¿De
dónde viene el mal?
(La
irrupción de los monstruos en el interregno)
Oscar
Yescas Domínguez
17
de febrero de 2026
Introducción
¿Un mundo sin
alternativas?
La perspectiva religiosa
sobre el origen del mal
La anatomía de la
destructividad humana
La banalidad del mal
El efecto Lucifer
El origen de la maldad
líquida
Conclusión
Introducción
Quizá esté equivocado, pero creo que hasta la persona más
despistada se habrá dado cuenta de que todo está cambiando rápidamente en el
mundo contemporáneo, con base en esa creencia que se basa en cierto optimismo
dentro del pesimismo que invade nuestras vidas cotidianas, pienso que algunas
personas que inician la lectura de este artículo estarán conscientes de que
estamos viviendo un momento histórico que quedará registrado como la
desaparición del viejo orden mundial unipolar que surgió hace 36 años después
de la desintegración de la Unión soviética y que está representado por Estados
Unidos como la principal potencia económica, política y militar que dominaba la
mayor parte del mundo.
Si a ese optimismo pesimista le sumamos una mirada crítica
para mirar con otros ojos el horizonte internacional, veremos que los
conflictos que observamos en las noticias representan una evidencia real de que
el capitalismo en su versión neoliberal está dando muestras de agotamiento social,
ya que cada vez es más claro que no
existe una “mano invisible” que regule al mercado y que la promesa de un crecimiento
infinito de la economía es imposible de mantener en un mundo con recursos
finitos, porque resulta cada día más
difícil mantener el equilibrio entre una producción masiva y un consumo masivo,
debido a que este modelo está provocando una crisis ecológica que genera
verdaderas tragedias, incrementa la explotación de la clase trabajadora y produce
una generalizada insatisfacción social ante la precarización creciente que
afecta a una inmensa mayoría de marginados.
La
implementación de políticas neoliberales produce un aumento de la desigualdad
social y se incrementa cada vez más la brecha social que separa a los ricos de
los pobres causando un sufrimiento colectivo, continuas violaciones a los
derechos humanos, laborales o sociales y estas agresiones a la clase
trabajadora y a la población en general están creando un hartazgo generalizado que
se expresa en el surgimiento de movimientos colectivos en todo el mundo.
Estamos
viendo que este sistema socioeconómico excluyente que actúa como un monstruo de
tres cabezas: capitalista, colonialista y patriarcal, está destruyendo todo a
su paso y el orden mundial que estaba dominado por la potencia norteamericana, se
debilita cada día más porque varias naciones han aumentado su poderío
económico, comercial y militar, por lo que se presentan como naciones
emergentes que recuperan su soberanía nacional y pugnan por construir un nuevo
orden mundial multipolar.
Son
naciones que están marcando límites territoriales, que están reconstruyendo su
soberanía e independencia, recuperando su autonomía para establecer alianzas militares,
formar nuevos bloques comerciales y con estas acciones están cambiando la
geopolítica en el horizonte internacional y reconfigurando un nuevo orden
mundial de carácter multipolar.
En este contexto, creo que un número más reducido de personas
que siguen leyendo este escrito habrán leído o escuchado la frase expresada
hace cien años por el sociólogo italiano: “El viejo mundo muere, el nuevo tarda
en aparecer y en ese claroscuro aparecen los monstruos”, una frase que a pesar
del tiempo que ha transcurrido desde que fue escrita, describe con alto grado
de precisión el momento histórico en el que estamos viviendo en este año 2026, porque
el mundo contemporáneo tal y como lo conocíamos está desapareciendo frente a
nuestros ojos y se está transformando cada día al surgir nuevas rupturas de antiguas
alianzas entre potencias occidentales y nuevas alianzas entre las potencias
emergentes que tienden a actuar como verdaderos bloques (1).
Bajo
el mandato de Donald Trump, la potencia norteamericana ha cambiado la
geopolítica al utilizar la guerra comercial en un intento fallido de reforzar
su control internacional, porque al hacerlo con todos los países sin excepción,
incluyendo a sus aliados tradicionales, lo que está logrando es aislarse de
manera progresiva del resto del mundo y provocar el confrontamiento con las nuevas
alianzas militares y comerciales que aparecen en el nuevo mapa mundial de la
geopolítica.
En
este proceso de agonía del viejo mundo, los dirigentes de las grandes potencias
occidentales se niegan a perder su poder y actúan como verdaderos monstruos tomando
decisiones que afectan a millones de personas al crear enemigos imaginarios,
fomentar el miedo colectivo y el odio hacia otros pueblos.
Gobiernan
con gran autoritarismo, desviando grandes cantidades del presupuesto público
para defensa militar, preparándose para una guerra futura y descuidan la
atención a las necesidades sociales de sus propios pueblos, generando altos
niveles de insatisfacción social que se expresan en movimientos colectivos que
al tomar las calles son contenidos por los cuerpos represivos del Estado que
usan la tecnología para aumentar el control social y la fuerza militar para
reprimir actos de inconformidad, disidencia o rebelión, repitiendo con estas
acciones errores del pasado que provocaron el surgimiento del fascismo y
conflictos militares a nivel mundial.
En
este contexto de insatisfacción y descontento social de las mayorías
marginadas, las fuerzas políticas de ultraderecha han logrado triunfos
electorales y los nuevos gobernantes intentan alimentar el viejo orden mundial
al mantener una sumisión hacia Estados Unidos, actúan con mayor maldad al realizar
una guerra económica contra sus propios pueblos dejándolos morir de inanición o
enfermedades curables para alimentar las guerras, apoyar genocidios con fines
de colonialismo y subordinarse a bloqueos comerciales contra pueblos enteros
que provocan que millones de personas mueran por carencia de insumos médicos o
falta de alimentos.
Estamos
siendo testigos de actos de crueldad que provienen desde la cima del poder político
dirigidos a aquellos sectores sociales que forman parte de una mayoría cada vez
más marginada y por la exhibición de estos niveles de maldad mostrados por
dirigentes políticos, algunas personas llegan a pensar que lo que está
sucediendo es porque quienes gobiernan son “personas malas” y todo sería
diferente si se cambiaran a estos villanos que actúan con maldad por “personas
buenas” que no se dejen llevar por ambiciones personales y que realmente tomen
decisiones que reflejen bondad y beneficien a las mayorías.
Creo
que cualquier persona podría caer en la tentación de coincidir con ese tipo de
pensamientos al ver a gobernantes como Donald Trump, Benjamín Nethanyahu,
Vlodomir Zelensky, Javier Milei y otros personajes de la política internacional,
nacional, estatal y local, que actúan con maldad al usar el poder político para
beneficiarse y enriquecer sus fortunas personales al participar en actos de
corrupción, desviando fondos públicos o utilizar fondos gubernamentales para
atender las necesidades de la oligarquía corporativa, mientras utilizan un
discurso de odio para culpar a grupos sociales de los problemas que ellos
mismos provocan y muestran un gran desprecio hacia quienes los llevaron al
poder descuidando la atención a las necesidades sociales.
Podríamos
concordar que estos personajes son verdaderos monstruos porque utilizan su
poder para provocar destrucción, muertes innecesarias y sufrimiento colectivo,
por lo que merecen ser despojados del poder político que obtuvieron a través de
elecciones democráticas y hacerles objeto del peor de los castigos. Pero
¿estaríamos seguros de que su lugar no sería ocupado por nuevos potenciales
monstruos que actuarían de forma similar o peor que sus antecesores?
Creo
que no tendríamos garantía alguna porque las causas que general el mal
contemporáneo seguirían intactas, por lo que no debemos caer en la trampa del
reduccionismo que nos lleve a pensar que el mal se concentra en unas cuantas
personas que son psicópatas que abusan del poder que les brindamos como
ciudadanos, pensar de esta forma sería utilizar una mirada superficial para ver
el mal como algo que es pasajero y que se encuentra concentrado en unos cuantos
individuos que “se han desviado del camino”, porque la mayoría de las personas
son “gente buena” que han sido engañadas por villanos.
Coincidir
en esta forma de pensar sería como aceptar que los padres que violentan a su
pareja, aquellos que violan a sus hijos, los hombres que violan o matan a
mujeres en actos de feminicidio, las personas que golpean y asesinan a
homosexuales y lesbianas, los sicarios que forman parte de la delincuencia
organizada extorsionando, violando y asesinando personas para ganar “dinero
fácil”, los políticos y funcionarios de gobierno que enriquecen sus fortunas
personales con dinero del pueblo, lo hacen porque “son personas malas” que se
desviaron del camino.
Actuar
de esta forma implicaría ignorar el contexto sociocultural que crea estos
comportamientos a escala global, porque debemos reconocer que en nuestros
tiempos, el mal ha dejado de ser un problema que presentan unos cuantos
individuos y se ha distribuido en forma colectiva, debido a que vivimos dentro
de una sociedad en la que todos formamos parte de una sociopatología al
normalizar expresiones patriarcales, machistas, racistas, homofóbicas,
discriminación económica y muestras evidentes de aporofobia.
Sería
un verdadero error el pensar que los males que estamos padeciendo son causados
por unos cuantos “malos individuos”, ya que la realidad es que parte de los
cambios que hemos atravesado es que hoy en día estamos enfrentando nuevas
formas de expresión de la maldad nunca antes vistas, por lo que necesitamos
reconocer que en solo unos cuantos años hemos pasado de vivir en una sociedad
sólida en la que las instituciones funcionaban y el mal se presentaba en forma
concentrada, a vivir en una sociedad líquida en la que el mal ha dejado de ser
sólido y personificado (2).
