La
desobediencia como imperativo moral para salvar a la humanidad
Oscar
Yescas Domínguez
19
de marzo del 2026
“Si la capacidad de
desobediencia constituyó el comienzo de la humanidad, la obediencia podría
provocar el fin de la historia de la humanidad” Erich Fromm
Introducción
Mi acercamiento al estudio de la obediencia
La obediencia ciega y la banalidad del mal
El experimento de Milgram sobre obediencia a la autoridad
La nueva servidumbre voluntaria
La desobediencia como problema psicológico y moral
Conclusiones
Introducción
El
mundo se ha convertido en un lugar cada vez más peligroso para ser habitado porque
predominan los actos destructivos por encima de aquellos que impulsan la
creatividad y el humanismo. En el momento histórico que estamos viviendo el
sistema económico capitalista busca reacomodarse frente a la inminente caída
del orden mundial unipolar lidereado por Estados Unidos amenazando con extender
el apocalipsis de la guerra.
Este
mismo sistema que se basa en mantener un equilibrio entre una producción y un
consumo masivos nos conduce a una segura destrucción porque busca un
crecimiento infinito de la economía en un mundo con recursos finitos. En la
búsqueda de maximización de sus beneficios económicos la oligarquía corporativa
explota los recursos naturales de forma irracional, destruye ecosistemas,
contamina mares, lagos, ríos y lagunas, provocando la destrucción de la
naturaleza, generando un cambio climático que produce tragedias colectivas,
además de una sobreexplotación de la lase trabajadora.
Por
si esto no fuera poco, vemos frente a nuestras pantallas guerras innecesarias
provocadas por líderes occidentales que actúan motivados por ambiciones
desmedidas de poder, dinero y en su intento de mantener y ampliar su influencia
y control social, se aventuran en actos de colonialismo moderno que implica la
destrucción de ciudades enteras que tardaron siglos en ser construidas por otros
seres humanos y que hoy vemos que son reducidas a escombros en cuestión de
segundos por otros seres humanos que obedecen a tiranos modernos que difunden
un discurso de odio que deshumaniza a pueblos enteros.
En
los últimos años, la democracia ha sido despojada de su significado original (gobierno del
pueblo) y reducida a una democracia electoral que legitima el uso del poder por
parte de unos cuantos representantes que ignoran el contenido de la declaración
de derechos humanos sobre todo en la parte que dice “la soberanía la ejerce el
pueblo, ya sea directamente o a través de sus representantes”, El problema es que el “sea directamente “ ha
desaparecido y nos hemos sometido a la voluntad de los representantes (1).
La
perversión que significa reducir la democracia al ámbito electoral, al
igual que la reducción de la política al comportamiento que presentan los
políticos y la depreciación de la democracia a la democracia electoral, ha dado
como resultado una disminución en la participación en las luchas por un cambio
social y la doctrina de ausencia de
alternativas ha golpeado las esperanzas de construir un nuevo mundo diferente
al actual, creando un vínculo de dependencia de la ciudadanía hacia ciertas
figuras políticas por lo que la población se ve reducida a la condición de
“seguidores” que se limitan a obedecer sin cuestionar a las autoridades
formales, o a mostrar indiferencia y alejamiento de lo que ellos consideran que
es la política.
Mientras
el mundo sigue inmerso en una vorágine de cambios sociales impredecibles en el
contexto de una crisis global de múltiples dimensiones, en el terreno de la
política electoral las continuas decepciones provocadas por gobiernos
autollamados progresistas que han contribuido al crecimiento de la desigualdad
social, han generado una decepción colectiva en amplias capas de la población
que diariamente luchan por sobrevivir al deterioro de sus condiciones de vida,
por lo que se ven seducidas por el canto de las sirenas de políticos de extrema
derecha que prometen volver a tiempos anteriores donde la situación económica
era más estable, mientras desvían la atención de las causas globales de los
problemas personales al difundir un discurso de odio en el que culpan de los
problemas actuales a grupos raciales minoritarios o a inmigrantes de la actual
crisis.
En
los últimos años estamos padeciendo la muerte de la democracia como forma de
vida porque en las elecciones recientes han triunfado candidatos de la extrema
derecha en varios países, quienes una vez en el poder proceden a implementar
políticas neoliberales que contemplan la eliminación de derechos laborales, la
desaparición de prestaciones sociales y la disminución de apoyos
gubernamentales que contribuían al bienestar social de la población. Estos
nuevos gobernantes actúan como tiranos mostrando liderazgos autoritarios,
esperando obediencia ciega mientras realizan acciones que benefician a la
oligarquía corporativa porque aumentan sus beneficios económicos al favorecer
la privatización de todo tipo de servicios públicos.
Ante
el agotamiento de las reservas de los recursos naturales, los propios líderes
de las potencias occidentales contribuyen a la destrucción del orden mundial al
ignorar el derecho internacional que está basado en pactos internacionales y
recurren a la violación de la soberanía de otros países para robar sus recursos
naturales en actos de rapiña que originan una etapa de colonialismo moderno al invertir
recursos para deponer a gobernantes que no estén alineados a sus intereses
económicos y políticos para colocar a otra figura política que obedezca mantener
en la sumisión a sus propias naciones.
Para
lograr tales objetivos, una de las estrategias usadas por los gobiernos
autoritarios es el uso de los medios de comunicación masiva a través de los
cuales realizan la implementación de campañas de “lavado de cerebro”, para crear
figuras ficticias de enemigos potenciales que ponen en riesgo “la seguridad
nacional” y proceden a declarar guerras en contra de otros países para proceder
a invadirlos y saquear sus riquezas naturales para continuar con el ritmo de
producción y consumo masivos.
En
estos procedimientos, los políticos autoritarios han abandonado su rol de
servidores públicos y se han aliado a representantes de la industria
armamentista para realizar negocios al recortar el presupuesto destinado a
obras sociales y aumentar el presupuesto militar para la compra de armamento,
de tal forma que la creación de guerras y su prolongación se ha convertido en
un gran negocio en el que se benefician políticos corruptos y magnates de la industria
armamentista, un negocio en el que los grandes perjudicados son la clase
trabajadora, la juventud y la población civil.
Ante
el aumento del número de protestas en contra de la violación de derechos
laborales, sociales y humanos, los líderes de las potencias occidentales endurecen
sus posturas gobernando con un estilo cada vez más autoritario, creando un
nuevo rostro del fascismo del siglo XXI al identificar como amenazas a la
seguridad nacional a personas que se atreven a tomar los espacios públicos para
hace escuchar sus voces de protesta en contra de políticas internas o en contra
de la guerra.
En
su continua destrucción del Estado de bienestar, los líderes autoritarios toman
decisiones en forma unilateral, sin consultar ni rendir cuentas a nadie,
desconocen a las instituciones que conforman el Estado de derecho en sus
propios países, ignoran a las instituciones internacionales que fueron creadas
para mantener la paz mundial y atacan la soberanía de otros países, violando de
manera impune el derecho internacional.
Con
estas acciones el orden mundial que fue construido después de la segunda guerra
mundial para garantizar la paz mundial se viene debilitando desde hace varios
años y actualmente presenta una tendencia a ser desmantelado por las acciones
de los representantes de los países que contribuyeron a su creación.
La
guerra en Ucrania lleva más de 4 años de duración y no presenta indicios de
terminar a pesar de que Ucrania no puede ganar la guerra a pesar de recibir el
apoyo de Estados Unido y aliados de Europa, mientras que Rusia solo consigue
avances menores a un alto costo (2) y los reportes de bajas presentan
contradicciones en ambos lados, pero coinciden en que superan los 500,000
fallecidos.
Mientras
que el genocidio que realiza el ejército de Israel con la población palestina
en Gaza y Cisjordania lleva más de tres años y cifras conservadoras informan de
la muerte de más de 75,000 palestinos mayoritariamente niños, mujeres, ancianos
y civiles (médicos, académicos, periodistas, etc.) (3). Mientras que por
el lado israelí reportan el fallecimiento de un promedio de 2,000
fallecimientos durante estos tres años (4).
