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martes, 17 de febrero de 2026

 

¿De dónde viene el mal?

(La irrupción de los monstruos en el interregno)

Oscar Yescas Domínguez

17 de febrero de 2026

 


Introducción

¿Un mundo sin alternativas?

La perspectiva religiosa sobre el origen del mal

La anatomía de la destructividad humana

La banalidad del mal

El efecto Lucifer

El origen de la maldad líquida

Conclusión

 

        Introducción

        Quizá esté equivocado, pero creo que hasta la persona más despistada se habrá dado cuenta de que todo está cambiando rápidamente en el mundo contemporáneo, con base en esa creencia que se basa en cierto optimismo dentro del pesimismo que invade nuestras vidas cotidianas, pienso que algunas personas que inician la lectura de este artículo estarán conscientes de que estamos viviendo un momento histórico que quedará registrado como la desaparición del viejo orden mundial unipolar que surgió hace 36 años después de la desintegración de la Unión soviética y que está representado por Estados Unidos como la principal potencia económica, política y militar que dominaba la mayor parte del mundo.

        Si a ese optimismo pesimista le sumamos una mirada crítica para mirar con otros ojos el horizonte internacional, veremos que los conflictos que observamos en las noticias representan una evidencia real de que el capitalismo en su versión neoliberal está dando muestras de agotamiento social, ya que  cada vez es más claro que no existe una “mano invisible” que regule al mercado y que la promesa de un crecimiento infinito de la economía es imposible de mantener en un mundo con recursos finitos, porque resulta cada día  más difícil mantener el equilibrio entre una producción masiva y un consumo masivo, debido a que este modelo está provocando una crisis ecológica que genera verdaderas tragedias, incrementa la explotación de la clase trabajadora y produce una generalizada insatisfacción social ante la precarización creciente que afecta a una inmensa mayoría de marginados.

La implementación de políticas neoliberales produce un aumento de la desigualdad social y se incrementa cada vez más la brecha social que separa a los ricos de los pobres causando un sufrimiento colectivo, continuas violaciones a los derechos humanos, laborales o sociales y estas agresiones a la clase trabajadora y a la población en general están creando un hartazgo generalizado que se expresa en el surgimiento de movimientos colectivos en todo el mundo.

Estamos viendo que este sistema socioeconómico excluyente que actúa como un monstruo de tres cabezas: capitalista, colonialista y patriarcal, está destruyendo todo a su paso y el orden mundial que estaba dominado por la potencia norteamericana, se debilita cada día más porque varias naciones han aumentado su poderío económico, comercial y militar, por lo que se presentan como naciones emergentes que recuperan su soberanía nacional y pugnan por construir un nuevo orden mundial multipolar.

Son naciones que están marcando límites territoriales, que están reconstruyendo su soberanía e independencia, recuperando su autonomía para establecer alianzas militares, formar nuevos bloques comerciales y con estas acciones están cambiando la geopolítica en el horizonte internacional y reconfigurando un nuevo orden mundial de carácter multipolar.

        En este contexto, creo que un número más reducido de personas que siguen leyendo este escrito habrán leído o escuchado la frase expresada hace cien años por el sociólogo italiano: “El viejo mundo muere, el nuevo tarda en aparecer y en ese claroscuro aparecen los monstruos”, una frase que a pesar del tiempo que ha transcurrido desde que fue escrita, describe con alto grado de precisión el momento histórico en el que estamos viviendo en este año 2026, porque el mundo contemporáneo tal y como lo conocíamos está desapareciendo frente a nuestros ojos y se está transformando cada día al surgir nuevas rupturas de antiguas alianzas entre potencias occidentales y nuevas alianzas entre las potencias emergentes que tienden a actuar como verdaderos bloques (1).

Bajo el mandato de Donald Trump, la potencia norteamericana ha cambiado la geopolítica al utilizar la guerra comercial en un intento fallido de reforzar su control internacional, porque al hacerlo con todos los países sin excepción, incluyendo a sus aliados tradicionales, lo que está logrando es aislarse de manera progresiva del resto del mundo y provocar el confrontamiento con las nuevas alianzas militares y comerciales que aparecen en el nuevo mapa mundial de la geopolítica.

En este proceso de agonía del viejo mundo, los dirigentes de las grandes potencias occidentales se niegan a perder su poder y actúan como verdaderos monstruos tomando decisiones que afectan a millones de personas al crear enemigos imaginarios, fomentar el miedo colectivo y el odio hacia otros pueblos.

Gobiernan con gran autoritarismo, desviando grandes cantidades del presupuesto público para defensa militar, preparándose para una guerra futura y descuidan la atención a las necesidades sociales de sus propios pueblos, generando altos niveles de insatisfacción social que se expresan en movimientos colectivos que al tomar las calles son contenidos por los cuerpos represivos del Estado que usan la tecnología para aumentar el control social y la fuerza militar para reprimir actos de inconformidad, disidencia o rebelión, repitiendo con estas acciones errores del pasado que provocaron el surgimiento del fascismo y conflictos militares a nivel mundial.

En este contexto de insatisfacción y descontento social de las mayorías marginadas, las fuerzas políticas de ultraderecha han logrado triunfos electorales y los nuevos gobernantes intentan alimentar el viejo orden mundial al mantener una sumisión hacia Estados Unidos, actúan con mayor maldad al realizar una guerra económica contra sus propios pueblos dejándolos morir de inanición o enfermedades curables para alimentar las guerras, apoyar genocidios con fines de colonialismo y subordinarse a bloqueos comerciales contra pueblos enteros que provocan que millones de personas mueran por carencia de insumos médicos o falta de alimentos.

Estamos siendo testigos de actos de crueldad que provienen desde la cima del poder político dirigidos a aquellos sectores sociales que forman parte de una mayoría cada vez más marginada y por la exhibición de estos niveles de maldad mostrados por dirigentes políticos, algunas personas llegan a pensar que lo que está sucediendo es porque quienes gobiernan son “personas malas” y todo sería diferente si se cambiaran a estos villanos que actúan con maldad por “personas buenas” que no se dejen llevar por ambiciones personales y que realmente tomen decisiones que reflejen bondad y beneficien a las mayorías.

Creo que cualquier persona podría caer en la tentación de coincidir con ese tipo de pensamientos al ver a gobernantes como Donald Trump, Benjamín Nethanyahu, Vlodomir Zelensky, Javier Milei y otros personajes de la política internacional, nacional, estatal y local, que actúan con maldad al usar el poder político para beneficiarse y enriquecer sus fortunas personales al participar en actos de corrupción, desviando fondos públicos o utilizar fondos gubernamentales para atender las necesidades de la oligarquía corporativa, mientras utilizan un discurso de odio para culpar a grupos sociales de los problemas que ellos mismos provocan y muestran un gran desprecio hacia quienes los llevaron al poder descuidando la atención a las necesidades sociales.

Podríamos concordar que estos personajes son verdaderos monstruos porque utilizan su poder para provocar destrucción, muertes innecesarias y sufrimiento colectivo, por lo que merecen ser despojados del poder político que obtuvieron a través de elecciones democráticas y hacerles objeto del peor de los castigos. Pero ¿estaríamos seguros de que su lugar no sería ocupado por nuevos potenciales monstruos que actuarían de forma similar o peor que sus antecesores?

Creo que no tendríamos garantía alguna porque las causas que general el mal contemporáneo seguirían intactas, por lo que no debemos caer en la trampa del reduccionismo que nos lleve a pensar que el mal se concentra en unas cuantas personas que son psicópatas que abusan del poder que les brindamos como ciudadanos, pensar de esta forma sería utilizar una mirada superficial para ver el mal como algo que es pasajero y que se encuentra concentrado en unos cuantos individuos que “se han desviado del camino”, porque la mayoría de las personas son “gente buena” que han sido engañadas por villanos.

Coincidir en esta forma de pensar sería como aceptar que los padres que violentan a su pareja, aquellos que violan a sus hijos, los hombres que violan o matan a mujeres en actos de feminicidio, las personas que golpean y asesinan a homosexuales y lesbianas, los sicarios que forman parte de la delincuencia organizada extorsionando, violando y asesinando personas para ganar “dinero fácil”, los políticos y funcionarios de gobierno que enriquecen sus fortunas personales con dinero del pueblo, lo hacen porque “son personas malas” que se desviaron del camino.

Actuar de esta forma implicaría ignorar el contexto sociocultural que crea estos comportamientos a escala global, porque debemos reconocer que en nuestros tiempos, el mal ha dejado de ser un problema que presentan unos cuantos individuos y se ha distribuido en forma colectiva, debido a que vivimos dentro de una sociedad en la que todos formamos parte de una sociopatología al normalizar expresiones patriarcales, machistas, racistas, homofóbicas, discriminación económica y muestras evidentes de aporofobia.

Sería un verdadero error el pensar que los males que estamos padeciendo son causados por unos cuantos “malos individuos”, ya que la realidad es que parte de los cambios que hemos atravesado es que hoy en día estamos enfrentando nuevas formas de expresión de la maldad nunca antes vistas, por lo que necesitamos reconocer que en solo unos cuantos años hemos pasado de vivir en una sociedad sólida en la que las instituciones funcionaban y el mal se presentaba en forma concentrada, a vivir en una sociedad líquida en la que el mal ha dejado de ser sólido y personificado (2).