Esa
es la parte más atemorizante de los tiempos que estamos viviendo y que no nos
hemos dado cuenta, es el hecho de que hoy enfrentamos a una modalidad del mal
mucho más amenazante y traicionera, porque el mal se ha pulverizado, dispersado
y licuado, adoptando una forma diferente del mal sólido como lo conocíamos
porque el actual mal líquido permanece oculto a la vista, no se detecta fácilmente
porque ha logrado habitar dentro de nosotros mismos.
Lo
anterior no quiere decir que los monstruos que nos gobiernan y nos mantienen en
vilo con la amenaza de guerras, violencia o muerte, no merezcan ser combatidos,
destituidos y sujetos a juicio político y penal. Se trata de reconocer que esos
que llamamos monstruos no llegaron al poder político solos, subieron a la cima
gracias al apoyo de millones de personas que les dieron sus votos apoyando su
carrera política a pesar de que en sus campañas políticas anunciaron en un
discurso de odio dirigido a grupos sociales específicos lo que iban a hacer: la
destrucción del estado de bienestar, la violencia desde el Estado dirigida a
grupos sociales que fueron perfilados por su raza, por su origen o por su nivel
socioeconómico.
Desde
esta mirada aquellos millones de personas que les dieron sus votos para llegar
al poder a quienes hoy actúan como monstruos, son corresponsables de las
acciones de violencia institucional que realizan desde la cima. El mal se ha
convertido en algo trivial que no nos sorprende porque en nuestras vidas
cotidianas sujetos y objetos de acciones que reflejan indiferencia ante el
sufrimiento ajeno, insensibilidad social, conformismo social y alejamiento de
la política.
Bajo esa perspectiva existe una
corresponsabilidad social en el surgimiento de una moderna versión líquida del
mal como un mal compartido, porque habita en nuestro interior, por lo que debemos
reconocer que éste forma parte de nuestro tejido social, incluso de nuestra
propia personalidad psicosocial y debemos prepararnos para autocuestionarnos
sobre el grado en que estamos impregnados de maldad líquida en nuestro
comportamiento y para descubrirlo necesitamos responder a la pregunta ¿de dónde
viene el mal que afecta a nuestra sociedad contemporánea?
Vivimos
en un mundo sin alternativas
Antes
de responder en forma literal a la pregunta anterior, necesitamos recuperar la
memoria histórica de tal forma que podamos construir un contexto global para
comprender cómo es que hemos llegado a la situación en la que nos encontramos y
una explicación la podemos encontrar en el adoctrinamiento que hemos
recibido en forma masiva durante las últimas décadas que nos han conducido a
aceptar la idea de que “no existen
alternativas reales para sustituir al capitalismo”, por lo que una inmensa
mayoría de personas ha llegado al punto de descartar la idea de luchar para
cambiar este mundo en el que la desigualdad es fuente de injusticias y
sufrimiento colectivo y ha llegado a aceptar vivir en la miseria de una
realidad excluyente que les oprime en una precariedad creciente.
Para
comprender este pesimismo es necesario recordar que durante 46 años (1945-1991)
se enfrentaron dos sistemas económicos y políticos que sostenían ideologías
contrarias entre sí, por un lado se encontraba Estados Unidos que distorsionó
los hechos históricos y se presentó como la nación que derrotó al ejército
alemán y después de la segunda guerra mundial representó la avanzada del
capitalismo a nivel mundial y por el otro lado se encontraba la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que representaba un sistema socialista
integrada por varias repúblicas soviéticas, era gobernado por un partido
comunista y representaba un modelo a seguir para millones de personas que en el
mundo entero luchaban contra el capitalismo soñando con construir un mundo
diferente donde no hubiese explotación del hombre por el hombre.
Fue un largo
período que se conoció como “la guerra fría” porque no era un enfrentamiento
reconocido formalmente, pero durante el cual hubo espionaje mutuo, asesinatos
selectivos, invasión de terceros países, derrocamiento de gobiernos elegidos
democráticamente. La guerra fría fue un conflicto por conquistar la supremacía
del mundo y la imposición de un modelo político, económico, ideológico y
cultural entre las dos superpotencias de la segunda mitad del siglo XX: la
Unión Soviética (comunista) y Estados Unidos (capitalista) que extendió su
influencia en la mayoría de los países occidentales.
Pero todo
cambió en 1991 cuando se derrumbó el muro de Berlín permitiendo que miles de
alemanes cruzaran libremente al lado occidental y este evento provocó un efecto
dominó que dio como resultado la proclamación de independencia de las
diferentes repúblicas que conformaban la Unión soviética y en consecuencia su
posterior desaparición, terminando así un orden mundial bipolar que enfrentó
durante décadas a Estados Unidos con la Unión Soviética.
Desde esa
fecha surgió un nuevo orden mundial unipolar que tenía a Estados Unidos como la
principal potencia militar y comercial a nivel global, fue entonces cuando la
potencia “triunfadora” manejó la idea de que el mundo presenciaba el fracaso
del socialismo como alternativa social y la sobrevivencia de Estados Unidos
significaba que el triunfo del capitalismo era la parte final de la historia porque
el capitalismo representaba la máxima forma de la evolución de la humanidad.
Pensar de
esa forma es algo simplista y tendencioso porque en realidad, fueron varios los
factores que se conjugaron para que se diera el cambio de un orden mundial
bipolar por un nuevo orden mundial unipolar, pero como la historia la escriben
los vencedores y de la misma forma como se ignoró que fue el ejército soviético
quien derrotó al ejército alemán para atribuir el triunfo de la segunda guerra
mundial a Estados Unidos, en la década de los noventas los hechos fueron
deformados y en medios occidentales se afirmó que la caída de la URSS se debió al
poderío económico y militar de Estados Unidos.
Se ocultó
que dentro de los factores determinantes que provocaron la desintegración de la
URSS, se encontraba que fue el propio sistema soviético que mostró un gran
atraso con relación al resto del mundo al priorizar una economía planificada
que priorizara la atención a necesidades sociales como salud, educación,
vivienda, empleo, etc.
Mientras que
por fuera de la Unión soviética estaba emergiendo una sociedad industrializada basada
en constante transformación basada en la economía de libre mercado y que gracias
a la aplicación de la ciencia y la tecnología al proceso de producción, se
logró producir una gran variedad de artículos y productos que facilitaban la
vida cotidiana y como eran producidos en forma masiva, se necesitaba crear un
consumo masivo para mantener un equilibrio y de esta manera se alimentó la
fiebre del consumo en todos los países occidentales, estos artículos se podían
conseguir libremente a través de un intercambio económico, mientras que al
interior de la Unión soviética la mayoría de estos productos estaban ausentes o
prohibidos, por lo que eran inaccesibles para la población de las diferentes
repúblicas soviéticas.
En esa
perspectiva, es necesario reconocer que el cambio vino desde el interior de la
URSS y como prueba de ello también debe mencionarse que otro factor fundamental
para la caída de la URSS fue la actuación de Mijail Gorvachov, quien en 1986 implementó
una política de no intervención gubernamental que se reflejó en la glásnost que
significa apertura o transparencia con la cual buscaba liberalizar el sistema
político permitiendo mayor libertad de expresión, prensa y crítica al gobierno,
con el fin de reducir la censura y combatir
la corrupción gubernamental. Junto a la glásnost implementó una política
llamada perestroika que significaba una reestructuración económica de la Unión
Soviética y consistió en una serie de reformas que buscaban cambiar la economía
planificada de la URSS.
Estas dos
políticas que implementó Gorvachov permitieron la libertad de expresión y
manifestación de millones de ciudadanos soviéticos que aprovecharon la apertura
para impulsar revoluciones de terciopelo en contra de liderazgo autoritario del
partido comunista en diferentes repúblicas soviéticas reclamando mayor
democracia, libertad política, registro de nuevos partidos políticos, etc., logrando finalmente la autorización para
realizar referéndums en los que sometieron
a votación popular la continuación de la pertenencia o la independencia de cada
república a la URSS.
Todos
conocemos el resultado, la mayoría de las repúblicas se manifestaron a favor de
la independencia y la URSS implosionó desde adentro, por lo que, al abrirse las
fronteras al comercio internacional, el capitalismo se fortaleció enormemente al expandir la economía de libre mercado en las
repúblicas exsoviéticas de Europa del Este fortaleciendo un proceso de
globalización, a costa del empobrecimiento generalizado de millones de personas
que de repente perdieron sus empleos, derechos a la salud, a la educación, a la
vivienda, etc. Y esto provocó que en la década de los noventas, el tránsito del
socialismo al capitalismo en las antiguas repúblicas soviéticas falleciese
millones de personas (3) .
El punto
que deseo rescatar de esta parte de la historia es que con la caída del muro de
Berlín y la caída de la URSS, se propagó un pesimismo generalizado a nivel
global porque la URSS representaba un punto de apoyo y modelo a seguir para
varios movimientos revolucionarios y partido políticos en diversos países, por
lo que su súbita desaparición fortaleció la doctrina There is no alternative
(No hay alternativa. TINA) que inició durante la década de los ochentas como
campaña política de la primera ministra británica Margaret Thatcher, en el cual
argumentaba que el capitalismo liberal era el único sistema económico social
viable (4).
