motivación principal es
conseguir dinero fácil, comparten una ideología de corte fascista que los lleva
a deshumanizar a personas que pertenecen a ciertos grupos sociales y
considerarlos como seres prescindibles, no esenciales o subhumanos que no
merecen vivir.
Por
si no fuera suficiente, la situación empeora cuando gobiernos de ultraderecha
que utilizan discursos de odio forman, pagan y protegen a legiones de
individuos con esta motivación e ideología supremacista, que lejos de actuar
como servidores públicos porque trabajan para el Estado, actúan en forma
similar a una delincuencia organizada que está siendo utilizada como ejército
privado para reprimir manifestaciones pacíficas de ciudadanos o golpear a
enemigos políticos de quien se encuentra en la cúpula del poder.
Estos
gobiernos de ultraderecha que están representados por individuos que llegaron
al poder gracias a elecciones democráticas, pero una vez en la cima terminan gobernando
a favor de los intereses corporativos, traicionando y oprimiendo al pueblo que
dicen representar, mostrando de manera descarada su baja calidad moral y
ausencia total de ética y humanidad.
En
estos momentos la atención mundial se concentra en Estados Unidos, porque el
gobierno de Donald Trump aplica una política interna de represión en contra de
su propia población y para reprimir todo tipo de resistencia social, se preparó
con anticipación al emitir en julio del 2025 una ley que bautizó con el nombre
de “Big beautiful Bill” (Ley de un gran y hermoso proyecto) (8), que le
permitió implementar recortes fiscales permanentes, nuevas desgravaciones para
trabajadores y jubilados, subsidios a industrias tradicionales, reforzar el
presupuesto de defensa, y aplicar una política migratoria de deportación masiva.
Al
Presidente estadunidense ni a los miembros del Congreso que aprobaron esa ley,
no les importó afectar el bienestar social que provocó el desvío de grandes
cantidades del presupuesto público que estaban destinados a programas sociales,
para aumentar en forma desorbitada los “gastos de defensa” para comprar equipo
militar y formar en forma apresurada ejércitos con individuos sin entrenamiento
militar previo, que no estaban en condiciones físicamente aptas y que han habían
fracasado previamente en encontrar un trabajo que les proporcionara
satisfacción y orgullo personal.
Con
esta ley, el gobierno de Estados Unidos destinó $170,000 millones de dólares
para fortalecer al ICE durante los cuatro años de gobierno de Donald Trump. Con
ese financiamiento se realizó un reclutamiento masivo que permitió aumentar en
sólo un año el número de agentes del ICE de 10,000 hasta llegar a 22.000, utilizando
una campaña de reclutamiento del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a
quienes ellos llamaron "estadounidenses patriotas calificados de todo
el país" (9).
Estos
agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se han
desplegado lejos de la frontera realizando una cacería de inmigrantes
indocumentados deteniendo personas en la calle por su apariencia física y han
invadido barrios enteros en varias ciudades del país para detener personas y
separarlos de sus familias, por lo que se han convertido en una fuerza armada
que ocupa territorio estadunidense.
En
su desesperación por ocupar miles de puestos de trabajo, quienes dirigen esta
“fuerza de ocupación” relajaron los estándares de selección y contratación,
recortaron el tiempo de entrenamiento de 16 a 8 semanas, eliminaron el
requisito de saber hablar español y eliminaron el límite de edad que antes
oscilaba entre edad mínima de 21 años y máxima de 40.
Olvidaron
atender la calidad de quienes seleccionaban y en sus prisas por contratar miles
de personas las campañas de reclutamiento se dirigen a desempleados,
subempleados y simpatizantes de Donald Trump. Para atraer personas ofrecieron
incentivos económicos de hasta $50,000 dólares en pago inicial, condonación de
créditos estudiantiles pagos iniciales para atraer rápidamente a grandes grupos
de solicitantes.