Esa es la parte más atemorizante de los tiempos que estamos viviendo y que no nos hemos dado cuenta, es el hecho de que hoy enfrentamos a una modalidad del mal mucho más amenazante y traicionera, porque el mal se ha pulverizado, dispersado y licuado, adoptando una forma diferente del mal sólido como lo conocíamos porque el actual mal líquido permanece oculto a la vista, no se detecta fácilmente porque ha logrado habitar dentro de nosotros mismos.

Lo anterior no quiere decir que los monstruos que nos gobiernan y nos mantienen en vilo con la amenaza de guerras, violencia o muerte, no merezcan ser combatidos, destituidos y sujetos a juicio político y penal. Se trata de reconocer que esos que llamamos monstruos no llegaron al poder político solos, subieron a la cima gracias al apoyo de millones de personas que les dieron sus votos apoyando su carrera política a pesar de que en sus campañas políticas anunciaron en un discurso de odio dirigido a grupos sociales específicos lo que iban a hacer: la destrucción del estado de bienestar, la violencia desde el Estado dirigida a grupos sociales que fueron perfilados por su raza, por su origen o por su nivel socioeconómico.

Desde esta mirada aquellos millones de personas que les dieron sus votos para llegar al poder a quienes hoy actúan como monstruos, son corresponsables de las acciones de violencia institucional que realizan desde la cima. El mal se ha convertido en algo trivial que no nos sorprende porque en nuestras vidas cotidianas sujetos y objetos de acciones que reflejan indiferencia ante el sufrimiento ajeno, insensibilidad social, conformismo social y alejamiento de la política.

 Bajo esa perspectiva existe una corresponsabilidad social en el surgimiento de una moderna versión líquida del mal como un mal compartido, porque habita en nuestro interior, por lo que debemos reconocer que éste forma parte de nuestro tejido social, incluso de nuestra propia personalidad psicosocial y debemos prepararnos para autocuestionarnos sobre el grado en que estamos impregnados de maldad líquida en nuestro comportamiento y para descubrirlo necesitamos responder a la pregunta ¿de dónde viene el mal que afecta a nuestra sociedad contemporánea?

 

Vivimos en un mundo sin alternativas

Antes de responder en forma literal a la pregunta anterior, necesitamos recuperar la memoria histórica de tal forma que podamos construir un contexto global para comprender cómo es que hemos llegado a la situación en la que nos encontramos y una explicación la podemos encontrar en el adoctrinamiento que hemos recibido en forma masiva durante las últimas décadas que nos han conducido a aceptar la idea  de que “no existen alternativas reales para sustituir al capitalismo”, por lo que una inmensa mayoría de personas ha llegado al punto de descartar la idea de luchar para cambiar este mundo en el que la desigualdad es fuente de injusticias y sufrimiento colectivo y ha llegado a aceptar vivir en la miseria de una realidad excluyente que les oprime en una precariedad creciente.

Para comprender este pesimismo es necesario recordar que durante 46 años (1945-1991) se enfrentaron dos sistemas económicos y políticos que sostenían ideologías contrarias entre sí, por un lado se encontraba Estados Unidos que distorsionó los hechos históricos y se presentó como la nación que derrotó al ejército alemán y después de la segunda guerra mundial representó la avanzada del capitalismo a nivel mundial y por el otro lado se encontraba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que representaba un sistema socialista integrada por varias repúblicas soviéticas, era gobernado por un partido comunista y representaba un modelo a seguir para millones de personas que en el mundo entero luchaban contra el capitalismo soñando con construir un mundo diferente donde no hubiese explotación del hombre por el hombre.

Fue un largo período que se conoció como “la guerra fría” porque no era un enfrentamiento reconocido formalmente, pero durante el cual hubo espionaje mutuo, asesinatos selectivos, invasión de terceros países, derrocamiento de gobiernos elegidos democráticamente. La guerra fría fue un conflicto por conquistar la supremacía del mundo y la imposición de un modelo político, económico, ideológico y cultural entre las dos superpotencias de la segunda mitad del siglo XX: la Unión Soviética (comunista) y Estados Unidos (capitalista) que extendió su influencia en la mayoría de los países occidentales.

Pero todo cambió en 1991 cuando se derrumbó el muro de Berlín permitiendo que miles de alemanes cruzaran libremente al lado occidental y este evento provocó un efecto dominó que dio como resultado la proclamación de independencia de las diferentes repúblicas que conformaban la Unión soviética y en consecuencia su posterior desaparición, terminando así un orden mundial bipolar que enfrentó durante décadas a Estados Unidos con la Unión Soviética.

Desde esa fecha surgió un nuevo orden mundial unipolar que tenía a Estados Unidos como la principal potencia militar y comercial a nivel global, fue entonces cuando la potencia “triunfadora” manejó la idea de que el mundo presenciaba el fracaso del socialismo como alternativa social y la sobrevivencia de Estados Unidos significaba que el triunfo del capitalismo era la parte final de la historia porque el capitalismo representaba la máxima forma de la evolución de la humanidad.

Pensar de esa forma es algo simplista y tendencioso porque en realidad, fueron varios los factores que se conjugaron para que se diera el cambio de un orden mundial bipolar por un nuevo orden mundial unipolar, pero como la historia la escriben los vencedores y de la misma forma como se ignoró que fue el ejército soviético quien derrotó al ejército alemán para atribuir el triunfo de la segunda guerra mundial a Estados Unidos, en la década de los noventas los hechos fueron deformados y en medios occidentales se afirmó que la caída de la URSS se debió al poderío económico y militar de Estados Unidos.

Se ocultó que dentro de los factores determinantes que provocaron la desintegración de la URSS, se encontraba que fue el propio sistema soviético que mostró un gran atraso con relación al resto del mundo al priorizar una economía planificada que priorizara la atención a necesidades sociales como salud, educación, vivienda, empleo, etc.

Mientras que por fuera de la Unión soviética estaba emergiendo una sociedad industrializada basada en constante transformación basada en la economía de libre mercado y que gracias a la aplicación de la ciencia y la tecnología al proceso de producción, se logró producir una gran variedad de artículos y productos que facilitaban la vida cotidiana y como eran producidos en forma masiva, se necesitaba crear un consumo masivo para mantener un equilibrio y de esta manera se alimentó la fiebre del consumo en todos los países occidentales, estos artículos se podían conseguir libremente a través de un intercambio económico, mientras que al interior de la Unión soviética la mayoría de estos productos estaban ausentes o prohibidos, por lo que eran inaccesibles para la población de las diferentes repúblicas soviéticas.

En esa perspectiva, es necesario reconocer que el cambio vino desde el interior de la URSS y como prueba de ello también debe mencionarse que otro factor fundamental para la caída de la URSS fue la actuación de Mijail Gorvachov, quien en 1986 implementó una política de no intervención gubernamental que se reflejó en la glásnost que significa apertura o transparencia con la cual buscaba liberalizar el sistema político permitiendo mayor libertad de expresión, prensa y crítica al gobierno, con el fin de reducir la censura y  combatir la corrupción gubernamental. Junto a la glásnost implementó una política llamada perestroika que significaba una reestructuración económica de la Unión Soviética y consistió en una serie de reformas que buscaban cambiar la economía planificada de la URSS.

Estas dos políticas que implementó Gorvachov permitieron la libertad de expresión y manifestación de millones de ciudadanos soviéticos que aprovecharon la apertura para impulsar revoluciones de terciopelo en contra de liderazgo autoritario del partido comunista en diferentes repúblicas soviéticas reclamando mayor democracia, libertad política, registro de nuevos partidos políticos, etc.,  logrando finalmente la autorización para realizar referéndums en los que  sometieron a votación popular la continuación de la pertenencia o la independencia de cada república a la URSS.

Todos conocemos el resultado, la mayoría de las repúblicas se manifestaron a favor de la independencia y la URSS implosionó desde adentro, por lo que, al abrirse las fronteras al comercio internacional, el capitalismo se fortaleció enormemente  al expandir la economía de libre mercado en las repúblicas exsoviéticas de Europa del Este fortaleciendo un proceso de globalización, a costa del empobrecimiento generalizado de millones de personas que de repente perdieron sus empleos, derechos a la salud, a la educación, a la vivienda, etc. Y esto provocó que en la década de los noventas, el tránsito del socialismo al capitalismo en las antiguas repúblicas soviéticas falleciese millones de personas (3) .

El punto que deseo rescatar de esta parte de la historia es que con la caída del muro de Berlín y la caída de la URSS, se propagó un pesimismo generalizado a nivel global porque la URSS representaba un punto de apoyo y modelo a seguir para varios movimientos revolucionarios y partido políticos en diversos países, por lo que su súbita desaparición fortaleció la doctrina There is no alternative (No hay alternativa. TINA) que inició durante la década de los ochentas como campaña política de la primera ministra británica Margaret Thatcher, en el cual argumentaba que el capitalismo liberal era el único sistema económico social viable (4).