Esta retórica de TINA se ha fortaleció a
principios del siglo XXI al vincularse estrechamente con el neoliberalismo naciente
y fue utilizada por los políticos conservadores y de derecha en países de
Europa y América, para justificar planes de austeridad que eliminaban derechos
laborales y prestaciones sociales, construyendo una mentalidad de resignación y
conformismo social ante lo que se consideraba como el final de la historia
porque “el capitalismo triunfó sobre el comunismo y el socialismo”.
Al surgir
Estados Unidos como la nación con mayor poder económico y militar, “de una
manera natural” se posicionó como la potencia que construyó un nuevo orden
mundial unipolar que estaba bajo su control, asumió el liderazgo mundial construyendo
bases militares en varias partes del mundo y sus ideólogos procedieron a borrar
la memoria histórica utilizando producciones de Hollywood para difundir una
visión maniqueísta de la historia mundial pasada y contemporánea en la cual Estados Unidos
eran los buenos y “los otros” eran los malos, algo similar al ocultamiento del
genocidio de los pueblos originarios de América a través de las películas de
indios contra vaqueros, donde presentaban a los indígenas como “salvajes” y a
los colonizadores como los “civilizados”..
La
doctrina del “no hay alternativas” es la ideología dominante que utilizan los
tiranos para mantener el control social exigiendo obediencia, es la ideología
del pesimismo que se presenta como un credo moderno que ayuda a domesticar a
millones de trabajadores para que acepten ser explotados en el siglo XXI
viviendo una rutina de laborar largas jornadas de trabajo recibiendo bajos
salarios en una rutina diaria que se prolonga durante años y que recuerda el
castigo de Sísifo (5).
Treinta y
seis años después de la caída de la desaparición de la URSS y la caída del muro
de Berlín, estamos viviendo en un mundo muy diferente al que existía en aquel
entonces, pero que en esencia es el mismo, la diferencia es que el capitalismo
se extendió a nivel global provocando la sensación de que la población mundial
vive en un mismo país llamado capitalismo, un país global en el que una inmensa
mayoría de la población comparte la misma cultura de consumo y vive en
creciente precariedad experimentando una gran frustración y sufrimiento social, pero al mismo tiempo todos
comparten la misma ideología de que “no hay alternativas” diferentes al
capitalismo, una ideología que promueve el conformismo social y descarta
cualquier alternativa de cambio social, por lo que millones de personas piensan
que no queda otra que aguantar el sufrimiento y esperar no ser objeto de maldad
de individuos que actúan como monstruos. Dicho lo anterior, entremos a continuación
en el terreno escabroso del estudio de la maldad contemporánea.
La
perspectiva religiosa sobre el origen del mal
La
versión más popular sobre el origen del mal es la mirada religiosa que surge en
la mitología cristiana que nos presenta la metamorfosis de Lucifer en Satanás,
el ángel favorito de Dios que se enfrentó a la autoridad divina y fue
desterrado del cielo para caer en el infierno junto a otros ángeles caídos.
Una
vez dentro del bajo mundo, Lucifer se transforma en Satanás y declara que “es
mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”, por lo que se declara
adversario de Dios e inicia su reinado actuando como una deidad que utiliza el
engaño, la mentira mientras proyecta una gran vanidad, pero cuando otros
demonios del infierno le dicen que a pesar de su poder no podrá recuperar el
cielo mediante una confrontación Directa con Dios, porque es todo poderoso,
decide seguir la sugerencia de Belcebú, uno de los siete príncipes del
infierno, asociado con la envidia, la gula y la idolatría, a quien se le
describe como una figura obesa, con alas y capaz de volar, de vengarse de Dios:
corrompiendo su creación suprema que es el ser humano.
De
esta manera, Satanás procede a tentar con el pecado original a Adán y Eva,
logrando que desobedezcan a Dios y caigan en el mal por loque éstos son
expulsados del Edén, pero este triunfo es parcial porque Dios decreta que el
ser humano se salvará a sí mismo porque les brindó libre albedrío. Por lo que
Satanás, siguiendo con su deseo de venganza se ve en la necesidad de reclutar a
brujos y brujas para seguir tentando a la humanidad para inducirlos a seguir
cayendo en el mal y despojarlos de su bondad.
El
pecado de Lucifer fue desobedecer a Dios y confrontarlo, lo cual es explicado
por la religión como una condición espiritual de tener en el interior un
agujero negro tan profundo que nunca se podrá llenar con cantidad alguna de
poder o dinero. De ahí en adelante, la historia de la humanidad adopta un
enfoque maniqueísta al presentarse como una lucha constante entre el bien y el
mal, una lucha en la cual el mal es percibido como la “desviación de gente
buena que incurre en tentación y comete algún pecado”, una desviación que puede
corregirse a través de la confesión de los pecados y la renovación de la fe
religiosa.
Desde
esta perspectiva, el mal se percibe como algo pasajero, temporal, que tiene
solución a través de actos de fe que permiten recuperar a quien se desvió del
camino del bien. Esta idea de que existe un abismo que separa a la gente buena
de la gente mala reconforta es una historia reconfortante, porque el mal es
percibido como una cualidad o característica externa que se presenta en sólo
algunas personas, el mal no existe en toda la humanidad.
Esta
creencia maniquea que adoptó el color blanco como sinónimo de bondad y pureza,
mientras que el color negro simboliza la oscuridad y la maldad, es la que nos
induce a aceptar la existencia de unas cuantas personas que son realmente
malvadas que actúan como verdaderos monstruos causando destrucción sufrimiento
y dolor con sus acciones, mientras que una inmensa mayoría que conforma la
humanidad, guía sus acciones con sentimientos de nobleza y bondad.
Si
utilizamos esta perspectiva para observar el mundo contemporáneo, podremos
encontrar nombres que sobresalen porque actúan como gente realmente maligna: Hitler,
Stalin, Pol Pot, Benjamín Nethanyahu, Vlodomir Zelensky, Javier Milei, Donald
Trump y una larga lista de villanos contemporáneos que cometen diversos
crímenes como políticos corruptos, traficantes de drogas, tratantes de blancas,
traficantes de seres humanos, estafadores de ancianos, acosadores escolares, millonarios
pedófilos y sacerdotes que violan a mujeres y niños de su feligresía.
Esta
percepción de la existencia del bien y del mal, permite respirar tranquilos a
la “gente buena” y les evita reflexionar sobre su posible participación pasiva
o activa en la aceptación de las condiciones sociales que contribuyen al
crimen, la delincuencia, el vandalismo, la violación, los feminicidios, la
marginación social que viven grupos sociales específicos y la violencia
cometida en contra de naciones enteras por parte de los gobiernos de sus países
de origen, porque en sus mentes predomina la idea de que “el mundo es así, poco
se puede hacer para cambiarlo y yo no puedo hacer nada mas que hacer el bien y
rezar”.
Debido
a la influencia de la religión, ha persistido durante siglos esta visión
maniqueísta que llevó a las personas a pensar que existía un mal que se
personificada en individuos crueles que actuaban provocando dolor y
sufrimiento. Estos individuos podían ser asesinos, violadores o tiranos en el
poder que gobernaban imponiendo dictaduras, mientras que la inmensa mayoría de
las personas eran buenas y evitaban ser contagiados por el mal refugiándose en
la religión.
Pero
algo cambió cuando la revolución francesa derrotó a la monarquía y dejó fuera
del gobierno la presencia de la Iglesia católica que siempre apoyó a la
monarquía bendiciendo los crímenes que cometieron los miembros de la realeza en
contra de aquellos que se rebelaran, con el argumento de que los excesos del
poder eran pecados que podían ser perdonados, porque Dios favorecía a la
monarquía y a su vez, los representantes de ésta apoyaron los crímenes y los
genocidios que la Iglesia cometió disfrazados de evangelización cristiana,
porque le facilitaban el control social y la conquista de nuevas colonias.
La
Iglesia y los colonizadores europeos (españoles, ingleses, franceses,
portugueses) asesinaron a millones de personas para que aceptaran " la
existencia de Dios", utilizaron la tortura y el asesinato colectivo para
convertir en creyentes cristianos a millones de indígenas, actuando con crueldad
y firmeza porque estaban convencidos de que actuaban haciendo el bien porque
“Dios estaba de su lado” y eso les permitía torturar, mutilar, asesinar y
quemar a mujeres brillantes acusadas de brujas.
Durante
siglos la religión fue un instrumento que ayudó a someter a pueblos enteros
cometiendo verdaderos genocidios, un claro ejemplo de ello fue la conquista y
colonización de América que se logró a través de actos de crueldad y violencia
sin límites que incluyeron el asesinato de millones de indígenas, la violación
de miles de mujeres, la destrucción de civilizaciones enteras de los pueblos
originarios, la construcción de miles de iglesias encima de edificaciones antiguas
con la clara intención de borrar todo rastro de civilización indígena y vender
la historia de que los colonizadores españoles, franceses e ingleses trajeron
la civilización a un mundo de salvajes que “cometían sacrificios humanos”.
En
el nombre de Dios se han cometido los crímenes más horrendos y se han realizado
actos de crueldad, a nombre de combatir el mal con acciones que superaron en
mucho la maldad que decían combatir. En nuestros días la historia se repite
porque los que gobiernan Israel una nación de europeos que se convirtieron al
judaísmo se sienten elegidos por Dios y están convencidos de que el pueblo
palestino está conformado por subhumanos que no merecen vivir porque “ensucian
con sus pies la tierra sagrada” y están realizando una limpieza étnica ante los
ojos del mundo que ve con horror el genocidio que el ejército israelí está
cometiendo con el pueblo palestino.