Ahora
se abre un nuevo frente de guerra en el conflicto que Israel y Estados Unidos
abrieron al iniciar una guerra contra Irán, país en el cual se estima que las
bajas superan los 1,000 fallecimientos, dentro de ellos 173 niñas cuya escuela
fue bombardeada por Estados Unidos, mientras que Israel y Estados Unidos
censuran la información e impiden dar a conocer el número real de bajas de
ambos países.
Con
esta nueva guerra el riesgo de destrucción del planeta por una tercera guerra
mundial aumenta ya que Irán está golpeando bases militares estadunidenses ubicadas
en varios países del medio oriente y atacando territorio israelí con el uso
sorpresivo de armamento de gran poder que está destruyendo el mito de la
invencibilidad de Israel y de Estados Unido.
Es
de conocimiento público que Benjamín Nethanyahu profundizó los ataques a Gaza
para distraer la atención a los reclamos de su destitución por actos de
corrupción y logró arrastrar a Estados Unidos a la guerra contra Irán para
construir la fantasía religiosa del gran Israel”. Mientras que Donald Trump ha
sido señalado como un pedófilo involucrado en los casos de violación de
adolescentes en el caso Epstein y para distraer la atención se involucró en la
guerra contra Irán en un acto deliberado para distraer la atención sobre los
archivos Epstein y evitar comparecer en el Congreso de su país para declarar al
respecto, por lo que la opinión pública norteamericana ha bautizado “Operación
furia Epstein” a la guerra contra Irán (5).
Estados
Unidos financió la guerra de Ucrania contra Rusia, también apoya
financieramente y con equipo militar a Israel en su guerra de limpieza étnica
del pueblo palestino y con el genocidio en Gaza. Estados Unidos atacó Irán
iniciando la guerra contra este país, apoyando a Israel y muchos ciudadanos
estadunidenses se niegan a participar en esta guerra para defender a Israel. Un
claro ejemplo lo fue la agresión que sufrió el exmarine Brian McGuinis cuando
interrumpió una audiencia del Senado estadunidense para protestar en contra de
la guerra de Irán y al ser desalojado su brazo fue roto en el forcejeo por
parte del Senador republicano Tim Sheehy (6). No olvidemos que Estados
Unidos también atacó a Venezuela y secuestró al presidente Nicolás Maduro.
Dos
delincuentes inmorales actúan como tiranos conduciendo al mundo entero a una
confrontación internacional que está escalando rápidamente y corre el riesgo de
evolucionar para convertirse en una tercera guerra mundial, mientras una
inmensa mayoría de la humanidad se limita a observar desde la distancia
manteniendo con la rutina de sus vidas, millones apoyan sus acciones y miles
obedecen el llamado de participar en una nueva guerra.
Estamos
viviendo un momento crítico en la historia de la humanidad que nos obliga a mirar
con ojos críticos la situación internacional que estamos viviendo y responder a
preguntas tales como ¿Por qué la mayoría de las personas aceptan con facilidad
una nueva guerra a todas luces injustificada? ¿Por qué en los países
involucrados en el conflicto un porcentaje mínimo de la población es la que protesta
por el recorte de gastos de seguridad social para aumentar los fondos públicos destinados
para la guerra, mientras que una gran mayoría sigue viviendo sus vidas como si
nada anormal estuviese pasando?, ¿por qué una gran parte de la humanidad guarda
silencio ante los crímenes de guerra que estamos observando y da muestras de
obediencia y sumisión ante liderazgos autoritarios.
La falta de reacción ante la injusticia social y una
constante actitud de obediencia hacia líderes autoritarios nos han conducido a
la situación actual de crecimiento de la desigualdad social que ha creado un
sufrimiento colectivo. Debemos evitar que la ceguera moral e indiferencia
social con la que el mundo entero ha estado presenciando la guerra de Ucrania y
el genocidio en Gaza, se repita ahora que vemos la escalada de la guerra entre
Israel y Estados Unidos en contra de Irán.
Ante
la sorpresiva respuesta militar de Irán que ha obligado a Estados Unidos a
vaciar sus bases militares en Medio oriente y destruido el famoso “domo de
hierro de Israel”, surge una pregunta pertinente ¿Aceptarán Estados Unidos e
Israel su derrota ante el poderoso ejército iraní sin usar su arsenal nuclear? ¿Estamos dispuestos a permitir que el mundo
sea destruido por una guerra en la que nosotros no participamos en su origen?
¿Por qué el mundo guarda silencio y sigue obedeciendo órdenes irracionales y destructivas?
Mi acercamiento al estudio de la obediencia
En la misma línea de pensamiento que usó Michel Foucault
cuando escribió su libro La inquietud por la verdad, en el cual declaró que sus
escritos estaban relacionados con sus experiencias personales y que el acto de
escribir implicaba un proceso de transformación constante de sí mismo (7),
debo decir que algo parecido sucede con mi persona porque la mayoría de mis
artículos sobre política, democracia, disidencia social, la responsabilidad
social del intelectual académico, feminismo o sexualidad humana, han tenido
como punto de partida un aprendizaje experiencial previo al abordaje teórico de
los mismos.
Parafraseando al pedagogo y crítico cultural Henry Giroux,
coautor junto a Peter McLaren de la pedagogía crítica revolucionaria, puedo
decir que al igual que millones de niños en el mundo entero, mi inocencia fue
robada (8) porque al igual que varias generaciones de niños empecé a
laborar desde una edad temprana en mi natal Cananea como ayudante de mecánico y
ya una vez viviendo en Hermosillo, durante mi adolescencia colaboraba con la
economía familiar vendiendo periódicos entre otras actividades.
Estas
tempranas experiencias me permitieron tomar consciencia de la existencia de una
lucha de clases en nuestra sociedad y el hecho de haber nacido en la Clínica
obrera de la sección 65 del sindicato de mineros de Cananea, Sonora, marcó mi
identidad y generó un sentimiento de pertenencia a la clase obrera, por lo que
desde mi adolescencia ya había construido una clara consciencia de clase.
Bajo
esa perspectiva, germinó en mi interior un fuerte compromiso social con la
causa de los trabajadores y con la idea de impulsar un cambio social para
terminar con la injusticia y reconquistar la igualdad social, por lo que buena
parte de mi juventud la pasé participando en grupos de izquierda clandestinos
donde realizábamos discusiones políticas que me permitieron tener una mayor
claridad política y participar de manera activa en movimientos colectivos que
luchaban por conquistar derechos políticos, laborales, sexuales y sociales.
Con
una actitud permanente de “alborotar consciencias tranquilas”, intenté combatir
el conformismo generalizado, la indiferencia social hacia los actos de
injusticia que provienen desde el poder y llamar la atención sobre la necesidad
de realizar un cambio social, ya sea participando en forma activa en
movimientos sindicales para defender contratos colectivos de trabajo impulsando
la construcción de una identidad sindical, en movimientos colectivos impulsando
la construcción de una identidad política, fomentando la creación de organizaciones,
la movilización colectiva y la unidad en la acción.
Durante
varios años he estado utilizando la palabra escrita para provocar un despertar
del letargo social en el que permanece todavía una buena parte de la población,
haciendo frecuentes llamados a la desobediencia civil, a la disidencia política
y a una franca rebeldía social. En la medida que se agudizaba la crisis social
durante los últimos sexenios del prianismo en México, escribí varios artículos
tratando de llamar la atención sobre la necesidad de sacar al PRI del poder, de
educar sobre la pertinencia de que existe la posibilidad de un cambio social
que permitiera terminar con las injusticias, los fraudes electorales, los actos
de corrupción y las continuas violaciones a los derechos humanos.
