jueves, 19 de marzo de 2026

 

La desobediencia como imperativo moral para salvar a la humanidad

Oscar Yescas Domínguez

19 de marzo del 2026

“Si la capacidad de desobediencia constituyó el comienzo de la humanidad, la obediencia podría provocar el fin de la historia de la humanidad” Erich Fromm

 

        Introducción

        Mi acercamiento al estudio de la obediencia

        La obediencia ciega y la banalidad del mal

        El experimento de Milgram sobre obediencia a la autoridad

        La nueva servidumbre voluntaria

        La desobediencia como problema psicológico y moral

        Conclusiones

 

        Introducción

El mundo se ha convertido en un lugar cada vez más peligroso para ser habitado porque predominan los actos destructivos por encima de aquellos que impulsan la creatividad y el humanismo. En el momento histórico que estamos viviendo el sistema económico capitalista busca reacomodarse frente a la inminente caída del orden mundial unipolar lidereado por Estados Unidos amenazando con extender el apocalipsis de la guerra.

Este mismo sistema que se basa en mantener un equilibrio entre una producción y un consumo masivos nos conduce a una segura destrucción porque busca un crecimiento infinito de la economía en un mundo con recursos finitos. En la búsqueda de maximización de sus beneficios económicos la oligarquía corporativa explota los recursos naturales de forma irracional, destruye ecosistemas, contamina mares, lagos, ríos y lagunas, provocando la destrucción de la naturaleza, generando un cambio climático que produce tragedias colectivas, además de una sobreexplotación de la lase trabajadora.

Por si esto no fuera poco, vemos frente a nuestras pantallas guerras innecesarias provocadas por líderes occidentales que actúan motivados por ambiciones desmedidas de poder, dinero y en su intento de mantener y ampliar su influencia y control social, se aventuran en actos de colonialismo moderno que implica la destrucción de ciudades enteras que tardaron siglos en ser construidas por otros seres humanos y que hoy vemos que son reducidas a escombros en cuestión de segundos por otros seres humanos que obedecen a tiranos modernos que difunden un discurso de odio que deshumaniza a pueblos enteros.

En los últimos años, la democracia ha sido despojada  de su significado original (gobierno del pueblo) y reducida a una democracia electoral que legitima el uso del poder por parte de unos cuantos representantes que ignoran el contenido de la declaración de derechos humanos sobre todo en la parte que dice “la soberanía la ejerce el pueblo, ya sea directamente o a través de sus representantes”, El  problema es que el “sea directamente “ ha desaparecido y nos hemos sometido a la voluntad de los representantes (1).

La perversión que significa reducir la democracia al ámbito electoral, al igual que la reducción de la política al comportamiento que presentan los políticos y la depreciación de la democracia a la democracia electoral, ha dado como resultado una disminución en la participación en las luchas por un cambio social y la doctrina  de ausencia de alternativas ha golpeado las esperanzas de construir un nuevo mundo diferente al actual, creando un vínculo de dependencia de la ciudadanía hacia ciertas figuras políticas por lo que la población se ve reducida a la condición de “seguidores” que se limitan a obedecer sin cuestionar a las autoridades formales, o a mostrar indiferencia y alejamiento de lo que ellos consideran que es la política.

Mientras el mundo sigue inmerso en una vorágine de cambios sociales impredecibles en el contexto de una crisis global de múltiples dimensiones, en el terreno de la política electoral las continuas decepciones provocadas por gobiernos autollamados progresistas que han contribuido al crecimiento de la desigualdad social, han generado una decepción colectiva en amplias capas de la población que diariamente luchan por sobrevivir al deterioro de sus condiciones de vida, por lo que se ven seducidas por el canto de las sirenas de políticos de extrema derecha que prometen volver a tiempos anteriores donde la situación económica era más estable, mientras desvían la atención de las causas globales de los problemas personales al difundir un discurso de odio en el que culpan de los problemas actuales a grupos raciales minoritarios o a inmigrantes de la actual crisis.

En los últimos años estamos padeciendo la muerte de la democracia como forma de vida porque en las elecciones recientes han triunfado candidatos de la extrema derecha en varios países, quienes una vez en el poder proceden a implementar políticas neoliberales que contemplan la eliminación de derechos laborales, la desaparición de prestaciones sociales y la disminución de apoyos gubernamentales que contribuían al bienestar social de la población. Estos nuevos gobernantes actúan como tiranos mostrando liderazgos autoritarios, esperando obediencia ciega mientras realizan acciones que benefician a la oligarquía corporativa porque aumentan sus beneficios económicos al favorecer la privatización de todo tipo de servicios públicos.

Ante el agotamiento de las reservas de los recursos naturales, los propios líderes de las potencias occidentales contribuyen a la destrucción del orden mundial al ignorar el derecho internacional que está basado en pactos internacionales y recurren a la violación de la soberanía de otros países para robar sus recursos naturales en actos de rapiña que originan una etapa de colonialismo moderno al invertir recursos para deponer a gobernantes que no estén alineados a sus intereses económicos y políticos para colocar a otra figura política que obedezca mantener en la sumisión a sus propias naciones.

Para lograr tales objetivos, una de las estrategias usadas por los gobiernos autoritarios es el uso de los medios de comunicación masiva a través de los cuales realizan la implementación de campañas de “lavado de cerebro”, para crear figuras ficticias de enemigos potenciales que ponen en riesgo “la seguridad nacional” y proceden a declarar guerras en contra de otros países para proceder a invadirlos y saquear sus riquezas naturales para continuar con el ritmo de producción y consumo masivos.

En estos procedimientos, los políticos autoritarios han abandonado su rol de servidores públicos y se han aliado a representantes de la industria armamentista para realizar negocios al recortar el presupuesto destinado a obras sociales y aumentar el presupuesto militar para la compra de armamento, de tal forma que la creación de guerras y su prolongación se ha convertido en un gran negocio en el que se benefician políticos corruptos y magnates de la industria armamentista, un negocio en el que los grandes perjudicados son la clase trabajadora, la juventud y la población civil.

Ante el aumento del número de protestas en contra de la violación de derechos laborales, sociales y humanos, los líderes de las potencias occidentales endurecen sus posturas gobernando con un estilo cada vez más autoritario, creando un nuevo rostro del fascismo del siglo XXI al identificar como amenazas a la seguridad nacional a personas que se atreven a tomar los espacios públicos para hace escuchar sus voces de protesta en contra de políticas internas o en contra de la guerra.

En su continua destrucción del Estado de bienestar, los líderes autoritarios toman decisiones en forma unilateral, sin consultar ni rendir cuentas a nadie, desconocen a las instituciones que conforman el Estado de derecho en sus propios países, ignoran a las instituciones internacionales que fueron creadas para mantener la paz mundial y atacan la soberanía de otros países, violando de manera impune el derecho internacional.

Con estas acciones el orden mundial que fue construido después de la segunda guerra mundial para garantizar la paz mundial se viene debilitando desde hace varios años y actualmente presenta una tendencia a ser desmantelado por las acciones de los representantes de los países que contribuyeron a su creación.

La guerra en Ucrania lleva más de 4 años de duración y no presenta indicios de terminar a pesar de que Ucrania no puede ganar la guerra a pesar de recibir el apoyo de Estados Unido y aliados de Europa, mientras que Rusia solo consigue avances menores a un alto costo (2) y los reportes de bajas presentan contradicciones en ambos lados, pero coinciden en que superan los 500,000 fallecidos.

Mientras que el genocidio que realiza el ejército de Israel con la población palestina en Gaza y Cisjordania lleva más de tres años y cifras conservadoras informan de la muerte de más de 75,000 palestinos mayoritariamente niños, mujeres, ancianos y civiles (médicos, académicos, periodistas, etc.) (3). Mientras que por el lado israelí reportan el fallecimiento de un promedio de 2,000 fallecimientos durante estos tres años (4).