Donald Trump sigue los mismos pasos al organizar
una oración colectiva en Washington “para consagrar a Estados Unidos como una
sola Nación ante Dios” (6) y al actuar como si fuera el Rey del mundo,
creando una versión moderna de la doctrina Monroe para controlar el hemisferio
occidental, al usar su poder para cambiar la geopolítica mundial, financiar un
ejército originalmente creado para vigilar la frontera y realizar redadas en
varias ciudades estadunidenses, sembrando el terror, miedo, la angustia en millones
de personas, al secuestrar, deportar y separar a miles de familias de manera
violenta y asesinar a ciudadanos estadunidenses (7).
Anatomía
de la destructividad humana
Un nuevo
enfoque sobre la maldad proviene desde la perspectiva científica, cuando en
1973 el psicoanalista Erich Fromm publica su libro Anatomía de la
destructividad humana (8) en el cual utiliza un enfoque
multidisciplinario para refutar la idea del determinismo biológico de la
agresión, al identificar una agresión defensiva que el ser humano comparte con
los animales y diferenciarla de una destructividad maligna que se presenta en
forma exclusiva en la especie humana y argumenta que ésta última se origina por
la falta de amor, razonamiento y condiciones sociales desfavorables.
Afirma
que el ser humano busca el control absoluto de los demás a través de la
destructividad maligna, la cual afirma que se origina en el carácter, es al
mismo tiempo un producto de un distanciamiento social, de la sensación de
impotencia y de la incapacidad de la(s) personas para desarrollar facultades
creativas o de amar a sus semejantes.
Continúa
diciendo que una de las principales fuentes de la agresión es la falta de
autorrealización, la cual es producida por una alienación social que a su vez
estaba siendo creada por una sociedad en proceso de industrialización que empezaba
a consolidar la idea de un consumo masivo como fuente principal de la
felicidad. Esta alienación se caracterizaba por deshumanizar a las personas al
valorarlas en función de sus posesiones materiales y darles un trato de
producto que puede usarse y desecharse.
Al
priorizar la necesidad de tener, se descuidaba la importancia del ser por lo
que en esta naciente sociedad se estaba generando un vacío afectivo que
producía personalidades destructivas y fundamentó esta afirmación con el aporte
de sus análisis de las personalidades de Adolf Hitler y Heinrich Himmler,
considerado el “arquitecto del terror del holocausto”, (9) como ejemplos
de individuos sociópatas.
Erich
Fromm afirmó que la destructividad humana no es una “herencia animal” como
planteaban otros autores, sino que ésta surge cuando la necesidad de conexión,
arraigo e identidad no se satisface de manera productiva y se presenta como el
producto de la historia y el carácter humano, por lo que la destructividad
puede ser evitable si se crean las condiciones sociales que favorezcan la vida
y el amor.
Como
parte de sus argumentos para diferenciar la agresión humana de la agresión de
los animales, señaló que la agresión defensiva o benigna de los seres humanos
tiene una base neurofisiológica mayor que la de los animales, porque éstos
últimos reaccionan con violencia sólo cuando perciben una amenaza o un peligro
que se presenta en forma clara y en el momento presente, mientras que el ser
humano tiene la capacidad de reaccionar a peligros que puede imaginar como
amenazas reales o que pueden presentarse en el futuro.
Como
parte de su investigación afirmó que el ser humano puede ser persuadido y
sometido a un lavado de cerebro que le induce a ver peligros inexistentes y
señaló como ejemplos el hecho de que un gobierno puede hacer creer a su
población que está siendo amenazada por un enemigo ficticio y de esa manera con
el uso de la mentira puede provocar una reacción violenta colectiva.
“la
mayoría de las guerras modernas se han preparado mediante propaganda
sistemática, los líderes persuaden a la población de que corren peligro y
pueden ser destruidos si no reaccionan con una agresión defensiva y así se
provocan reacciones de odio contra las naciones o poblaciones supuestamente
amenazantes, cuando en realidad no existía dicha amenaza”. Estas predicciones de amenazas pueden ser
autocumplidas, cuando el Estado agresor al prepararse para una guerra, obliga
al Estado que está a punto de ser atacado a prepararse también para la guerra,
lo cual se toma como prueba que confirma la supuesta amenaza.
Al leer
esto, no puedo evitar recordar la propaganda anticomunista que durante décadas
realizaron diferentes gobernantes de Estados Unidos, para justificar invasiones
en varios países, diferentes guerras,
asesinatos colectivos como el apoyo brindado a la implementación del
Plan Cóndor en Latinoamérica en la década de los setenta que se tradujo en
golpes de Estado y asesinatos de militantes de izquierda. El ejemplo más claro
de manipulación ideológica a través de la promoción del discurso de odio es la
actuación del Presidente de Estados Unidos Donald Trump con su programa de
deportación de inmigrantes a quienes ha configurado como la fuente de todos los
problemas sociales de Estados Unidos y los ha convertido en objeto de odio
irracional por parte de sus seguidores MAGA.
El mal
desde esta perspectiva tiene su origen en la pérdida del vínculo social, la
incapacidad de amar, la ausencia de pensamiento autónomo y la difusión de
discursos de odio de gobiernos que infunden temor entre sus poblaciones para
predisponerlos a reaccionar con actos de violencia en contra de enemigos
fabricados a la medida.
La
banalidad del mal
En la
lista de estudios sobre la maldad humana sobresale en el campo de la filosofía
la aportación de Hanna Arendt con su concepto “la banalidad del mal”, es un
neologismo que desarrolló después de cubrir el juicio del nazi Adolf Eichman en
1961, que le permitió escribir el libro Eichman en Jerusalén: la banalidad del
mal (10), en el cual reveló que individuos comunes y corrientes pueden
cometer atrocidades sin motivos malignos, motivados por el simple hecho de formar
parte de una estructura burocrática, por la ausencia de pensamiento crítico y
por una obediencia ciega a las normas prescritas y a la figura de autoridad,
condiciones que convierten el mal en algo cotidiano y burocrático.
En contra
de lo que esperaba, Arendt encontró que Eichmann no era un monstruo vil que
cometió asesinatos en masa con gran maldad, lo que ella vio fue a un
funcionario simple incapaz de pensar por sí mismo porque no tenía la capacidad
de pensamiento crítico y se limitó a seguir órdenes superiores sin cuestionar
la moralidad de estas y su laguna mental y moral lo hizo ser cómplice activo
del holocausto. La ausencia de pensamiento autónomo, la obediencia ciega en un
sistema de poder político autoritario puede trivializar el exterminio de seres
humanos cuando se realiza como un procedimiento burocrático que es ejecutado
por funcionarios incapaces de pensar en las consecuencias éticas y morales de
sus propios actos.
Según
Arendt, los individuos que actúan sin moral alguna se muestran incapaces de
distinguir entre lo correcto o incorrecto, entre el bien o el mal. Esto sucede
porque las personas son incapaces de pensar por sí mismos, tienen una actitud
de obediencia muy arraigado, siguen órdenes de sus superiores sin
cuestionamiento alguno y tienden a imitar comportamientos que deshumanizan a
los demás.
La autora
explica estos comportamientos por el surgimiento de un sistema social de
carácter totalitario, conformado por una estructura burocrática de carácter
formal, que la división del trabajo fragmenta las acciones que ocultan y
comparten atrocidades logrando que nadie se sienta culpable, facilitando así la
colaboración y asentimiento en actos de maldad colectiva.
Como
parte de las condiciones que permiten el surgimiento de la banalidad del mal
señala la existencia de un alto grado de conformismo social, una apatía
colectiva, falta de pensamiento crítico que lleva a las personas consideradas
“normales” a aplaudir autoritarismos y realización de crímenes de lesa
humanidad.
El mal,
según Hanna Arendt, se instala en aquellas sociedades cuyos ciudadanos muestran
una incapacidad para pensar, aceptan en forma acrítica la autoridad, obedecen
en forma ciega las instrucciones de sus superiores y se limitan a cumplir con
el rol que les ha sido asignado con un sentimiento de deber y actitud de
complacer a sus superiores.
El efecto
Lucifer de Philip Zimbardo
En el
campo de la psicología social experimental surge un concepto construido en la
psicología social experimental que ha sido denominado el “efecto lucifer”, con
el cual se intenta explicar cómo personas comunes y de buena moral pueden
transformarse en autores de acciones violencia brutal, mostrando rostros de
maldad que mantenían ocultos. Este constructo teórico surgió después del
experimento de la cárcel que se realizó en la Universidad de Stanford en 1971,
en el cual participaron voluntarios que actuaron los roles de presos o
guardianes.
Fue
dirigido por el psicólogo Philip Zimbardo, tenía como objetivo examinar los
efectos psicológicos del poder y la sumisión al pedir la actuación voluntaria a
24 estudiantes que fueron asignados al azar para fungir como guardias o presos.
El lugar donde se tuvo lugar el experimento fue en el sótano de un edificio de
la Universidad de Stanford que se acondicionó para simular ser una prisión.