 Esta retórica de TINA se ha fortaleció a principios del siglo XXI al vincularse estrechamente con el neoliberalismo naciente y fue utilizada por los políticos conservadores y de derecha en países de Europa y América, para justificar planes de austeridad que eliminaban derechos laborales y prestaciones sociales, construyendo una mentalidad de resignación y conformismo social ante lo que se consideraba como el final de la historia porque “el capitalismo triunfó sobre el comunismo y el socialismo”.

Al surgir Estados Unidos como la nación con mayor poder económico y militar, “de una manera natural” se posicionó como la potencia que construyó un nuevo orden mundial unipolar que estaba bajo su control, asumió el liderazgo mundial construyendo bases militares en varias partes del mundo y sus ideólogos procedieron a borrar la memoria histórica utilizando producciones de Hollywood para difundir una visión maniqueísta de la historia mundial pasada  y contemporánea en la cual Estados Unidos eran los buenos y “los otros” eran los malos, algo similar al ocultamiento del genocidio de los pueblos originarios de América a través de las películas de indios contra vaqueros, donde presentaban a los indígenas como “salvajes” y a los colonizadores como los “civilizados”..

La doctrina del “no hay alternativas” es la ideología dominante que utilizan los tiranos para mantener el control social exigiendo obediencia, es la ideología del pesimismo que se presenta como un credo moderno que ayuda a domesticar a millones de trabajadores para que acepten ser explotados en el siglo XXI viviendo una rutina de laborar largas jornadas de trabajo recibiendo bajos salarios en una rutina diaria que se prolonga durante años y que recuerda el castigo de Sísifo (5).

Treinta y seis años después de la caída de la desaparición de la URSS y la caída del muro de Berlín, estamos viviendo en un mundo muy diferente al que existía en aquel entonces, pero que en esencia es el mismo, la diferencia es que el capitalismo se extendió a nivel global provocando la sensación de que la población mundial vive en un mismo país llamado capitalismo, un país global en el que una inmensa mayoría de la población comparte la misma cultura de consumo y vive en creciente precariedad experimentando una gran frustración y  sufrimiento social, pero al mismo tiempo todos comparten la misma ideología de que “no hay alternativas” diferentes al capitalismo, una ideología que promueve el conformismo social y descarta cualquier alternativa de cambio social, por lo que millones de personas piensan que no queda otra que aguantar el sufrimiento y esperar no ser objeto de maldad de individuos que actúan como monstruos. Dicho lo anterior, entremos a continuación en el terreno escabroso del estudio de la maldad contemporánea.

 

La perspectiva religiosa sobre el origen del mal

La versión más popular sobre el origen del mal es la mirada religiosa que surge en la mitología cristiana que nos presenta la metamorfosis de Lucifer en Satanás, el ángel favorito de Dios que se enfrentó a la autoridad divina y fue desterrado del cielo para caer en el infierno junto a otros ángeles caídos.

Una vez dentro del bajo mundo, Lucifer se transforma en Satanás y declara que “es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”, por lo que se declara adversario de Dios e inicia su reinado actuando como una deidad que utiliza el engaño, la mentira mientras proyecta una gran vanidad, pero cuando otros demonios del infierno le dicen que a pesar de su poder no podrá recuperar el cielo mediante una confrontación Directa con Dios, porque es todo poderoso, decide seguir la sugerencia de Belcebú, uno de los siete príncipes del infierno, asociado con la envidia, la gula y la idolatría, a quien se le describe como una figura obesa, con alas y capaz de volar, de vengarse de Dios: corrompiendo su creación suprema que es el ser humano.

De esta manera, Satanás procede a tentar con el pecado original a Adán y Eva, logrando que desobedezcan a Dios y caigan en el mal por loque éstos son expulsados del Edén, pero este triunfo es parcial porque Dios decreta que el ser humano se salvará a sí mismo porque les brindó libre albedrío. Por lo que Satanás, siguiendo con su deseo de venganza se ve en la necesidad de reclutar a brujos y brujas para seguir tentando a la humanidad para inducirlos a seguir cayendo en el mal y despojarlos de su bondad.

El pecado de Lucifer fue desobedecer a Dios y confrontarlo, lo cual es explicado por la religión como una condición espiritual de tener en el interior un agujero negro tan profundo que nunca se podrá llenar con cantidad alguna de poder o dinero. De ahí en adelante, la historia de la humanidad adopta un enfoque maniqueísta al presentarse como una lucha constante entre el bien y el mal, una lucha en la cual el mal es percibido como la “desviación de gente buena que incurre en tentación y comete algún pecado”, una desviación que puede corregirse a través de la confesión de los pecados y la renovación de la fe religiosa.

Desde esta perspectiva, el mal se percibe como algo pasajero, temporal, que tiene solución a través de actos de fe que permiten recuperar a quien se desvió del camino del bien. Esta idea de que existe un abismo que separa a la gente buena de la gente mala reconforta es una historia reconfortante, porque el mal es percibido como una cualidad o característica externa que se presenta en sólo algunas personas, el mal no existe en toda la humanidad.

Esta creencia maniquea que adoptó el color blanco como sinónimo de bondad y pureza, mientras que el color negro simboliza la oscuridad y la maldad, es la que nos induce a aceptar la existencia de unas cuantas personas que son realmente malvadas que actúan como verdaderos monstruos causando destrucción sufrimiento y dolor con sus acciones, mientras que una inmensa mayoría que conforma la humanidad, guía sus acciones con sentimientos de nobleza y bondad.

Si utilizamos esta perspectiva para observar el mundo contemporáneo, podremos encontrar nombres que sobresalen porque actúan como gente realmente maligna: Hitler, Stalin, Pol Pot, Benjamín Nethanyahu, Vlodomir Zelensky, Javier Milei, Donald Trump y una larga lista de villanos contemporáneos que cometen diversos crímenes como políticos corruptos, traficantes de drogas, tratantes de blancas, traficantes de seres humanos, estafadores de ancianos, acosadores escolares, millonarios pedófilos y sacerdotes que violan a mujeres y niños de su feligresía.

Esta percepción de la existencia del bien y del mal, permite respirar tranquilos a la “gente buena” y les evita reflexionar sobre su posible participación pasiva o activa en la aceptación de las condiciones sociales que contribuyen al crimen, la delincuencia, el vandalismo, la violación, los feminicidios, la marginación social que viven grupos sociales específicos y la violencia cometida en contra de naciones enteras por parte de los gobiernos de sus países de origen, porque en sus mentes predomina la idea de que “el mundo es así, poco se puede hacer para cambiarlo y yo no puedo hacer nada mas que hacer el bien y rezar”.

Debido a la influencia de la religión, ha persistido durante siglos esta visión maniqueísta que llevó a las personas a pensar que existía un mal que se personificada en individuos crueles que actuaban provocando dolor y sufrimiento. Estos individuos podían ser asesinos, violadores o tiranos en el poder que gobernaban imponiendo dictaduras, mientras que la inmensa mayoría de las personas eran buenas y evitaban ser contagiados por el mal refugiándose en la religión.

Pero algo cambió cuando la revolución francesa derrotó a la monarquía y dejó fuera del gobierno la presencia de la Iglesia católica que siempre apoyó a la monarquía bendiciendo los crímenes que cometieron los miembros de la realeza en contra de aquellos que se rebelaran, con el argumento de que los excesos del poder eran pecados que podían ser perdonados, porque Dios favorecía a la monarquía y a su vez, los representantes de ésta apoyaron los crímenes y los genocidios que la Iglesia cometió disfrazados de evangelización cristiana, porque le facilitaban el control social y la conquista de nuevas colonias.

La Iglesia y los colonizadores europeos (españoles, ingleses, franceses, portugueses) asesinaron a millones de personas para que aceptaran " la existencia de Dios", utilizaron la tortura y el asesinato colectivo para convertir en creyentes cristianos a millones de indígenas, actuando con crueldad y firmeza porque estaban convencidos de que actuaban haciendo el bien porque “Dios estaba de su lado” y eso les permitía torturar, mutilar, asesinar y quemar a mujeres brillantes acusadas de brujas.

Durante siglos la religión fue un instrumento que ayudó a someter a pueblos enteros cometiendo verdaderos genocidios, un claro ejemplo de ello fue la conquista y colonización de América que se logró a través de actos de crueldad y violencia sin límites que incluyeron el asesinato de millones de indígenas, la violación de miles de mujeres, la destrucción de civilizaciones enteras de los pueblos originarios, la construcción de miles de iglesias encima de edificaciones antiguas con la clara intención de borrar todo rastro de civilización indígena y vender la historia de que los colonizadores españoles, franceses e ingleses trajeron la civilización a un mundo de salvajes que “cometían sacrificios humanos”.

En el nombre de Dios se han cometido los crímenes más horrendos y se han realizado actos de crueldad, a nombre de combatir el mal con acciones que superaron en mucho la maldad que decían combatir. En nuestros días la historia se repite porque los que gobiernan Israel una nación de europeos que se convirtieron al judaísmo se sienten elegidos por Dios y están convencidos de que el pueblo palestino está conformado por subhumanos que no merecen vivir porque “ensucian con sus pies la tierra sagrada” y están realizando una limpieza étnica ante los ojos del mundo que ve con horror el genocidio que el ejército israelí está cometiendo con el pueblo palestino.