Esta
flexibilidad pone en tela de duda el carácter científico de la selección y la
idoneidad de miles de agentes del ICE que deambulan completamente armados, con
el rostro cubierto deteniendo y deportando personas que han sido perfiladas
racialmente, mostrando un comportamiento contrario a la expectativa de contratar
personas que demuestren aptitudes, habilidades y valores sociales que sean
congruentes con el espíritu de servicio público que deberían tener quienes
reciben sus sueldos de fondos públicos.
Al
parecer los únicos requisitos es que quienes acepten formar parte de este
cuerpo represivo, es que su motivación principal sea el deseo de ganar dinero y
que tengan una actitud de obediencia a la autoridad para que sigan ordenes sin
cuestionar, es decir, “soldaditos de plomo sin cerebro”, a quienes el gobierno
encabezado por Donald Trump no sólo les proporciona todo un arsenal moderno para
cazar indocumentados y reprimir manifestaciones de protesta social, sino que también
otorga bonos económicos extra a quienes “aumenten su productividad” al detener a
un gran número de manifestantes o inmigrantes ilegales.
Pero
lo más grave es que cuando incurren en excesos a violaciones de derechos
humanos, o inclusive asesinatos, el gobierno federal les proporciona inmunidad absoluta
y protección del Estado, por lo que el apoyo que reciben estos sicarios
institucionalizados va mas allá de lo aceptable moral, ético o legal y el
Gobierno estadunidense construye un rostro que se acerca al fascismo porque los
Estados norteamericanos donde se concentran grandes contingentes de agentes del
ICE tienen gobiernos que son demócratas
En
este contexto durante el año 2025 se cometieron innumerables violaciones a
derechos humanos que provocaron aumento en la indignación social expresada en
multitudinarias manifestaciones en contra de la política migratoria y en contra
del propio Donald Trump. Pero el 7 de enero de este año la situación llegó a un
punto sin retorno al cruzar los agentes del ICE una línea roja que provocó un
estallido social.
Esta
línea roja fue el asesinato de Renée Nicole Good a manos de Jonathan Ross, un
agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas conocido como ICE,
quien disparó tres balas sobre el cuerpo de Renée, quien segundos antes le
sonrió, le dijo “está bien amigo, no estoy enojada contigo” y maniobró el
volante de su automóvil para el lado contrario donde se encontraba este agente,
quien sin pensarlo disparó en tres ocasiones y después de haberlo hecho,
mientras miraba que el auto avanzaba sin control y se estrellaba contra otro
automóvil, dijo la siguiente expresión ¡“maldita perra”!, todo esto fue grabado
en cámara y es una evidencia de que el discurso de odio que promueve Donald
Trump no solo es compartido por miles de estadunidenses racistas y xenófobos,
sino que también una gran parte de sus seguidores visten uniforme del ICE, portan
armas, creen que sus actos no tendrán consecuencia alguna y por esa razón,
representan un gran peligro social.
Esta
cobarde acción despertó un sentimiento de indignación entre quienes ahí se
encontraban, misma que aumentó cuando trascendió
que los agentes de ICE impidieron durante varios minutos que Renée Nicole Good
recibiera los primeros auxilios por parte de los paramédicos que llegaron al
lugar de los hechos, por lo que cuando finalmente lograron subirla a la
ambulancia, falleció era trasladada al hospital. Bajo esta perspectiva, no hay
un solo responsable, son responsables de su muerte todos los agentes del ICE
que se encontraban ahí y que impidieron que recibiera ayuda médica oportuna.
Como
macabra coincidencia, los hechos sucedieron a tan solo cuatro cuadras de donde
falleció George Floyd en el 2020, cuando un policía racista le oprimía el
cuello y sus últimas palabras fueron “no puedo respirar, el asesinato de George
Floyd sucedió durante el primer período de Donald Trump como Presidente de
Estados Unidos y con su llegada alimentó el resurgimiento del racismo con
discursos de odio que inspiraron una serie de actos de violencia en contra de
minorías raciales y el asesinato de George Floyd fue la gota que derramó el
vaso de la indignación social, porque provocó una serie de manifestaciones que
se dieron en varias partes del país bajo la consigna “La vida de los negros
importa” (Black lives matters).