Los
guardias recibieron uniformes, porras y gafas de espejo para ocultar su rostro
y evitar el contacto visual con el fin de deshumanizar la interacción, mientras
que los presos fueron desnudados para ser exhibidos en forma indefensa,
desinfectados y numerados. El estudio estaba programado para durar dos semanas,
pero fue cancelado tras solo seis días porque los guardias excedieron los
límites de las normas prescritas al exhibir comportamientos autoritarios que
rebasaron los niveles de crueldad al adoptar comportamientos sádicos, llegaron
a cometer abusos y humillaron de manera constante a los “presos”, mientras que quienes
actuaron como presos se sumieron en su rol de víctimas mostrando una gran
desesperación, actitudes de sumisión ante la crueldad de los guardias y
sufrieron angustia severa en tan solo seis días que estuvieron encerrados por
los malos tratos que recibían de parte de quienes actuaron el rol de guardias.
El
experimento demostró cómo personas comunes pueden cometer actos crueles al
asumir roles de poder dentro de un sistema y el comportamiento cruel suele
surgir por una percepción que deshumaniza a quienes son objeto de violencia y por
las características de la situación, entorno organizacional y el ambiente social.
Dejó claro también que estos factores influyen mucho más que la personalidad
inherente de cada individuo y sus resultados refutaron la creencia de que el
mal proviene de personas descompuestas que actúan como “manzanas podridas”
dentro de una cesta y contaminan a otras personas que son consideradas buenas.
Las
conclusiones señalaron que la mayoría de las personas pueden cruzar la línea
que separa el bien del mal si se encuentran en la situación adecuada, porque
las personas pierden su autoconsciencia cuando forman parte de un grupo, cuando
incurren en el anonimato al portar uniforme o usar máscaras que ocultan su
identidad, por lo que incurren en excesos al disminuir su sentido de la
responsabilidad personal porque sufren un proceso de desindividuación, que es un estado
psicológico en el que los individuos pierden su autoconciencia, autoevaluación
y responsabilidad personal al formar parte de un grupo, lo que provoca
comportamientos desinhibidos, antinormativos o violentos.
El
anonimato (físico o en redes), el tamaño del grupo y la inmersión en una
multitud son factores clave para desencadenar actos de violencia, crueldad y
maldad, porque quienes presentan el “efecto Lucifer” presentan un estado de
deshumanización que les impide ver a otros como seres humanos y los reducen a
la condición de subhumanos y este cambio de percepción es lo que facilita el
maltrato, la ausencia de empatía y falta de sensibilidad social.
La
definición de maldad que nos presenta Phllip Zimbardo tiene una base
psicológica y la define en estos términos: “La maldad consiste en obrar
deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o
destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del
poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre”
(11).
En base a
esta definición, también señala que la mayoría de los actos de maldad provienen
de quienes ocupan cargos de poder, porque la investidura de autoridad permite
que los individuos realicen actos de maldad o destrucción social sin que
lleguen a experimentar sentimientos de culpa.
Zimbardo
coincide con Erich Fromm cuando plantea que las élites en el poder tienden a
crear una imaginación hostil hacia determinados gobernantes o países que no
estén alineados con sus intereses y con el uso de expertos que crean programas
de odio logran construir una imagen de dichos países como figuras amenazantes y
los identifican como enemigos y esta imagen de un enemigo aterrador que amenaza
el bienestar personal y la seguridad nacional es la principal motivación que
fomentan en sus fuerzas armadas.
Cuando
logran construir el miedo en la opinión pública, consiguen que “el razonable
actúe como irracional, que el independiente actúa en forma ciega y que el
pacífico actúe como un guerrero” , llegando a extremos de manipulación social
de construir aceptación y justificación de genocidios. En su libro El efecto
Lucifer, Zimbardo menciona varios casos de genocidios cometidos por soldados
que fueron manipulados por sus gobiernos que mostraron un gran poder al lograr
deshumanizar y desconectar la moral de sus tropas para crear en sus figuras de
falsos enemigos personificados por pueblos enteros y justificar ante sus ojos
la obediencia ciega para cometer actos de crueldad asesinando, torturando,
violando y descuartizando pueblos enteros.
En el
2008, retoma el experimento de la cárcel en el que participaron estudiantes
universitarios en la universidad de Stanford en 1971, para explicar el
comportamiento de miembros de la policía militar estadunidense que cometieron
abusos y maltratos físicos con prisioneros de la cárcel iraquí en el 2004 y aclara
que el sadismo mostrado por soldados jóvenes usando conceptos que han sido
mencionados en líneas anteriores en este artículo: conformidad, obediencia,
desindividuación, deshumanización, desconexión moral, pasividad cómplice e
inacción y somete a juicio a la estructura del mando militar estadunidense, a
los altos mandos de la CIA y a altos cargos del gobierno estadunidense por su
complicidad en la creación del sistema enfermizo que alimentó las torturas y
los maltratos de Abu Graib.
Como
parte de sus conclusiones, aporta el concepto “efecto Lucifer” que afirma que
cualquier persona sana o de gran calidad moral, puede causar sufrimiento,
dolor, maltrato, humillación, deshumanización o destrucción de personas
inocentes de una manera intencional, si se encuentra dentro de un contexto
situacional negativo en el cual la autoridad y el poder sistémico les permite o
alienta usar ese poder de manera destructiva y para beneficio personal
provocando la corrupción de la moral individual. En consecuencia, bajo esta
perspectiva, el mal forma parte de un tejido que involucra la personalidad
individual, la genética, una estructura organizacional dirigida con
autoritarismo y la cultura social deshumanizante.
El origen
de la maldad líquida
A lo
largo de la historia de la humanidad, el mal ha sido visto como parte inherente
a la condición humana, desde la perspectiva religiosa del cristianismo el mal
fue encarnado en la figura del diablo que intentaba deslegitimizar el orden
establecido y su existencia se percibía como un estado de bondad descarriada
que podía ser recuperada o combatida con un reforzamiento de la fe religiosa.
Pero en
las últimas décadas se han presentado varios cambios como el paso de una
modernidad sólida a una modernidad líquida, la transformación de ciudadanos en
consumidores, la globalización obligó a los Estados Nación a eliminar
regulaciones para beneficiar la economía y el libre comercio internacional.
Empecemos
por explicar el concepto de sociedad líquida, el concepto fue una aportación
del sociólogo polaco y la definió en los términos siguientes: “La Sociedad
moderna líquida es aquella en que las condiciones de actuación de sus miembros
cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en
una rutina determinadas” (12). Según Bauman, lo que hace líquida a
una sociedad es la imposibilidad de que sus miembros puedan tener rutinas y
hábitos de comportamiento porque todo está transformándose constantemente y
tomando formas diferentes cada día. Esto impide la consolidación de las
instituciones, dificulta la producción de sentido, inhibe la acción social y,
en definitiva, afecta al conjunto de nuestras vidas sociales.
En el
2015 el sociólogo polaco Zygmunt Bauman y el filósofo Lituano Leonidas Donskis
publicaron un libro escrito a cuatro manos titulado Ceguera moral. La pérdida
de la sensibilidad en la modernidad líquida (13), en el cual dialogan
por escrito acerca del mal y coinciden en que en que el mal no se limita a la guerra
ni a situaciones en que las personas actúan sobre una presión extrema, porque
el mal también se revela en la cotidiana insensibilidad hacia el sufrimiento de
los demás, en la incapacidad y el rechazo para comprenderlos y en una
progresiva desaparición de la ética en el comportamiento social.
Partiendo
del concepto de “adiáfora” que es el acto de situar ciertos actos o categorías
del comportamiento de los seres humanos fuera del universo de la evaluación
ética y obligaciones morales, Bauman aporta el concepto de “ceguera moral” que
la define como “la insensibilidad cotidiana hacia el sufrimiento ajeno y la
pérdida de empatía en el contexto de la modernidad líquida, que se caracteriza
por la incapacidad de percibir la dimensión ética de nuestras acciones
convirtiendo a los demás en objetos desechables o irrelevantes”. Por lo que la
ceguera moral se caracteriza por la incapacidad de percibir la dimensión ética
de nuestras acciones, convirtiendo a los demás en objetos desechables o
irrelevantes.
En un
mundo donde las personas se encuentran absortas en las pantallas de
dispositivos digitales, sumergida en redes sociales donde existe una
competencia masiva por conquistar audiencias y se vive con un ritmo apresurado
de vida, no hay tiempo para detenerse y prestar atención a temas de
importancia, por lo que se produce un proceso de adiaforización que implica el
surgimiento de una actitud de indiferencia
hacia lo que ocurre en el mundo, surge un “entumecimiento moral” y crece una
insensibilidad hacia los problemas de los demás.
Pero a
pesar de que este brillante texto conduce al lector en una interesante lectura
de 271 páginas de rico contenido, el análisis de la maldad queda inconcluso,
por lo que, en el año 2019, Bauman y Donskis continúan su diálogo a cuatro
manos y publican el libro La maldad líquida como una secuela del libro Ceguera
moral, en el cual analizan de manera más profunda el tema de la maldad y
aportan el concepto de Maldad líquida (14).
En este
nuevo libro advierten que a pesar de que el mal ha estado presente en la
historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales, en el contexto de la
sociedad líquida, un nuevo concepto acuñado por Zygmunt Bauman, en el cual
describe a la sociedad contemporánea como una era de modernidad inestable y
efímera, caracterizada por la ausencia de estructuras sólidas, la rapidez de
los cambios y vínculos humanos frágiles, presencia de un individualismo
generalizado, búsqueda de la inmediatez, ambiente de incertidumbre social y la
búsqueda de una constante necesidad de adaptación al trabajo y a la vida.