 Donald Trump sigue los mismos pasos al organizar una oración colectiva en Washington “para consagrar a Estados Unidos como una sola Nación ante Dios” (6) y al actuar como si fuera el Rey del mundo, creando una versión moderna de la doctrina Monroe para controlar el hemisferio occidental, al usar su poder para cambiar la geopolítica mundial, financiar un ejército originalmente creado para vigilar la frontera y realizar redadas en varias ciudades estadunidenses, sembrando el terror, miedo, la angustia en millones de personas, al secuestrar, deportar y separar a miles de familias de manera violenta y asesinar a ciudadanos estadunidenses (7).

 

Anatomía de la destructividad humana

Un nuevo enfoque sobre la maldad proviene desde la perspectiva científica, cuando en 1973 el psicoanalista Erich Fromm publica su libro Anatomía de la destructividad humana (8) en el cual utiliza un enfoque multidisciplinario para refutar la idea del determinismo biológico de la agresión, al identificar una agresión defensiva que el ser humano comparte con los animales y diferenciarla de una destructividad maligna que se presenta en forma exclusiva en la especie humana y argumenta que ésta última se origina por la falta de amor, razonamiento y condiciones sociales desfavorables.

Afirma que el ser humano busca el control absoluto de los demás a través de la destructividad maligna, la cual afirma que se origina en el carácter, es al mismo tiempo un producto de un distanciamiento social, de la sensación de impotencia y de la incapacidad de la(s) personas para desarrollar facultades creativas o de amar a sus semejantes.

Continúa diciendo que una de las principales fuentes de la agresión es la falta de autorrealización, la cual es producida por una alienación social que a su vez estaba siendo creada por una sociedad en proceso de industrialización que empezaba a consolidar la idea de un consumo masivo como fuente principal de la felicidad. Esta alienación se caracterizaba por deshumanizar a las personas al valorarlas en función de sus posesiones materiales y darles un trato de producto que puede usarse y desecharse.

Al priorizar la necesidad de tener, se descuidaba la importancia del ser por lo que en esta naciente sociedad se estaba generando un vacío afectivo que producía personalidades destructivas y fundamentó esta afirmación con el aporte de sus análisis de las personalidades de Adolf Hitler y Heinrich Himmler, considerado el “arquitecto del terror del holocausto”, (9) como ejemplos de individuos sociópatas.

Erich Fromm afirmó que la destructividad humana no es una “herencia animal” como planteaban otros autores, sino que ésta surge cuando la necesidad de conexión, arraigo e identidad no se satisface de manera productiva y se presenta como el producto de la historia y el carácter humano, por lo que la destructividad puede ser evitable si se crean las condiciones sociales que favorezcan la vida y el amor.

Como parte de sus argumentos para diferenciar la agresión humana de la agresión de los animales, señaló que la agresión defensiva o benigna de los seres humanos tiene una base neurofisiológica mayor que la de los animales, porque éstos últimos reaccionan con violencia sólo cuando perciben una amenaza o un peligro que se presenta en forma clara y en el momento presente, mientras que el ser humano tiene la capacidad de reaccionar a peligros que puede imaginar como amenazas reales o que pueden presentarse en el futuro.

Como parte de su investigación afirmó que el ser humano puede ser persuadido y sometido a un lavado de cerebro que le induce a ver peligros inexistentes y señaló como ejemplos el hecho de que un gobierno puede hacer creer a su población que está siendo amenazada por un enemigo ficticio y de esa manera con el uso de la mentira puede provocar una reacción violenta colectiva.

“la mayoría de las guerras modernas se han preparado mediante propaganda sistemática, los líderes persuaden a la población de que corren peligro y pueden ser destruidos si no reaccionan con una agresión defensiva y así se provocan reacciones de odio contra las naciones o poblaciones supuestamente amenazantes, cuando en realidad no existía dicha amenaza”.  Estas predicciones de amenazas pueden ser autocumplidas, cuando el Estado agresor al prepararse para una guerra, obliga al Estado que está a punto de ser atacado a prepararse también para la guerra, lo cual se toma como prueba que confirma la supuesta amenaza.     

Al leer esto, no puedo evitar recordar la propaganda anticomunista que durante décadas realizaron diferentes gobernantes de Estados Unidos, para justificar invasiones en varios países, diferentes guerras,  asesinatos colectivos como el apoyo brindado a la implementación del Plan Cóndor en Latinoamérica en la década de los setenta que se tradujo en golpes de Estado y asesinatos de militantes de izquierda. El ejemplo más claro de manipulación ideológica a través de la promoción del discurso de odio es la actuación del Presidente de Estados Unidos Donald Trump con su programa de deportación de inmigrantes a quienes ha configurado como la fuente de todos los problemas sociales de Estados Unidos y los ha convertido en objeto de odio irracional por parte de sus seguidores MAGA.

El mal desde esta perspectiva tiene su origen en la pérdida del vínculo social, la incapacidad de amar, la ausencia de pensamiento autónomo y la difusión de discursos de odio de gobiernos que infunden temor entre sus poblaciones para predisponerlos a reaccionar con actos de violencia en contra de enemigos fabricados a la medida.

 

La banalidad del mal 

En la lista de estudios sobre la maldad humana sobresale en el campo de la filosofía la aportación de Hanna Arendt con su concepto “la banalidad del mal”, es un neologismo que desarrolló después de cubrir el juicio del nazi Adolf Eichman en 1961, que le permitió escribir el libro Eichman en Jerusalén: la banalidad del mal (10), en el cual reveló que individuos comunes y corrientes pueden cometer atrocidades sin motivos malignos, motivados por el simple hecho de formar parte de una estructura burocrática, por la ausencia de pensamiento crítico y por una obediencia ciega a las normas prescritas y a la figura de autoridad, condiciones que convierten el mal en algo cotidiano y burocrático.

En contra de lo que esperaba, Arendt encontró que Eichmann no era un monstruo vil que cometió asesinatos en masa con gran maldad, lo que ella vio fue a un funcionario simple incapaz de pensar por sí mismo porque no tenía la capacidad de pensamiento crítico y se limitó a seguir órdenes superiores sin cuestionar la moralidad de estas y su laguna mental y moral lo hizo ser cómplice activo del holocausto. La ausencia de pensamiento autónomo, la obediencia ciega en un sistema de poder político autoritario puede trivializar el exterminio de seres humanos cuando se realiza como un procedimiento burocrático que es ejecutado por funcionarios incapaces de pensar en las consecuencias éticas y morales de sus propios actos.

 

Según Arendt, los individuos que actúan sin moral alguna se muestran incapaces de distinguir entre lo correcto o incorrecto, entre el bien o el mal. Esto sucede porque las personas son incapaces de pensar por sí mismos, tienen una actitud de obediencia muy arraigado, siguen órdenes de sus superiores sin cuestionamiento alguno y tienden a imitar comportamientos que deshumanizan a los demás.

La autora explica estos comportamientos por el surgimiento de un sistema social de carácter totalitario, conformado por una estructura burocrática de carácter formal, que la división del trabajo fragmenta las acciones que ocultan y comparten atrocidades logrando que nadie se sienta culpable, facilitando así la colaboración y asentimiento en actos de maldad colectiva.

Como parte de las condiciones que permiten el surgimiento de la banalidad del mal señala la existencia de un alto grado de conformismo social, una apatía colectiva, falta de pensamiento crítico que lleva a las personas consideradas “normales” a aplaudir autoritarismos y realización de crímenes de lesa humanidad.

El mal, según Hanna Arendt, se instala en aquellas sociedades cuyos ciudadanos muestran una incapacidad para pensar, aceptan en forma acrítica la autoridad, obedecen en forma ciega las instrucciones de sus superiores y se limitan a cumplir con el rol que les ha sido asignado con un sentimiento de deber y actitud de complacer a sus superiores.

 

El efecto Lucifer de Philip Zimbardo

En el campo de la psicología social experimental surge un concepto construido en la psicología social experimental que ha sido denominado el “efecto lucifer”, con el cual se intenta explicar cómo personas comunes y de buena moral pueden transformarse en autores de acciones violencia brutal, mostrando rostros de maldad que mantenían ocultos. Este constructo teórico surgió después del experimento de la cárcel que se realizó en la Universidad de Stanford en 1971, en el cual participaron voluntarios que actuaron los roles de presos o guardianes.

Fue dirigido por el psicólogo Philip Zimbardo, tenía como objetivo examinar los efectos psicológicos del poder y la sumisión al pedir la actuación voluntaria a 24 estudiantes que fueron asignados al azar para fungir como guardias o presos. El lugar donde se tuvo lugar el experimento fue en el sótano de un edificio de la Universidad de Stanford que se acondicionó para simular ser una prisión.

Los guardias recibieron uniformes, porras y gafas de espejo para ocultar su rostro y evitar el contacto visual con el fin de deshumanizar la interacción, mientras que los presos fueron desnudados para ser exhibidos en forma indefensa, desinfectados y numerados. El estudio estaba programado para durar dos semanas, pero fue cancelado tras solo seis días porque los guardias excedieron los límites de las normas prescritas al exhibir comportamientos autoritarios que rebasaron los niveles de crueldad al adoptar comportamientos sádicos, llegaron a cometer abusos y humillaron de manera constante a los “presos”, mientras que quienes actuaron como presos se sumieron en su rol de víctimas mostrando una gran desesperación, actitudes de sumisión ante la crueldad de los guardias y sufrieron angustia severa en tan solo seis días que estuvieron encerrados por los malos tratos que recibían de parte de quienes actuaron el rol de guardias.