Aquel
asesinato se consideró como una línea roja que provocó un estallido social de
grandes dimensiones que provocaron marchas de protesta en todo el país y que sólo
terminó con el compromiso gubernamental de no volver a cruzar esa línea
(asesinato de ciudadanos a manos de un policía), pero este pasado 7 de enero,
esa línea roja volvió a cruzarse con el homicidio televisado de Renée Nicole
Good a manos de varios agentes del ICE.
En
tan solo un año de gobierno en su segundo período como Presidente de Estados
Unidos, Donald Trump ha transformado el mundo usando su poder como Presidente
de Estados Unidos en forma autoritaria y con su política antiinmigrante ha
alimentado el resurgimiento del racismo y la xenofobia, está provocando el surgimiento
de un caos, creado un ambiente de incertidumbre, miedo, inseguridad y generado
un sentimiento de inconformidad social.
La
rabia colectiva ha crecido en un breve lapso de tiempo, no sólo por la cobarde
acción de un individuo uniformado y armado hasta los dientes que acabó con la
vida de una mujer que no representaba amenaza alguna, sino que el hartazgo
sigue aumentando por la manera en que las autoridades del gobierno federal han
tergiversado los hechos para proteger a Jonathan Ross al darle “inmunidad
absoluta” y acusar a la víctima Renée Nicole Good de “terrorista doméstica”,
manejando una narrativa que contradice las imágenes del video afirmando que
ella intentó arrollar a Jonathan Ross y éste usó su arma en defensa propia.
Este
homicidio puede abordarse de muchas ópticas, ninguna de ellas aceptable por
supuesto. Podría verse como la acción de un hombre que asesina a una mujer en
un acto de feminicidio, por lo que millones de mujeres en el mundo entero
pueden alzar la voz. También puede verse como un hombre uniformado que dispara
en contra de una mujer desarmada, por lo que representa un acto de violencia
institucional.
De
igual forma puede describirse como el hecho de que un agente del ICE, armado
hasta los dientes, rodeado de una veintena de compañeros que ocultan su rostro,
dispara en contra de una mujer desarmada que en ningún momento representó
amenaza alguna para la integridad física de quien disparó.
¿Qué
fue lo que lo motivó a disparar en cuatro ocasiones y después de hacerlo decir
“maldita perra”? ¿Acaso Jonathan Ross enfureció hasta perder el control porque
Renée Good no se sintió intimidada a pesar de que tenía frente a ella a un
hombre encapuchado, portando armamento de todo tipo y el comentario que escuchó
“Está bien amigo, no estoy enojada contigo”, lo interpretó como un menosprecio
a su persona y el rostro sonriente lo confundió como una expresión de burla? Lo
que haya pasado por la cabeza del asesino feminicida no justifica su cobarde
acción.
Así
como injustificables son las declaraciones de la Secretaria de Seguridad
Nacional Kristy Noem, quien intentó justificar la reacción del agente afirmando
que ella intentó atropellarlos con su vehículo y calificó esa acción como “terrorismo
doméstico”. Como si no fuera poco las reprobables acciones de quienes dicen
vigilar la seguridad de los estadunidenses, el propio Donald Trump declaró “Como
mínimo, esa mujer fue muy muy irrespetuosa con las fuerzas del orden”, dijo
Trump a los periodistas a bordo del Air Force One el domingo por la noche.
Mientras que JD Vance, el vicepresidente, ha argumentado que Ross tiene
“inmunidad absoluta”, lo cual no es cierto desde el punto de vista legal, pero
mientras las autoridades federales protejan a agentes del ICE que cometan
delitos, sí tendrán inmunidad absoluta (10).