Pero
siempre encontré una dura resistencia para lograr aumentar la participación en
política y generar un compromiso social, por lo que frecuentemente sentía que
formaba parte de una minoría activista y militante, frente a una mayoría que
aparentemente estaba controlada por hilos invisibles porque mostraba
indiferencia social, conformismo y apatía, por lo que después de cada
intervención social en grupos, organizaciones o comunidades, surgía en mi
cabeza una constante pregunta: ¿por qué las personas no aceptan participar en
la lucha por recuperar sus derechos que están siendo violados?
Cuando
logré obtener una plaza de maestro de tiempo completo, aproveché la oportunidad
para continuar con aquella inquietud personal de impulsar un cambio social, reformulando
esa pregunta en forma de problema social para abordarla como objeto de estudio
científico y logré construir varias líneas de investigación que reforzaron mis
intervenciones en grupos, organizaciones y comunidades usando la metodología de
la investigación acción para analizar procesos de liderazgo, participación
social, influencia social, etc., lo cual me permitió obtener respuestas con
fundamentos científicos y explicar desde una perspectiva teórica la pasividad
colectiva en contextos de crisis social.
La
experiencia obtenida en mi participación en diversos movimientos colectivos sindicales,
ciudadanos y políticos, me llevó a enfrentar las limitaciones que enfrentan los
investigadores que se mantienen en el marco de un reduccionismo científico al
intentar explicar la realidad social desde la perspectiva de una sola
disciplina social. Por lo que me vi invadido por el complejo de Cristóbal Colón
que menciona Leonidas Donskis en su conversación escrita con Zygmunt Bauman
cuando escribieron el libro Ceguera moral (9).
Este
complejo consiste en el hecho de que en la vida de todo investigador social
llega un momento en que toma de consciencia de que las aportaciones teóricas y
metodológicas de su propia disciplina resultan insuficientes para explicar la
complejidad del problema elegido como objeto de estudio, por lo que se ve en la
necesidad de incurrir en un eclecticismo, construir enfoques
multidisciplinarios y retomar las aportaciones de varias disciplinas
científicas en el análisis de un fenómeno social.
Por
esa razón, partiendo de que el objeto de estudio de la psicología social es el
estudio de la interinfluencia que existe entre el individuo y la sociedad, para
lo cual utiliza cuatro tres niveles de análisis: análisis del grupo, análisis
de las organizaciones, análisis de las instituciones y análisis de las
comunidades, me vi en la necesidad de retomar aportaciones de la filosofía,
sociología, antropología, comunicación, pedagogía y otras disciplinas sociales para
enriquecer mi análisis y encontrar una respuesta más satisfactoria, por lo que
dentro de las primeras respuestas a la pregunta acerca del ¿por qué surge la
indiferencia y la pasividad en contextos
de crisis social?, recurrí al análisis del control ideológico desde la
perspectiva marxista y althousseriana, analizando el proceso de socialización y
el funcionamiento de diferentes instancias socializantes (familia, escuela,
iglesia, medios masivos de comunicación, trabajo y el impacto de las nacientes
redes sociales vinculando los conceptos, psicología, ideología y cambio social (10).
Pero
en la medida que la sociedad se iba transformando como resultado de grandes
cambios sociales, sentí que el objeto de estudio (el comportamiento humano)
también estaba cambiando, por lo que sentí la necesidad de profundizar en nuevas
investigaciones y encontré nuevas respuestas en la filosofía y la propia
psicología social, que me permitieron abordar el problema de la falta de
participación social en política bajo nuevas perspectivas, al sumar al control
ideológico mecanismos de obediencia social colectiva, que permitían fortalecer
un control social e impedía un despertar político (11).
La evolución de mis análisis sobre la influencia de lo social
sobre el comportamiento individual, me permitió llegar a la conclusión de que
la principal fuente de control social se encontraba en el interior de nuestras
mentes, porque la educación informal recibida en casa, en la iglesia y a través
de los medios masivos de difusión se centraba en lograr comportamientos de
obediencia a la figura de autoridad y ésta socialización informal se
complementaba con la educación formal recibida en las escuelas que se basaba en
el fomento de un aprendizaje pasivo, inhiben el pensamiento autónomo y contribuyen
a la formación de individuos capaces de involucrarse en el engranaje de
ambientes laborales, pero incapaces de ejercer la crítica social porque la
escuela como institución socializante tiene como misión principal enseñar la
obediencia como principal virtud.
El psicoanalista argentino Rodolfo Bohoslavsky describe los
años de estudios en escuela primaria, secundaria y preparatoria, como un curso
de 12 años de “como aprender a ser un buen esclavo”, porque los estudiantes
llegan a las universidades habiendo olvidado el aprendizaje de historia,
geografía, ciencias sociales, etc., pero lo que no olvidan jamás es que deben
obedecer a la figura de autoridad (12).
Sobre estas bases, partiendo de la premisa psicológica de que
para lograr que una intervención psicológica sea efectiva, es condición
necesaria que el individuo objeto de tal intervención desee cambiar, centré mi
atención en identificar las condiciones que permitieran construir una autonomía
política que permitiera que los individuos tomaran consciencia de que los seres
humanos hemos sido los creadores de las instituciones que nos rodean y esta
historicidad es lo que nos permite cuestionar el funcionamiento actual de las
instituciones en el contexto de la policrisis que estamos padeciendo.
El
aprendizaje obtenido en mi rol de docente universitario me permitió ordenar mis
ideas sobre estos contenidos y llegué a la conclusión de que para realizar un
cambio social era necesario tomar como punto de partida la implementación de cambios
individuales que contribuyeran a modificar la autoimagen, la imagen que tenemos
de los demás, la percepción que tenemos de la realidad social y ubicarlos en un
contexto social de crisis.
Este
anclaje teórico-práctico en el contexto de una sociedad en crisis me permitió escribir
un artículo en el cual hice un llamado sobre la necesidad de impulsar un cambio
social que llamé “una revolución de las consciencias” (13), que partiera
de la autocrítica cuestionando los roles socialmente asignados, para dejar
atrás comportamientos de conformismo y obediencia, construyendo una autonomía
individual que permitiera romper las cadenas psicológicas para conquistar la libertad de pensamiento y
construir un empoderamiento individual y colectivo.
En
el discurso de los políticos manejan con frecuencia frases como “solo el pueblo
salvará al pueblo”, “nosotros, la gente” y parten de la premisa de que la
soberanía la ejerce el pueblo, pero la realidad es que al reducir la política a
la política electoral hemos dejado el campo libre a políticos oportunistas y prisioneros
de una democracia representativa cuyos integrantes traicionan al pueblo y
abusan del poder para enriquecer sus fortunas personales desviando fondos
púbicos y gobernando a favor de la oligarquía corporativa.
Partiendo
de la premisa de que el aula universitaria son los únicos espacios en los que
se puede realizar ejercicios de democracia y tratando de unir la teoría con la
práctica, elaboré una pedagogía participativa que tenía como objetivo identificar
el meta aprendizaje que surge en el acto educativo, que consiste en reconocer que
se enseña algo más allá del contenido de la materia, porque la interacción
entre profesor y alumnos enseña un modelo de relaciones interpersonales basado
en una interacción entre una figura de autoridad que es el profesor y las
personas que conforman el grupo de estudiantes que está bajo su
responsabilidad.
Lo
que hice fue modificar la estructura vertical de poder entre ambas partes,
reduciéndola en tamaño y forma para construir una estructura más horizontal que
permitiera la participación de los alumnos en la discusión del programa de la
materia desde el inicio del seminario. Esto implicaba una revolución
paradigmática en la educación porque requería reducir la autoridad del profesor
para construir un vínculo horizontal entre profesor y alumno de tal forma que
con la ayuda de la psicología de grupos combiné la aplicación de técnicas
grupales, discusiones grupales y la evaluación de la dinámica del grupo por el
propio grupo al utilizar la sociometría, de tal forma que con este modelo de
interacción se logró construir un empoderamiento en cada uno de mis estudiantes,
aumentar su participación y construir un vínculo de colaboración entre maestro
y alumnos.