Ahora se abre un nuevo frente de guerra en el conflicto que Israel y Estados Unidos abrieron al iniciar una guerra contra Irán, país en el cual se estima que las bajas superan los 1,000 fallecimientos, dentro de ellos 173 niñas cuya escuela fue bombardeada por Estados Unidos, mientras que Israel y Estados Unidos censuran la información e impiden dar a conocer el número real de bajas de ambos países.

Con esta nueva guerra el riesgo de destrucción del planeta por una tercera guerra mundial aumenta ya que Irán está golpeando bases militares estadunidenses ubicadas en varios países del medio oriente y atacando territorio israelí con el uso sorpresivo de armamento de gran poder que está destruyendo el mito de la invencibilidad de Israel y de Estados Unido.

Es de conocimiento público que Benjamín Nethanyahu profundizó los ataques a Gaza para distraer la atención a los reclamos de su destitución por actos de corrupción y logró arrastrar a Estados Unidos a la guerra contra Irán para construir la fantasía religiosa del gran Israel”. Mientras que Donald Trump ha sido señalado como un pedófilo involucrado en los casos de violación de adolescentes en el caso Epstein y para distraer la atención se involucró en la guerra contra Irán en un acto deliberado para distraer la atención sobre los archivos Epstein y evitar comparecer en el Congreso de su país para declarar al respecto, por lo que la opinión pública norteamericana ha bautizado “Operación furia Epstein” a la guerra contra Irán (5).

Estados Unidos financió la guerra de Ucrania contra Rusia, también apoya financieramente y con equipo militar a Israel en su guerra de limpieza étnica del pueblo palestino y con el genocidio en Gaza. Estados Unidos atacó Irán iniciando la guerra contra este país, apoyando a Israel y muchos ciudadanos estadunidenses se niegan a participar en esta guerra para defender a Israel. Un claro ejemplo lo fue la agresión que sufrió el exmarine Brian McGuinis cuando interrumpió una audiencia del Senado estadunidense para protestar en contra de la guerra de Irán y al ser desalojado su brazo fue roto en el forcejeo por parte del Senador republicano Tim Sheehy (6). No olvidemos que Estados Unidos también atacó a Venezuela y secuestró al presidente Nicolás Maduro.

Dos delincuentes inmorales actúan como tiranos conduciendo al mundo entero a una confrontación internacional que está escalando rápidamente y corre el riesgo de evolucionar para convertirse en una tercera guerra mundial, mientras una inmensa mayoría de la humanidad se limita a observar desde la distancia manteniendo con la rutina de sus vidas, millones apoyan sus acciones y miles obedecen el llamado de participar en una nueva guerra.

Estamos viviendo un momento crítico en la historia de la humanidad que nos obliga a mirar con ojos críticos la situación internacional que estamos viviendo y responder a preguntas tales como ¿Por qué la mayoría de las personas aceptan con facilidad una nueva guerra a todas luces injustificada? ¿Por qué en los países involucrados en el conflicto un porcentaje mínimo de la población es la que protesta por el recorte de gastos de seguridad social para aumentar los fondos públicos destinados para la guerra, mientras que una gran mayoría sigue viviendo sus vidas como si nada anormal estuviese pasando?, ¿por qué una gran parte de la humanidad guarda silencio ante los crímenes de guerra que estamos observando y da muestras de obediencia y sumisión ante liderazgos autoritarios.

        La falta de reacción ante la injusticia social y una constante actitud de obediencia hacia líderes autoritarios nos han conducido a la situación actual de crecimiento de la desigualdad social que ha creado un sufrimiento colectivo. Debemos evitar que la ceguera moral e indiferencia social con la que el mundo entero ha estado presenciando la guerra de Ucrania y el genocidio en Gaza, se repita ahora que vemos la escalada de la guerra entre Israel y Estados Unidos en contra de Irán.

Ante la sorpresiva respuesta militar de Irán que ha obligado a Estados Unidos a vaciar sus bases militares en Medio oriente y destruido el famoso “domo de hierro de Israel”, surge una pregunta pertinente ¿Aceptarán Estados Unidos e Israel su derrota ante el poderoso ejército iraní sin usar su arsenal nuclear?  ¿Estamos dispuestos a permitir que el mundo sea destruido por una guerra en la que nosotros no participamos en su origen? ¿Por qué el mundo guarda silencio y sigue obedeciendo órdenes irracionales y destructivas?

 

        Mi acercamiento al estudio de la obediencia

        En la misma línea de pensamiento que usó Michel Foucault cuando escribió su libro La inquietud por la verdad, en el cual declaró que sus escritos estaban relacionados con sus experiencias personales y que el acto de escribir implicaba un proceso de transformación constante de sí mismo (7), debo decir que algo parecido sucede con mi persona porque la mayoría de mis artículos sobre política, democracia, disidencia social, la responsabilidad social del intelectual académico, feminismo o sexualidad humana, han tenido como punto de partida un aprendizaje experiencial previo al abordaje teórico de los mismos.

        Parafraseando al pedagogo y crítico cultural Henry Giroux, coautor junto a Peter McLaren de la pedagogía crítica revolucionaria, puedo decir que al igual que millones de niños en el mundo entero, mi inocencia fue robada (8) porque al igual que varias generaciones de niños empecé a laborar desde una edad temprana en mi natal Cananea como ayudante de mecánico y ya una vez viviendo en Hermosillo, durante mi adolescencia colaboraba con la economía familiar vendiendo periódicos entre otras actividades.

Estas tempranas experiencias me permitieron tomar consciencia de la existencia de una lucha de clases en nuestra sociedad y el hecho de haber nacido en la Clínica obrera de la sección 65 del sindicato de mineros de Cananea, Sonora, marcó mi identidad y generó un sentimiento de pertenencia a la clase obrera, por lo que desde mi adolescencia ya había construido una clara consciencia de clase.

Bajo esa perspectiva, germinó en mi interior un fuerte compromiso social con la causa de los trabajadores y con la idea de impulsar un cambio social para terminar con la injusticia y reconquistar la igualdad social, por lo que buena parte de mi juventud la pasé participando en grupos de izquierda clandestinos donde realizábamos discusiones políticas que me permitieron tener una mayor claridad política y participar de manera activa en movimientos colectivos que luchaban por conquistar derechos políticos, laborales, sexuales y sociales.

Con una actitud permanente de “alborotar consciencias tranquilas”, intenté combatir el conformismo generalizado, la indiferencia social hacia los actos de injusticia que provienen desde el poder y llamar la atención sobre la necesidad de realizar un cambio social, ya sea participando en forma activa en movimientos sindicales para defender contratos colectivos de trabajo impulsando la construcción de una identidad sindical, en movimientos colectivos impulsando la construcción de una identidad política, fomentando la creación de organizaciones, la movilización colectiva y la unidad en la acción.

Durante varios años he estado utilizando la palabra escrita para provocar un despertar del letargo social en el que permanece todavía una buena parte de la población, haciendo frecuentes llamados a la desobediencia civil, a la disidencia política y a una franca rebeldía social. En la medida que se agudizaba la crisis social durante los últimos sexenios del prianismo en México, escribí varios artículos tratando de llamar la atención sobre la necesidad de sacar al PRI del poder, de educar sobre la pertinencia de que existe la posibilidad de un cambio social que permitiera terminar con las injusticias, los fraudes electorales, los actos de corrupción y las continuas violaciones a los derechos humanos.