Todos
ellos actúan como una delincuencia organizada que intenta desesperadamente
controlar la narrativa de los hechos para insinuar ante la opinión pública Renée
Good estaba equivocada y enviar el mensaje a los estadunidenses de que el
público tiene que obedecer a las fuerzas del orden en la calle, y al mismo
tiempo envían un mensaje que intenta intimidar a los manifestantes para que eviten
participar en nuevas movilizaciones de protestas, se autocensuren y decidan
mejor quedarse en casa.
Renée
Good no era inmigrante ilegal, era ciudadana estadunidense, no era latina,
negra o asiática, era una mujer blanca que abandonó su esfera de confort para
salir a las calles a proteger a la comunidad latina de su comunidad que estaba
siendo acosada por los agentes del ICE.
Su
asesinato representa un punto de quiebre porque demuestra con crudeza que nadie
está a salvo de la violencia institucional que ha desatado Donald Trump en los
Estados gobernados por demócratas usando a los agentes de inmigración y aduanas
en una falsa búsqueda de inmigrantes ilegales. La muerte de Renée Good demuestra
que nadie está a salvo, no importa que tan bien hables inglés sin acento, no
importa si se es una persona negra, hispana, asiática o blanca, si se es joven
o anciano, si se es hombre o mujer.
Los
agentes de ICE que fueron reclutados con el señuelo de ganar “dinero fácil”,
están militarizando las ciudades donde son llevados para crear pánico, terror,
angustia y miedo de ser detenidos, desaparecidos o deportados a la cárcel de algún
país lejano. Son individuos que están armados, pero no solo de moderno equipo
militar, porque han sido adoctrinados por la cultura capitalista que tiene como
Dios al dinero y por dinero harán cualquier cosa. Como complemento, también
están equipados con una ideología supremacista, de corte fascista que
deshumaniza a todas las personas que pertenezcan a un grupo racial
predeterminado como de origen ilegal, ya sean negros, hispanos, asiáticos,
nativos americanos o de África.
La
declaración de inmunidad que protege a los miembros del ICE se traduce en
impunidad ante la ausencia de castigo por los delitos que cometan mientras
obedezcan órdenes de Gregory Bovino (que
por cierto bovino en español significa mamífero rumiante como una vaca, un toro
o un buey), del Director General del ICE o de la Secretaria de Seguridad
Nacional Kristy Noem.
Pero
la historia no termina, cada día se presentan nuevos acontecimientos y los
hechos que estamos presenciando nos demuestran que existe una construcción
social de la realidad. Algunas personas podrán estar adormecidas y estar
confortablemente aturdidas. Pero otras personas están despertando y al ver las
injusticias que se están cometiendo, deciden salir del confort de sus casas para
alzar sus voces en forma organizada, colectiva y unida, sin importarles que
Renée Good hizo lo mismo y fue asesinada.
Desde
el momento de su muerte, Renée Good dejó de ser sólo ciudadana estadunidense
para convertirse en ciudadana universal, porque con su comportamiento en vida
dejó un ejemplo a seguir. Renée Good pasó a formar parte de las figuras notables
del Sur global que no es una región geográfica, sino que es un amplio campo de
luchas sociales, de aprendizaje en las luchas al participar en varios
movimientos colectivos que se registran en diferentes países, movimientos que
son intentos de construir un mundo mejor en el cual se respeta la dignidad y la
humanidad en su amplia diversidad.
Renée
Good no vio hispanos, negros o somalíes en su comunidad, vio seres humanos que
estaba siendo violentados por cuerpos paramilitares, por individuos
encapuchados fuertemente armados y decidió salir a las calles a advertir a los
vecinos de su comunidad de la presencia de agentes del ICE y su intento de
defender a quienes no podían alzar la voz fue la causa de su asesinato.