De
esta manera, durante varios semestres logré comprobar en el campo de la
docencia universitaria, que la verdadera transformación social no se da en un
nivel abstracto, que la transformación
social se debe reflejar en la práctica, empezando por lograr cambios de
actitudes en los individuos, de tal forma que el punto de partida para generar
un cambio social debe empezar por cambiar la concepción que las personas tienen
de sí mismos, en tanto que son personas que viven en una sociedad y forman
parte de una comunidad que enfrenta problemas colectivos con efectos en la vida
individual de los integrantes de esa comunidad y que por tanto, los problemas
colectivos requieren acciones colectivas (14).
Desde
la perspectiva de la Psicología comunitaria latinoamericana, en todo proceso de
transformación social es muy importante que la participación y el compromiso de
los integrantes de los grupos, organizaciones y comunidades se dé desde el
diseño de la propia intervención para garantizar el éxito de ésta. La necesidad
de la participación social no nace de la teoría, sino que las actividades de
cambio social surgen de la identificación de las necesidades sentidas y
expresadas por los integrantes de esa comunidad, al reconocer la relación que
existe entre sus problemas privados con la implementación de políticas
públicas.
Por lo tanto, hablar de transformación
social es hablar de participación social, la transformación social no es
un discurso político, es una acción colectiva que sólo puede lograrse
construyendo puentes de comunicación entre autoridades y población, creando vínculos
de colaboración entre agentes externos y agentes internos para lograr la
congruencia entre el discurso político y la unidad en la acción. Con esta
perspectiva de intervención social, se destruye la tendencia a obedecer a la
figura de autoridad, porque los integrantes de la comunidad construyen un
empoderamiento individual y colectivo.
La obediencia ciega y la banalidad del mal
En
1963 Hanna Arendt publicó su libro Eichmann en Jerusalén: la banalidad del mal (15),
en el cual, después de expresar su decepción de no encontrar un monstruo de
gran maldad en la figura de Adolf Eichmann y afirmar que sólo encontró a un
simple funcionario sin pensamiento propio, a un individuo promedio que actuó en
forma sumisa en el contexto de un sistema totalitario obedeciendo órdenes de
manera eficiente para congratular a sus superiores, afirmó que “los mayores
crímenes no son cometidos por monstruos, sino por burócratas ordinarios que
obedecen órdenes ciegamente sin reflexionar sobre las consecuencias morales de
sus actos.
La
filósofa alemana afirmó que la obediencia ciega y la falta de reflexión crítica
son los motores de lo que llamó “la banalidad del mal”, que son las condiciones
sociales que normalizan que individuos comunes puedan cometer atrocidades justificando
sus actos con la respuesta de que sólo se limitan a cumplir órdenes
burocráticas. Basándose en el juicio de Adolf Eichmann, argumentó que el
peligro radica en la incapacidad de pensar por uno mismo, convirtiendo la
obediencia en un acto deshumanizante.
La
obediencia ciega según esta autora es el comportamiento que muestra una persona
al someterse completamente a la voluntad de otro, actuando como un cadáver sin
voluntad propia, por lo que la obediencia ciega representa una amenaza para la
humanidad, porque el mal no siempre surge de la monstruosidad, sino de la falta
de pensamiento autónomo, ausencia de reflexión crítica y sumisión a la figura
de autoridad.
En
base a su estudio de la personalidad de Adolf Eichmann concluyó que el
conformismo mental convierte a los ciudadanos en cómplices de atrocidades que
afectan a otras personas sin experimentar remordimiento ni culpa alguna. El
seguimiento acrítico a órdenes burocráticas puede generar un mal extremo, por
lo que Arendt cuestionó la idea de que la obediencia es una virtud, basándose
en la premisa de que la responsabilidad moral individual persiste en forma
independiente al seguimiento de instrucciones superiores.
Afirmó
que la capacidad de detenerse, reflexionar y juzgar moralmente es la principal
defensa contra la obediencia ciega a sistemas totalitarios, por lo que afirmó
que el pensar es una forma de resistencia al autoritarismo porque los regímenes
autoritarios exigen una obediencia incondicional.
El experimento de Milgram sobre obediencia a la autoridad
Once años después, en el campo de la psicología social
experimental, el psicólogo social Stanley Milgram publicó su libro Obediencia a
la autoridad: el experimento Milgram (16), en donde detalla experimentos
de psicología social sobre la obediencia realizados en la Universidad de Yale durante
los años 1961 y 1962.
Milgram reclutó
a un total de 40 participantes por correo y por anuncio en el periódico en
el cual se les invitaba a formar parte de un experimento sobre “memoria y el
aprendizaje”, además por el simple hecho de participar se les pagaría una cifra
de cuatro dólares (equivalente a unos 28 actuales) asegurándole que
conservarían el pago “independientemente de lo que pasará después de su
llegada”.
Se
les hizo saber que para el experimento hacían falta tres personas: el
investigador (que portaba una bata blanca y fungía como autoridad) el maestro y
el alumno. A los voluntarios siempre se les asignaba mediante un falso sorteo
el papel de maestro, mientras que el papel del alumno siempre sería asignado a
un cómplice de Milgram.
Tanto
maestro como alumno serían asignados en habitaciones diferentes pero conjuntas,
el maestro observaba siempre con el alumno (que en realidad siempre era el
cómplice) era atado a una silla para “evitar movimientos involuntarios” y se le
colocaban electrodos, mientras el maestro era asignado en la otra habitación
frente a un generador de descarga eléctrica con treinta interruptores que
regulaban la intensidad de la descarga en incrementos de 15 voltios, oscilando
entre 15 y 450 voltios y que, según el investigador, proporcionaría la descarga
indicada al alumno.
Milgram también se aseguró de colocar etiquetas que
indicaran la intensidad de la descarga (moderado, fuerte, peligro: descarga
grave y XXX). La realidad era que dicho generador era falso,
pues no proporcionaba ninguna descarga al alumno y sólo producía sonido al
pulsar los interruptores. El sujeto reclutado o maestro fue instruido para
enseñar pares de palabras al aprendiz y de que, en caso de que cometiera algún
error, el alumno debía ser castigado aplicándole una descarga eléctrica,
que sería 15 voltios más potente tras cada error.
Evidentemente,
el alumno nunca recibió descargas. Sin embargo, para dotar de realismo la
situación de cara al participante, tras pulsar el interruptor, se activaba un
audio grabado anteriormente con lamentos y gritos que con cada interruptor
incrementaba y se hacían más quejumbrosos. Si el maestro se negaba o llamaba al
investigador (que se hallaba cerca de él en la misma habitación) éste respondía
con una respuesta predefinida y un tanto persuasiva: “continúe por favor”,
“siga por favor”, “el experimento necesita que usted siga”, “es absolutamente
esencial que continúe”, “usted no tiene otra opción, debe continuar”. Y en caso
de que el sujeto preguntara quién era responsable si algo le pasaba al alumno,
el experimentador se limitaba a contestar que él era el responsable.
Las
conclusiones del experimento a las que llegó Milgram pueden resumirse en los
siguientes puntos: a) Cuando el sujeto obedece los dictados de la autoridad, su
conciencia deja de funcionar y se produce una abdicación de la responsabilidad.
b) Los sujetos son más obedientes cuanto menos han contactado con la víctima y
cuanto más lejos se hallan físicamente de ésta. c) Los sujetos con personalidad
autoritaria son más obedientes que los no autoritarios (clasificados así, tras
una evaluación de tendencias fascistas). d) A mayor proximidad con la
autoridad, mayor obediencia. e) A mayor
formación académica, menor intimidación produce la autoridad, por lo que hay
disminución de la obediencia. f) Personas que han recibido instrucción de tipo
militar o con severa disciplina son más propensos a obedecer.