Pero siempre encontré una dura resistencia para lograr aumentar la participación en política y generar un compromiso social, por lo que frecuentemente sentía que formaba parte de una minoría activista y militante, frente a una mayoría que aparentemente estaba controlada por hilos invisibles porque mostraba indiferencia social, conformismo y apatía, por lo que después de cada intervención social en grupos, organizaciones o comunidades, surgía en mi cabeza una constante pregunta: ¿por qué las personas no aceptan participar en la lucha por recuperar sus derechos que están siendo violados?

Cuando logré obtener una plaza de maestro de tiempo completo, aproveché la oportunidad para continuar con aquella inquietud personal de impulsar un cambio social, reformulando esa pregunta en forma de problema social para abordarla como objeto de estudio científico y logré construir varias líneas de investigación que reforzaron mis intervenciones en grupos, organizaciones y comunidades usando la metodología de la investigación acción para analizar procesos de liderazgo, participación social, influencia social, etc., lo cual me permitió obtener respuestas con fundamentos científicos y explicar desde una perspectiva teórica la pasividad colectiva en contextos de crisis social.

La experiencia obtenida en mi participación en diversos movimientos colectivos sindicales, ciudadanos y políticos, me llevó a enfrentar las limitaciones que enfrentan los investigadores que se mantienen en el marco de un reduccionismo científico al intentar explicar la realidad social desde la perspectiva de una sola disciplina social. Por lo que me vi invadido por el complejo de Cristóbal Colón que menciona Leonidas Donskis en su conversación escrita con Zygmunt Bauman cuando escribieron el libro Ceguera moral (9).

Este complejo consiste en el hecho de que en la vida de todo investigador social llega un momento en que toma de consciencia de que las aportaciones teóricas y metodológicas de su propia disciplina resultan insuficientes para explicar la complejidad del problema elegido como objeto de estudio, por lo que se ve en la necesidad de incurrir en un eclecticismo, construir enfoques multidisciplinarios y retomar las aportaciones de varias disciplinas científicas en el análisis de un fenómeno social.

Por esa razón, partiendo de que el objeto de estudio de la psicología social es el estudio de la interinfluencia que existe entre el individuo y la sociedad, para lo cual utiliza cuatro tres niveles de análisis: análisis del grupo, análisis de las organizaciones, análisis de las instituciones y análisis de las comunidades, me vi en la necesidad de retomar aportaciones de la filosofía, sociología, antropología, comunicación, pedagogía y otras disciplinas sociales para enriquecer mi análisis y encontrar una respuesta más satisfactoria, por lo que dentro de las primeras respuestas a la pregunta acerca del ¿por qué surge la indiferencia y la pasividad  en contextos de crisis social?, recurrí al análisis del control ideológico desde la perspectiva marxista y althousseriana, analizando el proceso de socialización y el funcionamiento de diferentes instancias socializantes (familia, escuela, iglesia, medios masivos de comunicación, trabajo y el impacto de las nacientes redes sociales vinculando los conceptos, psicología, ideología y cambio social (10).

Pero en la medida que la sociedad se iba transformando como resultado de grandes cambios sociales, sentí que el objeto de estudio (el comportamiento humano) también estaba cambiando, por lo que sentí la necesidad de profundizar en nuevas investigaciones y encontré nuevas respuestas en la filosofía y la propia psicología social, que me permitieron abordar el problema de la falta de participación social en política bajo nuevas perspectivas, al sumar al control ideológico mecanismos de obediencia social colectiva, que permitían fortalecer un control social e impedía un despertar político (11).

        La evolución de mis análisis sobre la influencia de lo social sobre el comportamiento individual, me permitió llegar a la conclusión de que la principal fuente de control social se encontraba en el interior de nuestras mentes, porque la educación informal recibida en casa, en la iglesia y a través de los medios masivos de difusión se centraba en lograr comportamientos de obediencia a la figura de autoridad y ésta socialización informal se complementaba con la educación formal recibida en las escuelas que se basaba en el fomento de un aprendizaje pasivo, inhiben el pensamiento autónomo y contribuyen a la formación de individuos capaces de involucrarse en el engranaje de ambientes laborales, pero incapaces de ejercer la crítica social porque la escuela como institución socializante tiene como misión principal enseñar la obediencia como principal virtud.

        El psicoanalista argentino Rodolfo Bohoslavsky describe los años de estudios en escuela primaria, secundaria y preparatoria, como un curso de 12 años de “como aprender a ser un buen esclavo”, porque los estudiantes llegan a las universidades habiendo olvidado el aprendizaje de historia, geografía, ciencias sociales, etc., pero lo que no olvidan jamás es que deben obedecer a la figura de autoridad (12).

        Sobre estas bases, partiendo de la premisa psicológica de que para lograr que una intervención psicológica sea efectiva, es condición necesaria que el individuo objeto de tal intervención desee cambiar, centré mi atención en identificar las condiciones que permitieran construir una autonomía política que permitiera que los individuos tomaran consciencia de que los seres humanos hemos sido los creadores de las instituciones que nos rodean y esta historicidad es lo que nos permite cuestionar el funcionamiento actual de las instituciones en el contexto de la policrisis que estamos padeciendo.

El aprendizaje obtenido en mi rol de docente universitario me permitió ordenar mis ideas sobre estos contenidos y llegué a la conclusión de que para realizar un cambio social era necesario tomar como punto de partida la implementación de cambios individuales que contribuyeran a modificar la autoimagen, la imagen que tenemos de los demás, la percepción que tenemos de la realidad social y ubicarlos en un contexto social de crisis.

Este anclaje teórico-práctico en el contexto de una sociedad en crisis me permitió escribir un artículo en el cual hice un llamado sobre la necesidad de impulsar un cambio social que llamé “una revolución de las consciencias” (13), que partiera de la autocrítica cuestionando los roles socialmente asignados, para dejar atrás comportamientos de conformismo y obediencia, construyendo una autonomía individual que permitiera romper las cadenas psicológicas  para conquistar la libertad de pensamiento y construir un empoderamiento individual y colectivo.

En el discurso de los políticos manejan con frecuencia frases como “solo el pueblo salvará al pueblo”, “nosotros, la gente” y parten de la premisa de que la soberanía la ejerce el pueblo, pero la realidad es que al reducir la política a la política electoral hemos dejado el campo libre a políticos oportunistas y prisioneros de una democracia representativa cuyos integrantes traicionan al pueblo y abusan del poder para enriquecer sus fortunas personales desviando fondos púbicos y gobernando a favor de la oligarquía corporativa.

Partiendo de la premisa de que el aula universitaria son los únicos espacios en los que se puede realizar ejercicios de democracia y tratando de unir la teoría con la práctica, elaboré una pedagogía participativa que tenía como objetivo identificar el meta aprendizaje que surge en el acto educativo, que consiste en reconocer que se enseña algo más allá del contenido de la materia, porque la interacción entre profesor y alumnos enseña un modelo de relaciones interpersonales basado en una interacción entre una figura de autoridad que es el profesor y las personas que conforman el grupo de estudiantes que está bajo su responsabilidad.

Lo que hice fue modificar la estructura vertical de poder entre ambas partes, reduciéndola en tamaño y forma para construir una estructura más horizontal que permitiera la participación de los alumnos en la discusión del programa de la materia desde el inicio del seminario. Esto implicaba una revolución paradigmática en la educación porque requería reducir la autoridad del profesor para construir un vínculo horizontal entre profesor y alumno de tal forma que con la ayuda de la psicología de grupos combiné la aplicación de técnicas grupales, discusiones grupales y la evaluación de la dinámica del grupo por el propio grupo al utilizar la sociometría, de tal forma que con este modelo de interacción se logró construir un empoderamiento en cada uno de mis estudiantes, aumentar su participación y construir un vínculo de colaboración entre maestro y alumnos.