El experimento demostró cómo personas comunes pueden cometer actos crueles al asumir roles de poder dentro de un sistema y el comportamiento cruel suele surgir por una percepción que deshumaniza a quienes son objeto de violencia y por las características de la situación, entorno organizacional y el ambiente social. Dejó claro también que estos factores influyen mucho más que la personalidad inherente de cada individuo y sus resultados refutaron la creencia de que el mal proviene de personas descompuestas que actúan como “manzanas podridas” dentro de una cesta y contaminan a otras personas que son consideradas buenas.

Las conclusiones señalaron que la mayoría de las personas pueden cruzar la línea que separa el bien del mal si se encuentran en la situación adecuada, porque las personas pierden su autoconsciencia cuando forman parte de un grupo, cuando incurren en el anonimato al portar uniforme o usar máscaras que ocultan su identidad, por lo que incurren en excesos al disminuir su sentido de la responsabilidad personal porque sufren un proceso de desindividuación, que es  un estado psicológico en el que los individuos pierden su autoconciencia, autoevaluación y responsabilidad personal al formar parte de un grupo, lo que provoca comportamientos desinhibidos, antinormativos o violentos.

El anonimato (físico o en redes), el tamaño del grupo y la inmersión en una multitud son factores clave para desencadenar actos de violencia, crueldad y maldad, porque quienes presentan el “efecto Lucifer” presentan un estado de deshumanización que les impide ver a otros como seres humanos y los reducen a la condición de subhumanos y este cambio de percepción es lo que facilita el maltrato, la ausencia de empatía y falta de sensibilidad social.

La definición de maldad que nos presenta Phllip Zimbardo tiene una base psicológica y la define en estos términos: “La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre” (11).

En base a esta definición, también señala que la mayoría de los actos de maldad provienen de quienes ocupan cargos de poder, porque la investidura de autoridad permite que los individuos realicen actos de maldad o destrucción social sin que lleguen a experimentar sentimientos de culpa.

Zimbardo coincide con Erich Fromm cuando plantea que las élites en el poder tienden a crear una imaginación hostil hacia determinados gobernantes o países que no estén alineados con sus intereses y con el uso de expertos que crean programas de odio logran construir una imagen de dichos países como figuras amenazantes y los identifican como enemigos y esta imagen de un enemigo aterrador que amenaza el bienestar personal y la seguridad nacional es la principal motivación que fomentan en sus fuerzas armadas.

Cuando logran construir el miedo en la opinión pública, consiguen que “el razonable actúe como irracional, que el independiente actúa en forma ciega y que el pacífico actúe como un guerrero” , llegando a extremos de manipulación social de construir aceptación y justificación de genocidios. En su libro El efecto Lucifer, Zimbardo menciona varios casos de genocidios cometidos por soldados que fueron manipulados por sus gobiernos que mostraron un gran poder al lograr deshumanizar y desconectar la moral de sus tropas para crear en sus figuras de falsos enemigos personificados por pueblos enteros y justificar ante sus ojos la obediencia ciega para cometer actos de crueldad asesinando, torturando, violando y descuartizando pueblos enteros.

En el 2008, retoma el experimento de la cárcel en el que participaron estudiantes universitarios en la universidad de Stanford en 1971, para explicar el comportamiento de miembros de la policía militar estadunidense que cometieron abusos y maltratos físicos con prisioneros de la cárcel iraquí en el 2004 y aclara que el sadismo mostrado por soldados jóvenes usando conceptos que han sido mencionados en líneas anteriores en este artículo: conformidad, obediencia, desindividuación, deshumanización, desconexión moral, pasividad cómplice e inacción y somete a juicio a la estructura del mando militar estadunidense, a los altos mandos de la CIA y a altos cargos del gobierno estadunidense por su complicidad en la creación del sistema enfermizo que alimentó las torturas y los maltratos de Abu Graib.

Como parte de sus conclusiones, aporta el concepto “efecto Lucifer” que afirma que cualquier persona sana o de gran calidad moral, puede causar sufrimiento, dolor, maltrato, humillación, deshumanización o destrucción de personas inocentes de una manera intencional, si se encuentra dentro de un contexto situacional negativo en el cual la autoridad y el poder sistémico les permite o alienta usar ese poder de manera destructiva y para beneficio personal provocando la corrupción de la moral individual. En consecuencia, bajo esta perspectiva, el mal forma parte de un tejido que involucra la personalidad individual, la genética, una estructura organizacional dirigida con autoritarismo y la cultura social deshumanizante.

 

El origen de la maldad líquida

A lo largo de la historia de la humanidad, el mal ha sido visto como parte inherente a la condición humana, desde la perspectiva religiosa del cristianismo el mal fue encarnado en la figura del diablo que intentaba deslegitimizar el orden establecido y su existencia se percibía como un estado de bondad descarriada que podía ser recuperada o combatida con un reforzamiento de la fe religiosa.

Pero en las últimas décadas se han presentado varios cambios como el paso de una modernidad sólida a una modernidad líquida, la transformación de ciudadanos en consumidores, la globalización obligó a los Estados Nación a eliminar regulaciones para beneficiar la economía y el libre comercio internacional.

Empecemos por explicar el concepto de sociedad líquida, el concepto fue una aportación del sociólogo polaco y la definió en los términos siguientes: “La Sociedad moderna líquida es aquella en que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en una rutina determinadas” (12). Según Bauman, lo que hace líquida a una sociedad es la imposibilidad de que sus miembros puedan tener rutinas y hábitos de comportamiento porque todo está transformándose constantemente y tomando formas diferentes cada día. Esto impide la consolidación de las instituciones, dificulta la producción de sentido, inhibe la acción social y, en definitiva, afecta al conjunto de nuestras vidas sociales.

En el 2015 el sociólogo polaco Zygmunt Bauman y el filósofo Lituano Leonidas Donskis publicaron un libro escrito a cuatro manos titulado Ceguera moral. La pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida (13), en el cual dialogan por escrito acerca del mal y coinciden en que en que el mal no se limita a la guerra ni a situaciones en que las personas actúan sobre una presión extrema, porque el mal también se revela en la cotidiana insensibilidad hacia el sufrimiento de los demás, en la incapacidad y el rechazo para comprenderlos y en una progresiva desaparición de la ética en el comportamiento social.

Partiendo del concepto de “adiáfora” que es el acto de situar ciertos actos o categorías del comportamiento de los seres humanos fuera del universo de la evaluación ética y obligaciones morales, Bauman aporta el concepto de “ceguera moral” que la define como “la insensibilidad cotidiana hacia el sufrimiento ajeno y la pérdida de empatía en el contexto de la modernidad líquida, que se caracteriza por la incapacidad de percibir la dimensión ética de nuestras acciones convirtiendo a los demás en objetos desechables o irrelevantes”. Por lo que la ceguera moral se caracteriza por la incapacidad de percibir la dimensión ética de nuestras acciones, convirtiendo a los demás en objetos desechables o irrelevantes. 

En un mundo donde las personas se encuentran absortas en las pantallas de dispositivos digitales, sumergida en redes sociales donde existe una competencia masiva por conquistar audiencias y se vive con un ritmo apresurado de vida, no hay tiempo para detenerse y prestar atención a temas de importancia, por lo que se produce un proceso de adiaforización que implica el surgimiento de una actitud  de indiferencia hacia lo que ocurre en el mundo, surge un “entumecimiento moral” y crece una insensibilidad hacia los problemas de los demás.

Pero a pesar de que este brillante texto conduce al lector en una interesante lectura de 271 páginas de rico contenido, el análisis de la maldad queda inconcluso, por lo que, en el año 2019, Bauman y Donskis continúan su diálogo a cuatro manos y publican el libro La maldad líquida como una secuela del libro Ceguera moral, en el cual analizan de manera más profunda el tema de la maldad y aportan el concepto de Maldad líquida (14).

En este nuevo libro advierten que a pesar de que el mal ha estado presente en la historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales, en el contexto de la sociedad líquida, un nuevo concepto acuñado por Zygmunt Bauman, en el cual describe a la sociedad contemporánea como una era de modernidad inestable y efímera, caracterizada por la ausencia de estructuras sólidas, la rapidez de los cambios y vínculos humanos frágiles, presencia de un individualismo generalizado, búsqueda de la inmediatez, ambiente de incertidumbre social y la búsqueda de una constante necesidad de adaptación al trabajo y a la vida.

En nuestros días el mal se ha vuelto menos visible, ha logrado ocultarse en el tejido social de la convivencia humana, por lo que es más difícil de ocultar o desenmascarar, se esconde en las sombras de una violencia cotidiana que se ha vuelto ordinaria y golpea de repente sin avisar, en la forma de un asesinato repentino, un tiroteo masivo en escuelas, en aumento de feminicidios, secuestros, acoso escolar, etc.

Vivir en el mundo contemporáneo no solo se parece a estar parado encima de una delgada capa de hielo por lo que nos tenemos que mover rápidamente, también el mundo contemporáneo se nos presenta como un inmenso campo minado donde están ocultos varios explosivos que detonarán sin siquiera pisarlos y no tenemos idea de cuando sucederá.