Tal
como se puede ver, en estos experimentos Milgram estudió hasta qué punto los
individuos obedecen en forma sumisa órdenes de una figura de autoridad y
encontró que en su obediencia los sujetos experimentales llegaron al extremo de
causar dolor y daño a otras personas. También se encontró que las personas
llegan a obedecer órdenes de figuras de autoridad, aun cuando estas entren en
conflicto con su consciencia personal, por lo que aportó una definición de
obediencia a la autoridad como la tendencia que presentan las personas a
complacer a personas en posiciones de autoridad.
La
nueva servidumbre voluntaria
Pero debo decir que aquella pregunta que fue motivo de muchas
horas invertidas en lecturas, participaciones en discusiones grupales y en movimientos
colectivos ¿por qué surge la indiferencia y la pasividad en contextos de crisis social?, encontró más
respuestas en una de las aportaciones más poderosas sobre el tema de la
obediencia que surgió hace varios siglos, concretamente en 1574 cuando circuló
una publicación escrita en 1548 por un joven filósofo que tenía solo 18 años de
nombre Etienne de la Boetié, el autor del escrito que tituló “El discurso de la
servidumbre voluntaria” (17), en el cual hizo una denuncia de los
gobiernos autoritarios, de los que cometen muchas arbitrariedades.
Pero su denuncia va mucho más allá de condenar a los tiranos
porque intenta responder como tantos hombres, tantos pueblos y tantas naciones
se ven sometidas por el yugo de un solo tirano. Etienne de la Boetié no se
concentra en las figuras de los tiranos, sino que su cuestionamiento se dirige
hacia los súbditos, hacia las poblaciones que obedecen y hace una interesante
aportación que muchos hemos olvidado hoy en día y que es necesario recordar.
Describe
el comportamiento colectivo de quienes obedecen como una aberración de la
física política, porque en contra de todas las evidencias que demuestran que lo
que es más pesado prevalece sobre lo ligero, el sentido común nos dice que lo
más numeroso aplasta a lo menos numeroso, pero en las relaciones de poder
sucede todo lo contrario, porque “una élite minúscula domina a la inmensa
mayoría, un autócrata, un solo individuo tiene en su puño a poblaciones enteras”.
El
Discurso sobre la servidumbre voluntaria es un ensayo que se escribió hace más
de tres siglos y desde aquellos lejanos tiempos cuestiona por qué millones de
personas no solo obedecen, sino que se someten voluntariamente a la tiranía de
un solo hombre. Propone que el poder del tirano proviene del consentimiento de
los oprimidos, quienes, al no rebelarse, sostienen el yugo que los esclaviza.
Llama
la atención sobre el hecho de que la obediencia no es forzada por el poder del
líder, sino que es elegida voluntariamente por la masa, puesto que el tirano no
posee más fuerza que la que la gente le otorga. En su escrito Etienne
identifica la fuerza de la costumbre, la ignorancia colectiva y la manipulación
social como mecanismos que consolidan la obediencia y recuerda la frase “pan y
circo” (del latín panem et circenses) que utilizó el poeta
romano Juvenal en los siglos I-II d.C.), para criticar cómo los gobernantes del
Imperio Romano mantenían a la población satisfecha y controlada. Esta
estrategia consistía en regalar trigo y ofrecer entretenimiento gratuito para
distraer al pueblo de sus problemas políticos y de la pérdida de sus
libertades.
El
texto era una crítica a la corrupción y a la desidia ciudadana porque en
aquellos milenarios tiempos los gobernantes ofrecían paliativos básicos y
entretenimiento para evitar protestas sociales y mantener el poder sin gobernar
eficientemente calmando a la multitud a través de la distribución de comida
gratuita y los juegos organizados por el Estado.
En
su denuncia, el autor afirmó que el tirano solo tiene el poder que el pueblo le
otorga y que la libertad puede recuperarse simplemente dejando de obedecer, sin
necesidad de usar la violencia. Explica cómo el tirano mantiene su poder
mediante una estructura jerárquica donde unos pocos disfrutan del privilegio a
cambio de perpetuar la opresión sobre el pueblo sometido que se ha convertido
en una mayoría silenciosa.
Una
de sus grandes aportaciones fue el explicar que la relación de obediencia de
millones de personas hacia un tirano no se puede explicar con la existencia de
dos grupos separados: dirigentes y dirigidos, porque hay una cadena horizontal
de complicidades y revela que la tiranía es la construcción de una sumisión
piramidal, en la cual la obediencia viene desde abajo hacia arriba y sube hasta
llegar al tirano, quien es la máxima autoridad en una estructura vertical.
Pero
dentro de esta verticalidad existe una cadena horizontal que es el soporte
principal de la tiranía porque dentro de ella existen individuos que además de
obedecer al tirano que está en la cima, actúan como tiranos de otros que se
encuentran bajo su mano, de tal forma que hay “pequeños tiranos”, que apuntalan
el poder del tirano que está en la cima, quienes descargan su frustración de
seguidores incondicionales actuando como el tirano de otras personas.
La
servidumbre voluntaria surge dentro de esta estructura con la ayuda de la
ignorancia colectiva, el aturdimiento generalizado y la obediencia como
costumbre, de tal forma que la obediencia se presenta como una aceptación
irracional al convertirse en una sumisión con deseo de servir y complacer a la
figura de autoridad.
Llegado
a este punto de la transformación de la obediencia en sumisión, la
desobediencia no es una alternativa porque la obediencia se ha internalizado,
pero aun así existe una manera de desobedecer que es la obediencia mínima que se
presenta como una obediencia defectuosa que puede presentarse en forma de
resistencia civil, brazos caídos, trabajo bajo protesta o en acciones de franco
sabotaje.
Un
claro ejemplo de sabotaje ocurrió en el portaaviones USS Gerald Ford cuando se
presentó un “apocalipsis fecal” al taparse las cañerías y los miles de
efectivos militares que estaban a bordo fueron obligados a defecar y orinar en
botellas o toallas que posteriormente arrojaban al mar. Algunas mujeres se
aguantaban sus necesidades por pudor y terminaron por enfermarse. Los altos
mandos de la Armada estadunidense culparon a la tripulación de atascar
deliberadamente la red de sanitarios introduciendo camisetas y otros objetos (18).
Posteriormente,
el mismo portaaviones sufrió un incendio en el parea de lavandería que le
obligó a abandonar sus operaciones en el Mar Rojo para dirigirse de emergencia
a la base de la OTAN en Souda Bay, Creta. Lo que inicialmente se presentó como
un incidente menor, ha escalado a una crisis operativa que ha dejado a la nave
fuera de combate. ¿Ataque Externo o Fallo Interno?
La
gran interrogante que rodea este suceso es el origen del fuego, porque investigadores
navales han abierto una línea de averiguación ante la posibilidad de que el
incendio fuera provocado deliberadamente. El agotamiento de la tripulación,
tras 10 meses ininterrumpidos en el mar y la reciente noticia de una extensión
del despliegue hasta mayo, se perfila como el principal móvil de una presunta
protesta interna (19).
La
desobediencia como problema psicológico y moral Según Fromm
Tomando
como punto de partida la mitología hebrea y cristiana, Erich Fromm afirma en su
libro “Sobre la desobediencia y otros ensayos” (20), afirma que la
historia humana comenzó con un acto de desobediencia, cuando Adán y Eva
desobedecieron la orden de no comer del fruto prohibido. Este acto de
desobedecer que se etiquetó como “el pecado original”, los liberó de una
heteronomía a la que estaban atados y les permitió abrir los ojos en el sentido
de que los transformó en individuos que pueden tener actos autónomos, por lo
que según Fromm con ese acto inició a la historia de la humanidad.