De esta manera, durante varios semestres logré comprobar en el campo de la docencia universitaria, que la verdadera transformación social no se da en un nivel abstracto,  que la transformación social se debe reflejar en la práctica, empezando por lograr cambios de actitudes en los individuos, de tal forma que el punto de partida para generar un cambio social debe empezar por cambiar la concepción que las personas tienen de sí mismos, en tanto que son personas que viven en una sociedad y forman parte de una comunidad que enfrenta problemas colectivos con efectos en la vida individual de los integrantes de esa comunidad y que por tanto, los problemas colectivos requieren acciones colectivas (14). 

Desde la perspectiva de la Psicología comunitaria latinoamericana, en todo proceso de transformación social es muy importante que la participación y el compromiso de los integrantes de los grupos, organizaciones y comunidades se dé desde el diseño de la propia intervención para garantizar el éxito de ésta. La necesidad de la participación social no nace de la teoría, sino que las actividades de cambio social surgen de la identificación de las necesidades sentidas y expresadas por los integrantes de esa comunidad, al reconocer la relación que existe entre sus problemas privados con la implementación de políticas públicas.

 Por lo tanto, hablar de transformación social es hablar de participación social, la transformación social no es un discurso político, es una acción colectiva que sólo puede lograrse construyendo puentes de comunicación entre autoridades y población, creando vínculos de colaboración entre agentes externos y agentes internos para lograr la congruencia entre el discurso político y la unidad en la acción. Con esta perspectiva de intervención social, se destruye la tendencia a obedecer a la figura de autoridad, porque los integrantes de la comunidad construyen un empoderamiento individual y colectivo.

 

        La obediencia ciega y la banalidad del mal

En 1963 Hanna Arendt publicó su libro Eichmann en Jerusalén: la banalidad del mal (15), en el cual, después de expresar su decepción de no encontrar un monstruo de gran maldad en la figura de Adolf Eichmann y afirmar que sólo encontró a un simple funcionario sin pensamiento propio, a un individuo promedio que actuó en forma sumisa en el contexto de un sistema totalitario obedeciendo órdenes de manera eficiente para congratular a sus superiores, afirmó que “los mayores crímenes no son cometidos por monstruos, sino por burócratas ordinarios que obedecen órdenes ciegamente sin reflexionar sobre las consecuencias morales de sus actos.

La filósofa alemana afirmó que la obediencia ciega y la falta de reflexión crítica son los motores de lo que llamó “la banalidad del mal”, que son las condiciones sociales que normalizan que individuos comunes puedan cometer atrocidades justificando sus actos con la respuesta de que sólo se limitan a cumplir órdenes burocráticas. Basándose en el juicio de Adolf Eichmann, argumentó que el peligro radica en la incapacidad de pensar por uno mismo, convirtiendo la obediencia en un acto deshumanizante.

La obediencia ciega según esta autora es el comportamiento que muestra una persona al someterse completamente a la voluntad de otro, actuando como un cadáver sin voluntad propia, por lo que la obediencia ciega representa una amenaza para la humanidad, porque el mal no siempre surge de la monstruosidad, sino de la falta de pensamiento autónomo, ausencia de reflexión crítica y sumisión a la figura de autoridad.

En base a su estudio de la personalidad de Adolf Eichmann concluyó que el conformismo mental convierte a los ciudadanos en cómplices de atrocidades que afectan a otras personas sin experimentar remordimiento ni culpa alguna. El seguimiento acrítico a órdenes burocráticas puede generar un mal extremo, por lo que Arendt cuestionó la idea de que la obediencia es una virtud, basándose en la premisa de que la responsabilidad moral individual persiste en forma independiente al seguimiento de instrucciones superiores.

Afirmó que la capacidad de detenerse, reflexionar y juzgar moralmente es la principal defensa contra la obediencia ciega a sistemas totalitarios, por lo que afirmó que el pensar es una forma de resistencia al autoritarismo porque los regímenes autoritarios exigen una obediencia incondicional.

 

        El experimento de Milgram sobre obediencia a la autoridad

        Once años después, en el campo de la psicología social experimental, el psicólogo social Stanley Milgram publicó su libro Obediencia a la autoridad: el experimento Milgram (16), en donde detalla experimentos de psicología social sobre la obediencia realizados en la Universidad de Yale durante los años 1961 y 1962.

Milgram reclutó a un total de 40 participantes por correo y por anuncio en el periódico en el cual se les invitaba a formar parte de un experimento sobre “memoria y el aprendizaje”, además por el simple hecho de participar se les pagaría una cifra de cuatro dólares (equivalente a unos 28 actuales) asegurándole que conservarían el pago “independientemente de lo que pasará después de su llegada”.

Se les hizo saber que para el experimento hacían falta tres personas: el investigador (que portaba una bata blanca y fungía como autoridad) el maestro y el alumno. A los voluntarios siempre se les asignaba mediante un falso sorteo el papel de maestro, mientras que el papel del alumno siempre sería asignado a un cómplice de Milgram.

Tanto maestro como alumno serían asignados en habitaciones diferentes pero conjuntas, el maestro observaba siempre con el alumno (que en realidad siempre era el cómplice) era atado a una silla para “evitar movimientos involuntarios” y se le colocaban electrodos, mientras el maestro era asignado en la otra habitación frente a un generador de descarga eléctrica con treinta interruptores que regulaban la intensidad de la descarga en incrementos de 15 voltios, oscilando entre 15 y 450 voltios y que, según el investigador, proporcionaría la descarga indicada al alumno.

        Milgram también se aseguró de colocar etiquetas que indicaran la intensidad de la descarga (moderado, fuerte, peligro: descarga grave y XXX). La realidad era que dicho generador era falso, pues no proporcionaba ninguna descarga al alumno y sólo producía sonido al pulsar los interruptores. El sujeto reclutado o maestro fue instruido para enseñar pares de palabras al aprendiz y de que, en caso de que cometiera algún error, el alumno debía ser castigado aplicándole una descarga eléctrica, que sería 15 voltios más potente tras cada error.

Evidentemente, el alumno nunca recibió descargas. Sin embargo, para dotar de realismo la situación de cara al participante, tras pulsar el interruptor, se activaba un audio grabado anteriormente con lamentos y gritos que con cada interruptor incrementaba y se hacían más quejumbrosos. Si el maestro se negaba o llamaba al investigador (que se hallaba cerca de él en la misma habitación) éste respondía con una respuesta predefinida y un tanto persuasiva: “continúe por favor”, “siga por favor”, “el experimento necesita que usted siga”, “es absolutamente esencial que continúe”, “usted no tiene otra opción, debe continuar”. Y en caso de que el sujeto preguntara quién era responsable si algo le pasaba al alumno, el experimentador se limitaba a contestar que él era el responsable.

Las conclusiones del experimento a las que llegó Milgram pueden resumirse en los siguientes puntos: a) Cuando el sujeto obedece los dictados de la autoridad, su conciencia deja de funcionar y se produce una abdicación de la responsabilidad. b) Los sujetos son más obedientes cuanto menos han contactado con la víctima y cuanto más lejos se hallan físicamente de ésta. c) Los sujetos con personalidad autoritaria son más obedientes que los no autoritarios (clasificados así, tras una evaluación de tendencias fascistas). d) A mayor proximidad con la autoridad, mayor obediencia. e)  A mayor formación académica, menor intimidación produce la autoridad, por lo que hay disminución de la obediencia. f)  Personas que han recibido instrucción de tipo militar o con severa disciplina son más propensos a obedecer.