Nos encontramos en una sociedad completamente diferente a todas las que han existido anteriormente y hay algo nuevo que se presenta en este mundo líquido y lo nuevo es que existe un nuevo tipo de maldad que es diferente a todos los actos de maldad que existían anteriormente, porque la maldad ya no está concentrada en “personas malas” por lo que se podía identificar fácilmente, hoy en día la maldad se expresa de nuevas formas que tienden a confundir porque está oculta aun cuando se presenta a simple vista.

En líneas anteriores, quedó claro que la versión maniquea de la maldad que dividía en “personas buenas” y “personas malas” ha desaparecido porque cualquier persona puede cometer un acto de extrema maldad de acuerdo a la situación, contexto, ideología y ambiente social preexistente, pero el cambio de una maldad sólida a una maldad líquida plantea una nueva situación que exige que el estudio de la maldad sea más riguroso, porque nos enfrentamos a una versión moderna de la maldad en su versión líquida. Una nueva forma de maldad que es más traicionera porque se presenta en forma pulverizada, dispersa en la colectividad y esta nueva modalidad permite que el mal líquido permanezca oculto a simple vista y sea difícil de detectar porque ha llegado a formar parte del tejido social.

Esta nueva versión del mal líquido circula entre nosotros bajo el disfraz de una ausencia de alternativas de cambio social, porque vivimos en un mundo sin alternativas, un mundo que propone una realidad única y que induce a percibir a aquellas personas que luchan por cambiar este mundo como “desviados de la norma”, “es decir, como anormales o lunáticos porque existe una creencia generalizada de que “nada se puede hacer para cambiar este mundo”.

La ausencia de sueños, la destrucción de la capacidad para imaginar un mundo diferente, para pensar en utopías, forman parte de la expansión del mal líquido, porque implica separar la imaginación de la idea de que la realidad es una construcción social que puede modificarse y construir una realidad diferente.

El mal líquido se construye en un contexto de crisis económica imparable, que genera caos social, violencia cotidiana, ambiente de incertidumbre, sentimientos de desprotección y de inseguridad provocada por el abandono del Estado de su responsabilidad para cumplir con la promesa del bienestar social atendiendo las necesidades sociales, mientras los recursos públicos son desviados para enriquecer los bolsillos de funcionarios públicos que mantienen un matrimonio con la oligarquía corporativa para usar al Estado al servicio de intereses privados.

En la sociedad contemporánea la maldad líquida se expresa en la recuperación del concepto nazi “vida indigna de ser vivida” que era utilizada para justificar el exterminio de grupos sociales a quienes no se les reconocía el derecho de vivir y que hoy este concepto se aplica por parte de gobiernos de ultraderecha en contra de razas, pueblos, regiones o países enteros, cuyas tragedias son percibidas como algo que no merece formar parte de las noticias diarias o no llama nuestra atención personal porque está desviada por una ceguera moral, que nos ha llevado al punto de percibir la muerte de una persona como una tragedia, pero la percepción de la muerte de miles o millones de personas es reducida a números estadísticos porque mientras más aumentan, menos llaman nuestra atención por “exceso de información”.

Los ciudadanos han perdido sus derechos y han sido reducidos a la calidad de consumidores que en un contexto internacional donde hay guerras, genocidios y sufrimiento colectivo, prefieren ignorar las tragedias ajenas pensando que “no les afecta” y optan por continuar viviendo en la miseria de una realidad excluyente antes que aceptar que es posible cambiar la realidad y luchar por construir un nuevo mundo.

Debemos estar conscientes que el mal contemporáneo dejó de ser sólido, sufrió una licuación y cambió de forma con la transformación de la sociedad moderna a una sociedad líquida, ya que el mal contemporáneo está relacionado con la desesperanza que provoca la ausencia de alternativas de cambio social, en el incumplimiento de las promesas de desarrollo social, de democracia, libertad, justicia, igualdad, etc.

La maldad líquida surge cuando las instituciones públicas son conducidas por funcionarios sin principios morales que aceptan sumergirse en el mar de corrupción y abandonar su condición de servidores públicos, por lo que las instituciones dejan de funcionar y el Estado ya no cumple con su responsabilidad de garantizar el bienestar social, porque la mayor parte del presupuesto público se destina a pagar la nómina y dentro de ella se encuentra el pago de altos sueldos a funcionarios de primer nivel, dejando de lado la atención a las necesidades sociales, afectando rubros tan importantes como salud pública, educación pública, seguridad pública, deporte, urbanidad, vialidad, etc., que afectan a la mayoría de la población.

Más de tres décadas de neoliberalismo transformaron una sociedad que regulaba la interacción social a través de leyes, normas y reglamentos, a una sociedad desregulada, abandonada a los vaivenes de la economía de libre mercado. Pasó de ser una sociedad productiva a una convertirse en una sociedad de consumo y transformar a los ciudadanos en simples consumidores más preocupados por su apariencia e imagen que por el desarrollo de su intelecto porque se les ha despojado de su condición de seres pensantes.

Con el desarrollo de las tecnologías digitales millones de personas viven confortablemente aturdidos y se limitan a ser simples seguidores de políticos, estrellas de cine, deportistas o simples youtubers, se distraen con el espectáculo y se alejan de la política.

El Estado dejó su misión de garantizar el bienestar social, defender la soberanía y se convirtió en gerente al servicio de las grandes corporaciones que privatizaron servicios públicos y los políticos gobiernan al " servicio del mercado" ( o sea de las grandes corporaciones) tomando medidas que regalan recursos naturales ( agua, oro, cobre, petróleo y minerales raros) al capital privado bajo la justificación de que la inversión del capital privado mejorará la economía.

 Las instituciones internacionales sufren una grave crisis de credibilidad porque son incapaces de detener los crímenes de lesa humanidad que presenciamos por televisión. Al convertirnos en simples consumidores alejados de la política, hemos perdido la perspectiva de que los problemas personales se resolvían con el funcionamiento de las instituciones de gobierno y hemos sido convencidos  de la necesidad de solucionar en forma individual los problemas sociales que padecemos.

El extremo individualismo dio lugar al surgimiento del hiperindividualismo que hizo desaparecer los vínculos sociales al atomizar la sociedad y eliminar el sentimiento de pertenencia a nuestras comunidades. Junto a esta visión fragmentada de la realidad en la que la desigualdad social se padece en forma individual y las personas se culpan a sí mismos de su sufrimiento, marginación y exclusión social, surge una gran insensibilidad social al sufrimiento ajeno que toma forma de ceguera moral al no poder distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo justo y lo injusto, entre lo ético y lo no ético.

La ignorancia colectiva se extiende, se puede afirmar que siempre ha habido ignorancia, pero nunca habían salido tantos ignorantes de las universidades que intentan ocultar su ignorancia aventando su título universitario por delante de su nombre. El sufrimiento colectivo de millones de personas es recibido con una cruel indiferencia porque el mal se ha dispersado en millones de individuos que perdieron su capacidad de indignarse ante el sufrimiento ajeno, su empatía y solidaridad humana.

La maldad no sólo radica en los tiranos que gobiernan el mundo y se enriquecen con el poder, la maldad contemporánea se ha dispersado y es compartida por millones de personas que apoyan a esos tiranos que nos conducen a la guerra y que siguen a políticos insensibles como si fuera un Dios actuando con fanatismo político que les induce a ver a los demás como los otros, como los diferentes, como subhumanos que no tienen dignidad, que no merecen vivir porque representan una amenaza.

La condición humana está en crisis, millones de personas la han perdido al negar la humanidad de aquellos que han sido señalados como subhumanos, consumidores defectuosos, residuos humanos.

En un contexto de crisis global multidimensional los políticos que gobiernan actúan sin estrategias definidas de gobierno, sin diseño de políticas públicas y con una total ausencia de ética moral porque utilizan la mentira y el engaño para llegar al poder porque su motivación principal es acceder a recursos económicos ilimitados y usarlos en beneficio personal o de intereses de la iniciativa privada. Con sus acciones contribuyen a generar una maldad líquida que se expresa en un aumento de la crisis económica por contribuir a la desigualdad social a través de mantener una mayor distancia entre los sueldos que perciben los altos funcionarios y los salarios que perciben los trabajadores de base o eventuales, porque esto implica una distribución inequitativa y una desviación de los fondos públicos que ellos administran porque descuidan la atención a las necesidades sociales.

Conclusiones

La maldad es un concepto polisémico y multifactorial por lo que no tiene una sola causa de origen y su estudio ha sido abordado a lo largo de la historia de la humanidad desde diferentes perspectivas: filosofía, psicología, sociología, antropología, religión, Ética, etc. En algunos campos del conocimiento, todavía se debate si la maldad es aprendida o tiene un origen innato, por lo que ha surgido una nueva disciplina que aborda con un enfoque multidisciplinario el estudio del mal y que se llama ponerología, derivada del griego ponerós (mal) y logia (estudio).