También
menciona el mito de Prometeo que es conocido como “El robo del fuego”, cuando Prometeo
engaña a Zeus robando el fuego sagrado del Olimpo para entregárselo a la
humanidad, permitiendo el desarrollo de la civilización, la técnica y la
cultura. Por lo que, en represalia, Zeus encadenó a Prometeo en el Cáucaso,
donde un águila devoraba su vientre diariamente, como Prometeo era un Titán, su
cuerpo se regeneraba por la noche y al siguiente día recibía la visita del
águila para devorar de nuevo su vientre, por lo que al ser inmortal sufría el
mismo de manera indefinida.
El
acto de desobediencia de Prometeo de robar el fuego y compartirlo con los
humanos, dio inicio a la humanidad porque con esa ayuda el ser humano continuó
evolucionando mediante posteriores actos de desobediencia hasta lograr
construir una autonomía y soberanía con la creación de figuras de Estado-Nación.
Con esta introducción, Fromm afirmó que el desarrollo de la humanidad
evolucionó intelectualmente gracias a su capacidad de desobediencia a las
autoridades que se oponían a los cambios intentando ocultar pensamientos nuevos
dentro de los cuales se encontraban conocimientos científicos.
Si
revisamos la historia de la humanidad podremos encontrar varios ejemplos de
personas y grupos sociales que lucharon por la libertad, igualdad, democracia,
la ciencia y desobedecieron a las autoridades en turno para obedecer a sus
propias consciencias siguiendo la premisa: si un hombre solo puede obedecer y
no desobedecer, es un esclavo y en esas luchas figuras destacadas fueron
silenciadas por quienes estaban en el poder porque no encontraron la sumisión y
obediencia que esperaban.
Desde
la perspectiva de Erich Fromm, las personas que obedecen sólo a su consciencia,
a sus principios, a su propia razón y a su convicción han construido una obediencia
autónoma porque actúan como individuos autónomos, con plena libertad de
ideas y su pensamiento es autónomo. En esa línea de pensamiento las personas
han logrado construir una consciencia humanística que no se rige por
sanciones o recompensas, sino que se guían por la convicción de que todos los
seres humanos tenemos una noción intuitiva de lo que es humano y lo que es
inhumano. Es una voz interna que permite distinguir entre lo que contribuye a
fortalecer la vida, de lo que conduce a la destrucción y muerte. Esa voz es el
reflejo de nuestro grado de humanidad y sensibilidad social.
Cuando
la obediencia se presenta con la pérdida de la autonomía individual y la
aceptación de una voluntad o poder ajeno, es cuando surge la sumisión a una
persona, a una institución o un poder que se sitúa por encima de nosotros
atropellando nuestras necesidades e intereses y a este tipo de obediencia,
Fromm le llama obediencia heterónoma que implica el cumplimiento
incondicional de las normas, leyes o reglas impuestas por una autoridad o poder
externo.
Cuando
este tipo de obediencia se presenta de manera prolongada, se hace costumbre y
genera una consciencia autoritaria que internaliza en nuestras mentes la voz de
las figuras de autoridad produciendo una mezcla de sentimientos en los que
sobresalen un deseo de complacer y un temor de desagradar porque hacer esto
último traería graves consecuencias.
En
esta línea de pensamiento el gran pensador humanístico expresó una frase que en
el momento histórico que estamos viviendo de preludio de una tercera guerra
mundial, adquiere gran importancia: “si la capacidad de desobediencia
constituyó el comienzo de la historia de la humanidad, la obediencia podría
provocar el fin de la historia de la humanidad”.
Señaló
la existencia de una relación dialéctica entre la obediencia y la desobediencia
al afirmar que si se obedece a leyes inhumanas de un Estado, se desobedece a
las leyes de la humanidad. Si se obedece a las leyes de la humanidad, lo
correcto es desobedecer las órdenes de una Estado autoritario.
En
un tramo avanzado de su capítulo sobre la desobediencia, Erich Fromm se plantea
la pregunta que muchos luchadores sociales hemos enfrentado en la práctica y que
unos cuantos hemos intentado formular como un problema teórico en el terreno de
las ciencias sociales: ¿Por qué se inclina tanto el hombre a obedecer y por qué
le es difícil desobedecer?
En
su libro El miedo a la libertad" (21) Erich Fromm analiza cómo el
hombre moderno, al liberarse de las estructuras tradicionales (feudalismo,
iglesia), ha ganado libertad "de evitar" imposiciones religiosas o
políticas, pero aun así se siente aislado, solo, impotente y experimenta un
estado de marginación social. Para escapar de este miedo, el individuo busca
someterse a regímenes autoritarios porque mientras obedece se siente seguro
porque forma parte de una mayoría de seguidores que obedecen a la figura de
autoridad actuando como si fueran un rebaño: sin pensamiento autónomo.
Utiliza
la expresión “miedo a la libertad” para hablar de una huida inconsciente que
evita la carga del peso de tomar decisiones en forma individual y la obligación
de tener que asumir las responsabilidades que se desprendan de ellas. Esa
libertad para elegir es la que genera ansiedad y es rechazada por millones de
personas que prefieren someterse una heteronomía creando vínculos de
dependencia hacia otras personas, instituciones, ideologías o gobiernos
autoritarios.
Conclusiones
Los
actos de maldad sin límites que presentan algunos líderes internacionales los
acerca mucho a la definición de lo que la imaginación popular tiene definidos como verdaderos monstruos,
porque provocan sufrimientos colectivos, genocidios impunes y guerras
innecesarias que son provocadas por quienes desde el poder intentan evitar ser
sometidos a juicio político en sus propios países, al desviar la atención sobre
amenazas ficticias y declaraciones de guerra que utilizan para hacer llamados a
la unidad nacional, mientras intentan consolidar sus posiciones de poder
actuando como si el mundo les perteneciera.
Alguien
podría decir que estos monstruos que deshumanizan a pueblos enteros y no
vacilan en bombardear escuelas, hospitales, universidades, o mezquitas son
realmente pocos, pero estos psicópatas que usan el poder en forma destructiva
tienen a un ejército de mini monstruos que ejecutan las órdenes al pie de la
letra mostrando una obediencia ciega a las órdenes de sus superiores sin
importar que éstas sean medidas de represión física a sus propios ciudadanos,
acciones de guerra comercial contra otros países o instrucciones de asesinar a
civiles inocentes en el contexto de una guerra militar.
La
transformación de la maldad sólida a una maldad líquida que se ha dispersado en
todos los integrantes de nuestra sociedad contemporánea (22), les
proporciona un mayor poder a estos tiranos porque han desarrollado una
capacidad para influir sobre millones de personas a quienes les inoculan un
discurso de odio hacia enemigos imaginarios y los hacen participar en
verdaderos actos de maldad que muestran más allá de una obediencia ciega, una
servidumbre voluntaria.
Por
estas razones, debe quedar claro que en el actual contexto internacional, el
verdadero peligro no proviene de unos cuantos políticos que actúan como monstruos que desde su posición de poder
deciden iniciar las guerras, sino que en realidad la amenaza mayor para la
humanidad proviene de millones de personas que obedecen ciegamente las órdenes
que reciben de los grandes monstruos aun cuando éstas impliquen su propia
autodestrucción, pero se auto justifican al decir que “solo siguen órdenes”.
Esto
nos recuerda el concepto de “banalidad del mal” que aportó Hanna Arendt y que hace
referencia al hecho de que personas ordinarias pueden cometer atrocidades
inmensas porque se limitan a actuar como burócratas sumisos que realizan un
trabajo por el cual reciben un pago cumpliendo órdenes sin reflexionar ni
cuestionar, por lo que el peligro real no es la existencia de tiranos que
actúan como monstruos, sino de la incapacidad individual y colectiva de pensar
en forma crítica que presentan millones de personas.
La
libertad que muestran los tiranos modernos para actuar con gran impunidad
violentando todo tipo de derechos, la obtienen gracias a la obediencia ciega de
quienes siguen sus órdenes irracionales y muestran sumisión hacia líderes. Otra
fuente de poder de los tiranos modernos es la complicidad pasiva traducida en
indiferencia criminal que muestran millones de personas que dan muestras de
inhumanidad al no indignarse ante las injusticias ajenas, atropellos y
asesinatos que cometen quienes representan el poder político de las grandes
potencias occidentales.