Tal como se puede ver, en estos experimentos Milgram estudió hasta qué punto los individuos obedecen en forma sumisa órdenes de una figura de autoridad y encontró que en su obediencia los sujetos experimentales llegaron al extremo de causar dolor y daño a otras personas. También se encontró que las personas llegan a obedecer órdenes de figuras de autoridad, aun cuando estas entren en conflicto con su consciencia personal, por lo que aportó una definición de obediencia a la autoridad como la tendencia que presentan las personas a complacer a personas en posiciones de autoridad.

 

La nueva servidumbre voluntaria

        Pero debo decir que aquella pregunta que fue motivo de muchas horas invertidas en lecturas, participaciones en discusiones grupales y en movimientos colectivos ¿por qué surge la indiferencia y la pasividad  en contextos de crisis social?, encontró más respuestas en una de las aportaciones más poderosas sobre el tema de la obediencia que surgió hace varios siglos, concretamente en 1574 cuando circuló una publicación escrita en 1548 por un joven filósofo que tenía solo 18 años de nombre Etienne de la Boetié, el autor del escrito que tituló “El discurso de la servidumbre voluntaria” (17), en el cual hizo una denuncia de los gobiernos autoritarios, de los que cometen muchas arbitrariedades.

        Pero su denuncia va mucho más allá de condenar a los tiranos porque intenta responder como tantos hombres, tantos pueblos y tantas naciones se ven sometidas por el yugo de un solo tirano. Etienne de la Boetié no se concentra en las figuras de los tiranos, sino que su cuestionamiento se dirige hacia los súbditos, hacia las poblaciones que obedecen y hace una interesante aportación que muchos hemos olvidado hoy en día y que es necesario recordar.

Describe el comportamiento colectivo de quienes obedecen como una aberración de la física política, porque en contra de todas las evidencias que demuestran que lo que es más pesado prevalece sobre lo ligero, el sentido común nos dice que lo más numeroso aplasta a lo menos numeroso, pero en las relaciones de poder sucede todo lo contrario, porque “una élite minúscula domina a la inmensa mayoría, un autócrata, un solo individuo tiene en su puño a poblaciones enteras”.

El Discurso sobre la servidumbre voluntaria es un ensayo que se escribió hace más de tres siglos y desde aquellos lejanos tiempos cuestiona por qué millones de personas no solo obedecen, sino que se someten voluntariamente a la tiranía de un solo hombre. Propone que el poder del tirano proviene del consentimiento de los oprimidos, quienes, al no rebelarse, sostienen el yugo que los esclaviza.

Llama la atención sobre el hecho de que la obediencia no es forzada por el poder del líder, sino que es elegida voluntariamente por la masa, puesto que el tirano no posee más fuerza que la que la gente le otorga. En su escrito Etienne identifica la fuerza de la costumbre, la ignorancia colectiva y la manipulación social como mecanismos que consolidan la obediencia y recuerda la frase “pan y circo” (del latín panem et circenses) que utilizó el poeta romano Juvenal en los siglos I-II d.C.), para criticar cómo los gobernantes del Imperio Romano mantenían a la población satisfecha y controlada. Esta estrategia consistía en regalar trigo y ofrecer entretenimiento gratuito para distraer al pueblo de sus problemas políticos y de la pérdida de sus libertades. 

El texto era una crítica a la corrupción y a la desidia ciudadana porque en aquellos milenarios tiempos los gobernantes ofrecían paliativos básicos y entretenimiento para evitar protestas sociales y mantener el poder sin gobernar eficientemente calmando a la multitud a través de la distribución de comida gratuita y los juegos organizados por el Estado. 

En su denuncia, el autor afirmó que el tirano solo tiene el poder que el pueblo le otorga y que la libertad puede recuperarse simplemente dejando de obedecer, sin necesidad de usar la violencia. Explica cómo el tirano mantiene su poder mediante una estructura jerárquica donde unos pocos disfrutan del privilegio a cambio de perpetuar la opresión sobre el pueblo sometido que se ha convertido en una mayoría silenciosa.

Una de sus grandes aportaciones fue el explicar que la relación de obediencia de millones de personas hacia un tirano no se puede explicar con la existencia de dos grupos separados: dirigentes y dirigidos, porque hay una cadena horizontal de complicidades y revela que la tiranía es la construcción de una sumisión piramidal, en la cual la obediencia viene desde abajo hacia arriba y sube hasta llegar al tirano, quien es la máxima autoridad en una estructura vertical.

Pero dentro de esta verticalidad existe una cadena horizontal que es el soporte principal de la tiranía porque dentro de ella existen individuos que además de obedecer al tirano que está en la cima, actúan como tiranos de otros que se encuentran bajo su mano, de tal forma que hay “pequeños tiranos”, que apuntalan el poder del tirano que está en la cima, quienes descargan su frustración de seguidores incondicionales actuando como el tirano de otras personas.

La servidumbre voluntaria surge dentro de esta estructura con la ayuda de la ignorancia colectiva, el aturdimiento generalizado y la obediencia como costumbre, de tal forma que la obediencia se presenta como una aceptación irracional al convertirse en una sumisión con deseo de servir y complacer a la figura de autoridad.

Llegado a este punto de la transformación de la obediencia en sumisión, la desobediencia no es una alternativa porque la obediencia se ha internalizado, pero aun así existe una manera de desobedecer que es la obediencia mínima que se presenta como una obediencia defectuosa que puede presentarse en forma de resistencia civil, brazos caídos, trabajo bajo protesta o en acciones de franco sabotaje.

Un claro ejemplo de sabotaje ocurrió en el portaaviones USS Gerald Ford cuando se presentó un “apocalipsis fecal” al taparse las cañerías y los miles de efectivos militares que estaban a bordo fueron obligados a defecar y orinar en botellas o toallas que posteriormente arrojaban al mar. Algunas mujeres se aguantaban sus necesidades por pudor y terminaron por enfermarse. Los altos mandos de la Armada estadunidense culparon a la tripulación de atascar deliberadamente la red de sanitarios introduciendo camisetas y otros objetos (18).

Posteriormente, el mismo portaaviones sufrió un incendio en el parea de lavandería que le obligó a abandonar sus operaciones en el Mar Rojo para dirigirse de emergencia a la base de la OTAN en Souda Bay, Creta. Lo que inicialmente se presentó como un incidente menor, ha escalado a una crisis operativa que ha dejado a la nave fuera de combate. ¿Ataque Externo o Fallo Interno?

La gran interrogante que rodea este suceso es el origen del fuego, porque investigadores navales han abierto una línea de averiguación ante la posibilidad de que el incendio fuera provocado deliberadamente. El agotamiento de la tripulación, tras 10 meses ininterrumpidos en el mar y la reciente noticia de una extensión del despliegue hasta mayo, se perfila como el principal móvil de una presunta protesta interna (19).

 

La desobediencia como problema psicológico y moral Según Fromm

Tomando como punto de partida la mitología hebrea y cristiana, Erich Fromm afirma en su libro “Sobre la desobediencia y otros ensayos” (20), afirma que la historia humana comenzó con un acto de desobediencia, cuando Adán y Eva desobedecieron la orden de no comer del fruto prohibido. Este acto de desobedecer que se etiquetó como “el pecado original”, los liberó de una heteronomía a la que estaban atados y les permitió abrir los ojos en el sentido de que los transformó en individuos que pueden tener actos autónomos, por lo que según Fromm con ese acto inició a la historia de la humanidad.

También menciona el mito de Prometeo que es conocido como “El robo del fuego”, cuando Prometeo engaña a Zeus robando el fuego sagrado del Olimpo para entregárselo a la humanidad, permitiendo el desarrollo de la civilización, la técnica y la cultura. Por lo que, en represalia, Zeus encadenó a Prometeo en el Cáucaso, donde un águila devoraba su vientre diariamente, como Prometeo era un Titán, su cuerpo se regeneraba por la noche y al siguiente día recibía la visita del águila para devorar de nuevo su vientre, por lo que al ser inmortal sufría el mismo de manera indefinida.