En
nuestros días el mal se ha vuelto menos visible, ha logrado ocultarse en el
tejido social de la convivencia humana, por lo que es más difícil de ocultar o
desenmascarar, se esconde en las sombras de una violencia cotidiana que se ha
vuelto ordinaria y golpea de repente sin avisar, en la forma de un asesinato
repentino, un tiroteo masivo en escuelas, en aumento de feminicidios,
secuestros, acoso escolar, etc.
Vivir en
el mundo contemporáneo no solo se parece a estar parado encima de una delgada
capa de hielo por lo que nos tenemos que mover rápidamente, también el mundo
contemporáneo se nos presenta como un inmenso campo minado donde están ocultos
varios explosivos que detonarán sin siquiera pisarlos y no tenemos idea de
cuando sucederá.
Nos
encontramos en una sociedad completamente diferente a todas las que han
existido anteriormente y hay algo nuevo que se presenta en este mundo líquido y
lo nuevo es que existe un nuevo tipo de maldad que es diferente a todos los
actos de maldad que existían anteriormente, porque la maldad ya no está
concentrada en “personas malas” por lo que se podía identificar fácilmente, hoy
en día la maldad se expresa de nuevas formas que tienden a confundir porque
está oculta aun cuando se presenta a simple vista.
En líneas
anteriores, quedó claro que la versión maniquea de la maldad que dividía en
“personas buenas” y “personas malas” ha desaparecido porque cualquier persona
puede cometer un acto de extrema maldad de acuerdo a la situación, contexto,
ideología y ambiente social preexistente, pero el cambio de una maldad sólida a
una maldad líquida plantea una nueva situación que exige que el estudio de la
maldad sea más riguroso, porque nos enfrentamos a una versión moderna de la
maldad en su versión líquida. Una nueva forma de maldad que es más traicionera
porque se presenta en forma pulverizada, dispersa en la colectividad y esta
nueva modalidad permite que el mal líquido permanezca oculto a simple vista y
sea difícil de detectar porque ha llegado a formar parte del tejido social.
Esta
nueva versión del mal líquido circula entre nosotros bajo el disfraz de una
ausencia de alternativas de cambio social, porque vivimos en un mundo sin
alternativas, un mundo que propone una realidad única y que induce a percibir a
aquellas personas que luchan por cambiar este mundo como “desviados de la
norma”, “es decir, como anormales o lunáticos porque existe una creencia
generalizada de que “nada se puede hacer para cambiar este mundo”.
La
ausencia de sueños, la destrucción de la capacidad para imaginar un mundo
diferente, para pensar en utopías, forman parte de la expansión del mal
líquido, porque implica separar la imaginación de la idea de que la realidad es
una construcción social que puede modificarse y construir una realidad
diferente.
El mal
líquido se construye en un contexto de crisis económica imparable, que genera
caos social, violencia cotidiana, ambiente de incertidumbre, sentimientos de
desprotección y de inseguridad provocada por el abandono del Estado de su
responsabilidad para cumplir con la promesa del bienestar social atendiendo las
necesidades sociales, mientras los recursos públicos son desviados para
enriquecer los bolsillos de funcionarios públicos que mantienen un matrimonio
con la oligarquía corporativa para usar al Estado al servicio de intereses
privados.
En la
sociedad contemporánea la maldad líquida se expresa en la recuperación del
concepto nazi “vida indigna de ser vivida” que era utilizada para justificar el
exterminio de grupos sociales a quienes no se les reconocía el derecho de vivir
y que hoy este concepto se aplica por parte de gobiernos de ultraderecha en
contra de razas, pueblos, regiones o países enteros, cuyas tragedias son
percibidas como algo que no merece formar parte de las noticias diarias o no llama
nuestra atención personal porque está desviada por una ceguera moral, que nos
ha llevado al punto de percibir la muerte de una persona como una tragedia,
pero la percepción de la muerte de miles o millones de personas es reducida a
números estadísticos porque mientras más aumentan, menos llaman nuestra
atención por “exceso de información”.
Los
ciudadanos han perdido sus derechos y han sido reducidos a la calidad de
consumidores que en un contexto internacional donde hay guerras, genocidios y
sufrimiento colectivo, prefieren ignorar las tragedias ajenas pensando que “no
les afecta” y optan por continuar viviendo en la miseria de una realidad
excluyente antes que aceptar que es posible cambiar la realidad y luchar por
construir un nuevo mundo.
Debemos estar
conscientes que el mal contemporáneo dejó de ser sólido, sufrió una licuación y
cambió de forma con la transformación de la sociedad moderna a una sociedad
líquida, ya que el mal contemporáneo está relacionado con la desesperanza que
provoca la ausencia de alternativas de cambio social, en el incumplimiento de
las promesas de desarrollo social, de democracia, libertad, justicia, igualdad,
etc.
La maldad
líquida surge cuando las instituciones públicas son conducidas por funcionarios
sin principios morales que aceptan sumergirse en el mar de corrupción y
abandonar su condición de servidores públicos, por lo que las instituciones
dejan de funcionar y el Estado ya no cumple con su responsabilidad de
garantizar el bienestar social, porque la mayor parte del presupuesto público
se destina a pagar la nómina y dentro de ella se encuentra el pago de altos
sueldos a funcionarios de primer nivel, dejando de lado la atención a las
necesidades sociales, afectando rubros tan importantes como salud pública,
educación pública, seguridad pública, deporte, urbanidad, vialidad, etc., que
afectan a la mayoría de la población.
Más de
tres décadas de neoliberalismo transformaron una sociedad que regulaba la
interacción social a través de leyes, normas y reglamentos, a una sociedad
desregulada, abandonada a los vaivenes de la economía de libre mercado. Pasó de
ser una sociedad productiva a una convertirse en una sociedad de consumo y
transformar a los ciudadanos en simples consumidores más preocupados por su
apariencia e imagen que por el desarrollo de su intelecto porque se les ha
despojado de su condición de seres pensantes.
Con el
desarrollo de las tecnologías digitales millones de personas viven
confortablemente aturdidos y se limitan a ser simples seguidores de políticos,
estrellas de cine, deportistas o simples youtubers, se distraen con el
espectáculo y se alejan de la política.
El Estado
dejó su misión de garantizar el bienestar social, defender la soberanía y se
convirtió en gerente al servicio de las grandes corporaciones que privatizaron
servicios públicos y los políticos gobiernan al " servicio del
mercado" ( o sea de las grandes corporaciones) tomando medidas que regalan
recursos naturales ( agua, oro, cobre, petróleo y minerales raros) al capital
privado bajo la justificación de que la inversión del capital privado mejorará
la economía.
Las instituciones internacionales sufren una
grave crisis de credibilidad porque son incapaces de detener los crímenes de
lesa humanidad que presenciamos por televisión. Al convertirnos en simples
consumidores alejados de la política, hemos perdido la perspectiva de que los
problemas personales se resolvían con el funcionamiento de las instituciones de
gobierno y hemos sido convencidos de la
necesidad de solucionar en forma individual los problemas sociales que
padecemos.
El
extremo individualismo dio lugar al surgimiento del hiperindividualismo que
hizo desaparecer los vínculos sociales al atomizar la sociedad y eliminar el
sentimiento de pertenencia a nuestras comunidades. Junto a esta visión
fragmentada de la realidad en la que la desigualdad social se padece en forma
individual y las personas se culpan a sí mismos de su sufrimiento, marginación
y exclusión social, surge una gran insensibilidad social al sufrimiento ajeno
que toma forma de ceguera moral al no poder distinguir entre lo correcto y lo
incorrecto, entre lo justo y lo injusto, entre lo ético y lo no ético.
La
ignorancia colectiva se extiende, se puede afirmar que siempre ha habido
ignorancia, pero nunca habían salido tantos ignorantes de las universidades que
intentan ocultar su ignorancia aventando su título universitario por delante de
su nombre. El sufrimiento colectivo de millones de personas es recibido con una
cruel indiferencia porque el mal se ha dispersado en millones de individuos que
perdieron su capacidad de indignarse ante el sufrimiento ajeno, su empatía y
solidaridad humana.
La maldad
no sólo radica en los tiranos que gobiernan el mundo y se enriquecen con el
poder, la maldad contemporánea se ha dispersado y es compartida por millones de
personas que apoyan a esos tiranos que nos conducen a la guerra y que siguen a
políticos insensibles como si fuera un Dios actuando con fanatismo político que
les induce a ver a los demás como los otros, como los diferentes, como
subhumanos que no tienen dignidad, que no merecen vivir porque representan una
amenaza.
La
condición humana está en crisis, millones de personas la han perdido al negar
la humanidad de aquellos que han sido señalados como subhumanos, consumidores
defectuosos, residuos humanos.
En un
contexto de crisis global multidimensional los políticos que gobiernan actúan
sin estrategias definidas de gobierno, sin diseño de políticas públicas y con
una total ausencia de ética moral porque utilizan la mentira y el engaño para
llegar al poder porque su motivación principal es acceder a recursos económicos
ilimitados y usarlos en beneficio personal o de intereses de la iniciativa
privada. Con sus acciones contribuyen a generar una maldad líquida que se
expresa en un aumento de la crisis económica por contribuir a la desigualdad
social a través de mantener una mayor distancia entre los sueldos que perciben
los altos funcionarios y los salarios que perciben los trabajadores de base o
eventuales, porque esto implica una distribución inequitativa y una desviación
de los fondos públicos que ellos administran porque descuidan la atención a las
necesidades sociales.