Por su naturaleza, el mal debe abordarse desde la perspectiva de un enfoque multidisciplinario que rebase el enfoque que se basa en el estudio de la personalidad individual y vislumbre las diferentes expresiones de maldad como parte inherente de contextos sociales y políticos específicos. Bajo esta mirada algunas muestras de la maldad contemporánea pueden ser abordadas como manifestaciones de personalidades patológicas que tienen un origen social y que al ser compartidos esos comportamientos tienden a normalizarse y formar parte de comportamientos colectivos hasta consolidar la existencia de una verdadera sociopatología (15). La normalización del uso de la violencia y el asesinato en contra de otras personas como parte de un trabajo, representa un comportamiento patológico, igual sucede cuando se acepta la prostitución como un trabajo.

De la misma forma que a pesar de que existen violadores seriales, no puede construirse un perfil del violador sexual porque han participado en actos de violación sexual médicos, psiquiatras, psicólogos, policías, maestros, sacerdotes, políticos, etc., en el caso de la maldad contemporánea, tampoco puede construirse un perfil de quien incurre en actos de maldad, porque la persona más bondadosa podría incurrir en actos de maldad, dependiendo del contexto y de la situación.

Erich Fromm nos habla de una agresión defensiva que podría justificar una acción violenta en contra de una persona, grupo o nación, pero Zygmunt Bauman nos advierte sobre el lavado de cerebro que realizan la clase política y la oligarquía en el poder para agredir a personas, grupos o naciones inocentes, justificando esas agresiones con la construcción previa de imágenes ficticias de enemigos potenciales.

Debido a la enorme cantidad de ejemplos de manipulación social que han realizado políticos de las naciones occidentales para llevar a pueblos enteros a un estado socioafectivo que les induce a apoyar invasiones militares a otros países o participar en guerras con otras naciones, podríamos identificar a la sociedad en que vivimos como una patocracia, es decir, como un sistema de gobierno global en el que una minoría patológica, caracterizada por rasgos narcisistas o psicopáticos, tienen el control de nuestras vidas de tal forma que han logrado separar nuestra capacidad de actuar y nuestra capacidad de decidir y el respeto al derecho internacional está sujeto a cambios y se aplica en función de las prioridades y necesidades de quienes ostentan el poder global.

Este puñado de individuos que conforman menos del 1% de la población mundial, concentra la mayor parte de la riqueza social que produce la sociedad y no conforme con ello, actúan como una delincuencia organizada para seguir aumentando la desigualdad social a través del adelgazamiento del Estado mediante la privatización de servicios públicos descuidando la atención a las necesidades sociales, la desviación de fondos públicos para beneficiar intereses privados,  dando lugar a lo que hoy se conoce como tecnofeudalismo (16).

Habiendo llegado a este punto de la lectura del artículo, estamos en condiciones de responder a la pregunta que le da nombre al mismo: ¿De dónde viene el mal?, nos queda claro que no debemos caer en el error de pensar que los grandes problemas sociales que enfrentamos a nivel global son provocados por individuos singulares que en el campo de la política actúan como monstruos porque éstos no actúan solos, detrás de ellos hay otros personajes que también actúan como monstruos y son los que representan a la oligarquía corporativa que se niegan a dejar morir el orden mundial unipolar capitalista, colonialista y patriarcal.

La maldad líquida tiene un origen estructural porque es provocada por el abandono del Estado de su responsabilidad de atender las necesidades sociales provocando un aumento de la desigualdad social, que es la fuente de grandes problemas sociales que afectan a una inmensa mayoría marginada que se ve en la necesidad de solucionar en forma individual los problemas personales que son provocados por la implementación de políticas neoliberales que han dado lugar a diversos problemas sociales.

Cuando surgió el Estado moderno, se generaron expectativas en el sentido de que la vida sería mucho más fácil porque el Estado tendría la responsabilidad de mejorar las condiciones de vida y esta tarea se asignó al Estado y a los municipios, pero con el surgimiento del neoliberalismo, el capitalismo se fortaleció y promovió el consumo permanente como la vía para alcanzar la felicidad.

Pero el neoliberalismo terminó con la igualdad social al aumentar la desigualdad económica y fomentó una ideología individualista que alejó a la ciudadanía de la política por lo que la tarea de resolver los problemas personales originados por las condiciones sociales se consideró como responsabilidad privada de los ciudadanos, es decir, se pasó de una concepción de la desigualdad como clase social a una percepción de la existencia de múltiples desigualdades individuales (17), por lo que el escandaloso crecimiento de la desigualdad social en los últimos años se presenta como una de las principales fuentes de los males sociales que afectan a nuestra sociedad.

La cultura del consumo ha creado un mundo en el que millones de individuos presentan comportamientos hedonistas que impulsaban a los individuos a una búsqueda constante del placer y bienestar individual. Siguiendo la línea de pensamiento de Zygmunt Bauman, se puede afirmar que la destrucción de los vínculos sociales provocó el surgimiento de un hiperindividualismo, que ha dado como resultado la adiaforización de los pensamientos de millones de individuos.

Esta adiaforización consiste en una ausencia de valores en pensamientos y acciones de millones de personas, por lo que intentan mantenerse neutrales ante situaciones de injusticia social y tal como dijo el Papa Francisco “Mientras no se revierta la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad, será imposible erradicar la violencia” (18), al igual que algunos comportamientos y objetos no son objeto de evaluación moral alguna poque son adiaforizados, los pobres también sufren ese trato por parte de quienes gobiernan, porque los invisibilizan, la atención de las necesidades sociales pierden interés público y están ausentes en el diseño de políticas públicas.

Con esta exclusión social, se muestra que los sistemas de gobierno actuales utilizan políticas necrófilas, o como se conoce en teoría política como necropolítica, que consisten el uso del poder social y político para determinar cómo algunas personas pueden vivir y cómo otras pueden morir, por lo que no es disparatado señalar que la maldad es parte integral del sistema capitalista y al aceptar la inversión millonaria de fondos públicos en obras que benefician a un sector, mientras que otros sectores padecen de lo más básico, estamos aceptando que el mal se encuentra integrado a nuestra forma de ser y vivir en este mundo.

La dispersión del mal en nuestros días se traduce en una constante competencia de unos contra otros, en el surgimiento de sentimientos de rivalidad, desconfianza, distanciamientos y desaparición de los lazos sociales en la lucha por la vida. El tejido social se debilita cada vez más, los vínculos que unían a las familias, a los grupos de trabajo, a las comunidades y a las parejas, tienden a debilitarse y desaparecer con una velocidad cada vez mayor, dando como resultado el surgimiento de una soledad creciente que se manifiesta en un constante aumento en el número de personas que viven solas.

La soledad es parte de nuestra cotidianeidad, porque la incapacidad para comunicarnos provoca que millones de personas experimenten sentimientos de soledad, aún cuando estén rodeados de una multitud (19). En un mundo sin sentido, con una insatisfacción generalizada, en el cual la tecnología da voz a cualquier persona, surgen con relativa frecuencia casos de personas con baja autoestima y gran necesidad de aceptación y reconocimiento, que llegan a realizar actos que recuerdan el síndrome de Erostrato (20) la violencia es el camino elegido por algunas personas para salir del anonimato y tener fama por unos segundos.

Cuando desapareció la URSS, Estados Unidos no sólo logró expandir la economía del libre mercado con la globalización que impuso en todo el mundo, con el apoyo de la tecnología (computadoras, internet, telefonía celular, redes sociales y televisión) también logró expandir un proceso de aculturación mundial que podríamos definir el choque de culturas diferentes, a través del cual se dio un proceso de cambio, adaptación e integración por el que atravesaron millones de personas que asimilaron la cultura occidental y de manera particular, la cultura norteamericana, adoptando cambios de valores, de comportamientos, de lenguaje, etc.

La cultura dominante a nivel global es la cultura estadunidense que se ha promovido a través de películas, series de televisión y programas cuyos contenidos promueven el individualismo, la insensibilidad social, la normalización de la violencia, el consumo como meta principal en la vida y la búsqueda del “dinero fácil” ha logrado consolidar como una filosofía hegemónica la búsqueda constante de dinero como única forma de mantener un consumo constante y de lograr así la felicidad.

Partiendo de la premisa de que el mal abandonó su forma sólida y se dispersó depositándose en mentes y corazones de millones de personas que muestran altos niveles de conformismo, indiferencia social, obediencia y alejamiento de la política, debemos reconocer que ser feliz en un contexto de gran desigualdad social sin hacer nada para combatirla, representaría un acto de psicopatología porque no podemos ignorar la desigualdad social que afecta a las personas que nos rodean, a los grupos a los que pertenecemos, a las comunidades de las que formamos parte y la toma de consciencia de la existencia de ese sufrimiento colectivo, nos debe llevar a evitar seguir considerando como algo normal la existencia de unos cuantos ricos junto a una inmensa mayoría de pobres, por lo que una reacción sana sería experimentar la necesidad de hacer algo para cambiar el mundo en que estamos viviendo(21).