El acto de desobediencia de Prometeo de robar el fuego y compartirlo con los humanos, dio inicio a la humanidad porque con esa ayuda el ser humano continuó evolucionando mediante posteriores actos de desobediencia hasta lograr construir una autonomía y soberanía con la creación de figuras de Estado-Nación. Con esta introducción, Fromm afirmó que el desarrollo de la humanidad evolucionó intelectualmente gracias a su capacidad de desobediencia a las autoridades que se oponían a los cambios intentando ocultar pensamientos nuevos dentro de los cuales se encontraban conocimientos científicos.

Si revisamos la historia de la humanidad podremos encontrar varios ejemplos de personas y grupos sociales que lucharon por la libertad, igualdad, democracia, la ciencia y desobedecieron a las autoridades en turno para obedecer a sus propias consciencias siguiendo la premisa: si un hombre solo puede obedecer y no desobedecer, es un esclavo y en esas luchas figuras destacadas fueron silenciadas por quienes estaban en el poder porque no encontraron la sumisión y obediencia que esperaban.

Desde la perspectiva de Erich Fromm, las personas que obedecen sólo a su consciencia, a sus principios, a su propia razón y a su convicción han construido una obediencia autónoma porque actúan como individuos autónomos, con plena libertad de ideas y su pensamiento es autónomo. En esa línea de pensamiento las personas han logrado construir una consciencia humanística que no se rige por sanciones o recompensas, sino que se guían por la convicción de que todos los seres humanos tenemos una noción intuitiva de lo que es humano y lo que es inhumano. Es una voz interna que permite distinguir entre lo que contribuye a fortalecer la vida, de lo que conduce a la destrucción y muerte. Esa voz es el reflejo de nuestro grado de humanidad y sensibilidad social.

Cuando la obediencia se presenta con la pérdida de la autonomía individual y la aceptación de una voluntad o poder ajeno, es cuando surge la sumisión a una persona, a una institución o un poder que se sitúa por encima de nosotros atropellando nuestras necesidades e intereses y a este tipo de obediencia, Fromm le llama obediencia heterónoma que implica el cumplimiento incondicional de las normas, leyes o reglas impuestas por una autoridad o poder externo.

Cuando este tipo de obediencia se presenta de manera prolongada, se hace costumbre y genera una consciencia autoritaria que internaliza en nuestras mentes la voz de las figuras de autoridad produciendo una mezcla de sentimientos en los que sobresalen un deseo de complacer y un temor de desagradar porque hacer esto último traería graves consecuencias.

En esta línea de pensamiento el gran pensador humanístico expresó una frase que en el momento histórico que estamos viviendo de preludio de una tercera guerra mundial, adquiere gran importancia: “si la capacidad de desobediencia constituyó el comienzo de la historia de la humanidad, la obediencia podría provocar el fin de la historia de la humanidad”.

Señaló la existencia de una relación dialéctica entre la obediencia y la desobediencia al afirmar que si se obedece a leyes inhumanas de un Estado, se desobedece a las leyes de la humanidad. Si se obedece a las leyes de la humanidad, lo correcto es desobedecer las órdenes de una Estado autoritario.

En un tramo avanzado de su capítulo sobre la desobediencia, Erich Fromm se plantea la pregunta que muchos luchadores sociales hemos enfrentado en la práctica y que unos cuantos hemos intentado formular como un problema teórico en el terreno de las ciencias sociales: ¿Por qué se inclina tanto el hombre a obedecer y por qué le es difícil desobedecer?

En su libro El miedo a la libertad" (21) Erich Fromm analiza cómo el hombre moderno, al liberarse de las estructuras tradicionales (feudalismo, iglesia), ha ganado libertad "de evitar" imposiciones religiosas o políticas, pero aun así se siente aislado, solo, impotente y experimenta un estado de marginación social. Para escapar de este miedo, el individuo busca someterse a regímenes autoritarios porque mientras obedece se siente seguro porque forma parte de una mayoría de seguidores que obedecen a la figura de autoridad actuando como si fueran un rebaño: sin pensamiento autónomo.  

Utiliza la expresión “miedo a la libertad” para hablar de una huida inconsciente que evita la carga del peso de tomar decisiones en forma individual y la obligación de tener que asumir las responsabilidades que se desprendan de ellas. Esa libertad para elegir es la que genera ansiedad y es rechazada por millones de personas que prefieren someterse una heteronomía creando vínculos de dependencia hacia otras personas, instituciones, ideologías o gobiernos autoritarios.

 

        Conclusiones

Los actos de maldad sin límites que presentan algunos líderes internacionales los acerca mucho a la definición de lo que la imaginación popular  tiene definidos como verdaderos monstruos, porque provocan sufrimientos colectivos, genocidios impunes y guerras innecesarias que son provocadas por quienes desde el poder intentan evitar ser sometidos a juicio político en sus propios países, al desviar la atención sobre amenazas ficticias y declaraciones de guerra que utilizan para hacer llamados a la unidad nacional, mientras intentan consolidar sus posiciones de poder actuando como si el mundo les perteneciera.      

Alguien podría decir que estos monstruos que deshumanizan a pueblos enteros y no vacilan en bombardear escuelas, hospitales, universidades, o mezquitas son realmente pocos, pero estos psicópatas que usan el poder en forma destructiva tienen a un ejército de mini monstruos que ejecutan las órdenes al pie de la letra mostrando una obediencia ciega a las órdenes de sus superiores sin importar que éstas sean medidas de represión física a sus propios ciudadanos, acciones de guerra comercial contra otros países o instrucciones de asesinar a civiles inocentes en el contexto de una guerra militar.

La transformación de la maldad sólida a una maldad líquida que se ha dispersado en todos los integrantes de nuestra sociedad contemporánea (22), les proporciona un mayor poder a estos tiranos porque han desarrollado una capacidad para influir sobre millones de personas a quienes les inoculan un discurso de odio hacia enemigos imaginarios y los hacen participar en verdaderos actos de maldad que muestran más allá de una obediencia ciega, una servidumbre voluntaria.

Por estas razones, debe quedar claro que en el actual contexto internacional, el verdadero peligro no proviene de unos cuantos políticos que actúan como  monstruos que desde su posición de poder deciden iniciar las guerras, sino que en realidad la amenaza mayor para la humanidad proviene de millones de personas que obedecen ciegamente las órdenes que reciben de los grandes monstruos aun cuando éstas impliquen su propia autodestrucción, pero se auto justifican al decir que “solo siguen órdenes”.

Esto nos recuerda el concepto de “banalidad del mal” que aportó Hanna Arendt y que hace referencia al hecho de que personas ordinarias pueden cometer atrocidades inmensas porque se limitan a actuar como burócratas sumisos que realizan un trabajo por el cual reciben un pago cumpliendo órdenes sin reflexionar ni cuestionar, por lo que el peligro real no es la existencia de tiranos que actúan como monstruos, sino de la incapacidad individual y colectiva de pensar en forma crítica que presentan millones de personas.

La libertad que muestran los tiranos modernos para actuar con gran impunidad violentando todo tipo de derechos, la obtienen gracias a la obediencia ciega de quienes siguen sus órdenes irracionales y muestran sumisión hacia líderes. Otra fuente de poder de los tiranos modernos es la complicidad pasiva traducida en indiferencia criminal que muestran millones de personas que dan muestras de inhumanidad al no indignarse ante las injusticias ajenas, atropellos y asesinatos que cometen quienes representan el poder político de las grandes potencias occidentales.