Conclusiones
La maldad es un concepto polisémico
y multifactorial por lo que no tiene una sola causa de origen y su estudio ha
sido abordado a lo largo de la historia de la humanidad desde diferentes
perspectivas: filosofía, psicología, sociología, antropología, religión, Ética,
etc. En algunos campos del conocimiento, todavía se debate si la maldad es
aprendida o tiene un origen innato, por lo que ha surgido una nueva disciplina
que aborda con un enfoque multidisciplinario el estudio del mal y que se llama
ponerología, derivada del griego ponerós (mal) y logia (estudio).
Por su naturaleza, el mal debe
abordarse desde la perspectiva de un enfoque multidisciplinario que rebase el
enfoque que se basa en el estudio de la personalidad individual y vislumbre las
diferentes expresiones de maldad como parte inherente de contextos sociales y
políticos específicos. Bajo esta mirada algunas muestras de la maldad
contemporánea pueden ser abordadas como manifestaciones de personalidades
patológicas que tienen un origen social y que al ser compartidos esos
comportamientos tienden a normalizarse y formar parte de comportamientos
colectivos hasta consolidar la existencia de una verdadera sociopatología (15).
La normalización del uso de la violencia y el asesinato en contra de otras
personas como parte de un trabajo, representa un comportamiento patológico,
igual sucede cuando se acepta la prostitución como un trabajo.
De la misma forma que a pesar de
que existen violadores seriales, no puede construirse un perfil del violador
sexual porque han participado en actos de violación sexual médicos, psiquiatras,
psicólogos, policías, maestros, sacerdotes, políticos, etc., en el caso de la
maldad contemporánea, tampoco puede construirse un perfil de quien incurre en
actos de maldad, porque la persona más bondadosa podría incurrir en actos de
maldad, dependiendo del contexto y de la situación.
Erich Fromm nos habla de una agresión
defensiva que podría justificar una acción violenta en contra de una persona,
grupo o nación, pero Zygmunt Bauman nos advierte sobre el lavado de cerebro que
realizan la clase política y la oligarquía en el poder para agredir a personas,
grupos o naciones inocentes, justificando esas agresiones con la construcción
previa de imágenes ficticias de enemigos potenciales.
Debido a la enorme cantidad de
ejemplos de manipulación social que han realizado políticos de las naciones
occidentales para llevar a pueblos enteros a un estado socioafectivo que les
induce a apoyar invasiones militares a otros países o participar en guerras con
otras naciones, podríamos identificar a la sociedad en que vivimos como una
patocracia, es decir, como un sistema de gobierno global en el que una minoría
patológica, caracterizada por rasgos narcisistas o psicopáticos, tienen el
control de nuestras vidas de tal forma que han logrado separar nuestra
capacidad de actuar y nuestra capacidad de decidir y el respeto al derecho
internacional está sujeto a cambios y se aplica en función de las prioridades y
necesidades de quienes ostentan el poder global.
Este puñado de individuos que
conforman menos del 1% de la población mundial, concentra la mayor parte de la
riqueza social que produce la sociedad y no conforme con ello, actúan como una
delincuencia organizada para seguir aumentando la desigualdad social a través
del adelgazamiento del Estado mediante la privatización de servicios públicos
descuidando la atención a las necesidades sociales, la desviación de fondos
públicos para beneficiar intereses privados, dando lugar a lo que hoy se conoce como
tecnofeudalismo (16).
Habiendo llegado a este punto de la
lectura del artículo, estamos en condiciones de responder a la pregunta que le
da nombre al mismo: ¿De dónde viene el mal?, nos queda claro que no debemos
caer en el error de pensar que los grandes problemas sociales que enfrentamos a
nivel global son provocados por individuos singulares que en el campo de la
política actúan como monstruos porque éstos no actúan solos, detrás de ellos
hay otros personajes que también actúan como monstruos y son los que representan
a la oligarquía corporativa que se niegan a dejar morir el orden mundial
unipolar capitalista, colonialista y patriarcal.
La maldad líquida tiene un origen
estructural porque es provocada por el abandono del Estado de su
responsabilidad de atender las necesidades sociales provocando un aumento de la
desigualdad social, que es la fuente de grandes problemas sociales que afectan
a una inmensa mayoría marginada que se ve en la necesidad de solucionar en
forma individual los problemas personales que son provocados por la
implementación de políticas neoliberales que han dado lugar a diversos
problemas sociales.
Cuando surgió el Estado moderno,
se generaron expectativas en el sentido de que la vida sería mucho más fácil
porque el Estado tendría la responsabilidad de mejorar las condiciones de vida
y esta tarea se asignó al Estado y a los municipios, pero con el surgimiento
del neoliberalismo, el capitalismo se fortaleció y promovió el consumo
permanente como la vía para alcanzar la felicidad.
Pero el neoliberalismo terminó
con la igualdad social al aumentar la desigualdad económica y fomentó una
ideología individualista que alejó a la ciudadanía de la política por lo que la
tarea de resolver los problemas personales originados por las condiciones
sociales se consideró como responsabilidad privada de los ciudadanos, es decir,
se pasó de una concepción de la desigualdad como clase social a una percepción
de la existencia de múltiples desigualdades individuales (17), por lo
que el escandaloso crecimiento de la desigualdad social en los últimos años se
presenta como una de las principales fuentes de los males sociales que afectan
a nuestra sociedad.
La cultura del consumo ha creado
un mundo en el que millones de individuos presentan comportamientos hedonistas
que impulsaban a los individuos a una búsqueda constante del placer y bienestar
individual. Siguiendo la línea de pensamiento de Zygmunt Bauman, se puede
afirmar que la destrucción de los vínculos sociales provocó el surgimiento de
un hiperindividualismo, que ha dado como resultado la adiaforización de los
pensamientos de millones de individuos.
Esta adiaforización consiste en
una ausencia de valores en pensamientos y acciones de millones de personas, por
lo que intentan mantenerse neutrales ante situaciones de injusticia social y
tal como dijo el Papa Francisco “Mientras no se revierta la exclusión y la
inequidad dentro de una sociedad, será imposible erradicar la violencia” (18),
al igual que algunos comportamientos y objetos no son objeto de evaluación
moral alguna poque son adiaforizados, los pobres también sufren ese trato por parte
de quienes gobiernan, porque los invisibilizan, la atención de las necesidades
sociales pierden interés público y están ausentes en el diseño de políticas
públicas.
Con esta exclusión social, se
muestra que los sistemas de gobierno actuales utilizan políticas necrófilas, o
como se conoce en teoría política como necropolítica, que consisten el uso del
poder social y político para determinar cómo algunas personas pueden vivir y
cómo otras pueden morir, por lo que no es disparatado señalar que la maldad es
parte integral del sistema capitalista y al aceptar la inversión millonaria de
fondos públicos en obras que benefician a un sector, mientras que otros
sectores padecen de lo más básico, estamos aceptando que el mal se encuentra
integrado a nuestra forma de ser y vivir en este mundo.
La dispersión del mal en nuestros
días se traduce en una constante competencia de unos contra otros, en el
surgimiento de sentimientos de rivalidad, desconfianza, distanciamientos y
desaparición de los lazos sociales en la lucha por la vida. El tejido social se
debilita cada vez más, los vínculos que unían a las familias, a los grupos de
trabajo, a las comunidades y a las parejas, tienden a debilitarse y desaparecer
con una velocidad cada vez mayor, dando como resultado el surgimiento de una
soledad creciente que se manifiesta en un constante aumento en el número de
personas que viven solas.
La soledad es parte de nuestra
cotidianeidad, porque la incapacidad para comunicarnos provoca que millones de
personas experimenten sentimientos de soledad, aún cuando estén rodeados de una
multitud (19). En un mundo sin sentido, con una insatisfacción
generalizada, en el cual la tecnología da voz a cualquier persona, surgen con
relativa frecuencia casos de personas con baja autoestima y gran necesidad de
aceptación y reconocimiento, que llegan a realizar actos que recuerdan el
síndrome de Erostrato (20) la violencia es el camino elegido por algunas
personas para salir del anonimato y tener fama por unos segundos.
Cuando desapareció la URSS,
Estados Unidos no sólo logró expandir la economía del libre mercado con la
globalización que impuso en todo el mundo, con el apoyo de la tecnología
(computadoras, internet, telefonía celular, redes sociales y televisión) también
logró expandir un proceso de aculturación mundial que podríamos definir el
choque de culturas diferentes, a través del cual se dio un proceso de cambio,
adaptación e integración por el que atravesaron millones de personas que
asimilaron la cultura occidental y de manera particular, la cultura
norteamericana, adoptando cambios de valores, de comportamientos, de lenguaje,
etc.
La cultura dominante a nivel
global es la cultura estadunidense que se ha promovido a través de películas,
series de televisión y programas cuyos contenidos promueven el individualismo,
la insensibilidad social, la normalización de la violencia, el consumo como
meta principal en la vida y la búsqueda del “dinero fácil” ha logrado
consolidar como una filosofía hegemónica la búsqueda constante de dinero como
única forma de mantener un consumo constante y de lograr así la felicidad.