Bajo
esta perspectiva, el verdadero problema que permite la violencia institucional
y los crímenes de guerra en la sociedad contemporánea radica en la obediencia
ciega de aquellos funcionarios, efectivos militares, elementos policiacos y
ciudadanos comunes que siguen al pie de la letra órdenes de figuras de
autoridad que les dice qué hacer y cuando hacerlo.
Es verdad que la maldad existe en nuestro mundo y la podemos
ver con gran frecuencia en nuestras vidas cotidianas, también es verdad que
existen monstruos realmente peligrosos que actúan con gran crueldad realizando
actos de maldad. Existen personas malvadas en el campo de la política, en
ambientes organizacionales, en hogares familiares, en organizaciones
religiosas, en universidades, en Sindicatos, etc.
Pero
lo cierto es que los monstruos considerados verdaderamente malos (líderes políticos
ambiciosos, cabezas de cárteles de drogas, jefes de la mafia, dirigentes de
pandillas, etc.) son solo unos cuantos individuos, pero ellos no son el único
peligro social porque el verdadero peligro se encuentra en aquellos miles o
millones de seguidores que alimentan su poder al obedecer ciegamente sus
órdenes, llegando al extremo de mostrar una servidumbre voluntaria.
Los
individuos modernos cuya autonomía ha desaparecido y se han convertido en
simples seguidores que se someten completamente a la voluntad de los tiranos
sin cuestionar sus decisiones o ideología, alimentan el poder, la perversidad y
maldad de los tiranos que se encuentran en la cúpula del poder, por lo que la
obediencia ciega se presenta como el núcleo principal del problema para la
humanidad, ya que está acompañada de la falta de pensamiento autónomo, de la
ausencia de reflexión crítica, de una plena sumisión a la autoridad y de la
aceptación del rol de seguidor que anhela formar parte del rebaño para llenar
su vacío existencial experimentando un sentimiento de pertenencia e identidad
ficticia.
El
reconocimiento de la existencia de millones de mini monstruos dentro de la
sumisión piramidal que encabeza el tirano mayor, aporta otra faceta que permite
comprender como ha crecido el problema de la desigualdad social contemporánea, porque es cuando vemos con
mayor claridad que la maldad y la obediencia se han convertido en un binomio
que se ha distribuido en forma colectiva, al identificar mandos medios que
actúan con sumisión a la autoridad mayor y se convierten en tiranos de quienes
se encuentran bajo su mando, por lo que la responsabilidad de actos de
corrupción y destrucción ambiental y social se revela como una acción colectiva
que tiene responsabilidad social y las raíces de los problemas que enfrentamos
se encuentran en la obediencia irracional masiva que muestran millones de
personas a diferentes figuras de autoridad, dentro de las cuales se encuentran
aquellos tiranos que se encuentran en el poder.
Bajo
esta perspectiva, el problema que enfrentamos en tiempos de guerra como el que
estamos viviendo, no es sólo la existencia de líderes psicópatas que gobiernan
el mundo actuando como verdaderos monstruos al mostrar maldad extrema, sino que
es el resultado de la obediencia ciega que raya en la sumisión por parte de
aquellos que ejecutan las órdenes de exterminio de otros seres humanos, así
como el silencio e indiferencia que muestran millones de personas ante los
horrores que vemos en las pantallas de nuestros dispositivos digitales y la
obediencia de millones de personas que participan en procesos electorales
votando por quienes los dirigentes políticos les piden que voten.
Bajo
esta nueva perspectiva, la obediencia se presenta no solo como una de las
principales fuerzas restrictivas que se oponen al cambio social, sino que
también representa la base social en la que toma fuerza la amenaza de
destrucción de la humanidad entera, porque está tan arraigada que las personas
más nobles que por sí solos no dañarían a otras personas, pero no dudarían en cometer
actos de crueldad si alguna figura de autoridad les ordena hacerlo, aun cuando
sean en contra de su voluntad.
Estudiar
la obediencia ciega que raya en la sumisión incondicional a la figura de
autoridad adquiere gran importancia en el actual contexto internacional porque cada
día no solo surgen nuevos motivos para inconformarse, rebelarse y levantarse en
pie de lucha, sino porque en estos momentos la humanidad está en peligro por la
obediencia ciega a líderes políticos que conducen al mundo entero a una tercera
guerra mundial.
El
mundo se encuentra en crisis bajo la conducción de líderes autoritarios que
están destruyendo la democracia y naciones enteras, porque han encontrado en la
guerra un jugoso negocio y por la irracionalidad de sus actos están creando las
condiciones para el surgimiento de una tercera guerra mundial. Los golpes que
han recibido Israel y Estados Unidos por parte de Irán, han sido tan
demoledores que las potencias agresoras se enfrentan a la disyuntiva de
reconocer su derrota aceptando pagar los costos de la reparación de daños que
ocasionaron o escalar la guerra utilizando el armamento nuclear que ambas
potencias poseen para destruir a su enemigo.
En
este contexto la desobediencia está justificada, empezando por la desobediencia
del propio pueblo de Estados Unidos, sobre quien recae parte de la
responsabilidad de este conflicto porque fueron ellos quienes eligieron a
Donald Trump como su presidente. El resto de la población mundial debemos
responder con un cambio paradigmático que empiece por recuperar el significado original
de la democracia y de la política, para comprender la necesidad de aumentar
nuestra participación social en la discusión de asuntos colectivos.
Empezar
a desobedecer no será fácil porque toda nuestra vida nos inculcaron una
tendencia a obedecer que se convirtió en costumbre, por lo que debemos resistir
la tendencia a obedecer, inhibir el “deseo de quedar bien” con la autoridad en
turno, porque eso es lo que les da el poder. El poder de quien nos oprime se lo
estamos dando nosotros en el momento que reconocemos su poder y les obedecemos,
si tan solo dejamos de darle ese poder dejando de obedecer y sobre todo de
sobreobedecer mostrando una servidumbre voluntaria, terminaremos con la
asimetría que favorece al poder y construiríamos una relación diferente si
logramos actuar en forma organizada, unida y colectiva, para construir
empoderamientos individuales y colectivos que nos libren de la necesidad de
seguir obedeciendo.
Esto
implica abandonar la pasividad, conformismo, indiferencia, obediencia e
ignorancia que nos ha mantenido inmovilizados de tal forma que podamos realizar
una revolución en nuestras consciencias que nos permita construir nuevas
imágenes de hombres y mujeres actuando como sujetos políticos con pensamiento
autónomo con capacidad de ejercer la crítica social y estar en condiciones de
responder a la pregunta ¿por qué dejamos que la democracia sea destruida ante
nuestros ojos y después aceptamos participar en la simulación de una democracia
electoral?
Actuando
con autonomía individual en forma colectiva, unida y organizada, podremos
evitar la manipulación social que promueve la obediencia, resignación y conformismo
ante la precariedad económica, frenar la manipulación política que induce el
voto en elecciones para favorecer candidatos impuestos por la cúpula política y
sobre todo detener el masivo lavado de cerebro que realizan los medios masivos
de comunicación que manipulan utilizando una narrativa que induce a apoyar la
participación en una guerra que solo conduce a la destrucción de todas las
naciones y que por la amenaza de extenderse hacia una tercera guerra mundial,
sólo asegura la destrucción de los países involucrados y con ella, la
desaparición de una gran parte de la humanidad.