Bajo esta perspectiva, el verdadero problema que permite la violencia institucional y los crímenes de guerra en la sociedad contemporánea radica en la obediencia ciega de aquellos funcionarios, efectivos militares, elementos policiacos y ciudadanos comunes que siguen al pie de la letra órdenes de figuras de autoridad que les dice qué hacer y cuando hacerlo.

        Es verdad que la maldad existe en nuestro mundo y la podemos ver con gran frecuencia en nuestras vidas cotidianas, también es verdad que existen monstruos realmente peligrosos que actúan con gran crueldad realizando actos de maldad. Existen personas malvadas en el campo de la política, en ambientes organizacionales, en hogares familiares, en organizaciones religiosas, en universidades, en Sindicatos, etc.

Pero lo cierto es que los monstruos considerados verdaderamente malos (líderes políticos ambiciosos, cabezas de cárteles de drogas, jefes de la mafia, dirigentes de pandillas, etc.) son solo unos cuantos individuos, pero ellos no son el único peligro social porque el verdadero peligro se encuentra en aquellos miles o millones de seguidores que alimentan su poder al obedecer ciegamente sus órdenes, llegando al extremo de mostrar una servidumbre voluntaria.

Los individuos modernos cuya autonomía ha desaparecido y se han convertido en simples seguidores que se someten completamente a la voluntad de los tiranos sin cuestionar sus decisiones o ideología, alimentan el poder, la perversidad y maldad de los tiranos que se encuentran en la cúpula del poder, por lo que la obediencia ciega se presenta como el núcleo principal del problema para la humanidad, ya que está acompañada de la falta de pensamiento autónomo, de la ausencia de reflexión crítica, de una plena sumisión a la autoridad y de la aceptación del rol de seguidor que anhela formar parte del rebaño para llenar su vacío existencial experimentando un sentimiento de pertenencia e identidad ficticia.

El reconocimiento de la existencia de millones de mini monstruos dentro de la sumisión piramidal que encabeza el tirano mayor, aporta otra faceta que permite comprender como ha crecido el problema de la desigualdad social  contemporánea, porque es cuando vemos con mayor claridad que la maldad y la obediencia se han convertido en un binomio que se ha distribuido en forma colectiva, al identificar mandos medios que actúan con sumisión a la autoridad mayor y se convierten en tiranos de quienes se encuentran bajo su mando, por lo que la responsabilidad de actos de corrupción y destrucción ambiental y social se revela como una acción colectiva que tiene responsabilidad social y las raíces de los problemas que enfrentamos se encuentran en la obediencia irracional masiva que muestran millones de personas a diferentes figuras de autoridad, dentro de las cuales se encuentran aquellos tiranos que se encuentran en el poder.

Bajo esta perspectiva, el problema que enfrentamos en tiempos de guerra como el que estamos viviendo, no es sólo la existencia de líderes psicópatas que gobiernan el mundo actuando como verdaderos monstruos al mostrar maldad extrema, sino que es el resultado de la obediencia ciega que raya en la sumisión por parte de aquellos que ejecutan las órdenes de exterminio de otros seres humanos, así como el silencio e indiferencia que muestran millones de personas ante los horrores que vemos en las pantallas de nuestros dispositivos digitales y la obediencia de millones de personas que participan en procesos electorales votando por quienes los dirigentes políticos les piden que voten.

Bajo esta nueva perspectiva, la obediencia se presenta no solo como una de las principales fuerzas restrictivas que se oponen al cambio social, sino que también representa la base social en la que toma fuerza la amenaza de destrucción de la humanidad entera, porque está tan arraigada que las personas más nobles que por sí solos no dañarían a otras personas, pero no dudarían en cometer actos de crueldad si alguna figura de autoridad les ordena hacerlo, aun cuando sean en contra de su voluntad.

Estudiar la obediencia ciega que raya en la sumisión incondicional a la figura de autoridad adquiere gran importancia en el actual contexto internacional porque cada día no solo surgen nuevos motivos para inconformarse, rebelarse y levantarse en pie de lucha, sino porque en estos momentos la humanidad está en peligro por la obediencia ciega a líderes políticos que conducen al mundo entero a una tercera guerra mundial.

El mundo se encuentra en crisis bajo la conducción de líderes autoritarios que están destruyendo la democracia y naciones enteras, porque han encontrado en la guerra un jugoso negocio y por la irracionalidad de sus actos están creando las condiciones para el surgimiento de una tercera guerra mundial. Los golpes que han recibido Israel y Estados Unidos por parte de Irán, han sido tan demoledores que las potencias agresoras se enfrentan a la disyuntiva de reconocer su derrota aceptando pagar los costos de la reparación de daños que ocasionaron o escalar la guerra utilizando el armamento nuclear que ambas potencias poseen para destruir a su enemigo.

En este contexto la desobediencia está justificada, empezando por la desobediencia del propio pueblo de Estados Unidos, sobre quien recae parte de la responsabilidad de este conflicto porque fueron ellos quienes eligieron a Donald Trump como su presidente. El resto de la población mundial debemos responder con un cambio paradigmático que empiece por recuperar el significado original de la democracia y de la política, para comprender la necesidad de aumentar nuestra participación social en la discusión de asuntos colectivos.

Empezar a desobedecer no será fácil porque toda nuestra vida nos inculcaron una tendencia a obedecer que se convirtió en costumbre, por lo que debemos resistir la tendencia a obedecer, inhibir el “deseo de quedar bien” con la autoridad en turno, porque eso es lo que les da el poder. El poder de quien nos oprime se lo estamos dando nosotros en el momento que reconocemos su poder y les obedecemos, si tan solo dejamos de darle ese poder dejando de obedecer y sobre todo de sobreobedecer mostrando una servidumbre voluntaria, terminaremos con la asimetría que favorece al poder y construiríamos una relación diferente si logramos actuar en forma organizada, unida y colectiva, para construir empoderamientos individuales y colectivos que nos libren de la necesidad de seguir obedeciendo.

Esto implica abandonar la pasividad, conformismo, indiferencia, obediencia e ignorancia que nos ha mantenido inmovilizados de tal forma que podamos realizar una revolución en nuestras consciencias que nos permita construir nuevas imágenes de hombres y mujeres actuando como sujetos políticos con pensamiento autónomo con capacidad de ejercer la crítica social y estar en condiciones de responder a la pregunta ¿por qué dejamos que la democracia sea destruida ante nuestros ojos y después aceptamos participar en la simulación de una democracia electoral?

Actuando con autonomía individual en forma colectiva, unida y organizada, podremos evitar la manipulación social que promueve la obediencia, resignación y conformismo ante la precariedad económica, frenar la manipulación política que induce el voto en elecciones para favorecer candidatos impuestos por la cúpula política y sobre todo detener el masivo lavado de cerebro que realizan los medios masivos de comunicación que manipulan utilizando una narrativa que induce a apoyar la participación en una guerra que solo conduce a la destrucción de todas las naciones y que por la amenaza de extenderse hacia una tercera guerra mundial, sólo asegura la destrucción de los países involucrados y con ella, la desaparición de una gran parte de la humanidad.

Si utilizamos la memoria histórica, veremos que estamos viviendo condiciones similares a las que existieron en los años previos a la segunda guerra mundial, cuando se dio la experiencia del totalitarismo del siglo XX que dio origen al fascismo y una obediencia irracional colectiva y la similitud que observamos en este siglo XXI es que los problemas que actualmente está enfrentando la humanidad tienen como denominador común la existencia de una obediencia colectiva que raya en la servidumbre voluntaria. Por estas razones el acto de desobedecer a quienes nos conducen por el camino de la guerra se presenta como una exigencia social y a la vez como una declaración de humanidad que se rebela al convulso ambiente social que se nos presenta como una auténtica sociopatología (23).