Su
muerte no fue en vano porque la indignación provocada por la violenta forma en
que le fue quitada la vida, está sirviendo para que miles de estadunidenses
despierten y decidan enfrentar la brutalidad de las acciones del ICE que no
están enfocadas a combatir la inmigración ilegal. Minneapolis se ha convertido
en un laboratorio experimental donde la administración de Donald Trump está
aplicando un proyecto de militarización de ciudades estadunidenses que podrá
ampliarse en el corto plazo.
Es
el rostro del fascismo norteamericano que ante las masivas manifestaciones de
protesta por el asesinato de Renée Good, lejos de mediar y conciliar, decide utilizar
a la institución que se creó para resguardar las fronteras como un ejército personal
y enviar otros 2,000 agentes del ICE a Minneapolis para sofocar las protestas y
amenaza con invocar una ley de insurrección con la que podría militarizar parte
o el país entero.
Está
consciente de que su popularidad está bajando, está perdiendo el apoyo de sus
simpatizantes y todo apunta a que el partido republicano perderá las elecciones
el próximo mes de diciembre, por eso está preparando las condiciones para generar
más caos y descontento popular que se traduzcan en actos de violencia que le
servirán de pretexto para militarizar el país y usar de pretexto la
ingobernabilidad para cancelar las elecciones y seguir en la Presidencia en
forma indefinida actuando como un verdadero dictador. Eso fue lo que hizo
Vlodomir Zelensky en Ucrania y es lo que pretende hacer Trump en Estados Unidos
Logró
esquivar la bala de los archivos Epstein, hoy ya casi nadie habla de ellos y
espera que pronto pasen al olvido porque prepara nuevas sorpresas en el ámbito internacional.
No importa, estamos bien (We are Good), porque generaciones enteras están
despertando del letargo social gracias a Renée Good. Su muerte no será en vano
porque miles o millones de personas abrieron sus ojos y pasaron del horror, al
espanto y después a la indignación para decidirse a participar en la lucha en
contra del fascismo norteamericano que intenta que todos guarden silencio
mientras secuestran, desaparecen y matan a miembros de tu comunidad.
Pero
la ciudadanía estadunidense está tomando consciencia de que si ayer vinieron por
el vecino, hoy en la noche podrían venir por ellos y para evitarlo, se están
organizando y uniendo sin importar las razas o el origen, para actuar en forma
organizada y mostrar resistencia, disidencia y franca rebelión al rostro
fascista del presidente naranja. Siempre que sucede algo malo, surge algo bueno
y la muerte de Renée Good está uniendo a millones para luchar y acabar con la
pesadilla que es vivir dentro del país gobernado por el enemigo principal de la
humanidad.
1.- Estrategias de
intervención psicosocial en organizaciones. El caso de CFE
https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/06/estrategias-de-intervencion-psicosocial.html
2.- El mito de Sísifo en
la sociedad moderna
https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/11/elcastigo-de-sisifo-en-la-posmodernidad.html
3.- Por una conducción
científica de nuestras organizaciones
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/por-una-conduccion-cientifica-de.html
4.- La perversión de la
democracia en el siglo XXI
https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/04/la-perversion-de-la-democracia-en-el.html
5.- Promesa incumplida en
el Isssteson
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/02/promesa-incumplida-en-el-isssteson.html
6.- Ceguera moral.
Bauman, Zygmunt/Donskis, Leonidas
https://labiblioteca.mx/llyfrgell/1123.pdf
7.- La miseria sexual
contemporánea
https://oscaryescasd.blogspot.com/2023/08/la-miseria-sexual-contemporanea-oscar.html
8.- Qué es el big
beatiful Bill de Donald Trump y que cambios propone?
9.- Trump y el masivo
reclutamiento de agentes del ICE
https://www.dw.com/es/trump-y-el-masivo-reclutamiento-de-agentes-del-ice-en-eeuu/a-75510337
10.- ¡Tienen los agentes
de ICE inmunidad?
https://nnueva.com/respuestas/tienen-los-agentes-de-ice-inmunidad/









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