Si
utilizamos la memoria histórica, veremos que estamos viviendo condiciones
similares a las que existieron en los años previos a la segunda guerra mundial,
cuando se dio la experiencia del totalitarismo del siglo XX que dio origen al
fascismo y una obediencia irracional colectiva y la similitud que observamos en
este siglo XXI es que los problemas que actualmente está enfrentando la
humanidad tienen como denominador común la existencia de una obediencia
colectiva que raya en la servidumbre voluntaria. Por estas razones el acto de
desobedecer a quienes nos conducen por el camino de la guerra se presenta como
una exigencia social y a la vez como una declaración de humanidad que se rebela
al convulso ambiente social que se nos presenta como una auténtica
sociopatología (23).
Estamos
viendo una nueva versión de individuos deshumanizados cuya conducta no se rige
por valores, sino por la racionalidad fría, la ambición, la codicia, una
obediencia ciega a la figura de autoridad y con la mirada histórica podremos
ver con claridad que existe un vínculo entre los esclavos de la antigüedad, los
siervos de la edad media, los obreros de las grandes fábricas y los ciudadanos
endeudados de nuestra sociedad: todos obedecen sin protestar porque están
sometidos a una obediencia heterónoma y la desobediencia está descartada porque
han asimilado la ideología de que no hay alternativas diferentes a las
condiciones sociales y enfrentan el temor de que las sanciones por desobedecer serían
inmediatas y (24).
Necesitamos
reconstruir la identidad ciudadana que ha sido borrada por la identidad del
consumidor y reconstruir la democracia perdida. El reto que enfrentamos es de
vida o muerte y consiste en involucrarnos en asuntos políticos y sociales, para
enfrentar el autoritarismo que nos conduce a la autodestrucción mostrando actos
de disidencia, denunciando los actos de injusticia y corrupción.
Ha
llegado el momento de dejar de confiar en terceras personas y empezar a
comprometernos en la construcción de una política que parta de una democracia
real y esto implica hacer disidencia rompiendo con los patrones que fomentan la
pasividad y la dependencia (25). Necesitamos mostrar comportamientos de
disidencia social, resistencia civil y franca rebeldía ante la irracionalidad
de las decisiones de quienes se encuentran en el poder y nos conducen a la
destrucción. Debemos dejar a un
lado la obediencia heterónoma y empezar a construir una obediencia autónoma que
esté basada en la autonomía individual y desarrollar la capacidad para pensar y
sentir en forma individual sin ser guiados o controlados por otras personas.
Debemos tener memoria histórica y reconocer que en la historia de la humanidad una
minoría ha estado gobernando a una mayoría enseñándole a obedecer y los grandes
cambios sociales surgieron por la acción de movimientos colectivos.
La física política que nos recordó Etienne de la Boetié es
apabullante: ¿cómo es posible que millones de personas obedezcan a un tirano si
el sentido común nos dice que, si la mayoría silenciosa se uniera y actuara en
forma colectiva y organizada, podrían construir un poder superior al poder del
tirano que les mantiene sometidos.
Si
analizamos bajo una perspectiva foucaultiana la situación internacional,
veremos una relación de fuerzas: una multitud frente a un tirano, o un conjunto
grande de naciones frente al representante de un imperio. Tanto el tirano como
el representante del imperio tiene un poder, pero ese poder proviene una
sumisión piramidal que está basada en una aceptación irracional de la sumisión,
fortalecida por la costumbre y por un embrutecimiento cada vez mayor de todo un
pueblo que navega en los mares de la ignorancia, el conformismo y el
individualismo.
1.-El individuo privatizado. Castoriadis,
Cornelius
file:///C:/Users/oscar/Downloads/el-individuo-privatizado%20(1).pdf
2.- La guerra de Ucrania
cuatro años después: un conflicto de trincheras y drones
3.- Las muertes en Gaza
superan por miles las bajas reportadas
https://www.trtespanol.com/article/f0dfef7cbf41
4.- Víctimas de la guerra
en Gaza
https://en.wikipedia.org/wiki/Casualties_of_the_Gaza_war
5.- Operación "Furia
de Epstein": el nombre que los estadounidenses le dan a la impopular
guerra contra Iran
6.- El candidato al
Senado y exmarine Brian McGinnis describe cómo fue arrestado y terminó con un
brazo roto por protestar contra la guerra en Irán durante una audiencia en el
Congreso de EE.UU.
https://www.democracynow.org/es/2026/3/11/brian_mcginnis_iran_war_protest_congress
7.- La inquietud por la
verdad. Escritos sobre la sexualidad y el sujeto. Michel, Foucault
https://monoskop.org/images/3/3b/Foucault_Michel_La_inquietud_por_la_verdad.pdf
8.- La inocencia robada.
Juventud, multinacionales y política cultural. Goroux, Henry
https://kupdf.net/download/henry-giroux-la-inocencia-robada_587228326454a7502935c071_pdf
9.- Ceguera moral. La
pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida. Bauman, Zygmunt/Donskus,
Leonidas
https://pdlibroschl.cdnstatics2.com/usuaris/libros_contenido/arxius/30/29568_Ceguera_moral.pdf
10.- Psicología,
ideología y cambio social
https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/psicologia-ideologia-y-cambio-social.html
11.- Psicología,
obediencia y cambio social
https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/07/psicologia-obediencia-y-cambio-social.html
12.- Psicopatología del
vínculo maestro-alumno. Bohoslavsky, Rodolfo
13.- La revolución de las
consciencias
https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/06/la-revolucion-de-las-consciencias-oscar.html
14.- La transformación
social desde una perspectiva científica
https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/09/latransformacion-social-desde-una.html
15.- Eichmann en
Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal. Arendt, Hanna
https://eltalondeaquiles.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2015/09/Eichman-en-Jerusalem.pdf
16.- Obediencia a la
autoridad. El experimento de Milgram.
Milgram, Stanley. Gráficas Cofas, Madrid, 1974
17.- Discurso sobre la servidumbre voluntaria De la
Boétie, Etienne
18.- Portaaviones enviado
a Irán se enfrenta a un "apocalipsis fecal"
https://es.topwar.ru/278405-otpravlennyj-k-iranu-avianosec-stolknulsja-s-fekalnym-apokalipsisom.html
19.- ¿Accidente, ataque o
Sabotaje?: El USS Gerald R. Ford se retira del Mar Rojo tras incendio de 30
horas
https://www.aporrea.org/ddhh/n416656.html#google_vignette
20.- Sobre la
desobediencia y otros ensayos. Fromm, Erich
https://ecotropia.noblogs.org/files/2023/03/Sobre-la-desobediencia-y-otros-ensayos.pdf
21.- El miedo a la
libertad. Fromm, Erich
https://ciudadanoaustral.org/biblioteca/04.-Erich-Fromm-El-miedo-a-la-libertad.pdf
22.- ¿De dónde viene el
mal?
https://oscaryescasd.blogspot.com/2026/02/de-donde-viene-el-mal-la-irrupcion-de.html
23.- Pensamientos sobre
la sociopatologia de la sociedad contemporánea
https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/09/pensamientos-sobre-la-sociopatologia.html
24.- Desobedecer. Gros,
Frederic
Ed. Taurus. Ciudad de
México, 2019
https://es.scribd.com/document/441936291/Frederic-Gros-2017-Desobedecer
25.- Hacer disidencia. Una
política de nosotros mismos. Sadin. Eric
Ed. Herder, Barcelona,
2022
https://www.youtube.com/watch?v=6icIACgrWkE&t=136s







Pensar por uno mismo, no estar de seguidores, si no, uno buscar soluciones para dejar de obedecer a tiranos, si somos más los del pueblo que los tiranos necesitamos creer en nosotros mismos y decir No, si pensamos con claridad y la orden va en contra de nuestro prnsamiento. Si, estoy de acuerdo, peero los militares y especialmente los pequeños monstruos que rodean al tirano mayor son aún peores y tienen la manera de bloquear la verdad e imponer su realidad: hay mucha gente que se deja lavar el coco, pero tu aportación es muy buena y espero que la lean y comiencen a cuestionar y a pensar por si mismos. No hay peor lucha que la que no se hace. Alborotar consciencias es necesario.
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