Estamos viendo una nueva versión de individuos deshumanizados cuya conducta no se rige por valores, sino por la racionalidad fría, la ambición, la codicia, una obediencia ciega a la figura de autoridad y con la mirada histórica podremos ver con claridad que existe un vínculo entre los esclavos de la antigüedad, los siervos de la edad media, los obreros de las grandes fábricas y los ciudadanos endeudados de nuestra sociedad: todos obedecen sin protestar porque están sometidos a una obediencia heterónoma y la desobediencia está descartada porque han asimilado la ideología de que no hay alternativas diferentes a las condiciones sociales y enfrentan el temor de que las sanciones por desobedecer serían inmediatas y  (24).

Necesitamos reconstruir la identidad ciudadana que ha sido borrada por la identidad del consumidor y reconstruir la democracia perdida. El reto que enfrentamos es de vida o muerte y consiste en involucrarnos en asuntos políticos y sociales, para enfrentar el autoritarismo que nos conduce a la autodestrucción mostrando actos de disidencia, denunciando los actos de injusticia y corrupción.

Ha llegado el momento de dejar de confiar en terceras personas y empezar a comprometernos en la construcción de una política que parta de una democracia real y esto implica hacer disidencia rompiendo con los patrones que fomentan la pasividad y la dependencia (25). Necesitamos mostrar comportamientos de disidencia social, resistencia civil y franca rebeldía ante la irracionalidad de las decisiones de quienes se encuentran en el poder y nos conducen a la destrucción.        Debemos dejar a un lado la obediencia heterónoma y empezar a construir una obediencia autónoma que esté basada en la autonomía individual y desarrollar la capacidad para pensar y sentir en forma individual sin ser guiados o controlados por otras personas. Debemos tener memoria histórica y reconocer que en la historia de la humanidad una minoría ha estado gobernando a una mayoría enseñándole a obedecer y los grandes cambios sociales surgieron por la acción de movimientos colectivos.

        La física política que nos recordó Etienne de la Boetié es apabullante: ¿cómo es posible que millones de personas obedezcan a un tirano si el sentido común nos dice que, si la mayoría silenciosa se uniera y actuara en forma colectiva y organizada, podrían construir un poder superior al poder del tirano que les mantiene sometidos.

Si analizamos bajo una perspectiva foucaultiana la situación internacional, veremos una relación de fuerzas: una multitud frente a un tirano, o un conjunto grande de naciones frente al representante de un imperio. Tanto el tirano como el representante del imperio tiene un poder, pero ese poder proviene una sumisión piramidal que está basada en una aceptación irracional de la sumisión, fortalecida por la costumbre y por un embrutecimiento cada vez mayor de todo un pueblo que navega en los mares de la ignorancia, el conformismo y el individualismo.

 1.-El individuo privatizado. Castoriadis, Cornelius

file:///C:/Users/oscar/Downloads/el-individuo-privatizado%20(1).pdf

2.- La guerra de Ucrania cuatro años después: un conflicto de trincheras y drones

https://www.rtve.es/noticias/20260223/guerra-ucrania-cuatro-anos-despues-conflicto-trincheras-drones/16945748.shtml

3.- Las muertes en Gaza superan por miles las bajas reportadas

https://www.trtespanol.com/article/f0dfef7cbf41

4.- Víctimas de la guerra en Gaza

https://en.wikipedia.org/wiki/Casualties_of_the_Gaza_war

5.- Operación "Furia de Epstein": el nombre que los estadounidenses le dan a la impopular guerra contra Iran

https://www.izquierdadiario.es/Operacion-Furia-de-Epstein-el-nombre-que-los-estadounidenses-le-dan-a-la-impopular-guerra-contra

6.- El candidato al Senado y exmarine Brian McGinnis describe cómo fue arrestado y terminó con un brazo roto por protestar contra la guerra en Irán durante una audiencia en el Congreso de EE.UU.

https://www.democracynow.org/es/2026/3/11/brian_mcginnis_iran_war_protest_congress

7.- La inquietud por la verdad. Escritos sobre la sexualidad y el sujeto. Michel, Foucault

https://monoskop.org/images/3/3b/Foucault_Michel_La_inquietud_por_la_verdad.pdf

8.- La inocencia robada. Juventud, multinacionales y política cultural. Goroux, Henry

https://kupdf.net/download/henry-giroux-la-inocencia-robada_587228326454a7502935c071_pdf

9.- Ceguera moral. La pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida. Bauman, Zygmunt/Donskus, Leonidas

https://pdlibroschl.cdnstatics2.com/usuaris/libros_contenido/arxius/30/29568_Ceguera_moral.pdf

10.- Psicología, ideología y cambio social

https://oscaryescasd.blogspot.com/2017/10/psicologia-ideologia-y-cambio-social.html

11.- Psicología, obediencia y cambio social

https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/07/psicologia-obediencia-y-cambio-social.html

12.- Psicopatología del vínculo maestro-alumno. Bohoslavsky, Rodolfo

https://www.studocu.com/es-ar/document/universidad-nacional-del-comahue/psicologia-social/bohoslavsky-psicopatologia-del-vinculo-profesor-alumno-el-profesor-como-agente-socializante/34189881

13.- La revolución de las consciencias

https://oscaryescasd.blogspot.com/2019/06/la-revolucion-de-las-consciencias-oscar.html

14.- La transformación social desde una perspectiva científica

https://oscaryescasd.blogspot.com/2020/09/latransformacion-social-desde-una.html

15.- Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal. Arendt, Hanna

https://eltalondeaquiles.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2015/09/Eichman-en-Jerusalem.pdf

16.- Obediencia a la autoridad. El experimento de  Milgram. Milgram, Stanley. Gráficas Cofas, Madrid, 1974

17.-  Discurso sobre la servidumbre voluntaria De la Boétie, Etienne

https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Etienne%20de%20La%20Boetie%20-%20Discurso%20sobre%20la%20servidumbre%20voluntaria.pdf

18.- Portaaviones enviado a Irán se enfrenta a un "apocalipsis fecal"

https://es.topwar.ru/278405-otpravlennyj-k-iranu-avianosec-stolknulsja-s-fekalnym-apokalipsisom.html

19.- ¿Accidente, ataque o Sabotaje?: El USS Gerald R. Ford se retira del Mar Rojo tras incendio de 30 horas

https://www.aporrea.org/ddhh/n416656.html#google_vignette

20.- Sobre la desobediencia y otros ensayos. Fromm, Erich

https://ecotropia.noblogs.org/files/2023/03/Sobre-la-desobediencia-y-otros-ensayos.pdf

21.- El miedo a la libertad. Fromm, Erich

https://ciudadanoaustral.org/biblioteca/04.-Erich-Fromm-El-miedo-a-la-libertad.pdf

22.- ¿De dónde viene el mal?

https://oscaryescasd.blogspot.com/2026/02/de-donde-viene-el-mal-la-irrupcion-de.html

23.- Pensamientos sobre la sociopatologia de la sociedad contemporánea

https://oscaryescasd.blogspot.com/2024/09/pensamientos-sobre-la-sociopatologia.html

24.- Desobedecer. Gros, Frederic

Ed. Taurus. Ciudad de México, 2019

https://es.scribd.com/document/441936291/Frederic-Gros-2017-Desobedecer

25.- Hacer disidencia. Una política de nosotros mismos. Sadin. Eric

Ed. Herder, Barcelona, 2022

https://www.youtube.com/watch?v=6icIACgrWkE&t=136s