En tiempos de crisis multidimensional que provoca un incremento de la desigualdad social debemos desarrollar un sentimiento de solidaridad con los menos favorecidos y actuar con generosidad social, con empatía genuina que nos ayude a percibir el sufrimiento de los otros y ayudarlos con pequeñas acciones en la medida de nuestras posibilidades

Es decir, si dejamos atrás el conformismo y empezamos a cuestionar nuestra realidad, si superamos la indiferencia social y construimos actitudes de empatía hacia el sufrimiento ajeno, si dejamos de seguir obedeciendo y mostramos actitudes de disidencia y rebeldía hacia aquello que consideremos que está mal, si abandonamos la sensación de desesperanza que nos sembró la doctrina del “no hay alternativas” y recuperamos la capacidad para imaginar otro mundo diferente y mejor al que estamos viviendo, lograremos contener el avance del mal.

Debemos recuperar la confianza en nosotros mismos, identificar que todo lo que nos rodea son construcciones humanas, que la realidad es una construcción social, que la maldad humana no es “algo natural”, sino que es algo inaceptable, por lo que debemos combatirla y así como existe una banalización del mal, debemos desarrollar actitudes de disidencia en contra del autoritarismo que nos gobierna (22), debemos crear nuevos comportamientos que logren construir unas condiciones sociales en las que se den muestras constantes de banalización del amor en situaciones de conflicto social, necesitamos reconocer las microinteracciones sociales que tenemos  con otras personas como formas de comunicación social que nos permitirían crear un ambiente de mayor cordialidad.

El mal ha avanzado y se ha dispersado a nivel global, pero “el amor está en el aire” y una muestra de ello lo podemos observar en los nuevos comportamientos que exhiben los habitantes de Minneápolis que se han integrado en sus comunidades de origen para actuar en forma organizada, colectiva y unida para defender a la comunidad de inmigrantes y defenderse a sí misma en contra de las redadas de los agentes del ICE. Muestras de solidaridad hacia los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos y rechazo hacia las acciones violentas de ICE que se están reproduciendo en todo el mundo, al igual que se observan muestras globales de apoyo al pueblo palestino y el rechazo al Estado genocida de Israel (23).

Estos nuevos comportamientos consisten en realizar rodadas de cientos de ciclistas que recorren la ciudad para comprar los productos de alimentos que ofrecen inmigrantes vendedores callejeros y darles la oportunidad de que regresen sanos y salvos a casa. Esos alimentos son entregados después a personas sin hogar, o inmigrantes que no pueden salir de sus casas por el temor a ser arrestados y deportados. Pero el principal cambio de comportamiento que necesitamos en estos momentos de interregno, es aprender a construir un pensamiento autónomo y a ejercer la crítica social para cuestionar todas aquellas acciones que adopta la maldad líquida, manifestada en violaciones a los derechos humanos, injusticias sociales, recortes a gasto público, adelgazamiento del Estado, aumento del gasto militar, etc.

Necesitamos más héroes anónimos que pongan de ejemplo a seguir una sensibilidad social ante las injusticias y menos villanos conocidos abusando desde el poder, la mayoría de las acciones de maldad provienen de personas que ocupan cargos de poder y desde una perspectiva foucaultiana, "detrás de un poder hay un contrapoder", lo que significa que el poder que tienen y abusan, fue adquirido a través de elecciones democráticas, por lo que el poder real se encuentra en las personas que participaron en las elecciones.  Las campañas de publicidad y propaganda ideológica han logrado "lavar el cerebro" de millones de personas que se sintieron identificadas con el discurso de odio de los políticos de ultraderecha, pero ante el avance de la crisis de múltiples dimensiones que estamos padeciendo (crisis económica, política, ecológica, sanitaria, moral, etc.), debemos recordar que el filósofo griego Cornelius Castoriadis señaló hace varios años que la humanidad ha perdido la capacidad para cuestionarse a sí misma, por lo que debemos empezar a cuestionar todo lo que nos rodea y en forma especial a quienes nos gobiernan porque no están llevando por un camino que destruye la naturaleza, explota a la clase trabajadora y la tendencia armamentista que nos lleva directamente a la guerra, solo asegura la destrucción mutua.

Un nuevo orden mundial se está construyendo y lo menos que podemos hacer es evitar que sean los políticos y oligarcas corporativos sean quienes diseñen el nuevo mundo que se está conformando, necesitamos liberarnos de los monstruos que han depositado en nuestras mentes y corazones, liberarnos para actuar juntos en forma organizada colectiva y unida en la construcción de un mundo mejor. Juntos podemos mantenernos de pie, divididos seguiremos siendo presa fácil de este monstruo de tres cabezas, el sistema capitalista, colonialista y patriarcal.

Llego a este punto con una sensación similar a la que sin duda alguna habrán llegado Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis cuando terminaron su libro Ceguera moral y que les impulsó a escribir más adelante otro libro como continuidad titulándolo Maldad líquida. Vivir sin alternativas, porque siento que quedan muchos temas sin tocar relacionados con la maldad humana. Temas relacionados con la obediencia, con la educación, la construcción de la democracia y la transformación social, temas que espero desarrollar en un siguiente artículo que le de continuidad a este que entrego para el escrutinio público.

       

1.- Una mirada social hacia el surgimiento de un nuevo orden mundial

https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/03/una-mirada-social-al-surgimiento-de-un.html

2.- Modernidad líquida. Bauman, Zygmunt

https://catedraepistemologia.wordpress.com/wp-content/uploads/2009/05/modernidad-liquida.pdf

3.- Los campos de exterminio de la desigualdad. Therborn, Goran

Fondo de Cultura Económica. Ciudad de México, 2016

https://geopolitica.iiec.unam.mx/sites/default/files/2018-11/338781708-Therborn-Los-campos-de-exterminio-de-la-desigualdad-pdf.pdf

4.- There is no alternative Wikipedia

https://en.wikipedia.org/wiki/There_is_no_alternative

5.- .- El castigo de Sìsifo en la modernidad.

https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/11/elcastigo-de-sisifo-en-la-posmodernidad.html

6.- Trump organizará una oración colectiva en Washington “para consagrar a Estados Unidos como una sola Nación ante Dios”

https://www.lavanguardia.com/internacional/20260205/11458966/trump-organizara-oracion-colectiva-washington-consagrar-ee-uu-sola-nacion-dios.html?utm_term=Autofeed&utm_medium=Social&utm_source=Facebook&fbclid=IwY2xjawP1qXdleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFQNWl5eTUwaXl4VTcyc3k0c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHjzp09Kscxyry4QWdVPogL15WPZjEStjMIINoCzqvXeMftaXqABG0w5D9x5w_aem_C2suezzDaGvZZkdjiR8CkA#Echobox=1770315853

7.- El fascismo asoma su rostro en Estados Unidos

https://oscaryescasd.blogspot.com/2026/01/el-fascismo-asoma-su-rostro-en-estados.html

8.- Anatomía de la de la destructividad humana. Fromm, Erich

https://africando.org/ong/prensa-para-pensar/libro-pdf-anatomia-de-la-destructividad-humana-por-erich-fromm/

9.- Un arquitecto del terror: Heinrich Himmler y el holocausto

https://www.nationalww2museum.org/war/articles/heinrich-himmler-holocaust

10.- Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal. Arendt, Hanna

https://eltalondeaquiles.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2015/09/Eichman-en-Jerusalem.pdf

11.- El efecto lucifer. El porqué de la maldad. Zimbardo, Philip

https://www.scenacriminis.com/wp-content/uploads/2018/07/El-efecto-Lucifer-El-porqu%C3%A9-de-la-maldad.pdf

12.- Vida liquida. Bauman, Zygmunt

https://circulosemiotico.wordpress.com/wp-content/uploads/2012/10/vida-liquida-zygmunt-bauman.pdf

13.- Ceguera moral. La pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida. Bauman, Zygmunt/Donskis, Leonidas

https://pdlibroschl.cdnstatics2.com/usuaris/libros_contenido/arxius/30/29568_Ceguera_moral.pdf

14.- Maldad líquida. Bauman. Vivir sin alternativas. Zygmunt/Donskis, Leonidas. Ed. Paidós. Barcelona, 2019. https://www.inep.org/images/2025/TXT/2019-Bauman-Donskis-Maldad.pdf

15.- Pensamientos sobre la sociopatología contemporánea

https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/09/pensamientos-sobre-la-sociopatologia.html

16.- Durmiendo en la oscuridad del Autoritarismo disfrazado de democracia mientras arriba al poder el tecnofeudalismo

https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/01/durmiendo-en-la-oscuridad-del.html

17.-  El nuevo régimen de desigualdades sociales, Dubet, Francoise

Siglo XXI editores. Ciudad de México, 2023

https://es.scribd.com/document/724922883/11-DUBET-FRANCOIS-El-nuevo-regimen-de-las-desigualdades-solitarias-1

18.- EL ANUNCIO DEL EVANGELIO EN EL MUNDO ACTUAL. Papa Francisco

https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html

19.-  Soledad y política.

https://oscaryescasd.blogspot.com/2025/04/soledad-y-politica-la-soledad-como.html

20.- Síndrome de erostrato

https://consultoriopsicologico.wordpress.com/2024/05/04/sindrome-de-erostrato/

21.- La felicidad personal y el compromiso social

https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/07/lafelicidad-personal-y-el-compromiso_29.html

22.- Disidencia global contra la barbarie genocida

https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/05/disidencia-global-contra-la-barbarie.html

23.- El despertar político mundial provocado por el genocidio en Gaza.

https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/06/el-despertar-politico-mundial-provocado.html