Partiendo de la premisa de que el
mal abandonó su forma sólida y se dispersó depositándose en mentes y corazones
de millones de personas que muestran altos niveles de conformismo, indiferencia
social, obediencia y alejamiento de la política, debemos reconocer que ser
feliz en un contexto de gran desigualdad social sin hacer nada para combatirla,
representaría un acto de psicopatología porque no podemos ignorar la
desigualdad social que afecta a las personas que nos rodean, a los grupos a los
que pertenecemos, a las comunidades de las que formamos parte y la toma de
consciencia de la existencia de ese sufrimiento colectivo, nos debe llevar a
evitar seguir considerando como algo normal la existencia de unos cuantos ricos
junto a una inmensa mayoría de pobres, por lo que una reacción sana sería
experimentar la necesidad de hacer algo para cambiar el mundo en que estamos
viviendo(21).
En tiempos de crisis
multidimensional que provoca un incremento de la desigualdad social debemos
desarrollar un sentimiento de solidaridad con los menos favorecidos y actuar
con generosidad social, con empatía genuina que nos ayude a percibir el
sufrimiento de los otros y ayudarlos con pequeñas acciones en la medida de
nuestras posibilidades
Es decir, si dejamos atrás el
conformismo y empezamos a cuestionar nuestra realidad, si superamos la
indiferencia social y construimos actitudes de empatía hacia el sufrimiento
ajeno, si dejamos de seguir obedeciendo y mostramos actitudes de disidencia y
rebeldía hacia aquello que consideremos que está mal, si abandonamos la
sensación de desesperanza que nos sembró la doctrina del “no hay alternativas”
y recuperamos la capacidad para imaginar otro mundo diferente y mejor al que
estamos viviendo, lograremos contener el avance del mal.
Debemos recuperar la confianza en
nosotros mismos, identificar que todo lo que nos rodea son construcciones
humanas, que la realidad es una construcción social, que la maldad humana no es
“algo natural”, sino que es algo inaceptable, por lo que debemos combatirla y
así como existe una banalización del mal, debemos desarrollar actitudes de
disidencia en contra del autoritarismo que nos gobierna (22), debemos
crear nuevos comportamientos que logren construir unas condiciones sociales en
las que se den muestras constantes de banalización del amor en situaciones de
conflicto social, necesitamos reconocer las microinteracciones sociales que
tenemos con otras personas como formas de
comunicación social que nos permitirían crear un ambiente de mayor cordialidad.
El mal ha avanzado y se ha
dispersado a nivel global, pero “el amor está en el aire” y una muestra de ello
lo podemos observar en los nuevos comportamientos que exhiben los habitantes de
Minneápolis que se han integrado en sus comunidades de origen para actuar en
forma organizada, colectiva y unida para defender a la comunidad de inmigrantes
y defenderse a sí misma en contra de las redadas de los agentes del ICE.
Muestras de solidaridad hacia los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos y
rechazo hacia las acciones violentas de ICE que se están reproduciendo en todo
el mundo, al igual que se observan muestras globales de apoyo al pueblo
palestino y el rechazo al Estado genocida de Israel (23).
Estos nuevos comportamientos
consisten en realizar rodadas de cientos de ciclistas que recorren la ciudad
para comprar los productos de alimentos que ofrecen inmigrantes vendedores
callejeros y darles la oportunidad de que regresen sanos y salvos a casa. Esos
alimentos son entregados después a personas sin hogar, o inmigrantes que no
pueden salir de sus casas por el temor a ser arrestados y deportados. Pero el principal cambio de comportamiento que necesitamos en estos momentos de interregno, es aprender a construir un pensamiento autónomo y a ejercer la crítica social para cuestionar todas aquellas acciones que adopta la maldad líquida, manifestada en violaciones a los derechos humanos, injusticias sociales, recortes a gasto público, adelgazamiento del Estado, aumento del gasto militar, etc.
Necesitamos más héroes anónimos que pongan de ejemplo a seguir una sensibilidad social ante las injusticias y
menos villanos conocidos abusando desde el poder, la mayoría de las acciones de
maldad provienen de personas que ocupan cargos de poder y desde una perspectiva foucaultiana, "detrás de un poder hay un contrapoder", lo que significa que el poder que tienen y abusan, fue adquirido a través de elecciones democráticas, por lo que el poder real se encuentra en las personas que participaron en las elecciones. Las campañas de publicidad y propaganda ideológica han logrado "lavar el cerebro" de millones de personas que se sintieron identificadas con el discurso de odio de los políticos de ultraderecha, pero ante el avance de la
crisis de múltiples dimensiones que estamos padeciendo (crisis económica,
política, ecológica, sanitaria, moral, etc.), debemos recordar que el filósofo
griego Cornelius Castoriadis señaló hace varios años que la humanidad ha perdido
la capacidad para cuestionarse a sí misma, por lo que debemos empezar a
cuestionar todo lo que nos rodea y en forma especial a quienes nos gobiernan
porque no están llevando por un camino que destruye la naturaleza, explota a la
clase trabajadora y la tendencia armamentista que nos lleva directamente a la
guerra, solo asegura la destrucción mutua.
Un nuevo orden mundial se está construyendo y lo menos que podemos hacer es evitar que sean los políticos y oligarcas corporativos sean quienes diseñen el nuevo mundo que se está conformando, necesitamos liberarnos de los monstruos que han depositado en nuestras mentes y corazones, liberarnos para actuar juntos en forma organizada colectiva y unida en la construcción de un mundo mejor. Juntos podemos mantenernos de pie, divididos seguiremos siendo presa fácil de este monstruo de tres cabezas, el sistema capitalista, colonialista y patriarcal.
Llego a este punto con una
sensación similar a la que sin duda alguna habrán llegado Zygmunt Bauman y
Leonidas Donskis cuando terminaron su libro Ceguera moral y que les impulsó a
escribir más adelante otro libro como continuidad titulándolo Maldad líquida. Vivir
sin alternativas, porque siento que quedan muchos temas sin tocar relacionados
con la maldad humana. Temas relacionados con la obediencia, con la educación,
la construcción de la democracia y la transformación social, temas que espero
desarrollar en un siguiente artículo que le de continuidad a este que entrego
para el escrutinio público.
1.- Una mirada social hacia el surgimiento de un nuevo orden
mundial
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/03/una-mirada-social-al-surgimiento-de-un.html
2.- Modernidad líquida. Bauman, Zygmunt
https://catedraepistemologia.wordpress.com/wp-content/uploads/2009/05/modernidad-liquida.pdf
3.- Los campos de exterminio de la desigualdad. Therborn,
Goran
Fondo de Cultura Económica. Ciudad de México, 2016
4.- There is no alternative Wikipedia
https://en.wikipedia.org/wiki/There_is_no_alternative
5.- .- El castigo de Sìsifo en la modernidad.
https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/11/elcastigo-de-sisifo-en-la-posmodernidad.html
6.- Trump organizará una oración colectiva en Washington
“para consagrar a Estados Unidos como una sola Nación ante Dios”
7.- El
fascismo asoma su rostro en Estados Unidos
https://oscaryescasd.blogspot.com/2026/01/el-fascismo-asoma-su-rostro-en-estados.html
8.-
Anatomía de la de la destructividad humana. Fromm, Erich
9.- Un arquitecto del terror: Heinrich Himmler y el
holocausto
https://www.nationalww2museum.org/war/articles/heinrich-himmler-holocaust
10.- Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad
del mal. Arendt, Hanna
https://eltalondeaquiles.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2015/09/Eichman-en-Jerusalem.pdf
11.- El efecto lucifer. El porqué de la maldad. Zimbardo,
Philip
12.- Vida liquida. Bauman, Zygmunt
https://circulosemiotico.wordpress.com/wp-content/uploads/2012/10/vida-liquida-zygmunt-bauman.pdf
13.- Ceguera moral. La pérdida de la sensibilidad en la
modernidad líquida. Bauman, Zygmunt/Donskis, Leonidas
https://pdlibroschl.cdnstatics2.com/usuaris/libros_contenido/arxius/30/29568_Ceguera_moral.pdf
14.- Maldad líquida. Bauman. Vivir sin alternativas.
Zygmunt/Donskis, Leonidas. Ed. Paidós. Barcelona, 2019. https://www.inep.org/images/2025/TXT/2019-Bauman-Donskis-Maldad.pdf
15.- Pensamientos sobre la sociopatología contemporánea
https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/09/pensamientos-sobre-la-sociopatologia.html
16.- Durmiendo en la oscuridad del Autoritarismo disfrazado
de democracia mientras arriba al poder el tecnofeudalismo
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/01/durmiendo-en-la-oscuridad-del.html
17.- El nuevo régimen
de desigualdades sociales, Dubet, Francoise
Siglo XXI editores. Ciudad de México, 2023
18.- EL ANUNCIO DEL EVANGELIO EN EL MUNDO ACTUAL. Papa
Francisco
19.- Soledad y
política.
https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/04/soledad-y-politica-la-soledad-como.html
20.- Síndrome de erostrato
https://consultoriopsicologico.wordpress.com/2024/05/04/sindrome-de-erostrato/
21.- La felicidad personal y el compromiso social
https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/07/lafelicidad-personal-y-el-compromiso_29.html
22.- Disidencia global contra la barbarie genocida
https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/05/disidencia-global-contra-la-barbarie.html
23.- El despertar político mundial provocado por el
genocidio en Gaza.
https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/06/el-despertar-politico-mundial-provocado.html




